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CIELO Y TIERRA - ¿QUIÉN DIJO QUE TODO ESTÁ PERDIDO?

El Gobierno justifica el recorte de poderes a Garrido

MENOS FACULTADES PARA LA FISCALÍA DE INVESTIGACIONES ADMINISTRATIVAS

Aníbal Fernández, (Ministro de Justicia), aseguró que la reducción de atribuciones al fiscal que investiga casos de corrupción es "acertada, necesaria e indispensable".

El ministro de Justicia y Seguridad, Aníbal Fernández, defendió hoy el recorte de atribuciones al titular de la Fiscalía de Investigaciones Administrativas (FIA), Manuel Garrido, al asegurar que la medida dispuesta por el procurador Esteban Righi "no sólo es acertada, sino que es necesaria, por no decir indispensable".

La semana pasada se conoció que Righi restringió la capacidad de la Fiscalía para actuar en aquellas causas que no fueron iniciadas por el equipo de Garrido. En sectores de la oposición y ONG que se ocupan de la transparencia de los actos del Estado la lectura es que el Gobierno quiere cerrar los expedientes donde se acusa a sus funcionarios de actos de corrupción.

"El fiscal administrativo -continuó Fernández- no puede sustituir los criterios con los cuales los fiscales naturales persiguen la acción penal". El ministro subrayó que Garrido "podrá seguir investigando" los casos de corrupción.

En declaraciones a radio Mitre, Fernández sostuvo que "el doctor Righi ha sido sumamente prudente, porque le permitió al fiscal Garrido intervenir como querellante en las denuncias que él formula, entonces va a poder seguir investigando las causas de corrupción que él vea que tengan esas características".

En diálogo con Crítica de la Argentina Garrido se defendió: “Todavía puedo iniciar denuncias. Y voy a terminar los 300 expedientes que tenemos iniciados. Ahí hay muchos funcionarios que nunca fueron denunciados”.

El último de la lista. Un día antes que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner firme el proyecto oficial para eliminar las AFJP, Garrido denunció al director de la Anses, Amado Boudou, por incumplimiento de deberes del funcionario. Ésa fue la última de las 46 denuncias penales contra funcionarios kirchneristas que presentó la FIA desde 2004 y que fueron condenadas al archivo.

Fuente: Crítica Digital (11-11-2008)

La inseguridad tiene más cómplices de lo imaginado

Por Marcos Aguinis - Para LA NACION - Sábado 8 de noviembre de 2008

Hace tiempo que se ha dejado de señalar al fuerte crecimiento del delito como una "sensación". Ahora es una certeza. Es tragedia cotidiana.

Pero ante semejante plaga cunde la impotencia. De poco sirven las protestas, manifestaciones, declaraciones y demás expresiones del dolor. Tampoco son suficientes los diagnósticos variados ni los esfuerzos sectoriales ni el sacrificio de servidores públicos.

El presidente de la Corte Suprema se expresó con fuerza cuando dijo a los magistrados que deben "entender que el respeto de las garantías no tiene nada que ver con la noción de puertas giratorias, de que los condenados entren por una puerta y salgan por la otra". Esto es así y la crónica del crimen registra un catálogo que pone los pelos de punta. Pero es el fruto de una tendencia a la que me referiré enseguida.

También preguntó Lorenzetti: "¿Cómo se hizo en Nueva York y Miami? Se hizo con políticas públicas, que no tienen tanto que ver con la decisión de un juez. El Estado tiene que estar ahí y poner orden. La Iglesia y las ONG suelen hacer buenos trabajos en las zonas críticas. De eso se trata. De crear un clima de orden. Ahí tiene que estar el Estado". Pero el Estado no está porque se ha impuesto una tendencia a la que también me referiré enseguida, como anuncié hace unos renglones.

Universidades del delito

Agregó el presidente de la Corte un párrafo para referirse a los menores, que en la cárcel encuentran una universidad del delito donde se hacen profesionales. Los problemas son muchos y complejos.

Ahora hundo el bisturí prometido.

En la Argentina hace tiempo que se necesita una verdadera política de Estado en materia de seguridad (sin olvidar otros ámbitos como salud, educación, etc). Política de Estado significa una decisión consensuada, que sea objeto de un diálogo serio, patriótico e intensivo entre las organizaciones sociales y políticas. Y que se ponga en marcha cuanto antes y se mantenga vigente por un tiempo que exceda a varias administraciones. Una política de Estado debe ser convocada por el poder de turno. Pero debe hacerlo con humildad y convicción, sin tratar de sacar dividendos de cada acto o palabra, porque entonces no será una política de Estado, sino otra de las maniobras que realiza para incrementar su hegemonía.

Son muchos los asuntos que deben ser tratados con el máximo rigor y franqueza en una política de Estado referida a la seguridad de los ciudadanos. Se debe empezar por respetar la letra y el espíritu de la Constitución, tan profanados en el último lustro. Se debe garantizar la independencia de la Justicia, que ahora le tiene más miedo al Poder Ejecutivo que a los criminales callejeros. Se debe sancionar a quienes obstaculizan el tránsito. Se debe sancionar a quienes se apropian del espacio público, al que pertenecen también los colegios y las universidades. Las "tomas" son delitos. Y delinquen junto con chicos y jóvenes los padres que los avalan llevándoles comida, abrigo y hasta aplaudiendo sus depredaciones. Se deben enfocar todos los canales de la anomia que navegamos como si tal cosa, para condenarlos y taponarlos para siempre.

Un tema que no debe ser ignorado es la pobreza y la desocupación. Pero ser pobre no significa ser delincuente, porque la riqueza no garantiza la virtud. En la Argentina prevaleció hace muchas décadas la "cultura de la decencia". Ahora nos ahoga la cultura de la corrupción, del vale todo, del sálvese quien pueda, de el que no roba es un gil. La ley debe ser pareja. Igual para el alto y el petizo, para el hombre y la mujer, para el inteligente y el tonto, para el rico y el pobre.

Estado de Derecho

Pero, además, si de veras se quiere disminuir la pobreza, entonces hace falta multiplicar las fuentes de trabajo. Estas sólo se abren mediante la inversión. El Estado solo no puede, y sus dineros provienen de la misma sociedad, no de las nubes. Hace falta la inversión privada, guste o no. Y la inversión privada sólo ocurre cuando se cumplen los contratos, se respeta la propiedad e impera el Estado de Derecho. Pero en la Argentina se ha incrementado la tendencia a violar los contratos, robar la propiedad e ignorar el derecho. Por lo tanto, no hay ni habrá suficiente inversión. No habrá apertura de nuevas fuentes de trabajo. No disminuirá la pobreza. No disminuirá uno de los factores más cacareados sobre el aumento de la inseguridad. La pobreza en la Argentina creció y crecerá. En este año hemos perdido tres grandes oportunidades de despegue económico. Y no parece que se tomara conciencia de tamaño desastre.

Por fin -no es lo último ni es todo-, en nuestro país se ha incrementado el desprecio a las jerarquías, que estructuran lo individual y lo colectivo, como si las jerarquías fuesen sólo patrimonio de las dictaduras. ¡Craso error! Esto ya lo empezó a denunciar el tango "Cambalache": todo es lo mismo, todo es igual. Y eso es el cambalache, la anarquía, la miseria material y moral. El padre y el hijo, el maestro y el alumno, el policía y el delincuente, en lugar de ocupar el lugar debido, son igualados en su papel. El fruto de semejante desatino es ponzoña a corto o largo plazo.

Mientras se escamotee una solución de fondo, estructural, seguiremos hundidos en las arenas movedizas de una inseguridad que irá en aumento. Y los cómplices, como es obvio, son más numerosos de lo imaginado.

El miedo, otra vez entre nosotros

Por Santiago Kovadloff - Domingo 9 de noviembre de 2008 - La Nación

La Argentina se muestra poco menos que inerme ante esta nueva modalidad del terror cuyo rasgo distintivo es la siembra sistemática y generalizada de inseguridad social. No sólo atemoriza y desorienta al ciudadano la multiplicación incontenible de asaltos y asesinatos; lo desorienta también, y más profundamente, el proceder de un gobierno que reniega de la magnitud alcanzada por lo que sucede. Doblemente afectado entonces, por la violencia delictiva y el menosprecio oficial de las causas de su padecimiento, el ciudadano empieza a valerse de la manifestación callejera y colectiva, para hacer oír su desesperación. ¿Ante quién? Ante un oficialismo que redujo las funciones del Estado a los mecanismos que le permiten acumular poder. Por ahora no son sino multitudes que claman y exigen. Sus manos, por el momento, no se alzan más que para protestar. Pero la gente que integra esas multitudes ya bordea el límite de la paciencia. Una paciencia que, a fuerza de saberse burlada, podría muy pronto transformarse en violencia. Y eso sería catastrófico. Con ello, la ley del Talión habría terminado de desplazar del escenario social a la auténtica justicia. Y ya nadie podría distinguir entre víctimas y victimarios.

El terrorismo no se ha extinguido en la Argentina. Sólo han cambiado sus propiciadores y practicantes. Ya no son militares ni guerrilleros que respaldan su proceder en la ideología de una presunta finalidad superior. Ahora son narcotraficantes, secuestradores, criminales y asaltantes sin más. No necesitan justificar la violencia con que actúan. La sociedad, para todos ellos, es un botín. Unos y otros se disputan su saqueo. Pero al igual que sus predecesores en la década de plomo, ellos, en el presente, siembran terror. Fruto de ese terror es la inseguridad que tanto ha cundido. Los terroristas de hoy, al igual que los de ayer, han pervertido nuestra vida cotidiana convirtiéndola en un espacio donde reina lo imprevisible. Nadie está a salvo de la violencia. Nadie descarta que, al salir de su casa, tal vez ya no vuelva a ella. O que, al estar en ella, su paz habitual se transforme en un infierno por obra del delito que, repentinamente, la invade. No haber sido golpeados, robados, extorsionados o baleados empieza a ser, entre nosotros, una casualidad. El miedo vuelve a cundir en la sociedad argentina.

Al restarle trascendencia a lo que ocurre, el Gobierno termina garantizando, aunque no lo quiera, la impunidad de los delincuentes y alentando con ello la proliferación del crimen. Como no admite lo que pasa tampoco se preocupa por concebir un plan que ponga fin a esta situación. La recuperación de las instituciones de la República, hace un cuarto de siglo, no rebasa hoy un tenue orden formal. La negación de la realidad, la corrupción, un caudillismo que nada tiene que envidiar al del siglo XIX, el menoscabo de todo pensamiento que no sea el propio, la jactancia con que se ejerce el desconocimiento de los hechos y la demagogia practicada por el oficialismo hacen de la Argentina, junto con la impotencia de una oposición mezquina y dividida, un país sin rumbo en el mundo contemporáneo. La vida republicana no ha sido todavía lo suficientemente saneada como para que se haya fortalecido el ejercicio de nuestra experiencia democrática. Los violentos de hoy son, en buena medida, un producto siniestro de la marginalidad social. Pero, asimismo, expresión de la irresponsabilidad política de las dirigencias que rehúyen sus obligaciones básicas.

La nuestra se va convirtiendo en una sociedad que ya no está cohesionada por las leyes que articulan la convivencia sino por la inseguridad y la incertidumbre que nos congregan en el desaliento y la desesperación.

PARA VER EN FAMILIA

LA CORPORACIÓN es una serie de documentales sensacionales, para comprender qué sucedió y sucede con nuestro mundo.

No dejen de verlo y difundirlo. La duración es de casi 3 horas. Ideal para ver junto a adolescentes y jóvenes, en casa.

 

Sobra indignación, faltan coincidencias

Por Santiago Kovadloff - Para LA NACION - Jueves 6 de noviembre de 2008

¿Hacia dónde se encamina la Argentina? Hace ya mucho que el poder se ha divorciado de los anhelos democráticos que hace un cuarto de siglo despertaron la expectativa de un cambio innovador en la concepción y el ejercicio de la política. Se ha secado la fuente de esa esperanza. Una claudicación decisiva ha tenido lugar: hoy, en el país, ya nadie cree que sea posible reencontrar aquel fervor porque no hay hechos ni líderes que lo susciten.

Resignados a sobrevivir, hemos perdido el olfato del futuro. Entre nosotros, el sentimiento del tiempo ha dejado de estar asociado a la transformación. Duramos, y durar es agotar en cada instante el sentido de nuestra vida. No ser sino pura inmediatez: hoy, aún, no me han asaltado; hoy, aún, mis hijos están vivos; hoy, aún, las puertas de mi casa no han sido violentadas.

Un indicio central de la gravedad de nuestra patología colectiva es que somos una sociedad en la que las palabras han perdido valor. Lo prueba el estado patético en que se encuentra la educación. Y quien dice educación dice fe en la transmisión y confianza en el magisterio.

¿Es posible menoscabar la palabra sin perder humanidad? Hay quienes aseguran que la pregunta es retórica: sin inmutarse, mienten, ocultan, prometen lo que no cumplen ni cumplirán. Y lo hacen desde las más altas investiduras de la Nación. Reducen la realidad al terreno de intereses que frecuentan. Conciben al hombre como una herramienta del poder. La verdad es para ellos el baluarte del solipsismo y la acción autoritaria. Perdido el rumbo de la República, nuestra democracia se envilece.

Ya no pesa sobre nosotros el miedo sembrado por el terrorismo de Estado ni por la guerrilla apocalíptica. Pesa, en cambio, el miedo de saber que vivimos una realidad distorsionada por la mentira y que las causas y los efectos de esa perversión no están siendo contrarrestados. Somos espectros angustiados por su propia inconsistencia. Saldo patético de oportunidades perdidas. Fruto amargo de una siembra de esperanzas mal cosechadas.

Algunos, como digo, se frotan las manos: ven en lo que nos pasa el mejor capital para el logro de sus aspiraciones totalitarias. Otros -la mayoría- quisieran persuadirse de que no es tarde todavía. Pero no saben qué hacer. En quién creer. Circula, sin embargo, por las grandes avenidas de esa desilusión que no se resigna a ser lo que es, una expectativa larvada todavía pero discernible: construir convivencia, confianza, legalidad, conocimiento. Política en el sentido integral de la palabra.

¿Oirán ese rumor las dirigencias actuales que se dicen voceras de la disconformidad con el Gobierno? Porque si oyesen ese rumor sabrían que la salida de la vida espectral que llevamos exige convergencia, diálogo, tanta humildad como firmeza, derrota de la fragmentación empecinada que ellos mismos contribuyen a crear.

De eso se trata: de luchar contra la fragmentación que nos destroza. Es el mal endémico de la Argentina. ¿Cómo vivir sino "en unión y libertad"? Sobra indignación pero la indignación no basta. Hace falta algo más: ideas, confluencia entre las partes, acuerdos interpartidarios urgentes y perdurables, una plataforma de principios comunes que dé vida a una oposición innovadora porque ha sido capaz de superar la división.

Mientras el desvelo narcisista prepondere por sobre el ideal del bien común, el pasado y el presente le habrán ganado la partida al porvenir.

Nik - Humor

La Nación - 1° de Noviembre

Lobos, la capital de la seguridad

Hace cuatro años se lanzó un plan que resultó el más exitoso del país. Sus policías hacen cursos de relaciones humanas y se capacitan en Nueva York.

Cuatro años atrás, Lobos era la típica ciudad del Far West bonaerense. A 98 kilómetros de Buenos Aires, los vecinos sufrían 60 robos al mes, dos bandas de piratas del asfalto saqueaban camiones y dos por tres los cuatreros barrían con las vacas como quien las despinta de un cuadro. Había 65 policías, cuatro patrulleros hechos pedazos y un índice de efectividad policial del 30%. Sin embargo, así como los patrulleros hechos puré se ponen en movimiento, a veces las cosas milagrosamente arrancan.

Hoy se cometen en Lobos menos de diez delitos al mes –en septiembre hubo cinco–. El último delito rural fue hace tres años y los piratas del asfalto levaron anclas. En la actualidad, 120 oficiales, algunos capacitados en Estados Unidos, conducen 18 móviles nuevos. Cuatro cámaras monitorean lugares estratégicos del centro. Hay una brigada de narcotráfico, otra de investigaciones y un grupo comando. En lo que va de 2008, el índice de efectividad policial superó el 85%.

El plan de seguridad de Lobos, que debutó en 2004, acaba de recibir un premio de las Naciones Unidas y un reconocimiento del Congreso de la Nación. “Lo escribí inspirado en los discursos de Perón”, dice Javier Guarnerio, el secretario de Gobierno.

Aun cuando los robos existen, Lobos parece otro mundo. Basta con hablar con los periodistas. “Lo que más me preocupa son algunos actos de vandalismo, como los grafittis”, frunce el ceño Eugenio Ritenuti, director del diario digital Infolobos, quien siempre deja la puerta de su oficina abierta. Hace un mes, a Ritenuti le tocó cubrir un hecho atroz: el destrozo de dos arbolitos recién plantados de un local de medicina prepaga frente a la casa del intendente. “Fue un hecho bochornoso, un acto vandálico y sin ningún motivo”, se indigna.

Carlos Jáuregui es la contracara de Santo Biasatti. Conduce el noticiero del pueblo pero, a diferencia de Santo, Jáuregui no para de sonreír. Sonríe cuando dice: “No es para tirar manteca al techo, pero los delitos en los últimos años bajaron muchísimo. Ayer robaron una casa y también a unos pibes, y a la tarde ya estaba todo resuelto”. Y sonríe cuando dice: “En Lobos la gente no descree de la policía, descree de la Justicia. Acá celebramos el Día de la Policía y el mes que viene se organiza un congreso de prevención del delito con invitados de afuera. ¿Sabías que nuestros oficiales van a capacitarse con la policía de Nueva York?”.

Por la tarde, Efraín Marro, el comisario del pueblo, viaja a Buenos Aires a dar una charla sobre el exitoso plan de seguridad. Antes, por la mañana, muestra a este cronista un video de su pasantía en la policía de Estados Unidos, donde oficiales y bomberos rodean un auto destrozado. “Esto es en Manhattan. El tipo que manejaba llevaba tres kilos de cocaína y, con el choque, el cargamento quedó tirado en la calle. Los policías hicieron un cerco para evitar que la gente se llevara la droga del piso.”

Marro viajó cuatro veces a capacitarse a Nueva York y lo acompañaron ya cinco oficiales. En 2006 creó la LOBO: la Línea Ofensiva Básica Operativa, un grupo comando de siete efectivos tipo SWAT entrenados para operativos de riesgo. “Yo veía que el mismo oficial que derribaba la puerta en el operativo, después tenía que recolectar pruebas. Con esa adrenalina, no podía tener la cabeza fresca. Por eso creamos al grupo LOBO”, se entusiasma Marro. “No nos falta nada. Si se nos rompe una patrulla, a los dos días está funcionando. Tenemos neumáticos. Repuestos. Y el apoyo del municipio.”

Carlos Nessi es un director de escuelas bastante atípico. Es el apoderado legal del Colegio FASTA, en Lobos, y de 7.30 a 20.30 –excepto el paréntesis de una hora para almorzar– supervisa el devenir de 1.190 alumnos. Además de madres que vienen a decirle que a su hijo lo llaman “cara de papa”, llegan vecinos a denunciar que hay gente rara en el barrio porque Nessi además es el presidente del Foro de Seguridad del pueblo que agrupa a 15 instituciones locales. “Nos propusimos humanizar a la policía. Para eso, les ofrecimos a los oficiales cursos de relaciones humanas en la Universidad del Salvador”, dice Nessi.

Gustavo Sobrero, el intendente de Lobos, observa el diploma del Senado que acredita que su plan de seguridad es el más efectivo del país, como un boxeador que mira su título del mundo. “No digo que es la ciudad más segura, pero nuestro plan ha dado muy buenos resultados”, dice Sobrero, reelecto con el 52% de los votos. “Logramos cosas muy importantes: que el 95% de los efectivos fueran vecinos de Lobos. Y pudimos darles a muchos oficiales la posibilidad de completar el secundario. A veces, el presupuesto que nos envían para la policía no alcanza y el municipio pone de su propio bolsillo para que no falte nada.”

Lobos, con 30 mil habitantes, tiene autos caros debido al del boom sojero, visitantes famosos como consecuencia del polo, una laguna a 15 kilómetros y, lo mejor de todo, la imperdible oportunidad de cabrearse porque alguien rompió un arbolito.

En Australia lo quieren copiar

Semanas atrás, una comitiva de legisladores australianos viajó hasta Lobos para ver los resultados con sus propios ojos. Se llevaron fotocopias del programa y, días más tarde, hicieron llegar un fax elogiando el modo en que se trataba a los menores en riesgo. En Lobos, 120 chicos en esas condiciones reciben lecciones de deporte, cultura y oficios –antes existían 90 menores en riesgo, hoy ocho–. Igual que los australianos, quince municipios, entre ellos Bariloche, Salto, Mercedes, Dolores y Tigre, pidieron copias del programa con la esperanza de aplicar pruebas piloto en sus ciudades

Donde no hay justicia es peligroso tener razón

Donde no hay justicia es peligroso tener razón, ya que los imbéciles son mayoría. (Quevedo)

Esta es la carta de un profesor universitario, que quiso saber por qué es legítimo y no usura, el margen de rentabilidad que las empresas farmacéuticas obtienen con sus productos, aun en detrimento de la salud de la población.

Parece ser que el medicamento es un "bien de lujo", y no un recurso más del Derecho Universal a la Salud. (Claudia Santalla)

Los invitamos a leer su carta y si así lo desean, visitar su blog.

Estimados: como Profesor Universitario de la Universidad Kennedy [universidad privada en Argentina], dictaba cinco asignaturas, entre ellas, Ejercicio y Administración Farmacéutica.

Con mas de 50 excelentes alumnos, inquisitivos, ávidos de adquirir conocimientos, mi misión además de enseñar Legislación Farmacéutica, era explicarles cómo es esta actividad comercialmente. Tal es así, que como trabajo práctico, averiguamos al azar el costo de un descongestivo nasal en gotas, droga base nafazolina, tiempo en el mercado más de 40 años. Consultado el proveedor más importante de drogas [medicamentos] para la industria farmacéutica, dio el costo por frasco, 0.03 centavo, precio de venta 11.25 pesos, ganancia por unidad 37500 %

Por supuesto, esto no tiene parangón con ninguna actividad lícita. A todo esto, se me invita el 5 de junio de 2007 al Anexo de la Cámara de Diputados de la Nación, donde se realizaron unas Jornadas sobre "Ética y Medicamentos ", estando presentes, legisladores, funcionarios gremialistas, las Cámaras Farmacéutica (que supuestamente no habían sido invitadas), pero ahí estaban, en segunda fila, farmacéuticos, etc..

Finalizada la Jornada se podían exponer posiciones de cada uno que quisiera hablar. Yo fui uno de ellos y en particular me dirigí a las Cámaras de la Industria, a los que tenía a pocos metros. El drama es la accesibilidad de nuestro pueblo a los fármacos. Se nos mueren compatriotas, en particular niños (muchos de ellos muy pequeños) y esta gente, sin ninguna culpa, gana el 37500 %. Esto es un escándalo de proporciones y el Estado debe y puede solucionarlo. No puede hacerse el distraído.

La respuesta a mis palabras no se hizo esperar. No para intentar solucionar el tema, sino para sacarme del medio.

Me citó mi Decano, Dr. Capon Filas, y La Directora de Farmacia, Farmacéutica Magariños, y con un discurso Kafkiano e hiriente, me sacaron la cátedra de Farmacia, días después todas las demás. No estoy arrepentido. No puedo ser cómplice de tamaño despropósito.

Como curiosidad, mi último sueldo, aguinaldo incluido, fueron 231 Pesos.

Lo saludo cordialmente.

Profesor Universitario.

Eduardo Marcelo Cocca

e-mail: profcocca@gmail.com

Dijo Gandhi: Lo importante es la acción, no el resultado de la acción. Debes hacer lo correcto. Tal vez no esté dentro de tu capacidad, tal vez no esté dentro de tu tiempo que haya algún resultado

Para apoyar a este profesor, puede visitar su blog: http://cartasacocca.blogspot.com/

http://cartasacocca.blogspot.com/