Blogia

CIELO Y TIERRA - ¿QUIÉN DIJO QUE TODO ESTÁ PERDIDO?

Nik - Humor

 



 

La Nación - 18-05-10

El vuelo de la mosca

El vuelo de la mosca

La mosca en la ceniza, el nuevo film de Gabriela David, expone –con belleza narrativa y sin concesiones– la realidad de la trata de mujeres. Con un elenco de jovencísimos talentos, la película no omite escalafón: la madama, el cliente, el vecino, las responsabilidades.

Por Guadalupe Treibel

Hay, en campo abierto, un truco rural que no admite duelo: el de la mosca ahogada que, puesta en ceniza, sacude las alas y, sin más, revive. Después del agua y el fuego, la resurrección concreta. Y la posibilidad como alegoría. Si la mosca puede... ¿quién más podrá? En la línea de la oportunidad (la que no es y engaña, la que es y activa), se pasea La mosca en la ceniza, el nuevo trabajo de la realizadora, guionista y productora Gabriela David (Taxi, un encuentro, 2001).

La historia es una, la de muchas veces: dos chicas –Nancy (María Laura Cáccamo) y Pato (Paloma Contreras)– conocen a la vecinita de pueblo que les hace el entre para viajar a Buenos Aires y trabajar como mucamas en un hogar “bien”. “A 800 pesos por mes con casa y comida ¿Les parece poco?”, pinchará la entregadora. Nancy quiere ir, hacerse unos pesos, estudiar; Pato –leal y casi analfabeta– sabe seguirla.

Una busca “mejorar”; la otra no sabe bien qué busca y, ante la duda, su madre le dará el empujoncito final: “Cuantos menos seamos, mejor. Además, ya estás grande para no hacer nada”. La (triste) realidad de los bajos recursos en las familias numerosas. Al colectivo de larga distancia entonces, que ya son dos para la ciudad. O, mejor dicho, tres. Porque al dúo dinámico lo acompaña Oscar (Luciano Cáceres), el “capito” de burdel que las lleva a destino.

“Acá uno se puede perder”, dirá –con hermosos ojos desorbitados– la Nancy frente a las luces urbanas que se encienden. Nancy es inocente, no ve más allá; parece una nena en cuerpo de grande, capaz de jugar con moscas y jarros por horas. David no demora el relato; falta poco para que ambas tengan el panorama completo...

Porque el monótono cantor melódico Oscar las deposita en una zona coqueta de Capital donde, sobre la calle Agüero, una puerta abre la –otra– cara de lo que sesabeynosedice: el espacio del cuerpo que desaparece, el prostíbulo (o, dicho sea de paso, la versión 2.0 del centro de detención clandestino), donde las espera la mala malísima Susana (Cecilia Rossetto), una madama inescrupulosa y asexuada que, de buenas a primeras, las introduce en su nuevo “trabajo”. No sin antes sorprenderse porque las chicas tienen documentos...

“La idea nunca fue contar la historia en registro documentalista, crudo o muy realista; no era cuestión de estar exponiendo lo que uno objeta. Por eso aprovechamos los recursos narrativos para construir un ambiente opresivo y dar, a través de climas y sonidos, la sensación de sexo constante, sin mostrarlo”, explica la directora a Las 12 sobre su segundo trabajo, premiado en los festivales de Huelva y Kerala. Su ópera prima, Taxi, un encuentro, ya había ganado once premios internacionales en 2002.

Sobre el puntapié inicial de la película –escrita en 2005 y filmada durante poco más de un mes a fines de 2008–, una noticia local accionó como disparador. “El guión partió de un caso real ocurrido en pleno barrio de Belgrano, donde una chica logró escapar de un burdel y tuvo la entereza de torcer su destino y avisar a una vecina. Pero la pregunta es ¿nadie vio o escuchó nada? Esa indiferencia remite a nuestra época de plomo y es parte de la idiosincrasia argentina”, asegura David.

El “también pasa a la vuelta de la esquina” la llevó a ubicar el prostíbulo de La mosca en la ceniza en Barrio Norte, a centrar el horror puertasparadentro en un contexto de lo más shockeante. Porque, mientras las chicas sufren la tortura, la explotación sexual y las marcas en cuerpo propio, el afuera es puro contraste: las señoras high class pasean a su perro, el florero riega, el policía mira para otro lado... Esa sutileza en la mirada arrima un batacazo certero y sin concesiones que no cae en el golpe bajo. Hay una poética rota que La mosca en la ceniza preserva y realza.

“Desde mi condición capitalina y burguesa aprendí que la trata no es algo que ocurra en rutas en medio de la nada. Son chicas apropiadas que remiten a los desaparecidos, no desde el terrorismo de Estado pero sí desde la inactividad de decisión política”, resalta –a puro pulmón– la realizadora, cuyo libro cinematográfico fue seleccionado en 2007 para participar de la Fundación Toscano/Sundance Institute que se realizó ese febrero en México.

Amigas son las amigas

Obviando las etiquetas, La mosca en la ceniza no pretende asumirse como un film de denuncia. “Quería contar la historia de una amistad femenina porque la lealtad en cine siempre está vinculada al universo del hombre”, asegura David. Para la talentosa Cáccamo –revelación inapelable en su rol de Nancy–, se trata de calar hondo en el comportamiento humano, en un universo donde el encierro anula y vuelve al malo “un villano doloroso”. “Es una red y una transa, como la droga”, dice la actriz. Y agrega: “El arte muestra lo que está pasando, para bien o para mal. Una defiende la causa desde su lugar; en mi caso, desde la actuación”.

Para recrear en pantalla esa amistadparasiempre, Cáccamo y Contreras tuvieron ensayos previos a la filmación, con escenas varias de improvisación. También participaron de manifestaciones y estuvieron en contacto con organismos contra la trata de personas. El resultado salta a la vista, con la verosimilitud al orden del día.

Claro que sus personajes –estas dos jovencitas traídas a puro engaño y obligadas a “trabajar”– no reaccionan de manera similar frente a la patética realidad de infierno de cabaret: Pato se niega y, aún padeciendo amenaza y trompada limpia, resiste en la posición de no entrega. Nancy, en cambio, se adapta como instinto de supervivencia. La inocencia la inunda aunque –detrás de la aparente simplicidad– esconda un batifondo potente. Porque que el personaje pueda amalgamarse al abuso impuesto, habla de un cuerpo (pre) marcado, de algo entrenado para no sentir tanto dolor.

Desde lo actoral, Cáccamo (que fuera alumna del difunto maestro Miguel Guerberof y actuase en El Castillo, de Kafka, entre otras producciones) explica que la apuesta fue no caer en el cliché de “nena boba” o “jovencita del interior”. Y la intentona surtió efecto. Porque, desde la contextura pequeña y la voz particular, María Laura compuso la heroína menos pensada. “Nancy se diferencia del resto, tiene otra línea de pensamiento –explica–. La compuse de adentro para afuera, hablando con una psicóloga que nos asesoró. Porque en el guión ya estaba definido que había algo que ella no podía traspasar. Entonces buscamos las causas de esa limitación y llegamos a tres posibilidades: que cuando era chica, se cayó y le pasó algo en la cabeza, que sufrió mala alimentación, que le faltó educación.”

El personaje de Paloma Contreras (que trabajó en apuestas como Teatro X la Identidad, El niño pez en cine o Tratame bien, en televisión, entre otros), en cambio, tiene otros matices. En palabras de David, la directora, su Pato es “idealista”: “Cree en la evolución personal, no material, y en la educación como arma de progreso. Se resiste totalmente a que le dobleguen la voluntad, su ideario”.

Sobre efectos, Cáccamo reconoce que la entristeció “colgar” su personaje, una vez terminado el rodaje. “Nancy me hizo volver a creer en la inocencia. Cuando uno crece, se vuelve cínico pero ¿por qué hay que dejar de creer en la palabra del otro?”, se pregunta la actriz nacida en Viedma que, terminado el secundario, viajó a Bahía Blanca para estudiar actuación. ¿Próxima parada? Capital.

Noche de perras

Mención aparte merece la madama perrísima compuesta por una Cecilia Rossetto irreconocible que, corajuda, se despidió del glamour para dar carne a Susana, la mujer que –junto a Oscar– regentea el prostíbulo de Barrio Norte. “En mis conciertos y en lo actoral, siempre hice papeles de chica buena que despierta la simpatía del hombre. Habituada a la sonrisa fácil y al juego de seducción, me preocupó cómo componer mi personaje”, reconoce la mujer que, en su último espectáculo –Concierto Amoroso– recorrió un exquisito repertorio de boleros, tangos y poesías mechándolos con anécdotas –en primera persona– de La Habana o Cartagena de Indias.

Entusiasmada con el guión y comprometida con la causa, Rossetto dio vía libre a la metamorfosis. Sobre el proceso, cuenta: “Contrariamente a lo que me enseñaron en las escuelas de actuación, conformé a Susana de afuera para dentro. Me preocupaba mi cuerpo, mi cara. Entonces tomamos la decisión con Gabriela (David) de no ponerle a mi personaje ni una gota de maquillaje, de que tuviera todas las marcas que tengo. Si la hacía cruel y completamente desnuda, podía conseguir una mirada gélida”.

Sí que lo consiguió. Desde la blanquísima tez de encierro, los ojos fríos, la voz vencida, el fisique du rol encontró en esta reversión de Rossetto el punto justo. “Saqué panza a lo bruto, comiendo seis panqueques al día con cerveza”, relata sobre su ¿masculinizada? ¿deshumanizada? versión de madama. “Hay una construcción desde la camisa, el pantalón, los mocasines de hombre. Pero como, a su manera, tiene su sexo con Oscar, nos pareció que, más allá de la panza y la ropa masculina, tenía que tener tetas, para que diera una cosa más perversa”, agrega la mujer que se entregó de lleno en ser “alguien detestable” sin matices, porque “está matando nenas”. “Merece el encierro absoluto”, remata sobre su personaje.

Desde el compromiso social, no es novedad que Rossetto cree que la formación artística puede beneficiar una causa. “¿A quién le puede interesar el arte por el arte mismo? Tenés que abrir conciencias y corazones. Y eso ya es bastante ¿no?”, pone en palabras la mujer que este verano hizo dos films más (de contenido, claro): El Rati Horror Show, de Enrique Piñeyro, y La mala verdad, de Miguel Angel Rocca, sobre el abuso de un abuelo a su nietita.

Y otras chicas del monton

Como toda “empresita” cruenta, el prostíbulo de los apropiadores de cuerpos necesita más chicas para funcionar. De ahí que el cabaret de Susana y Oscar sume otras víctimas a su engranaje. Todos uniformadas (las botas siempre puestas, la cara pintada, los labios rojos), todas rebautizadas por sus carcelarios (los apelativos son ficcionales; no sólo el cuerpo roba el ladrón), poco sabemos (mucho intuimos) del “ejército de reserva” que completa el staff estelar: Está la Rubia (la preciosa Vera Carnevale), está Vanesa (la certera Dalma Maradona), está Denis (la teen Ailín Salas).

Salas, que con sólo 16 años ya trabajó en películas como La sangre brota, XXY o El niño pez, cuenta que su acercamiento a Francisca “Denis” fue instintivo y se alegra de que “sirva para contar algo”. Lo cierto es que su aparición en pantalla quizá sea uno de los más impactantes de la cinta porque pone otro hecho sobre el tapete: el abuso de menores, como una cara (más, ¿la peor?) de la trata de mujeres, de la esclavitud sexual. “Viaja desde otro país para ayudar a su familia sin recursos pero tiene la mala suerte de toparse con esta gente que la engaña”, describe Ailín sobre su Denis.

Pero así como su personaje busca una salida, el de Dalma Maradona pareciera haber claudicado en la intención. ¿Ha entrado del todo en la lógica enferma propuesta por sus carcelarios? ¿Cuánto tiempo lleva ese cuerpo quebrado siendo víctima de la sexplotación? “Perfectamente en un futuro podría quedarse a cargo del boliche; por eso les enseña a las otras”, ofrece Rossetto. Otro color para el abanico de posibilidades, amén de la diversidad de lecturas y chicas expuestas.

El cliente: otra forma de protagonismo

Un –último– factor termina de hacer de La mosca en la ceniza una película necesaria que da voz a una situación plausible: El que cierra la cadena de montaje. El “cliente”.

De buenas a primeras, el film muestra al mozo del bar de enfrente, José, un hombrecito desdentado que, sin dientes, que repite su trauma con base a líquidos a cuanta persona le preste la oreja, representado al seseo por un Luis Machín magistral. De buenas a primeras también, vemos que el mozo José toca la puertita del prostíbulo y vemos que compra el horror. En palabras de David: “Es un pobre tipo que tiene su batalla personal y termina cubriendo y sosteniendo, desde la indiferencia, la cadena”.

El mozo José compra sexo, sí, y sueña –entre pobres coqueteos a Nancy– con enamorarse. Pero ¿qué pasa cuando se pincha una ilusión de azúcar y sale la crueldad del centro clandestino? ¿Quién quiere salvar a estas chicas? ¿Quién puede? ¿Será que el hábito no se rompe jamás? ¿Será que todos prefieren pasear el perro, regar las plantas, mirar para otro lado...? Otra vez la condición humana, la idiosincrasia nacional, la descripción de un patrón que se repite.

“Hay oferta porque hay demanda”, destacan al unísono actrices y directora. Porque “irse de putas” –en jerga de macho– es llenar el tanque que hace que la rueda gire.

Mejor si hablar de ciertas cosas

Como segundo negociado más redituable de mafias, la trata de personas existe hace ratísimo y es tremendo negociado. No es novedad que chicas del interior, de países limítrofes, de la propia Capital se esfuman de la faz de la tierra a cada rato. No es novedad que, en los casos de reapariciones, el estigma social –“esa fue prostituta”– es tan fuerte que se demoniza a la víctima. Para variar...

Pero, al menos, la gente comenzó a incorporar la trata como tema, como problemática social. Y la ficción ha hecho su buena parte en torcer la situación. En 2008, la tira Vidas Robadas contó la historia de la secuestrada Juliana Míguez (en el cuerpo de Sofía Elliot), su cosificación y pasaje, su traslado por los circuitos de la red mafiosa. Y estuvo la otra parte, la de lucha de madre que busca. Y encuentra.

David reconoce que posiblemente el culebrón de Telefe haya habilitado el tema para el gran público. “Pero les cuesta involucrarse con este tipo de cuestiones, más por cómo está encarado el cine hoy en día, tan derivado al entretenimiento. Para mí, el cine es otra cosa: es posibilidad de reflexión. El tema es que los exhibidores nos dejen mostrarla, a pesar de los tanques norteamericanos y otras películas menores. Porque, en el año del Bicentenario seguimos más dependientes que nunca. Los ’90 nos arrasaron culturalmente y estos son los resultados”, remarca la realizadora.

Con todo, no descarta otro posible “uso” de la película. “Muchos militantes contra la trata quieren que el film sea de interés cultural porque les parece que funciona muy bien de manera preventiva. Nunca imaginé esa posibilidad pero me encanta. Si puede servir para difundirse en colegios, sería maravilloso”, proyecta la directora. Que así sea.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-5618-2010-04-02.html

Casi un siglo de caída económica

En el primer centenario, los argentinos parecían confiados en su destino de progreso. Cuando se está llegando al segundo, la impresión, como resultado de las experiencias de un siglo de desacuerdos, conflictos políticos y declinación económica, es más pesimista.

Mientras que entre 1870 y 1914 la Argentina creció 3% per cápita -mucho más que la generalidad de países del mundo, que en promedio llegó a 1,3%-, entre la Segunda Guerra Mundial y el año 2000 creció 1,3%, bastante menos que el resto del mundo, que tuvo un alza de 2,1 por ciento.

Las causas son varias y complejas, pero todo comenzó en 1914, con la Primera Guerra. La Grand Guerre produjo transformaciones políticas y económicas notables. No se trató sólo de las enormes pérdidas humanas y materiales. Todo cambió: cayeron tres imperios y en su lugar se implantó en uno de ellos un régimen bolchevique; concluyó la Belle Epoque .

La nueva concepción de la guerra, que requería la subordinación de todos los recursos, extendió el ámbito de acción del Estado. Se establecieron controles de cambio y de precios, y la administración experimentó el ejercicio de un amplio control de la sociedad. Las emergencias producen

temores en los ciudadanos, que resignan derechos en favor de quien detenta el poder. Una muy divergente fluctuación de precios resultó de las distintas maneras en que los beligerantes financiaron sus gastos. La flotación de los cambios tuvo un efecto negativo sobre el comercio internacional y los movimientos de capitales.

La Argentina, que se había adaptado al mundo del libre comercio, se encontró con uno nuevo de enormes desequilibrios. No sólo el shock fue terrible: más perdurable fue el desengaño. Quedaba atrás el mundo seguro en el que se había creído. Esa frustración, en algunos países de Europa, llevó a salidas totalitarias.

Durante la guerra, los salarios reales bajaron, mientras que en los años 20, cuando el peso se valorizó, subieron. El público advirtió que las fluctuaciones de ingresos no se debían ya a los movimientos de los mercados, sino a acciones del gobierno, como las que afectaron los tipos de cambio. Esto fue el comienzo del fin del relativo consenso que existió en la etapa de expansión, que se derrumbó con la crisis de 1930. La Primera Guerra afectó el crecimiento del país, que fue negativo hasta 1917. La recuperación de los años 20 fue muy fuerte, pero recién en 1928 se volvió a alcanzar el pico de 1913.

SEGUIR LEYENDO

MUJERES DE MAYO - LA LUCHA POR LA INDEPENDENCIA

Las mujeres de Mayo

Cuando sucedió la revuelta de Mayo, el rol social de las mujeres estaba muy postergado; tanto, que entre los participantes del Cabildo Abierto del 22 no figuró ningún representante femenino. Ese lugar en las sombras se acentuó porque los registros históricos de entonces eran escritos por hombres y para hombres. Sin embargo, pueden hoy recuperarse nombres de heroínas que, de una u otra manera, colaboraron con nuestra independencia.

Manuela Pedraza . Cuando, en 1806, Gran Bretaña invadió Buenos Aires por primera vez, Manuela decidió acompañar a su marido soldado en el fragor de la batalla, sin acobardarse por metrallas y cañones. Cuando él cayó atravesado por una bala, Manuela tomó su fusil y mató al inglés que le había disparado. Terminada la lucha, Liniers la recompensó con el grado de alférez y goce de sueldo. En su parte, dirigido a la Corona española, decía: "No debe omitirse el nombre de la mujer de un cabo de Asamblea, llamada Manuela la Tucumanesa (era nacida en Tucumán), que combatiendo al lado de su marido con sublime entereza mató un inglés del que me presentó el fusil".

Martina Céspedes . A fines de junio de 1807, cuando las fuerzas británicas insisten en invadir el Río de la Plata, Martina Céspedes, viuda, era dueña de una pulpería en el actual barrio de San Telmo, que atendía con la ayuda de sus tres hijas. El 2 de julio, ya de noche, un grupo de doce soldados ingleses llegaron hasta la pulpería, que estaba cerrada, y golpearon sedientos de aguardiente. Fue ella misma quien abrió la puerta y les dijo que era muy tarde, pero que igualmente los dejaría pasar con la condición de que entraran de a uno para que no fuera evidente que violaba la orden del virrey de no dar atención a los invasores. Los hombres aceptaron y a medida que ingresaban recibían un golpe en la cabeza, eran maniatados y conducidos al patio en calidad de prisioneros. Finalmente, cuando el general Whitelocke firmó la rendición y ordenó a sus tropas que entregaran las armas a los vencedores, se presentó Martina con sus prisioneros ante Liniers. Relató cómo habían apresado a los doce hombres, pero aclaró que le entregaba once, porque el que faltaba había simpatizado con su hija Josefa y le solicitaba permiso para quedárselo. Liniers se lo concedió y le otorgó, además, el grado de sargento mayor, en reconocimiento a su valor y a su astucia.

Juana Azurduy . Junto con su esposo, Manuel Ascencio Padilla, Juana Azurduy tomó partido por la causa de la libertad americana en 1809, cuando la sublevación en el Alto Perú. Participó activamente en la lucha, y tuvo que llevar consigo a sus cuatro pequeños, que perdieron la vida en la dureza de la causa guerrillera. Juana recorría las comarcas vecinas reclutando mujeres y hombres para la guerra, y organizó un batallón que bautizó con el nombre de "Leales", integrado también por amazonas guerrilleras, que comandó en varias acciones contra el dominio español. Escribiría Bartolomé Mitre: "Como esfuerzo persistente que señala una causa profunda, la lucha de los caudillos altoperuanos (Juana lo era) duró quince años, sin que durante un solo día se dejase de pelear, de morir o de matar en algún rincón de aquella elevada región mediterránea". A instancias de Manuel Belgrano, el heroísmo de Juana fue premiado por el director supremo Pueyrredón, con el grado de teniente coronela, único caso en nuestro ejército. Su amado Manuel Ascencio dio su vida en un entrevero con las fuerzas realistas para salvar la de Juana. Hace poco, la presidenta Fernández de Kirchner la ascendió a teniente generala. Murió muy anciana, pobrísima y olvidada, un 25 de mayo, en Chuquisaca.

Mariquita Sánchez de Thompson . Ella y otras damas de la clase acomodada eran las anfitrionas de tertulias que reunían a mujeres y a hombres, y en las que se ganaban adeptos a la emancipación y circulaban las ideas y los planes que hicieron posibles los sucesos de Mayo. Reuniones en las que luego se divulgaban noticias de las guerras independistas y donde se recaudaban fondos para sostener a las fuerzas patriotas.

María Catalina Echevarría de Vidal . Humilde costurera de Capilla del Rosario, del pago de los Arroyos, hoy Rosario, María Echevarría cosió nuestra primera bandera, y queda como representante de las muchas mujeres de pueblo que generosamente ofrecieron a la causa patriota lo que estaba a su alcance.

María Remedios del Valle . Fue una de "las niñas de Ayohúma", y junto con su madre, tía María, y su hermana, todas negras y esclavas, luchó heroicamente, fusil en mano, en Ayohúma, fue herida y cayó prisionera. Cuando un tiempo antes el ejército de Manuel Belgrano esperaba al enemigo en Tucumán, ya había pedido estar en primera línea, para atender a los heridos y para pelear, si fuese necesario, lo que le fue negado. Ello no fue obstáculo para que cumpliera su propósito. Desde entonces los soldados la llamaron "la Madre de la Patria", y Belgrano, perdonando su heroica desobediencia, la nombró capitana. Con el correr de los años, hundida en la miseria, mendigaba en la puerta de las iglesias porteñas. Una tarde, el general Juan José Viamonte, quien fuera oficial en el Ejército del Norte, la reconoció. "¡Es la Madre de la Patria!", exclamó y pidió que se la premiara por sus servicios. Pero desde entonces, las huellas de María Remedios del Valle se vuelven a perder.

Macacha Güemes . Hermana del gran caudillo salteño Martín Miguel de Güemes, fue su eficaz colaboradora. Después de la Revolución de Mayo, convirtió su casa en taller para confeccionar la indispensable ropa de las fuerzas montoneras. Organizó también una red de mujeres mensajeras y espías de gran utilidad logística. Dotada de habilidad política, en 1815, gracias a sus gestiones, se llegó a la paz de "Los Cerrillos" entre su hermano y las fuerzas de Buenos Aires. Güemes desoyó sus consejos de prudencia cuando una partida realista, con apoyo de un sector de la aristocracia salteña, lo hirió de muerte el 7 de junio de 1821.

Juana Moro. Lideró en Salta, junto con Loreto Sánchez de Peón , una red femenina de espías, que actuó con reconocido coraje y eficacia y que mereció un comentario del jefe realista de la Pezuela, al virrey del Perú: "Los gauchos nos hacen casi con impunidad una guerra lenta pero fatigosa y perjudicial. A todo esto se agrega otra no menos perjudicial, que es la de ser avisados por horas de nuestros movimientos y proyectos por medio de los habitantes de estas estancias, y principalmente de las mujeres; cada una de ellas es una espía vigilante y puntual para transmitir las ocurrencias más diminutas de este ejército". Denunciada y apresada, fue condenada a morir tapiada en su propio hogar; pero, para su fortuna, una vecina patriota horadó la pared y le proveyó de agua y alimentos hasta que los realistas fueron expulsados. De allí en más, su apodo fue "la Emparedada".

Otras heroínas . El rol de la mujer fue también el de sostén moral de las tropas independistas. Fueron muchas las que se unieron a los ejércitos para acompañar a sus esposos o enamorados. Y también tuvo un papel económico. En cuanto la Gazeta de Buenos-Ayres hace el llamado a la contribución para la guerra, muchas responden con sus joyas y bienes. En Cuyo es sabido que, ante la falta de recursos enviados desde Buenos Aires, son las damas mendocinas y sanjuaninas las que se desprenden de sus joyas para financiar el Ejército de los Andes. Las mujeres humildes, también las esclavas, no se quedaron atrás y colaboraron con su mayor capital: su trabajo.

Entre ellas, nombraremos a Tiburcia Haedo de Paz , en Córdoba, quien pone a disposición de la Junta sus bienes y los sueldos de sus dos hijos, José María y Julián, que integraban el ejército de Belgrano. También la santafecina Gregoria Pérez Larramendi De Denis , rica y viuda, dona al Ejército del Norte la totalidad de sus tierras y sus bienes. Belgrano le respondió, no ahorrando crítica al egoísmo de otros "decentes: "La excelentísima Junta leerá las expresiones sinceras de Ud., y estoy cierto que la colocará en el catálogo de los beneméritos de la Patria, para ejemplo de los poderosos que la miran con frialdad". Martina Silva , salteña, congregó y equipó a su costo una fuerza de hombres que luego puso a las órdenes de Belgrano, quien la nombró capitana del ejército. Pascuala Meneses , mendocina, no se resigna a que su condición de mujer le impida combatir por su Patria; se viste de varón y se anota como voluntario en el Ejército de los Andes. El engaño es descubierto cuando la columna de Las Heras marcha por el camino de Uspallata, y es obligada a regresar al campamento del Plumerillo.

Mitre, quien rescató del olvido a varias de las nombradas, en su Historia de Belgrano , comentaría admirativamente: "Así eran las mujeres en aquellos tiempos".

 

por Pacho O’Donnell -

PUBLICADO EN "DÍAS DE HISTORIA"

Nik - Humor

La Nación - 14/05/10

SIGUE EL ABUSO DE LOS ADULTOS

PAQUEROS CHORROS:
USAN A PIBES ADICTOS PARA ROBAR POR DOSIS

Su adicción convierte a los chicos en presas de bandas mafiosas. Y son utilizados para salir a robar a cambio de dosis, que de acuerdo a la zona, tienen un valor de entre 5 y 8 pesos. Según los especialistas, en Capital y Conurbano la situación está desbordada por la operatividad de los grupos narcos.

En los barrios marginales la situación con los chicos adictos al paco es tenebrosa. Sus familias no saben a quién recurrir para pedir ayuda, y los pibes se hunden en un pozo sin retorno. Esa vulnerabilidad extrema los convierte en presas de bandas mafiosas, que los utilizan para robar a cambio de dosis. De ese modo, un joven recibe aproximadamente 30 dosis por un auto, 15 por una moto o 5 por un par de zapatillas de marca.
 
“Es una denuncia que venimos haciendo varias asociaciones desde hace tiempo, porque los chicos están siendo utilizados por bandas de adultos inescrupulosos para salir a robar a cambio de dosis de paco”, dijo a este diario el criminalista Roberto Locles, de la Asociación de Criminalistas de Argentina.
 
Claudio Izaguirre, titular de la Asociación Antidrogas, trazó un panorama desolador de la venta de paco, con epicentro de producción en las villas del área metropolitana. “La pasta base llega de países limítrofes, fundamentalmente de Bolivia y aquí se produce la cocaína en cocinas instaladas en villas. Lo que resta de esa producción, la basura, sirve para producir dosis de paco. En general los pibes que venden para los narcos no consumen paco, sino pasta base, porque se sabe que el paco mata en seis meses”.
Leer nota.


Sobornar al que vota

Por Marcos Aguinis
Jueves 13 de mayo de 2010 - La Nación

 

El plan para atraer el voto de la clase media y media baja recurre a una técnica antigua que ahora adquiere impúdica virulencia. Supera las maldades del fraude, porque ni siquiera muestra su objetivo perverso. Considera a los electores como unos imbéciles que se domestican con pequeños regalos, de los cuales los subsidios constituyen el paradigma por excelencia. Vuelven a tener fuerza los espejitos de colores, que se han estado usando, y ahora se los usará con más intensidad. De este modo los dueños del Estado esperan conseguir una creciente alienación de vastas franjas sociales, para continuar siendo los dueños del Estado. No ha sido suficiente el clientelismo que han cultivado hasta hoy, sino que esperan multiplicarlo de forma geométrica. Habrá dinero para muchos que -se espera- vendan su alma cuando lleguen las elecciones.

Los obsequios interesados se disfrazan con mentiras como "mejor distribución del ingreso" y otras verdades a medias. No hay tal distribución del ingreso ni una real política de inclusión. Los mayores ingresos terminan y terminarán en los sacos sin fondo de quienes ejercen el poder (y sus amigos).

Con esos espejitos de colores no se consiguen inversiones importantes ni el país podrá acercarse al desarrollo de vecinos que crecen sin cesar como Brasil o Chile. Sólo apuntan a enceguecer, anestesiar, engañar. Los problemas medulares de la Argentina, derivados de su notoria impredictibilidad y anomia no se corregirán con estas medidas. Para nada, desgraciadamente.

Cuando pretenden hacernos creer que se despliega una política de inclusión y progreso, no se enrojecen. No existe tal propósito, porque ni siquiera se esfuerzan en demostrar que tienen una visión estratégica. Las incesantes iniciativas no responden a un plan serio, bien elaborado, sino a ocurrencias que sólo buscan retener los instrumentos del poder.

Tomemos como ejemplo uno de los espejitos de colores. Se refiere a las computadoras que se entregarán de forma gratuita a 3 millones de estudiantes. Este plan fue bautizado con un título pomposo: "Conectar - Igualdad". Ideológico. O falsamente ideológico. Suena bienintencionado y moderno. Pero esa iniciativa ya la puso en marcha el gobierno de San Luis con su "Sistema de Educación Tecnológica Digital" y la extensión de wi-fi a toda la provincia. Y luego la presentó también la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en su "Plan Integral de Informática Educativa".

Para colmo, ya nos habían ganado nuestros vecinos uruguayos. Allí pusieron en acción en Plan Ceibal, sin trampas de corto alcance. Involucra a los niños y su familia, los maestros y la escuela. Responde a un programa diseñado con cuidado y responsabilidad. En la interacción radica el verdadero beneficio. Los niños son estimulados a convertirse en los abanderados de un nuevo horizonte familiar y social. La computadora es una herramienta que debe ser usada de manera correcta, bajo muchas miradas confluyentes. En Uruguay no se "regalan" así nomás millones de unidades como si fuese papel picado. Y sin datos precisos sobre los negocios que rodean semejante inversión.

Como dice Tomás Gershanik, no se aprovechan las experiencias pasadas como las de educ.ar , por ejemplo. La decisión del gobierno nacional carece de mirada a largo plazo. Responde a un golpe de estilo demagógico y populista. Podría ser un excelente plan si se lo pensara desde el federalismo que tanto se ha debilitado. Para ello, deberían involucrarse todos los niveles de la nación, las provincias y los municipios. El objetivo debería ser la inserción de la Argentina en el siglo XXI, no asomar la nariz de manera vacilante y seguir afuera. Para lograrlo es importante el diálogo y sumar consensos, características que a este gobierno nacional le produce urticaria. La díada reinante quiere todos los aplausos sólo para sí.

A este reparto de computadoras se añadirán créditos para comprar viviendas y autos. En el conurbano -cuyos votos no hay que perder- se entregarán de forma gratuita 750.000 decodificadores de TV digital cuanto antes, para que no se pierdan el Mundial de fútbol. Este plan llegará a más de un millón hasta fin de año.

Si estas medidas fuesen el producto de un proyecto sólido y patriótico, no tendría porqué haber sido cocinado en el círculo hermético del poder y generar tantas sospechas. Sus presuntos beneficios no se proyectan hacia el futuro como una pista segura de despegue, menos de vuelo. Además, insiste en el insalubre método de usar las partidas de un modo arbitrario. Los enormes recursos que se necesitarán para estos espejitos de colores serán extraídos de los fondos que pertenecen a los jubilados, el sector que desde hace cincuenta años padece una rapiña continua, voraz e impune.

Como ha señalado Jorge Rosales, el olfato de los demagogos a veces puede equivocarse. En efecto, ya se usaron los espejitos de colores en las últimas elecciones legislativas. Su discrecional reparto, con acento en el cinturón que rodea a la Capital Federal, no dio los resultados previstos. Pero el matrimonio gobernante no quiere reconocer que ese clientelismo les ha fallado. Al contrario, con su característica negación de la realidad, opina que no fue suficiente. Sigue obstinado en considerar a los electores argentinos como tarados que se pueden comprar con las maniobras usadas ante varios Borocotó, gobernadores, jueces, periodistas, empresarios, sindicalistas, intendentes, líderes barriales y jefes de piquetes. Pero, tras muchos años de embustes, una porción de ese electorado aprendió que le conviene aceptar los regalos y, cuando llegue al cuarto oscuro, votar por el que mejor le parezca.

MARCHA DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS