TODO ES IGUAL, NADA ES MEJOR
La presidenta de Filipinas puso como excusa la gripe A para hacerse una cirugía para aumentar el tamaño de sus senos, y una depilación definitiva.
La presidenta de Filipinas puso como excusa la gripe A para hacerse una cirugía para aumentar el tamaño de sus senos, y una depilación definitiva.
Un poco de ironía frente a las religiones y el Estado y los hijos de ambos
En el limbo terrenal del aislamiento por la nueva gripe, nos vamos convirtiendo todos en niños burbuja, somos John Travolta besando a la realidad a través de un plástico traslúcido, tendemos al preservativo corporal, al forro total. El prójimo es patógeno, hay que tenerlo lejos. Se acabaron las reuniones de cuerpo presente. Los teatros, los cines, los estadios, las escuelas serán ruinas algún día, las filas de sillas vacías quedarán como un símbolo de un pasado gregario, irresponsable. (Espero estar exagerando.) Las parejas que se conozcan por Internet quizá jamás se reúnan y si quieren reproducirse lo harán enviándose por correo pasteurizado una cápsula de semen congelado. O no existirán las parejas, será todo como en la novela Un mundo feliz, de Huxley, donde la familia es una rareza del pasado.
Ya hay gente que vive de manera bastante similar. Trabajan con la computadora desde su casa, reciben una transferencia bancaria por su trabajo, hacen pedidos al supermercado, pagan las cuentas por Internet... No salen. El mundo exterior les llega a través de pantallas. Tengo un amigo que se compró un cajón peruano de percusión y está tomando unas clases que encontró en YouTube dadas por otra gente del otro lado del mundo que se filma enseñando a tocar ese instrumento. Así se forman las comunidades virtuales o digitales. No es nada nuevo. Los amigos de esta época no son ni un holograma, son rastros de conciencias más o menos simpáticas que dejan opiniones en Facebook. La sexualidad ya hace tiempo que se volvió digital, o quizá fue lo primero en digitalizarse. De hecho fue el consumo de pornografía lo que provocó que cada vez se sumaran más usuarios, que a su vez querían tener mayor velocidad de conexión para poder bajar videos. La red de redes creció movida por una pulsión sexual masturbatoria.
Esta tendencia al aislamiento encaja perfectamente con la emergencia sanitaria. Como en los sueños, el miedo precede y provoca el monstruo. Así la paranoia séptica precedió al virus. Hasta tenemos miedo de contagiarnos a nosotros mismos. Si tomo del pico de la misma botella que yo, si tomo mate conmigo, ¿me contagio? Algunos dirán que finalmente el prójimo se revela en su verdadera naturaleza monstruosa, como un ser lleno de secreciones y fluidos peligrosos, un animal infeccioso amenazante que nos bufa a centímetros de la cara con aliento mortal. ¡Salí con tus tucrobios!, decía mi hermana cuando era chiquita. Mis microbios, tus tucrobios.
La única secuela que me gustaría que quedara de toda esta psicosis aislante es que se abandone la costumbre del beso en la mejilla entre hombres, algo que empezó hace uno diez años más o menos. Con lo fácil que es darse la mano, ese gesto antiguo que viene de mostrar que no vas a sacar un arma. Pero francamente no creo que nada cambie. Vamos a encerrarnos un tiempo, miraremos mucha tele, los niños fundirán la Playstation y esperaremos a que nos avisen que ya se puede salir. Hay que ver qué pasa entonces. Las pocas veces que me he encerrado tres o cuatro días a escribir, cuando volví a salir, la calle me parecía casi alucinógena, una película clase B con zombis y mujeres hermosas, todos casi irreales de tan reales, híper reales digamos, hasta el portero con toda su normalidad me parecía el freak más raro del planeta. Es una experiencia sorprendente, los demás interactúan con uno, hablan, se vuelven amenazantes, algo fuera de nuestro control. Después de un rato la sensación se pasa y uno vuelve a correr anestesiado dentro de la manada.
WASHINGTON.- ¿Será que no leen? ¿Que no ven la CNN? ¿O es que vivir en Honduras es como vivir en Marte? ¿O es que son idiotas? ¿A quién se le ocurre que en un país pequeño y pobre los militares pueden sacar al presidente de su cama pistola en mano y expulsarlo del país sin que la comunidad internacional reaccione con furibunda indignación? Un país grande y con bombas atómicas podría darse ese lujo sin sufrir mayores consecuencias, pero ¿Honduras? Honduras, no.
El hecho es que las elites políticas y militares hondureñas dieron un golpe de Estado. Peor aún: no necesitaban hacerlo. Con aplicar las leyes les hubiese bastado, ya que el presidente Manuel Zelaya había incurrido en múltiples violaciones de la Constitución. La Corte Suprema, el Congreso y otras instituciones hondureñas así lo habían certificado. Más aún, faltaban pocos meses para las elecciones. ¿Por qué se precipitaron? ¿Por qué utilizaron a los generales en vez de usar a los juristas?
Los golpistas aducen que se vieron obligados a actuar como lo hicieron porque Zelaya, apoyado por Hugo Chávez, estaba dispuesto a usar trampas electorales para perpetuarse en el poder. Pero quizás el factor que más los llevó a actuar fue que por las porosas fronteras hondureñas comenzaron a entrar agentes venezolanos y cubanos con maletas llenas de dólares y camionetas cargadas de armas.
Los dólares y las armas, dicen, estaban destinados a organizar violentas milicias de hondureños. Aun suponiendo que esto sea cierto, el golpe es inexcusable. Además, ¿por qué en vez de detener a Zelaya para juzgarlo lo sacaron del país?
Las torpezas hondureñas son sólo superadas por la explosión de hipocresía que han desencadenado.
Ni más ni menos que Raúl Castro -¡Raúl Castro!- pide sanciones contra un pequeño país cuyos líderes tomaron el poder por la fuerza. Hugo Chávez, cuya carrera comenzó cuando lideró un sangriento golpe, truena contra los golpistas hondureños y amenaza con una invasión.
Los presidentes de ese bastión de democracia que se llama la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA) exigen indignados que se aplique la carta democrática de la OEA. Esta lógica no se les apareció por ningún lado cuando abanderaron la iniciativa de incluir a Cuba en la OEA. El hecho de que no fuese un país democrático les parecía un detalle banal.
Para estos presidentes, que antes despreciaban la OEA, ahora este organismo es el más importante de la región, y tratan a su secretario general, José Miguel Insulza, como el máximo garante de las democracias latinoamericanas. Hace no mucho, Chávez insultaba casi a diario a Insulza. Es reconfortante ver que Honduras ha hecho recapacitar a Chávez y que ahora trabaja con Insulza para proteger la democracia. Al menos, les debemos eso a los militares hondureños.
Y no podía faltar el imperio yanqui. El presidente de Bolivia, Evo Morales, denunció que esta crisis se fraguó en Washington. El hecho de que Obama haya denunciado la situación en Honduras y que no reconozca a las nuevas autoridades son detalles irrelevantes para Morales. También ignora el hecho de que intervenir en la política interna de otros países es una de las actividades diarias de su mentor y financiero, el presidente venezolano.
Pero no todo en esta situación es torpeza e hipocresía. La crisis de Honduras les manda a los militares del continente una fuerte señal: los golpes militares ya no son lo que eran. No lo hagan. Y a los políticos de la región también les manda un claro mensaje: Hugo Chávez es tóxico. Manuel Zelaya le debe mucho a Chávez. Pero esa cercanía le terminó costando mucho más de lo que le aportó.
FUENTE: Moisés Naim - LA NACION - 6/07/09
La colonia menonita de Manitoba, en el este de Bolivia, no volverá a ser lo que era hasta que la tragedia que ha sacudido a la comunidad se borre de la memoria de sus habitantes: en los dos últimos años al menos un centenar de mujeres y niñas han sido violadas por jóvenes de la localidad
Manitoba (Bolivia) Miércoles 01 de julio de 2009 La tranquilidad y la confianza mutua que caracterizan a los menonitas se convirtió en miedo y confusión hace una semana cuando se confirmaron las sospechas sobre una violación sexual masiva en esta comunidad cristiana de cerca de 2 mil habitantes. Los menonitas son religiosos conservadores que rechazan cualquier tipo de indicio de modernidad en su vida, viajan en carretas impulsadas por caballos, sin ruedas de goma, generan la energía que usan con métodos sostenibles y tienen prohibido tener una carretera asfaltada cerca de su comunidad. Manitoba está situada a unos 152 kilómetros al noreste de la ciudad boliviana de Santa Cruz, en el oriente de Bolivia. El pasado 24 de junio, siete hombres, la mayoría jóvenes, fueron detenidos de forma preventiva acusados de la presunta violación de sus propias vecinas, a las que dormían con una sustancia química que introducían por las puertas y ventanas de sus casas. Otro menonita, de 41 años, también fue detenido acusado de "complicidad" por proveer presuntamente al resto de acusados de somníferos, que vendía por 50 dólares, e incluso pastillas Viagra y medicamentos para poner en celo a los animales. En el último tiempo, muchas niñas amanecían desnudas y notaban hechos extraños, pero no se atrevían a contárselo a sus padres, mientras que algunas mujeres atribuían los sucesos a "un acto del diablo", por lo que pasaron dos años sin denunciar las violaciones. "Es un hecho muy doloroso que avergüenza mucho a la comunidad", aseguró a Efe Peter Kenelsen, que ha exigido "justicia" y espera "el apoyo del gobierno" para sancionar a los responsables de las violaciones cometidas en su familia. "Hay miedo y la gente está reforzando la seguridad en sus casas", declaró Johan Klassen, otro vecino que reconoce que en su casa también entraron los presuntos violadores, "malditos o guarros" como les llaman en Manitoba. "No respetaron ni a los ministros -los líderes religiosos de la comunidad-, también violaron a sus hijas", asegura Jonh Boldt mientras muestra las fracturas en las ventanas de su casa que causaron los presuntos violadores cuando entraron para intentar agredir sexualmente a su mujer y a sus dos hijas de 13 y 15 años. Los acusados "no respetaron a nadie", subrayó el fiscal encargado del caso, Freddy Pérez, en declaraciones a Efe, al señalar que existen casos en que los detenidos violaron a sus propias hermanas, a una disminuida psíquica, a muchas niñas y adolescentes e incluso a ancianas. Margaretta, una joven de 16 años que se sometió a un examen médico forense junto a su hermana de 14, relató que en una ocasión oyó ruidos extraños en su habitación cuando sus padres estaban en un velorio en otra localidad y se percató de la presencia de un hombre debajo de su cama que salió corriendo. La menor cuenta decidida ese suceso en un "alemán bajo", el único idioma que hablan la mayoría de las mujeres menonitas de esta localidad boliviana, sin saber si ha sido violada, pues aún no tiene los resultados de las pruebas médicas, y probablemente sin conocer las consecuencias que tendrá en su comunidad. Para muchas de las niñas y jóvenes que han sido víctimas de la violación será una mancha imborrable en su vida porque las menonitas deben llegar vírgenes al matrimonio y, según relatan en la comunidad, los chicos no querrán casarse con las afectadas. José Antonio Ramos, el psicólogo que atiende a las menores, reconoció que además del daño moral por haber sido agredidas sexualmente, las niñas sufrirán por las "connotaciones que el suceso tiene por la religión y las costumbres conservadoras de la comunidad". Johan Klassen, un menonita que regenta un pequeño comercio en Manitoba, ofreció el pasado lunes su casa para las pruebas médicas y los análisis psicológicos que determinarán cuántas mujeres y niñas fueron violadas. A su patio llegaron desde primera hora de la mañana carruajes tirados por caballos, llenos de mujeres, entre ellas muchas niñas y adolescentes, que fueron a hacerse las pruebas con sus tradicionales vestidos largos floreados, sus sombreros de paja con lazo y sus pañuelos, blancos para las solteras y negros para las casadas. Inicialmente se ha establecido que las víctimas son cerca de cien, pero "podrían ser muchas más, hasta 300", aseguró una fuente de la Fiscalía que extenderá sus investigaciones a otras comunidades menonitas vecinas como California, El Cerro y Milán, donde hay una población de unas 4 mil personas. De hecho, en la colonia menonita de Riva Palacios, 45 kilómetros al sur de Santa Cruz, otro hombre fue detenido acusado de violar a 24 mujeres de su comunidad con la misma técnica usada en Manitoba, por lo que la Fiscalía considera que los hechos están relacionados. Fuente: Diario El Universal- Mexico.
05:29 La colonia menonita de Manitoba, en el este de Bolivia, no volverá a ser lo que era hasta que la tragedia que ha sacudido a la comunidad se borre de la memoria de sus habitantes: en los dos últimos años al menos un centenar de mujeres y niñas han sido violadas por jóvenes de la localidad.
El virus del miedo
Por Mónica Müller. Médica clínica.
El virus A H1N1 nos ha trasladado desde el siglo XXI, con su cándida confianza en una ciencia todopoderosa, a la Edad Media, cuando la humanidad se sabía inerme frente al misterio de las enfermedades.
Las epidemias tienen efectos tan contagiosos y dramáticos sobre la mente como sobre el cuerpo. El temor arcaico que producen hace reaccionar a las personas y a las sociedades como chicos asustados. El pensamiento mágico reemplaza a la razón y todos confiamos en el milagro que llegará por vía de los mayores, de los médicos, de los dioses o de las autoridades, que simbolizan lo mismo. Cuando la enfermedad se disemina y la muerte golpea, aparece primero la incredulidad y enseguida el reclamo iracundo a los que creíamos nuestros protectores omnipotentes.
Frente a la calamidad, simplificar y generalizar siempre es tranquilizante: concentra lo malo en un solo objeto para que todo lo restante pase a formar parte del universo de lo bueno. Por eso, las sociedades infantilizadas por el miedo tienen la urgencia de señalar a un culpable. Y el culpable siempre es el que piensa distinto, el diferente, el extranjero o el adversario.
Cuando en agosto de 1918 un nuevo virus de gripe comenzó a diseminarse por los Estados Unidos matando en pocos días a un enorme número de jóvenes sanos, la sociedad norteamericana señaló enseguida a los culpables. Muchas personas dijeron haber visto una nube de humo negro y viscoso cargado de microbios saliendo por la chimenea de un barco de bandera alemana amarrado en el puerto de Boston. Otros vieron emerger de la torreta de un submarino alemán varios hombres con tubos de ensayo en la mano, que amparados en la oscuridad esparcieron el germen en lugares públicos de la ciudad. Pero los periodistas mejor informados hacían recaer la sospecha sobre la firma alemana Bayer. Afirmaban –y la gente lo creía– que el laboratorio había contaminado con el germen las tabletas de aspirina para eliminar a toda la población de los Estados Unidos. Recién en 1997 se pudo identificar al verdadero responsable: un virus A (H1N1), de estructura molecular, composición y comportamiento hasta ahora idéntico al de la pandemia actual.
En 1918 la manipulación genética era un tópico que no aparecía ni en la ficción científica de Julio Verne. Aquel virus fue resultado de la recombinación azarosa de uno aviar, uno porcino y uno humano, accidente biológico que se repite cíclicamente a causa del método tradicional de cría de aves y chanchos que se aplica en muchos lugares del mundo. No hay indicios de que el origen del virus actual sea diferente.
Hipótesis conspirativas de cabotaje que abarrotaron las casillas de entrada del correo electrónico desde el principio de esta epidemia aseguraban primero que el tal virus no existía y que el divulgador de la alarmante noticia era Donald Rumsfeld, accionista principal del laboratorio que elabora el fármaco oseltamivir (Tamiflu), de relativa efectividad si se lo toma al inicio de la infección. Durante las primeras semanas, respetados especialistas argentinos minimizaron la gravedad potencial de la epidemia señalando que el virus no era más mortal que el de la gripe común. Ese dato todavía es incierto pero, en todo caso, una enfermedad capaz de contagiar a un tercio de la humanidad puede llevar a la tumba a varios millones de personas en pocas semanas aunque su mortalidad sea baja. En paralelo con la curva ascendente de casos y muertes confirmados en México, la versión conspirativa cambió por “la creación de un nuevo virus en laboratorio, como fue la del VIH, con el objetivo de devastar a la población mundial”. Un correo reciente da detalles más precisos sobre los diseñadores del virus y sus designios: “Un grupo que opera en los EE.UU. bajo la dirección de los banqueros internacionales que controlan la Reserva Federal, así como la OMS, la ONU y la OTAN” con el objetivo de “exterminar a la población de los Estados Unidos mediante la vacuna contra el mismo virus”. En términos económicos parece una estrategia indigna de personajes tan inteligentes e inclinados al mal: no hace falta ser banquero para saber que si no hay personas se acaban los negocios.
Por cierto que la industria farmacéutica es capaz de poner en riesgo a toda la humanidad en su carrera frenética por la competencia y los beneficios económicos y que los gobiernos de Estados Unidos han recurrido más de una vez a armas biológicas para dirimir cuestiones políticas, pero hasta ahora los virus han demostrado ser más elusivos, inteligentes y malignos que la Big Pharma, los alemanes en 1918 y hasta que los funcionarios del gobierno de Bush.
Pese a la dinámica cíclica que desde hace por lo menos cinco años hacía previsible la pandemia actual, los medios nacionales despliegan hipótesis persecutorias tan disparatadas que si no fuera por el contexto en que se publican deberían merecer la atención de especialistas en psicosis paranoides. Hemos oído decir que el gobierno nacional debería haber hecho algo más para evitar la rápida diseminación del virus y, al mismo tiempo, que exagera la gravedad de la epidemia con fines políticos. Hemos leído que por esos mismos intereses se hace todo lo contrario: que se difunden cifras de casos y de muertes menores a las reales y que la verdadera magnitud de la situación se oculta por alguna razón de conveniencia política. Sin embargo, un mínimo esfuerzo por informarse con objetividad permite saber que las autoridades sanitarias argentinas siguieron desde el principio las directivas de la Organización Mundial de la Salud en cuanto a control, detección de casos y mitigación de la epidemia. La única medida tomada en contra de las indicaciones de la OMS fue la cancelación de los vuelos a México en el intento de retrasar el inicio de la epidemia en el país, lo cual no fue una omisión sino un exceso de cuidado. Los registros estadísticos nacionales surgen de las normas internacionales que contabilizan como positivos sólo los casos confirmados por laboratorio. Por eso no sólo acá sino en todo el mundo las cifras oficiales son inferiores o están retrasadas con respecto a las verdaderas.
Otra regla epidemiológica internacional indica que los hisopados para detectar el virus sólo se hacen de rutina a la primera o dos primeras centenas de enfermos. Después, se reservan para aquellos enfermos que presentan una presunta complicación por el virus. También responde a un consejo de la OMS la venta controlada de antivirales por parte del Estado. Todas estas disposiciones responden a razones indiscutibles y claras de orden médico y en la Argentina se las ha respetado hasta hoy rigurosamente. Sin embargo, con absoluta indiferencia por la verdad, los medios han presentado cada una de esas medidas como maniobras eleccionarias, como hechos delictivos o como torpezas en el mejor de los casos. No es extraño que los políticos y los periodistas, que sobre microbiología lo desconocen todo, aventuren cualquier origen y cualquier desenlace para esta epidemia y traten de capitalizarla para confirmar sus intereses o sus ideas. Tampoco es raro que la gente asustada espere de las autoridades el milagro de aislar al país de la pandemia, de detener el aumento de casos o disminuir la mortalidad del virus. Pero los médicos, una vez aprobada la materia Microbiología, deberíamos conocer la lógica viral, que se caracteriza por eludir casi toda estrategia terapéutica conocida. Y en los momentos en que la sociedad nos necesita con urgencia tenemos la responsabilidad de desactivar nuestros propios dogmas y nuestra propia imaginación para poder razonar con objetividad y calma.
La deuda de las autoridades en materia de salud, alimentación, educación y vivienda, que afecta a muchos millones de argentinos, son responsabilidades históricas bastante graves sin necesidad de sumarles cargos falsos creados por el oportunismo o por el miedo.
Frente a esta amenaza que recién está empezando a mostrar su capacidad destructiva, es más útil volver la mirada al microscopio que buscar un culpable de fantasía. Los médicos tenemos derecho a tener miedo, pero también tenemos la obligación de tratar de entender cuál es el verdadero enemigo que tenemos enfrente.
Otra de arena....
PROPAGACIONES E INFLUENCIAS
Mientras se profundiza la polémica sobre el tema, desde Puerto Madryn, Diego Pérez advierte sobre los trasfondos de una información deficiente respecto del virus A H1N1.
Los virus no hablan. Las personas, las comunidades, les damos sentido a los acontecimientos y a las cosas. También a las enfermedades que sufrimos, y con esto también nos nombramos. La expansión del virus California A (H1N1) tuvo mutaciones inesperadas, pero no de su soporte biológico, sino social: fiebre mexicana, fiebre porcina y finalmente la última y extendida denominación A (H1N1) para el gran público. Convengamos que lo que ha estado mutando no ha sido solamente el nombre de un virus; con la expansión de un organismo biológico se ha ido extendiendo también (en una nueva oleada) una episteme, una mirada sobre la salud, la enfermedad, sobre las personas y las sociedades humanas.
Esta forma de ver y organizar el planeta tiene todos los ingredientes de una lucha del bien contra el mal. Cuenta con un escenario global y actores debidamente identificados. Tiene la capacidad de conmovernos y motivarnos a cambiar nuestras conductas y actuar con el “vestuario” adecuado: cada uno con su barbijo. Este escenario es, sin duda, el que construye la aldea global de acuerdo con una mirada que va más allá de las naciones y de las fronteras (exactamente como el virus). Es un escenario de una civilización transnacional y de un gobierno mundial.
El montaje no es una ficción o producto de conspiraciones; es la forma de ser de “construir mundo” de este orden hegemónico. Un orden que tiene a su disposición herramientas tecnológicas globales como Google, que a través del Google Earth ha puesto al servicio de esta mirada omnipresente de la salud el Health Map, o mapa de la salud. Que tiene un relato global, darwiniano y fascinante como Discovery Channel o la avasallante industria cinematográfica que anticipa en la ficción estas contiendas masivas y globales.
Un orden transnacional que planifica la batalla contra el mal desde una Organización Mundial de la Salud (y sus sucedáneos locales y regionales) y sociedades que asumen acríticamente las recomendaciones de este organismo, que cual “estado mayor” ordena las fases de este combate en cada rincón del globo. Ese mismo estado mayor que negocia con las veinte grandes empresas farmacéuticas la fabricación de una vacuna y que les pide encarecidamente a los laboratorios que no les cobren el medicamento a “los países pobres”. El mismo organismo que se muestra sorprendido porque el laboratorio Novartis dice que no va a entregar ninguna vacuna gratis y que si quieren salud hay que pagarla.
Decenas de profesionales se han manifestado en estos días por la supuesta información deficiente a la población acerca del virus de la gripe A (H1N1), y no es casual. La información está ordenada en base a criterios que no son adecuados a cada nación, a cada pueblo, a cada comunidad. Están empleando un supuesto lenguaje universal de la ciencia que en realidad es el lenguaje universal de las corporaciones y los gobiernos de los países centrales.
¿Cómo se puede comprender si no la “supuesta torpeza” de lanzar a un mundo que registra un movimiento de 58 millones de personas que se trasladan mensualmente de un continente a otro por razones de esparcimiento o laborales, a un sistema de comunicación hiperconectado con miles de millones de celulares, redes informáticas y de televisión, la idea de que ha aparecido un virus que desconocemos, mutante y para el cual no hay cura?
Es un efecto esperable entonces que las personas se agredan, se marginen, aumenten la ya extendida paranoia urbana, la xenofobia, y se sientan desesperadas, mientan a los sistemas de salud para atenderse primero, corran a comprar medicamentos que no saben usar, se automediquen y se aíslen.
¿Es que alguna persona, funcionario o responsable de salud se ha puesto a pensar acerca de los términos que se están utilizando para hablarles a los ciudadanos, a las familias, a través los medios de comunicación? ¿Estos funcionarios creen que es efectivo y mejora el cuidado de la salud contar los muertos mundiales (y locales) y los enfermos como si esto fuera una batalla entre el bien y el mal? Cuántos muertos son pocos (o muchos), ¿es una respuesta que necesitan las personas para cuidarse mejor? ¿Han medido el impacto social de sus palabras en cada comunidad o han adoptado el criterio de implantar este discurso en cada comunidad como forma de considerarlos oportunamente permeables a un cambio de sus actitudes como consumidores? ¿Están trabajando –tal vez sin quererlo– en crear clientes de salud?
Evidentemente no ha sido sólo improvisación y desconocimiento, sino también falta de una mirada más profunda de las autoridades sanitarias acerca de los procesos de salud y enfermedad de las comunidades, la que nos ha llevado a esta forma de “vivir en peligro”. También –y esto es decisivo– la adopción de formas de comunicar está ligada a programas de organismos internacionales que financian las campañas de salud e imponen, con medidas aparentemente “administrativas”, formas de actuar que llevan implícitas estas formas de comunicar. Estas formas van cambiando paulatinamente también los criterios más ligados a la medicina social por los “nuevos” de la medicina de mercado. Así nosotros, los ciudadanos, actores, terminamos adoptando “el vestuario” adecuado para este escenario: los insalubres tapabocas.
Diego Perez.Periodista. Maestrando Plangesco, UNLP/Unpsjb. Para Página 12
La planta, gestionada por el INTI e impulsada por la Fundación La Alameda, fue construida por la Corporación Buenos Aires Sur. Parte de la maquinaria fue incautada por la Justicia en talleres clandestinos. Hay lugar para nueve cooperativas.
Por Eduardo Videla
Desde hoy, en la ciudad de Buenos Aires hay una alternativa sustentable al trabajo esclavo. Se trata de un polo textil denominado Centro Demostrativo de Indumentaria, una planta preparada para la instalación de cooperativas de trabajadores costureros, donde se pretende promover un estilo de trabajo diferente al de los talleres clandestinos, donde el régimen laboral no tiene límites de horarios ni respeta condiciones de seguridad. El proyecto fue diseñado por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), que administra la planta comprada y acondicionada por la Corporación Buenos Aires Sur, e impulsado por la Fundación La Alameda. En el lugar ya trabajan tres cooperativas y parte de las máquinas instaladas proviene de uno de los talleres allanados y clausurados por la Justicia. La planta se inaugura hoy, en coincidencia con el Día Internacional de los Derechos de los Trabajadores Migrantes: la mayoría de los operarios del sector son inmigrantes de países limítrofes.
“Mi esperanza es poder ganar un salario en un trabajo digno y no estar enfrente a una máquina catorce horas por día, en un lugar donde la gente duerme en el mismo taller”, dijo a Página/12 Carlos Apala, uno de los trabajadores del taller de Deán Funes al 1700, clausurado hace un año por la Justicia. Carlos es operador de una de las máquinas tejedoras automáticas, las mismas que manejó durante más de diez años en ese taller.
La planta está ubicada en un viejo galpón reciclado, que fue taller y lavadero de una compañía de ómnibus, en la calle Melgar, una cortada del barrio de Barracas ubicada a la altura de Río Cuarto y Perdriel. Tiene 1800 metros cuadrados y está dividida en nueve unidades, de 80 metros cuadrados cada una, capaces de albergar a otras tantas cooperativas, integradas por un máximo de 15 trabajadores cada una. Es decir que el lugar está en condiciones de recibir en total a unos 135 operarios.
Por ahora hay sólo tres cooperativas en condiciones de arrancar, con un total de treinta trabajadores. “Al principio se habían anotado más de cien costureros, pero se demoró tanto la construcción que muchos se desalentaron”, dijo Gustavo Vera, presidente de la Fundación La Alameda. “Confiamos en que vuelvan ahora, con la inauguración”, agregó.
La construcción del CDI fue el resultado de un largo proceso, que comenzó con el incendio del taller clandestino de la calle Luis Viale, en marzo de 2006, donde murieron seis personas. Los distintos procedimientos que se realizaron a partir de entonces arrojaban como resultado la clausura de los talleres clandestinos pero también la pérdida de las fuentes de trabajo para los costureros”. Para resolver esa situación, La Alameda impulsó ante el gobierno porteño –durante la gestión de Jorge Telerman– la creación de una planta que pueda recibir a los trabajadores víctimas del trabajo esclavo. Fue el Ministerio de Desarrollo Económico –a cargo, entonces, de Enrique Rodríguez– el que compró el galpón, inició las obras y firmó el traspaso de la gestión del predio, al INTI, en noviembre de 2007, poco antes de la asunción de Mauricio Macri en el gobierno porteño. La finalización de la obra y la habilitación demandaron más de un año y medio.
“Queremos demostrarles a las empresas de indumentaria que es posible trabajar respetando los derechos laborales y que eso, a la larga, va a tener menos costos para ellos”, dijo a Página/12 Hernán Zunini, del programa de Extensión del INTI, a cargo de la supervisión del proyecto. “Primero, porque toda la línea de producción está en un mismo lugar: ellos acostumbran a hacer el corte en un lado, la costura en un taller y la terminación en otro. De esta manera se ahorran en costo de logística. Pero además la marca gana en prestigio, porque puede certificar que sus prendas son confeccionadas sin el uso de trabajo esclavo”, agrega Zunini.
El recorrido de Página/12 por la planta, antes de la inauguración, comienza por una playa de descarga, separada de la calle por una cortina metálica y que comunica, hacia el interior, con la primera unidad productiva: el taller de corte, donde están instaladas unas amplias mesas equipadas a la espera de ser ocupadas por una cooperativa. Le sigue, en el box contiguo, la segunda unidad, ya ocupada por los costureros de la Cooperativa de Trabajo Cildañez Limitada, que están confeccionando muestras de pantalones y camperas de jean, para damas, caballeros y niños. La cooperativa reúne a costureros con 10 y hasta 15 años de experiencia, incluso a uno de origen senegalés.
En otras unidades están la cooperativa P-Maco, que confecciona remeras, chombas y joggins de tejido de punto; la tejeduría de punto con las máquinas secuestradas en el taller de Deán Funes; un taller de terminación (colocación de botones y ojales) y una sala de planchado.
Las unidades están separadas por un pasillo, en el que están bien visibles los matafuegos y las mangueras contra incendios. El agua proviene de un enorme tanque ubicado en el fondo del local. Tanto el acceso como los sanitarios están preparados para personas con movilidad reducida. Hay una cocina que está a disposición de los trabajadores, pero todavía falta la instalación de la calefacción que pueda mitigar el frío de estos días. El INTI ha designado al ingeniero textil Omar Torres para asesorar a las cooperativas en materia de técnicas de producción y de comercialización. “Las cooperativas pueden trabajar para afuera, con pedidos realizados por empresas o bien desarrollar sus propios productos: ya tenemos nuestra propia marca, Mind”, explicó Torres a Página/12. “Ya hay una empresa que ha hecho pedidos y otras que están interesadas”, comentó, aunque sin dar nombres ni marcas. El diseñador del INTI Adrián Kulzycki, por su parte, hace su aporte en desarrollo de indumentaria y moldería.
Además de las máquinas incautadas, el equipamiento fue aportado por el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Los trabajadores cumplen a rajatabla un horario de 8 horas, de 9 a 17, y sus ingresos no se pagan como salarios sino como dividendos, como corresponde a las cooperativas. “La presencia del INTI apunta además a garantizar que no se reproduzcan ahí los sistemas de explotación que se dan afuera. Cumple la función de árbitro ante posibles conflictos”, sostuvo Vera, de La Alameda.
El acto de inauguración se llevará a cabo hoy a las 14 en Melgar 46, con la presencia del titular del INTI, Enrique Martínez, y de la Corporación Buenos Aires Sur, Humberto Schiavone; también habrá un respaldo de organizaciones religiosas que sostuvieron el proyecto cuando parecía que estaba a punto de caerse: la Pastoral para las Migraciones, de la Arquidiócesis de Buenos Aires, la Fundación Judaica y un representante de la Iglesia Luterana.
Fuente: Página 12 - 01/07/2009
El siguiente es un video que denuncia la crisis sanitaria en ¿¿¿Rep. Dominicana, Bolvia, Argentina, Brasil, Chile, Nicaragua???.
Adivinen Ustedes...
Le sigue un video sobre el Hospital Rivadavia realizado por Pino Solanas durante la campaña electoral que terminó ayer.
¿Ahora que el PRO tiene mayoría en la legislatura y mayor presencia en el Congreso Nacional, finalmente podrá resolver los temas pendientes desde que asumieron?
¿Un ejemplo de cómo están las escuelas?
¿Que lo disfruten???