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CIELO Y TIERRA - ¿QUIÉN DIJO QUE TODO ESTÁ PERDIDO?

Política Internacional

Separar la diplomacia de la justicia ...

"Separar la diplomacia de la justicia contribuye a garantizar que la impunidad por los crímenes de guerra nunca pueda ser parte de las negociaciones diplomáticas, tentación siempre presente" (J.I. Torreblanca)

Falso dilema sudanés

JOSÉ IGNACIO TORREBLANCA 09/03/2009 - El País - España

El pasado miércoles, la Corte Penal Internacional (CPI) ordenó el arresto del presidente de Sudán, Omar al Bashir. Se le imputan siete cargos relacionados con la muerte de más de 300.000 civiles en Darfur: cinco por crímenes contra la humanidad (asesinato, exterminio, deportación forzosa, tortura y violación) y dos por crímenes de guerra (ataques a civiles y saqueos). La Corte no ha secundado, sin embargo, la petición del fiscal de incluir dos cargos por genocidio ya que no considera que, tal y como exige el artículo sexto del Estatuto de Roma, por el que se fundó la Corte, las pruebas presentadas revelen la intención del Gobierno sudanés de "destruir, en parte o en su totalidad" los grupos étnicos Fur, Masalit y Zaghawa. Con ello, la Corte cierra un círculo que se abrió en mayo de 2007 con las órdenes de arresto de Ahmed Haroun (ex ministro del Interior) y Ali Kushayb, supuesto líder de la milicia janjaweed de la cual el Gobierno de Jartum se valió durante los cincos años (2003-2008) que duró la campaña de terror en Darfur.

La decisión ha sido recibida con más preocupación que alegría. Se argumenta que la orden de arresto radicalizará aún más al régimen de Bashir y hará descarrilar definitivamente las ya sumamente frágiles negociaciones de paz entre el Gobierno y los varios movimientos guerrilleros que controlan el sur y oeste del país. Desde esta perspectiva, la represalia adoptada por el régimen sudanés, que ha procedido a expulsar del país a 13 ONG que prestan ayuda humanitaria no haría sino confirmar la difícil convivencia, cuando no la incompatibilidad más radical, entre los fines de la justicia internacional (situados en el orden de lo moral) y los fines de la diplomacia (situados en el orden de lo práctico).

Es innegable que estas consideraciones merecen cierta atención, especialmente cuando se predican sobre un transfondo dominado, primero, por una (comprensible) mala conciencia por el pasado colonial europeo y, segundo, por una duda (razonable) acerca de si no estaremos ante un nuevo episodio que prueba el doble rasero con el que se aplica la justicia internacional. Que Estados Unidos se permita ponerse del lado de los que imparten lecciones de justicia internacional después de lo que ha caído en estos últimos años (desde Guantánamo a Irak), cuando, para colmo, ni siquiera ha ratificado el estatuto de la Corte Penal Internacional y sigue garantizando la más absoluta impunidad de Israel, debilita sin duda la causa de la justicia internacional.

Pero todo esto no anula las motivaciones de la Corte, ni debe detener sus procedimientos, como ha solicitado la Unión Africana, que se ha movilizado para pedir al Consejo de Seguridad que suspenda el procesamiento de Bashir para dar tiempo a las conversaciones de paz. Como ocurre siempre en estos casos, los sofisticados argumentos de los abogados acerca de sus clientes chocan con la transparencia y brutalidad de las acciones de los acusados. Que después de alimentar un conflicto que ha dejado más de 300.000 muertos y dos millones y medio de refugiados, Bashir se permita expulsar a unas agencias de las que dependen para alimentarse más de un millón de personas confirma que no ha entendido nada de lo que le está pasando. En realidad, muy bien pudiera ocurrir que el Consejo de Seguridad se viera obligado a activar el principio de la responsabilidad de proteger y actuara contra el régimen de Jartum si éste sigue desentendiéndose de la suerte de sus ciudadanos.

El procesamiento de Bashir es pues una buena noticia: confirma que la impunidad retrocede, y que la justicia, aunque lentamente, progresa. La Corte mantiene abiertos tres casos más (en Congo, Uganda y la República Centroafricana) contra señores de la guerra africanos, en todos a petición de los Gobiernos en cuestión, que sí que creen en la legitimidad y utilidad de la Corte (20 Estados africanos estuvieron entre los promotores de la Corte y más de treinta ratificaron su estatuto posteriormente). Además, la reciente creación de un tribunal internacional para juzgar el asesinato del primer ministro libanés, Rafiq Hariri, o las severísimas condenas a los responsables serbios de la limpieza étnica en Kosovo demuestran que, por fin, la justicia internacional se abre camino por encima del sacrosanto principio de la soberanía.

Como ha recordado Desmond Tutu, el surafricano Premio Nobel de la Paz, es la ausencia de justicia la responsable última de que no haya paz. Por ello, aunque muchos consideren que la judicialización de las relaciones internacionales puede ser contraproducente para la paz, la realidad puede más bien ser la contraria: en el fondo, separar la diplomacia de la justicia contribuye a garantizar que la impunidad por los crímenes de guerra nunca pueda ser parte de las negociaciones diplomáticas, tentación siempre presente. Como se ha puesto de manifiesto esta semana, quien tiene un problema llamado Bashir es el régimen sudanés, no la comunidad internacional.

 

Al Bashir desafía al mundo desde Darfur

 

¿La CIA metiendo sus narices en el petróleo boliviano y más?

Bolivia pone en jaque a agencia estadounidense CIA

Mario Hubert Garrido

 

  • Derechos Humanos: Bolivia desacredita informe de EE.UU.

    Waldo Mendiluza

    La Paz, 28 feb (PL) Sectores de la sociedad boliviana descalificaron las acusaciones lanzadas por Estados Unidos en su informe anual sobre los derechos humanos, al considerarlas procedentes de un país sin moral para emitir tales juicios.

     

    Autoridades, legisladores, dirigentes populares y activistas criticaron el documento presentado el pasado 25 de febrero, una copia al carbón de los emitidos por Washington en los dos anteriores años de gestión del presidente Evo Morales.

    Nuevamente el Departamento de Estado, en esta ocasión a través de su recién estrenada secretaria, Hillary Clinton, atribuyó al ejecutivo abusos de las fuerzas de seguridad, amenazas a las libertades civiles, condiciones inhumanas en las cárceles, ataques a la prensa y corrupción.

    En materia de derechos humanos ellos tienen una viga en el ojo, por tanto carecen de autoridad para hablar del tema, afirmó en conferencia de prensa el viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales, Sacha Llorenti.

    De acuerdo con el funcionario, un gobierno que tortura, castiga a personas inocentes y protege a genocidas y terroristas debe guardar silencio al respecto.

    Llorenti señaló el refugio brindado al ex presidente boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada y al terrorista internacional Luis Posada Carriles, además de mencionar el bloqueo norteamericano contra Cuba, medida económica, comercial y financiera vigente desde 1962.

    Sánchez de Lozada ordenó la masacre del llamado “Octubre negro de 2003”, cuando en una protesta en defensa del gas murieron 65 personas y 400 resultaron heridas.

    Por su parte, Posada Carriles es responsable, entre otros crímenes, de la voladura en pleno vuelo de una aeronave cubana, atentado en el cual perdieron la vida 73 seres humanos.

    Sobre la Casa Blanca -agregó Llorenti- también pesan las torturas, atropellos e ilegalidades cometidas en la prisión iraquí de Abu Ghraib y en la aún abierta cárcel de la base naval de Guantánamo, territorio ocupado por Estados Unidos contra la voluntad del gobierno y pueblo cubanos.

    Para el senador por el Movimiento al Socialismo Ricardo Díaz, desautorizar el informe amparado en una ley que data de 1961 es tan fácil como recordar La negativa de Washington a incorporarse a mecanismos universales de derechos humanos.

  • (Ver la compilación de Cielo y Tierra, sobre la masacre de campesinos en PANDO)

    Mientras, representantes de organizaciones sociales fustigaron el reporte norteamericano.

    Atacan al gobierno pero no dice nada de la masacre de campesinos en Pando, ni de las golpizas y humillaciones a indígenas, por parte de la oposición, advirtió la ejecutiva de la Confederación de Mujeres Campesinas Bartolina Sisa, Leonilda Zurita.

    Según el dirigente obrero Mario López, quienes defienden a delincuentes carecen de moral para acusar a otros.

    Es un documento hipócrita, elaborado por un país que reclama algo que en la práctica incumple, aseveró Elías Quelca, el líder de la originaria Confederación Nacional de Marcas y Ayllus del Qullasuyo.

    Las críticas de los sectores sociales contaron con el respaldo de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia (APDHB).

    El informe remitido este miércoles al Congreso estadounidense es parcializado y carente de ética, dijo el presidente de la APDHB, Rolando Villena.

    Tampoco faltó el rechazo de ciudadanos comunes, expresado a través de medios de comunicación.

    Sin embargo, círculos de la oposición consideraron acertadas las acusaciones presentadas por Clinton, ex primera dama y hasta hace muy poco senadora por Nueva York.

    Apenas horas después, el propio Departamento de Estado divulgó su estrategia anual para el control de narcóticos, documento que también critica la postura boliviana a la hora de enfrentar el flagelo.

    El documento de Washington conserva la tozuda miopía de la burocracia antinarcóticos de la administración de George W. Bush, apuntó al respecto una nota oficial de la Cancillería.

    lma/ga/wrm - PL-39

  • Fuente: Prensa Latina

     

  • La Paz, 28 feb (PL) El gobierno boliviano puso en jaque esta semana a la Agencia Central de Inteligencia (CIA), al vincular su injerencia en asuntos internos con delitos de corrupción en la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB).

    De acuerdo con el ministro del interior, Alfredo Rada, un diplomático estadounidense se vinculó al ex gerente de YPFB, Rodrigo Carrasco, acusado de infiltrar esa entidad por indicación de la CIA. Rada señaló que tiene pruebas que muestran a Carrasco en encuentros con el ciudadano de origen mexicano Francisco Martínez, señalado por la sede diplomática de Washington como su segundo secretario en este país.

    ¿Qué tenía que hacer el entonces directivo de la petrolera estatal reunido con el funcionario norteamericano?, cuestionó Rada en un encuentro con la prensa.

    Asimismo explicó que Martínez presenta irregularidades en su estatuto migratorio, entre ellas la carencia de trámites de permanencia y la no declaración de sus entradas y salidas.

    Méndez aseguró que hay testimonios sobre la existencia de otros contactos y labores sospechosas del diplomático.

    Buscaremos el momento oportuno para revelar dichos movimientos, advirtió.Rada aprovechó el encuentro con periodistas nacionales y extranjeros para reiterar el currículo del ex gerente de Comercialización de la petrolera estatal, acusado de establecer una red de corrupción dentro de la empresa considerada el motor de la economía boliviana.

    Los 21 cursos y los viajes al exterior de Carrasco fueron patrocinados por la embajada estadounidense, lo cual prueba el interés de la CIA de especializarlo en trabajos encubiertos, ratificó.

    La denuncia se produce en medio de una lucha campal contra la corrupción que asocian al ex presidente de YPFB, Santos Ramírez, y a una decena de sus colaboradores.

    Por otra parte, el diálogo sobre autonomías entre el ejecutivo y el opositor Consejo Nacional Democrático (CONALDE) se vio afectado esta semana.

    Las autoridades de Santa Cruz, Beni, Tarija y Chuquisaca insisten en la necesidad de garantizar libertades como la excarcelación de personas.

    Según la recién promulgada Carta Magna (7 de febrero), el Congreso tiene 60 días para sancionar una ley que implemente el mecanismo de autonomías, el cual deberá ponerse en vigor antes de concluir la primera semana de abril.

    Resulta bien compleja la tarea del Parlamento, teniendo en cuenta la diversidad de iniciativas y las contradicciones entre las mismas, según expertos.

    En la Comisión de Constitución de la cámara baja se estudian proyectos del Poder Ejecutivo, la Corte Nacional Electoral, organizaciones indígenas y los tres principales bloques opositores (Poder Democrático Social, Unidad Nacional y Movimiento Nacionalista Revolucionario).

    Finalmente, Bolivia es azotada desde enero pasado por una epidemia de dengue que en su versión más letal- el hemorrágico - ha cobrado la vida hasta el momento de 19 personas y se registran casi 40 mil casos de contagiados por la picada del mosquito Aedes Aegypti.

    El dengue desata alarma además en regiones vecinas luego de aparecer en Argentina, Chile, Brasil y Paraguay.

    La Justicia estadounidense investiga una posible estafa millonaria en la reconstrucción de Irak

    El fraude de mandos militares y contratistas podría superar los 50.000 millones de dólares, una cantidad mayor que la del 'caso Madoff'

    ELPAÍS.com - Madrid - 16/02/2009

    El Gobierno estadounidense ha puesto en marcha una investigación sobre el presunto uso fraudulento de parte de los miles de millones de dólares del erario público destinados a la reconstrucción de Irak tras la invasión de EE UU en 2003, que forzó la caída de Sadam Husein.

    El diario estadounidense The New York Times ha publicado este fin de semana las investigaciones abiertas contra dos altos cargos militares y un contratista ya fallecido, mientras que el diario británico The Independent asegura que el fraude podría superar los 50.000 millones de dólares (38.800 millones de euros), por lo que superaría el montante del caso Madoff como la mayor estafa de la historia de EE UU.

    Según afirma el diario británico, mandos del Ejército norteamericano pueden estar involucrados en el posible mal uso de buena parte de los 125.000 millones de dólares destinados a los trabajos de reconstrucción de Irak. De hecho, líderes iraquíes habrían asegurado al periódico que sólo bajo el visto bueno de algún oficial estadounidense podría haber ocurrido este desfalco y acto de corrupción.

    Así, tal y como publica The Independent, el Inspector Especial General para la Reconstrucción de Irak (SIGIR, en sus siglas en inglés), una agencia federal temporal creada para servir como "vigilante contra el fraude, el despilfarro y el mal uso de los fondos" públicos destinados a los programas de reconstrucción de Irak, maneja en un expediente una cantidad superior a los 50.000 millones de dólares.

    Los auditores que trabajan para el SIGIR descubrieron el envío de 57,8 millones de dólares en efectivo al interventor estadounidense responsable de la zona centro sur del país árabe, Robert J Stein Jr., que se hizo fotografiar incluso junto a esa pila de billetes. Ese dinero podría no haber llegado a su destino. Stein Jr es sólo uno de un pequeño grupo de funcionarios estadounidenses que estuvieron en Irak y pueden ser acusados de estafa y blanqueo de dinero.

    El texto del Times, por su parte, cita documentos judiciales. Las investigaciones abiertas muestran que en enero se citó a declarar al coronel Anthony B. Bell, ahora retirado, pero que previamente fue responsable de la reconstrucción de Irak en 2003 y 2004. También están citados dos oficiales militares por su conexión con las actividades del coronel Ronald W Hirtle, de las fuerzas aereas americanas, responsable de contratos en Bagdad.

    A pesar de las enormes sumas de dinero que EE UU dedicó a la reconstrucción de Irak desde 2003, apenas se han visto grúas en la capital excepto las dedicadas a la construcción de una nueva embajada estadounidense y las que flanquean una enorme mezquita aún no terminada que comenzó a construirse en la época de Sadam Husein.

    FUENTE: El País

    El "indigenismo"

    "El indigenismo centra la apertura del Foro Social"

    Lula decide no llevar a Belém a dos de sus colaboradores conocidos por su defensa del neoliberalismo

    JUAN ARIAS - Río de Janeiro - 28/01/2009

    Mientras seguían llegando miles de personas procedentes de los cinco continentes congestionando la preciosa ciudad de Belém, donde ayer se habían inscrito ya 100.000 personas -entre ellas 2.000 indígenas, la mayoría líderes de comunidades-, muchas llegadas de Argentina, Perú, Venezuela, Panamá, México y Estados Unidos, el color protagonizó la apertura de la novena edición del Foro Social Mundial (FSM).

    Aunque el Foro de Belém ha acabado centrando sus trabajos en la crisis financiera mundial, los indígenas no se olvidan de que, ya hace dos años, esta edición del FSM había sido organizada precisamente en Belém, considerada la puerta de la Amazonia, para discutir los grandes problemas de los indios de todo el mundo.

    El primer acto del foro, aun antes de la gran marcha que recorrió por la tarde las calles de la ciudad, fue el encuentro de los indígenas con los pueblos llegados de África, donde se había celebrado el foro el año pasado. Indios y africanos se intercambiaron regalos, cantaron y bailaron juntos invocando a los espíritus y formaron con sus cuerpos la frase: "Salva la Amazonia". La imagen fue filmada por helicópteros y será retransmitida al mundo entero para sensibilizar a la opinión pública sobre los graves problemas amazónicos.

    Están previstas hasta el domingo, fecha de la clausura, 2.500 actividades entre conferencias, debates, entrevistas colectivas, etcétera, a cargo de las 5.600 organizaciones presentes en el foro, de 150 países, bajo la mirada de más de 4.000 periodistas que esperan con interés, para el jueves, la presencia del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y de sus colegas de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Paraguay. Ante la posibilidad de que Lula pudiera ser abucheado como ocurrió en 2005 -cuando los activistas más radicales del Foro aplaudieron a Hugo Chávez-, la gobernadora del Estado de Pará, Ana Júlia Carepa, ha respondido, sin darle importancia, diciendo que el foro es un lugar "de debate, pero también de crítica".

    Influencia política

    Aunque el Foro Social Mundial fue concebido -cuando se creó en 2001 en Porto Alegre- como un acontecimiento independiente de las fuerzas políticas, en esta ocasión, además de los cinco jefes de Estado americanos, estarán presentes 12 ministros del Gobierno Lula y otros muchos políticos de América Latina. Dicha presencia ha sido defendida por el filósofo de izquierdas Emir Sader. "La Carta original del Foro consideraba sólo a los movimientos sociales y excluía expresamente a las fuerzas políticas, pero el cambio pasa por los Gobiernos, por lo que es necesario rearticular de una forma nueva la lucha social con la lucha política", destacó.

    Curiosamente, no estarán presentes en Belém ni el ministro de Economía de Lula, Guido Mantega, ni el presidente del Banco Central, Henrique Meirelles, defensores ambos de una economía neoliberal, que fue la seguida por Lula por lo menos hasta ayer.

    Otro mundo es posible, en Brasil

    Cinco jefes de Estado se dan cita en el Foro Social Mundial que se inaugura hoy en la ciudad brasileña de Belém

    JUAN ARIAS - Río de Janeiro - 27/01/2009

    En un clima de euforia se abre hoy en Belém de Pará la novena edición del Foro Social Mundial (FSM), con la presencia de más de 100.000 activistas llegados de todo el mundo y los jefes de Estado de cinco países latinoamericanos: Brasil, Venezuela, Bolivia, Paraguay y Ecuador.

    Ridiculizados cuando en 2001 se abrió la primera edición del Foro Social en Porto Alegre para oponerse a las ideas neoliberales del Foro Económico Mundial de Davos, apodado el foro de los banqueros, hoy la reunión de Belém siente un cierto regodeo al ver cómo la crisis financiera mundial ha puesto en entredicho al capitalismo.

    Para ver lo que ha cambiado el mundo habrá que estar atentos a lo que se va a escuchar a partir de hoy hasta el 1 de febrero en Belém, donde el lema antiguo del Foro Social, Otro mundo es posible, está en los labios y en el programa del nuevo presidente estadounidense, Barack Obama, el nuevo ídolo político mundial.

    Los organizadores internacionales del foro están felices al ver que, este año, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, en vez de ir al Foro Económico de Davos como en los años anteriores, ha vuelto al Foro Social Mundial, que él mismo inauguró en 2001, cuando aún no era presidente, y que tanto contribuyó a su elección en 2002. De hecho, Lula culpa hoy a las ideas económicas del Foro de Davos de la gran crisis financiera mundial.

    ¿Abandonará Lula el neoliberalismo que ha defendido estos años y que ha guiado la política económica de su Gobierno para convertirse a las ideas más revolucionarias y sociales del Foro de Belém? Lo veremos el jueves, cuando Lula hable a los más de 100.000 participantes, junto con sus colegas de Venezuela, Hugo Chávez; de Paraguay, Fernando Lugo; de Ecuador, Rafael Correa, y de Bolivia, Evo Morales.

    Hasta hoy, Lula se había desmarcado siempre de sus colegas en materia de macroeconomía. La cuestión es si seguirá haciéndolo.

    Problemas de los indígenas

    El Foro de Belém se planeó hace dos años, cuando comenzó su preparación, para tratar los graves problemas de los indígenas de la Amazonia y toda la problemática generada en la defensa de la mayor selva virgen del mundo, santuario de la humanidad.

    Por eso fue escogida como sede del encuentro la ciudad de Belém, capital de la Amazonia, y para ello fueron invitados 3.000 indígenas. Sin embargo, el tsunami de la crisis financiera mundial ha cambiado la agenda. A pesar de que se discutirán los temas indígenas, las miles de discusiones del foro estarán orientadas hacia la búsqueda de una respuesta a la actual crisis económica mundial.

    Para Oded Grajew, uno de los fundadores del foro, las diversas ediciones del evento siempre han registrado una gran asistencia de la sociedad civil estadounidense. "No voy a decir que el foro ha sido responsable de la elección de Obama, pero hubo un movimiento fuerte en el FSM, en la línea de muchas de las ideas del nuevo presidente negro americano", asegura.

    Diversos analistas del foro aseguran que, a partir de ahora, las políticas de justicia social, de democracia participativa, de desarrollo sostenible, de crítica a la globalización ?sobre todo, a partir de esta crisis mundial? van a estar más presentes en las agendas políticas de no pocos Gobiernos mundiales.

    Uno de los escollos del encuentro de Belém es que algunos movimientos, como el de los Trabajadores Sin Tierra (MST) o la Central Única de Trabajadores (CUT), proponen que el foro se defina, que lance alguna propuesta política concreta y sirva para acciones globales. Quienes crearon el FSM, al contrario, piensan que debe mantenerse la idea de "gran debate abierto a todas las tendencias", sin decantarse por ninguna de ellas. Un foro concebido más bien como un gran fermento político y social, capaz de hacer crecer la conciencia social mundial.

     

    Resurge el indigenismo argentino

    Crece el orgullo indígena argentino.- El reconocimiento de sus derechos en la Constitución argentina y el auge social del movimiento en la vecina Bolivia han sido claves del desarrollo aborigen

    ALEJANDRO REBOSSIO - Buenos Aires - 27/01/2009

    La wiphala, la bandera multicolor del Tawantinsuyu (imperio inca), flamea en diversos sitios de la Quebrada de Humahuaca, en la provincia argentina de Jujuy (noroeste del país). Al entrar en Tilcara, uno de los principales pueblos de esta quebrada vecina de Bolivia, se lee en un paredón una pintada que se refiere al "orgullo" de la "nación" del Collasuyo, la provincia austral del imperio inca. Una y otra son imágenes que apenas se veían hace pocos años y que señalan que el indigenismo ha cobrado fuerza en Argentina, un país de mayorías blancas y mestizas, pero que aún cobija una minoría de los llamados "pueblos originarios".

    Sin ninguna duda, hay un resurgimiento de los movimientos indígenas", reconoce Héctor Nieva, dirigente de la Comunidad Kolla Tinkunaku, situada en la provincia de Salta, también en el noroeste argentino. "A partir de que se asentaron los derechos indígenas en la Constitución argentina (1994) y del impulso de los movimientos sociales en Bolivia, con Evo Morales a la cabeza. Todo esto produjo un contagio en el norte de Argentina y en los mapuches -de la sureña región de la Patagonia. Cada vez más indígenas, reprimidos y discriminados durante siglos, tratan de buscar su resurgimiento como comunidades organizadas", explica Nieva.

    En cambio, Jorge Nahuel, miembro de la Confederación Mapuche Neuquina, opina que "no hay un resurgimiento de pueblos que son milenarios, sino mayor visibilidad; siempre ha habido denuncias y demandas en un país que se jacta de ser el más europeo de América, pero antes estaban más ocultas". Advierte que, desde la Constitución de 1994 y la declaración de la ONU sobre los pueblos indígenas (2007), existe un "reconocimiento simbólico de la pluriculturalidad, pero el sistema jurídico, la educación y las instituciones son monoculturales". Reconoce que la nueva Constitución de Bolivia, que se votó el domingo, sienta un precedente en América porque "más allá de consagrar la wiphala como símbolo nacional" crea un Estado plurinacional. "Pero en Bolivia el 80% es indígena, y en Argentina no hay que caer en el análisis cuantitativo, sino en que somos naciones preexistentes", aclara.

    De los 39 millones de habitantes de Argentina, unos 383.000 (el 1%) pertenecen a una diversidad de 35 pueblos indígenas, según una encuesta oficial de 2005. Entre las etnias más numerosas figuran los mapuches, kollas, tobas (noreste del país y Buenos Aires), wichí (norte), guaraníes (norte y Buenos Aires) y diaguitas (noroeste).

    Cada pueblo tiene su diferente identidad, su propia lengua (algunos la perdieron con el tiempo ante el avance del español), pero comparten reclamaciones. La principal de ellas es el reconocimiento de sus tierras mediante títulos formales. Todas piden un mejor acceso a la sanidad y a la seguridad social, una educación que integre su cultura y su lengua, participación en la definición de las políticas públicas, respeto a sus autoridades y formas de organización y defensa de los recursos naturales. Los mapuches y los diaguitas se definen como "naciones", y reclaman que se respete su derecho a la autodeterminación, aunque con matices.

    Los kollas de la ciudad de Humahuaca se distinguen porque formaron un partido político local, el Movimiento de Participación Comunitaria (MPC), que logró en las elecciones de 2007 el tercer puesto y una de las tres concejalías que estaban en disputa. A diferencia de la mayor parte de Argentina, Humahuaca cuenta con un alto porcentaje de población autóctona, pero las autoridades electorales no le permitieron al MPC agregar a su nombre la palabra "indígena" ni imprimir la wiphala en sus papeletas. Este año, el MPC se presentará en toda Jujuy con candidatos a legisladores nacionales, provinciales y municipales.

    Sixto Quispe, que pretende ser elegido diputado provincial, explica el origen del partido: "Yo hice campañas con el peronismo; pero después de ganar, siempre nos dejaron de lado. Hasta hoy se mantiene el desamparo de los pueblos indígenas, mientras se entrega la riqueza a las multinacionales y a los que dicen ser pequeños agricultores. En Jujuy hay un 90% de indígenas, aunque nos hacen creer que somos argentinos. Estamos gobernados por inmigrantes". Sin embargo, Quispe aclara que también se siente argentino y carece de vínculos e incluso de información sobre el movimiento de Morales, más allá de que comparten algunas de sus reivindicaciones. También se diferencia de Rosa Chiquichano, la primera indígena diputada nacional, una tehuelche que en 2007 accedió al Congreso por el peronismo de la provincia patagónica de Chubut.

    Los kollas de otras regiones prefieren "por ahora" no formar un partido. Hace cuatro años se formó el movimiento Kollamarca, con la participación de todas las comunidades kollas de la región salteña de Yungas y la reclamación de 1,1 millones de hectáreas. La Comunidad Kolla Tinkunaku logró en 2007 que el Gobierno de Salta le reconociera 70.000 hectáreas, y está a punto de acceder al título de otras 19.000 que ocupa una tabacalera que en el pasado había sido denunciada por someter a los indígenas a condiciones de semiesclavitud.

    En la mítica carretera 40, que une Argentina de norte a sur, los diaguitas han "recuperado" -como dicen ellos- las ruinas de Quilmes, último bastión de resistencia indígena en el noroeste de este país en tiempos de la conquista española. Considerada su "ciudad sagrada", la Unión de Pueblos de la Nación Diaguita ocupó estos terrenos, que las autoridades habían concedido para su explotación a un artista y empresario de origen indígena.

    "Antes éramos comunidades aisladas, y en los últimos años encontramos puntos en común ante el desalojo de las tierras y la contaminación de los recursos naturales", explica Fernando Nieva, abogado e integrante de la unión diaguita. En la carretera 40, a la altura de la provincia de Tucumán, se leen pintadas en las paradas de autobuses contra la minería por su uso de agua en esa árida región.

    Los diaguitas se reconocen argentinos, pero advierten que "hay una pluralidad de naciones" en este país suramericano. "El derecho a la libre determinación no significa sólo la independencia, sino también el control de tierras y recursos naturales", aduce Fernando Nieva.

    Kollamarca reivindica la "autodeterminación, pero no la autonomía total porque hoy en día no se va a lograr", admite Héctor Nieva. El dirigente kolla aclara: "Nosotros nos consideramos argentinos, pero los límites geográficos fueron impuestos por el Estado".

    Los mapuches son más radicales. "Argentina es un invento moderno, de hace 200 años, y las culturas originarias son milenarias, de 10.000 años de antigüedad, según la antropología", reivindica Nuahuel. "Queremos que se reconozca que hay un Estado que alberga una nación milenaria", pide el dirigente, que responde cuando le preguntan si se siente argentino: "Somos mapuches en el Estado argentino, al que respetamos porque vivimos aquí". Por eso, su primer reclamación es el reconocimiento jurídico a la "autonomía mapuche", que le permita tener su idioma, sus escuelas bilingües, su sistema administrativo y su justicia -que no busca aislar al delincuente, sino que repare el daño causado. La otra ambición mapuche es el ordenamiento territorial que permita controlar los recursos naturales en disputa -vía bloqueos y ocupaciones- con petroleras, mineras y complejos turísticos. Los mapuches tampoco quieren participar en política mediante un partido propio: "No creemos en este sistema de partidos. Un partido serviría para dispersarnos, no somos el 80% de la población".

    Fuente: El País

    Sendero de sangre

    Aunque su amiga Condoleezza Rice mire para otro lado en estos mismos, dramáticos momentos, es evidente que Tzipi Livni algo aprendió de la dama de hierro de Bush. Al menos a borrar todo temblor de su mano al momento de dirigir misiles sobre poblaciones ya demasiado golpeadas, como ahora la palestina. Demasiadas muertes le está costando a esta mujer demostrarles a sus amigos de la derecha ultraconservadora israelí que tiene el tamaño suficiente para ocupar la silla que en otro tiempo ocupó Golda Meir.

    Por Milagros Belgrano Rawson

    La guerra en la Franja de Gaza fue planeada por los israelíes desde hacía meses. Mientras los militares preparaban la ofensiva, un ejército distinto, compuesto por especialistas en diplomacia y relaciones públicas, fue convocado por su gobierno para preparar un discurso convincente ante la opinión pública internacional. El objetivo era claro: asegurarse de que no bien Israel atacara esta delgada lonja de tierra –362 kilómetros cuadrados donde se hacinan un millón y medio de palestinos–, este país fuese visto como la verdadera víctima, incluso si sus bombardeos mataban a cientos de civiles, como efectivamente ocurrió. El mensaje se propagó a todo el mundo por medio de lobbistas sionistas en el extranjero. Hasta el popular sitio Youtube, donde se colgó un video del ejército israelí, colaboró en el operativo de comunicación que complementa la ofensiva militar. El cerebro de esta maquinaria fue la dupla integrada por la ministra de Relaciones Exteriores israelí Tzipi Livni y el titular de Defensa, Ehud Barak. Mientras ellos orquestaban la guerra, la comunidad internacional y, sobre todo Washington y su secretaria de Estado, Condoleezza Rice, se preparaban para las fiestas de fin de año y dejaban las preocupaciones por la crisis económica mundial y la transición política para otro momento. Quizá para mediados de enero, cuando las comilonas de Navidad se hubiesen convertido en un alegre recuerdo y hubiera que concentrar los recursos en la asunción de Obama como presidente.

    Algunos analistas indican que la tregua decretada en junio del 2007 fue rota por los mismos israelíes cuando en noviembre pasado mataron a seis combatientes de Hamas. El timing no podría haber sido mejor: los ataques tuvieron lugar el día de las elecciones presidenciales estadounidenses, notaba esta semana el corresponsal en Jerusalén del diario británico The Observer Chris McGreal. Mientras todo el mundo estaba pendiente de la votación, Hamas devolvía el ataque. E Israel volvía a tirar cohetes, cuando Barack Obama ya sido elegido para convertirse en el primer presidente afroamericano de su país. Luego, durante unas semanas, la calma absoluta. Faltaba esperar Navidad y Año Nuevo, cuando Washington se toma vacaciones. Y ahí vino la andanada de misiles israelíes que desde fines de diciembre se ha cobrado las vidas de más de 500 palestinos. El comité RR.PP. israelí se concentró en atraer la atención de los medios internacionales hacia los 8500 cohetes lanzados desde Gaza hacia Israel durante los últimos ocho años y en los 20 civiles israelíes que los palestinos se han cobrado, afirma McGreal. De esta forma, se buscó disimular el embargo israelí a Gaza, que se traduce en que, básicamente, sus habitantes tengan que mendigar todos los días comida y agua potable, y los 1700 palestinos muertos por los ataques de Israel en los últimos tres años, cuando los colonos fueron forzados a retirarse de esa zona.

    Por ahora, Tzipi Livni se niega a decretar un alto el fuego en Gaza: “No haremos acuerdos con los terroristas”, dijo a los diplomáticos europeos que la visitaron hace unos días. Recién el miércoles pasado, luego de que la presión internacional se hiciera más fuerte, accedió a que el ejército interrumpiera durante tres horas la ofensiva para permitir la entrada de ayuda humanitaria y combustible en la zona. Paralelamente, Livni aceptaba reunirse a puertas cerradas con sus consejeros para discutir la tregua propuesta por Egipto y Francia.

    Mientras la ONU se paraliza ante el conflicto y Condoleezza Rice se limita a anular su gira a China y a reunirse con el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, las únicas figuras que hasta ahora se han movilizado por negociar una tregua son el presidente francés Nicolas Sarkozy y su homólogo egipcio Hosni Mubarak. ¿Pero por qué Rice debería mostrarse activa en esta guerra que no es la suya, sobre todo cuando, en unos días, deberá dejar su puesto a Hillary Clinton? Bueno, desde hace dos años, cuando Israel invadió el Líbano, tanto ella como Livni han trabajado en forma conjunta en lo que la israelí durante un tiempo denominó “la iniciativa de Israel para la solución de dos Estados”. Con el tiempo, además de colegas, estas dos altas funcionarias se convirtieron en amigas, como la propia secretaria de Estado de Bush contaba en una columna escrita por ella y publicada por la revista Time en el 2007. Para Rice, la ministra israelí era por entonces “una mujer de convicciones, inteligente y pacífica”. Bajo el ala de Condi, en el pasado Livni se expresó con frecuencia a favor del mejoramiento en las condiciones de vida de los palestinos y la creación de un Estado palestino. Mientras Rice posiblemente sueñe con un plácido retiro no bien Obama asuma la presidencia, algo ha desviado a Livni de sus viejos anhelos de paz.

    Luego del desastre militar y diplomático que significó para Israel la segunda guerra en el Líbano, en septiembre pasado a Livni se le presentó una oportunidad imperdible: el paso al costado del primer ministro israelí Ehud Olmert –un tipo de pocas luces, envuelto en escándalos de corrupción y demasiado afecto a los relojes caros y la ostentación– la ubicó como la candidata preferida para quedarse con el puesto de primera ministra, si es que en febrero próximo gana las elecciones generales. De modo que con esta ofensiva sobre Gaza, Livni contaba eliminar las amplias dudas que los círculos militares y de ultraderecha habían proyectado sobre ella, cuando se convirtió en la candidata a suceder a Olmert. Su pasado como espía de bajo rango en el Mossad la ha ayudado a llenar su magro currículum político, que recién empezó a los cuarenta y tantos, cuando Livni dejó de ejercer como abogada comercial. Cuando dirigentes del partido de centroderecha Likud declararon que quizá el cargo de primera ministra sea “demasiado grande para ella”, bien podrían haber agregado “demasiado grande para una mujer”, indicaba hace unos días Mira Bar Hillel, corresponsal israelí del diario británico Evening Standard. Pero al mismo tiempo la periodista aseguraba que aunque en Israel muchos se congratulan por pertenecer a un país donde la igualdad de sexos aparentemente existe, “la realidad nunca ha alcanzado al mito”, dice Bar Hillel. Lo dramático es que la ex espía haya decidido acortar la distancia entre realidad y mito tapizando el camino con cadáveres.

    Fuente: Página 12 - Viernes, 9 de Enero de 2009

    PARA VER EN FAMILIA

    LA CORPORACIÓN es una serie de documentales sensacionales, para comprender qué sucedió y sucede con nuestro mundo.

    No dejen de verlo y difundirlo. La duración es de casi 3 horas. Ideal para ver junto a adolescentes y jóvenes, en casa.

     

    Una sucia historia de espías

    El estrépito del tsunami financiero dejó en sordina un sucio escándalo de espionaje y mentiras oficiales, revelado a poco de la salida de Bush. M. Bonasso.

    El estrépito del tsunami financiero ha dejado en sordina un sucio escándalo de espionaje y mentiras oficiales, revelado en la etapa final del mandato de George W. Bush. Un episodio que parece arrancado de una novela de John Le Carré, que involucra tanto a la CIA como al servicio de inteligencia MI6 de Gran Bretaña, y pudo haberle costado un juicio político al presidente norteamericano de no haber mediado la insípida vacilación que caracteriza a los parlamentarios demócratas.

    La historia está contada, con pelos y señales, en el libro The Way of the World (El rumbo del mundo), del periodista Ron Suskind, ganador del Premio Pulitzer y antiguo redactor estrella del Wall Street Journal. Suskind revela que la CIA, por orden directa de Bush, escondió en Jordania al jefe de inteligencia de Saddam Hussein, Tahir Jalil Habbush, y le pagó cinco millones de dólares para que escribiera y firmara una carta antedatada en 2001, “informando” a quien entonces era su presidente sobre el apoyo iraquí a Mohammed Atta (el cabecilla del ataque suicida del 11 de septiembre) y los vínculos con Al Qaeda, que supuestamente estaba ayudando a Irak con un embarque de uranio procedente de Nigeria.

    O sea: los argumentos esgrimidos sin pruebas por el vicepresidente de los Estados Unidos, Dick Cheney, para justificar la invasión a Irak.

    La carta de Habbush, fichado por los invasores y el gobierno títere iraquí como uno de “los mayores criminales de guerra del régimen de Hussein”, fue filtrada por la CIA en Bagdad y publicada por el periodista británico ultraconservador Con Coughlin en The Daily Telegraph de Londres, en diciembre de 2003. En ese momento, Irak ya había sido ocupado y no aparecía por ningún lado la menor evidencia de armas nucleares o químicas en el país arrasado. La “extraordinaria primicia” fue inmediatamente rebotada por los mass media de Estados Unidos.

    La verdad era muy distinta y Suskind la fue desenrollando en una cinematográfica investigación, a través de variados escenarios en Estados Unidos y Gran Bretaña, donde logró entrevistar y grabar a personajes de primer nivel en la CIA, el MI6 y el espionaje privado y tercerizado que usan los servicios occidentales, para tratar de detectar lo que más temen: la compra “en negro” de uranio enriquecido para armar la bomba.

    Con una prosa convencional, pero no exenta de suspense, Suskind va llegando a la verdad a través de personajes “can do way” (nosotros diríamos “un todoterreno”), como el tenebroso Rob Richer, que estuvo en la CIA durante más de treinta años, donde condujo operaciones clandestinas en la vieja URSS y en Medio Oriente y ahora es CEO de la empresa privada de espionaje Blackwater. Un amigo íntimo del rey Hussein de Jordania y de su hijo y sucesor Abdullah, una llave imprescindible para operar en la frontera de Irak y esconder a cualquiera por más importante que sea.

    En la extensa lista de informantes, sobresale también Sir Richard Dearlove, ex jefe del servicio secreto británico, que actualmente funge como pacífico profesor del Pembroke College de Cambridge y, con su distinción y parecido físico con el actor Peter O’Toole, nos remite inexorablemente a los relatos de Graham Greene.

    Con la ayuda de estos y otros espías, que van desgranando datos, en la penumbra musical de un bar de hotel o en la mesa bien provista de un “steak house”, Suskind reconstruye la saga del “arrepentido” Habbush, uno de los naipes en el mazo de “hombres más buscados” por W, que presidía Saddam Hussein con el as de
    espadas.

    La trama es complicada (Suskind la despliega a lo largo de 400 páginas), pero se la podría sintetizar de esta manera.

    A fines de 2002, los norteamericanos buscaban evidencias que les permitieran justificar la invasión. Entonces, el mercenario Richer se acordó de un talentoso colega británico con quien había hecho amistad en el oficio: el jefe de inteligencia para el Medio Oriente del servicio de inteligencia británico, Michael Shipster. Sus esperanzas resultaron justificadas: Shipster mantenía contactos desde mucho tiempo atrás con el jefe de inteligencia de Saddam Hussein, Tahil Jalil Habbush. Antiguo jefe policial y gobernador de una provincia “difícil”, Habbush –según Suskind– “tenía las manos llenas de sangre”.

    Como suele suceder en estos casos, los servicios occidentales no le miraron mucho las manos y organizaron un encuentro secreto en Jordania, que fue finalmente arreglado entre Richer y el jefe de inteligencia jordano.

    Fue el primero de una serie de contactos con “George”, el nombre en clave de Habbush, de los que estuvo al tanto el jefe de la CIA, George Tenet.

    Para los británicos, remisos a invadir, resultaron preocupantes; para los norteamericanos, decididos a la ocupación, desconcertantes.

    El sinuoso funcionario iraquí les aseguró que no había armas químicas en Irak, porque Saddam había cancelado todos los programas después de la Guerra del Golfo y no tenía el menor propósito de fabricar artefactos nucleares. Les explicó que las reticencias de Saddam al respecto tendían a un propósito defensivo
    respecto a los iraníes: temeroso de sus vecinos, quería hacerles creer que contaba con un arsenal no convencional. No le preocupaba alimentar de este modo las sospechas de Washington, porque estaba convencido de que Bush no se atrevería a ocupar Irak.

    Los espías occidentales, que mantuvieron varias reuniones con “George”, le aseguraron que Estados Unidos estaba decidido a invadir.

    Sabían de qué hablaban cuando el jefe de la CIA Tenet le mostró una minuta de los encuentros secretos a Condoleezza Rice; la secretaria de Estado preguntó expresivamente: “Y, ¿qué carajo, hacemos con esto?”.

    George W. fue aún más expresivo: “Sigamos adelante”. Y ya se sabe lo que ocurrió: Bagdad fue demolida, Irak fue invadido, Saddam cayó en estatua y en persona, miles de inocentes perdieron la vida y los ocupantes comprobaron que Habbush decía la verdad respecto a las armas no convencionales.

    Para Washington Habbush se convirtió en un grave problema. Mientras el ejército de ocupación lo mantenía entre los 16 dirigentes más buscados, la Casa Blanca temía que apareciera y contara todo. Richer había arreglado con sus amigos para que lo escondieran en Jordania.

    Entonces surgió la idea de comprar a “George” y hacerle escribir la carta falsamente fechada en 2001, que demostraría lo que no era cierto: los nexos entre Hussein y Al Qaeda. Todo a cambio de cinco millones de dólares. ¿Pero resultan suficientes para sellar los labios de un hombre que se pasó de bando? No hace falta haber leído a Le Carré para imaginar que Habbush ya no está entre nosotros.

    Fuente: Crítica Digital

    "No existen culturas peores o mejores"

    Lo dice el periodista Artur Domoslawski Lo aprendió de su gran compatriota y colega Ryszard Kapuscinski, de quien ahora prepara una biografía: "No existen culturas peores o mejores. El mundo de los buenos y los malos debe quedar atrás", dice el periodista y escritor polaco Artur Domoslawski. En su opinión, hay criterios falsos que derivan de tomas de posición ideológicas. "Llamamos terroristas a los que llevan explosivos en una mochila, pero nos olvidamos de los que lanzan bombas a poblaciones civiles desde un avión militar. Sentimos más empatía con las víctimas de los atentados contra las Torres Gemelas que con las víctimas palestinas o con las de Paquistán", dice. Domoslawski tiene 40 años. Escribe en la Gazeta Wyborcza, "el diario más importante de Polonia, creado por la oposición democrática a la dictadura comunista, y el de mayor pensamiento crítico en la actualidad". Es autor de cuatro libros sobre temas diversos, desde la globalización hasta América latina del siglo XX y el pontificado de Juan Pablo II. Y considera que la transición de la economía de Estado a la de mercado que atravesó su país en los últimos 20 años es, aun con dificultades, un ejemplo de cambio realizado en forma pacífica: "No hubo lucha armada, sino discusión en una mesa de negociaciones entre el gobierno comunista y el movimiento Solidaridad, liderado por Lech Walesa, que venía operando en la clandestinidad. Todo esto, favorecido por las reformas que introdujo Mikhail Gorbachov en la ex Unión Soviética". -¿Qué hubiera sido de Polonia sin la caída de la URSS? -Tendríamos un comunismo al estilo chino. -Y ahora que Rusia vuelve a desplegar su poderío, ¿cómo se moverán los países fuertes? -Rusia quiere volver a un orden internacional anterior, que es el de las superpotencias. En ese marco, una guerra fría es posible. Hoy, además, existen otros actores, como la India o China, que empujarían ese esquema de grandes potencias, aunque sería aventurado decir en qué sentido se moverán. -Muchos consideran a Polonia como el caballo de Troya de Estados Unidos dentro de la Unión Europea. ¿Esa posición los favorece? -Por razones históricas Polonia siempre toma posición en contra de Rusia. El punto es en qué medida se sigue aliando con Estados Unidos. Cuando Rusia se pone agresiva, Polonia busca seguridad en el apoyo de los norteamericanos. Pero más que negociar, lo que toma es una postura servil. Las ambiciones imperiales de Estados Unidos también siguen intactas y el establishment político y mediático polaco las apoya, como apoyó la invasión a Irak, que resultó un desastre. Esta posición tiene raíces antiguas: cuando Polonia no existía como país independiente, muchos compatriotas pobres fueron a los Estados Unidos en busca de una mejor condición de vida; algunos la encontraron. Cuando el país quedó bajo influencia de la Europa estalinista, Estados Unidos aparecía como el ejemplo de la libertad. En los 80, los norteamericanos apoyaron la causa democrática de Solidaridad. Pero me pregunto si este apoyo alguna vez fue más concreto que retórico. De hecho, Roosevelt estuvo de acuerdo con que Polonia integrara el bloque soviético. El día que Lech Walesa llamó a los Estados Unidos para crear un nuevo plan Marshall, nadie respondió. Recientemente, mientras se apoyaba a Bush en Irak, en los Estados Unidos se sugería limitar las visas a los polacos que pedían la entrada a ese país. Pero Polonia le permite a la CIA tener cárceles clandestinas con prisioneros políticos en su territorio. -Para muchos, el que EE.UU. se haya enfrentado a la ex Unión Soviética es condición suficiente para el apoyo incondicional. -Sí, y esto tiene también una explicación histórica. Uno de los mayores especialistas en literatura y lengua polacas, el catedrático Michal Glowinski, dice que en la época comunista la verdad fue falseada a nivel lingüístico. Todos los que luchaban contra el sistema, como Estados Unidos, eran tildados de reaccionarios. Con la caída del régimen se tomó una postura extrema, pero al revés: Estados Unidos es el país bueno y no importa que, por ejemplo, haya apoyado a las dictaduras en América latina. Un buen ejemplo es la gran simpatía que tuvo Pinochet en mi país. -¿Por qué tal simpatía? -En los años 70, la propaganda comunista polaca oponía "las fuerzas progresistas" y el "poder popular" de Salvador Allende a "la junta reaccionaria" y las "fuerzas de la derecha social" de Pinochet. Como reacción, la simpatía de muchos polacos hacia Pinochet como vencedor "de las fuerzas rojas del progreso" resultaba algo comprensible y, en esos años, la opinión pública polaca no creía las noticias sobre las torturas y los crímenes del régimen de Pinochet. Si condenábamos las torturas durante el régimen de Pinochet, automáticamente pasábamos a ser una especie de defensores del comunismo. Si ayer los dictadores de derecha eran considerados los malos de la película, por oposición absoluta se "sacralizaron" las torturas de tiranos como Pinochet o Videla. -Un tema que se discute en la Argentina es la revisión de los hechos del pasado político. ¿Cuál fue la experiencia de su país? - Si bien hubo procesos judiciales contra torturadores de la época del estalinismo, no se tocó a los líderes políticos. Triunfó la postura de los sectores más liberales de Solidaridad, que plantearon la idea de un sistema democrático amplio, sin ciudadanos de segunda. Para los sectores de derecha, esa decisión todavía es un argumento para justificar los problemas polacos actuales. La idea es: "No arreglamos las cuentas con el pasado y por eso nos va mal cuando nos va mal". -¿Es posible revertir ese mecanismo de operar por oposición en Polonia y en el mundo? -Ojalá. Aquí no se trata ni de la izquierda ni de la derecha, ni del comunismo, ni del capitalismo. De hecho, se trata de ver si las tristes experiencias del siglo XX nos han enseñando algo o no. De ver qué hemos aprendido de lo sucedido no sólo en el Gulag o en Auschwitz, sino también en Camboya y en Hungría, en Chile, en Cuba o en España. ¿Somos capaces, teniendo en cuenta las experiencias del siglo XX, de aceptar globalmente una ética política, unas normas elementales, que no deban ser relativizadas por ninguna ideología ni ignoradas en aras de ningún principio de partido o de lealtad? Algo que trascienda a los buenos o los malos. El mundo de los buenos y los malos debería quedar atrás. Necesitamos, como decía Kapuscinski, algo que nos acerque al desafío que nos plantea el futuro: el encuentro con el otro, con todas sus diferencias, como única vía para conquistar la paz