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23/07/2008

No dar conferencias de prensa es una forma de censura

Lo dice el constitucionalista Owen Fiss
Miércoles 23 de julio de 2008
La libertad de expresión no significa que cada cual diga lo que quiera, sino garantizar que todo lo que haya que decir sea dicho, y que los ciudadanos cuenten con la información necesaria para poder evaluar a los gobiernos. Por eso, cuando los presidentes se niegan a dar conferencias de prensa están ejerciendo una forma de censura.?

El que lo dice es el constitucionalista norteamericano Owen Fiss, profesor de Derecho en la Universidad de Yale y ex secretario de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos.

?Un presidente democrático, un candidato democrático, nunca ataca a los medios ?añade Fiss?, sino que, en todo caso, defiende sus posiciones frente a la opinión pública.?

Graduado en Oxford y en Harvard, Fiss tiene dos temas centrales de interés e investigación: la libertad de expresión y la protección de la igualdad ante la ley (que incluye el acceso a la Justicia).

Ha escrito varias obras, como La ironía de la libertad de expresión, Liberalismo dividido y Una comunidad de iguales. Es un asiduo visitante de la Argentina, a la que llegó por primera vez para presenciar el juicio a los comandantes militares, durante la presidencia de Raúl Alfonsín. Experto en derecho constitucional, en su reciente paso por la Argentina fue invitado por la Universidad de Palermo y la Asociación por los Derechos Civiles (ADC) a dar un seminario sobre libertad de expresión. "Es llamativo que alguien que no da conferencias de prensa o solamente brinda reportajes a periodistas amigos cuestione a la prensa de la manera en que lo hace", afirma sobre la tortuosa relación entre el matrimonio Kirchner y los medios de prensa.

Fiss admite, sin embargo, que una absoluta autonomía editorial también puede afectar, paradójicamente, a la libertad de expresión. Lo explica: "Si los medios sólo siguen los dictados del mercado, pueden no informar a la sociedad con ecuanimidad".

-¿Cómo afecta a la libertad de expresión que los gobernantes no den conferencias de prensa o que sólo hablen con periodistas que consideran confiables?

-La afecta de manera muy directa, porque los presidentes tienen la responsabilidad de informar a la opinión pública acerca de sus políticas y de responder preguntas. Entonces, cuando faltan las conferencias de prensa lo que hacen es ejercer una forma de censura. Cuando no se da ningún tipo de conferencia de prensa, el problema es que se está negando a la opinión pública la información necesaria para evaluar las políticas del gobierno. Por otro lado, cuando se dan reportajes a periodistas en los que el poder confía, la distorsión es doble, porque, por un lado, la información llega a través de estos periodistas poco objetivos y, por otro, se les da a estos medios amigos una posición indebidamente privilegiada en el debate público.

-¿Algo así como un sistema de premios y castigos para obedientes y desobedientes?

-Sí. El efecto es un castigo a quienes informan de manera imparcial. Cualquier periodista que critica al gobierno sabe que se arriesga a no tener acceso al presidente.

-Bueno, ya eso es ciencia ficción para los periodistas argentinos, porque ese acercamiento hace años que no existe...

-Pero debo decirle que esto no sólo se produce en la Argentina; hay otras democracias más maduras que todavía no lo han resuelto. El gobernador de Maryland, por ejemplo, se negaba a darles reportajes a periodistas que eran críticos de su gestión.

-En muchos países de América latina, los medios son monopólicos o están en manos del Estado y son usados por el poder político de turno. ¿Qué pueden hacer los ciudadanos para hacer valer su derecho a estar informados con diversidad y equilibrio?

-Solos, nada. Pero juntos pueden organizarse y presionar al Congreso para que amplíe las formas de acceso a la información pública. En Estados Unidos tenemos la Comisión Federal de Comunicaciones, una agencia estatal con control parlamentario que tiene la responsabilidad de asegurar que los licenciatarios brinden información de relevancia pública y lo hagan de una manera ecuánime. Un canal de televisión, en Syracuse, solamente defendía la perspectiva en favor de la energía nuclear y no difundía ningún tipo de opinión acerca de los peligros que entrañaba. Entonces, un grupo de ciudadanos armó una ONG llamada Consejo para la Paz en Syracuse y denunció, con éxito, a este canal ante la comisión. Esa es una acción concreta. Y, como vimos en el caso de Europa del Este después de 1989, el primer paso, el más importante, hacia la democratización es acabar con la relación económica formal e informal entre la prensa y el gobierno.

-¿Es democrático que el poder político confronte constantemente con los medios?

-Un presidente democrático nunca ataca a los medios, sino que defiende sus posiciones frente a la opinión pública. Es llamativo que alguien que no va a conferencias de prensa o sólo brinda reportajes a periodistas amigos cuestione a la prensa de la manera en que algunos lo hacen.

-Ultimamente, el ex presidente Kirchner, que nunca aceptó conferencias de prensa mientras estuvo en el poder, inauguró la modalidad de las conferencias con hinchada propia, desacreditando, en público, a los periodistas participantes.

-[Largo silencio] Lo que usted relata es un espectáculo increíble, que no es propio de la tradición argentina de respeto por la libertad de expresión.

-Hay, sin embargo, una polémica legítima que el poder político actual abrió en la Argentina en cuanto a los intereses económicos de los medios y su relación con la libertad de expresión. ¿Qué puede aportar en este debate?

-La prensa tiene un interés muy fuerte en reclamar para sí misma la mayor autonomía que pueda conseguir. Pero, al mismo tiempo, garantizarles a los medios una absoluta autonomía editorial también puede afectar la libertad de expresión. Los medios, en principio, lo que persiguen son intereses empresariales y se rigen por las leyes del mercado. El punto es que la libertad de expresión no se reduce a que cada uno diga lo que quiera. Debe garantizar que la opinión pública tenga la información que necesita. Y si los medios solamente siguen los dictados del mercado, pueden llegar a no proveer información ecuánime. Dicho de otro modo, la libertad empresarial puede llegar a interferir en el derecho ciudadano a contar con toda la información adecuada. Por otro lado, esto no quiere decir que el poder político, la Presidenta, en este caso, tenga automáticamente razón cuando acusa a los medios de no estar cumpliendo con su deber de informar de manera ecuánime. Lo que digo es que esto puede suceder, aunque, en mi opinión, lo que sucede, en general, con los ataques de los presidentes a la prensa es que buscan chivos expiatorios, y tampoco se reduce este fenómeno a la Argentina.

-Uno de los últimos debates que tuvimos aquí fue el lanzamiento de un observatorio de medios, con participación del Estado. ¿Cómo evalúa este tipo de instrumentos?

-No hay que pensar que es una mala idea, en general, pero sí debemos tener en claro que, tal como nos enseñó Michel Foucault, observar es controlar. La mera observación es una forma de control sobre los medios, por lo que yo prefiero que los observatorios no dependan del Estado. Pero no estoy en contra de la regulación, en principio, porque es necesaria para garantizar un debate democrático. El problema con los observatorios es el criterio que los guía.

-Si tuviéramos que tomar una única medida para garantizar la libertad de expresión en democracia, ¿cuál sería?

-Que el debate público sobre los temas de importancia, de mayor importancia, sea amplio, abierto y robusto.

Por Laura Di Marco
Para LA NACION

23/07/2008 11:21 Autor: cieloytierra. Enlace permanente. Tema: Observatorio de Medios No hay comentarios. Comentar.

12/05/2008

Contra el poder político, las libertades de información y crítica democráticas

(Por: Álvaro Cepeda Neri) - 5 de mayo de 2008

“... la información, tal como se suministra hoy a los periódicos y tal como éstos la utilizan, no puede prescindir de un comentario crítico” Albert Camus

Seis años y 100 números de Contralínea –revista fundamentalmente de reporteros aplicados al periodismo de investigación–, dedicaron la edición anterior a reflexionar sobre el poder político de quienes detentan el ejercicio de los órganos legislativos, judiciales y ejecutivos del Estado (y del poder económico que incide en el poder político) y del contrapoder de los medios de comunicación, en el contexto de las libertades constitucionales duramente conquistadas y diariamente defendidas. Y es que contra la tradición, para alimentar la vanidad de que la prensa es el cuarto poder, se alza el postulado, amparado en la concepción democrática y republicana del liberalismo político, de que informar y criticar es una función de contrapoder.

“La prensa, los medios de comunicación, no son un poder, sino, en todo caso, un contrapoder... De manera que, junto a la función esencial del periodismo, que es dar noticia de las cosas, dar noticia de los hechos, existe esa otra función, que es una función sustancial, que es una función también esencial, la del ejercicio del contrapoder... Entre elección y elección, el ciudadano, en ocasiones, quiere elogiar al poder, porque el poder ha acertado; en ocasiones quiere criticar al poder, porque el poder se ha equivocado; en ocasiones quiere denunciar al poder, porque el poder ha abusado... Somos el contrapoder del poder político, somos el contrapoder del poder religioso, somos el contrapoder del poder universitario, somos el contrapoder del poder financiero, del poder económico, del poder cultural. Es decir, estamos al servicio de la sociedad para elogiar al poder cuando el poder acierte (y éste es un punto especialmente difícil, porque es tal vez lo que más nos cuesta a los profesionales del periodismo); para criticar al poder cuando el poder se equivoca y para denunciar al poder cuando el poder abusa” (Luis María Anson: La prensa como contrapoder).

La información veraz sustentada en los hechos, capturada en una entrevista, amparada documentalmente y que logra ser contrastada es ya contrapoder. Análisis, opiniones y crítica sobre esa información, refuerza la función de contrapoder. Y más en las democracias elementales, como la nuestra que, tras el autoritarismo presidencialista del antiguo régimen, se resiste a dejar las persistencias del autoritarismo para, “condenadas a repetir el pasado”, ejercer inquisiciones administrativas, judiciales y censura previa, por medio de la asignación de la publicidad oficial. La alternancia panista, que no ha ido más allá de un relevo de las elites, carece de una política de comunicación democrática, republicana y constitucional. Por el contrario, mantiene, desde la oscuridad de Los Pinos, una intimidante política de los timbiriches de Max Cortázar al son de las baterías con las que orquestan a los directores de comunicación de las secretarías del despacho presidencial y el resto de las dependencias descentralizadas, desconcentradas y hasta con autonomía.

En las 31 entidades, como en la capital del país, continúan las presiones del poder político de gobernadores, presidentes municipales, jefe de gobierno del Distrito Federal y del, más que presidente de la República, inquilino en turno de Los Pinos para manipular la información, negarla y suavizar, censurar y hasta impedir la crítica y el análisis, para que la opinión pública no tenga la más completa información. El colapso del presidencialismo antiguo dejó muchas puertas abiertas y en el derecho a la información, con todas sus limitaciones para impedir la transparencia, hay logros.

Los medios de comunicación, la prensa escrita, que es el caso, cuyo factor común es el binomio: información y crítica, han de resistir las embestidas del poder político, sus amenazas, el condicionamiento para dar publicidad y su desinterés, en el Ministerio Público federal, ante las denuncias contra los abusos de funcionarios. Y resistir las venganzas del poder económico que interpone demandas civiles contra reporteros y sus medios de comunicación, contra la información y la crítica. E insistir en maximizar las libertades constitucionales, con el cumplimiento de sus obligaciones y límites, para no ceder terreno al poder político. La única manera es ejercer esas libertades, esos derechos, como contrapoder. Un contrapoder para informar sin concesiones de ninguna especie.

En una sentencia judicial se estableció: “Una prensa fastidiosa, una prensa obstinada, una prensa agresiva es algo que debe ser soportado por aquellos que ejercen la autoridad, con el fin de preservar nuestros mayores valores: la libertad de expresión y el derecho de la gente a estar informada (y ésta) lo que protege es el libre flujo de información que permite al público estar al tanto de las acciones del gobierno. Éstos son tiempos problemáticos. No hay mayor válvula de seguridad ante el descontento y el cinismo respecto al gobierno que la libertad de expresión en cualquiera de sus formas (...). (Y) la libertad de prensa significa libertad para obtener noticias, escribirlas, publicarlas y hacerlas circular. Cuando una de éstas queda obstaculizada, la libertad de prensa se convierte en un río sin agua”.

Se trata de la libertad de expresión como contrapoder del poder político y la exigencia diaria de las máximas libertades para informar y criticar. En el entendido de que “las fauces del poder están siempre abiertas para devorar y su brazo siempre extendido para destruir, si se puede, la libertad de pensamiento y de palabra hablada y escrita..., no os sintáis intimidados, pues, por cualquier amenaza que os impidan publicar con la mayor libertad todo aquello que autoricen las leyes de vuestro país; ni permitáis que se os despoje de vuestra libertad por cualesquiera pretextos de cortesía, delicadeza o decencia. Estas palabras, como se las emplea con frecuencia, son únicamente tres nombres diferentes de la hipocresía, la trapacería y la cobardía”. Trayendo al presente lo de si es preferible un gobierno sin libertad de prensa o libertad de prensa sin gobierno, está claro, con el estadista que planteó la alternativa, que es preferible la libertad de información sin gobierno.

Contralínea, periodismo de reporteros, asida al clavo ardiente de las libertades de prensa como contrapoder frente al poder político y económico, cumple con su deber de publicar o perecer y no rendirse.

John Stuart Mill, en su ensayo Sobre la libertad, dice que “Es de esperar que han pasado ya los tiempos en que era necesario defender la libertad de prensa, contra la corrupción del gobierno y el autoritarismo”. No es así en nuestro país y los medios de comunicación, dispuestos a ejercer esas libertades, saben que ahora más que nunca es necesario reconquistarlas con su ejercicio pleno para informar y criticar hasta sus últimas consecuencias.

Revista Contralínea / México Fecha de publicación: 1 de Mayo de 2008 | Año 6 | No. 101

12/05/2008 10:13 Autor: cieloytierra. Enlace permanente. Tema: Observatorio de Medios No hay comentarios. Comentar.

05/05/2008

Libertad de Prensa

Impunidad. El secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, llamó al mundo a defender la libertad de prensa y a oponerse a la impunidad de los que atacan a los periodistas. Con motivo de conmemorarse hoy el Día Mundial de la Libertad de Prensa, Ban Ki-moon señaló que "una prensa libre e independiente es uno de los fundamentos de la paz y de la democracia". El secretario general se manifestó "alarmado por el hecho de que los periodistas son tomados cada vez más como blanco en todo el mundo" y expresó su consternación porque "tales delitos no sean investigados y sancionados". Dijo que los ataques contra la libertad de prensa "atentan contra el derecho internacional, la humanidad y la libertad". Agregó que cuando "la circulación de información está coartada, sea por motivos políticos o tecnológicos, nuestra capacidad de acción se reduce". Ban Ki-moon instó al mundo a esforzarse para someter a la justicia a los que atacan a los periodistas y homenajeó a los reporteros que trabajan en condiciones peligrosas para brindar información libre

Fuente: La Nación

05/05/2008 11:26 Autor: cieloytierra. Enlace permanente. Tema: Observatorio de Medios No hay comentarios. Comentar.

16/04/2008

10/04/2008

Preocupa a la SIP la intención de vigilar a los medios

Creación del Observatorio. La titular del Inadi relativizó su función 

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) expresó su preocupación por "el anuncio del gobierno argentino de crear un organismo estatal para vigilar a los medios de comunicación", al rechazar la constitución de un Observatorio de Medios, anunciado por la presidenta Cristina Kirchner,

En tanto, la titular del Instituto Nacional contra la Discriminación y la Xenofobia (Inadi) e integrante del organismo, María José Lubertino, intentó relativizar las atribuciones del observatorio al señalar que "no monitorea contenidos y sus informes no tienen carácter punitivo".

En su declaración, la SIP cita la decisión de Cristina Kirchner de convocar a las universidades estatales para "reflotar la creación de un Observatorio de Medios, cuyo objetivo serviría para que se garantice un relato mediático que brinde cabida a todas las opiniones". Respecto de este tema, en la página 20, LA NACION publica el editorial "La obsesión de controlar a la prensa".

"Siempre nos ponemos en alerta cada vez que vemos la intervención de un gobierno en asuntos que pueden socavar la libertad de prensa", dijo el presidente de la SIP, Earl Maucker, editor del diario Sun-Sentinel del Sur , de Florida. Agregó que la prensa argentina "da muestras de una riqueza plural de opiniones, por lo que no entendemos por qué el Gobierno desea intervenir en cuestiones que sólo le competen a la sociedad civil".

El organismo que agrupa a editores del continente reiteró que "el gobierno argentino debería respaldar otros mecanismos en favor de la libertad de prensa, sobre los que la SIP viene reclamando en la Argentina".

La SIP señaló en su comunicado que, durante la gestión de Néstor Kirchner, solicitó "en varias oportunidades, y a través de dos misiones enviadas a la Argentina, que cesara una postura oficial de discriminación informativa y en el otorgamiento de publicidad oficial y dádivas como métodos de premio y castigo para medios y periodistas".

La visión del Inadi

En diálogo con LA NACION, Lubertino dijo que el organismo que ella integra se limita observar si la radio y la TV cometen actos de discriminación.

¿Se vigilará a los medios?, preguntó LA NACION a la funcionaria. Y respondió: "De ninguna manera. No es el objetivo del Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión. Al sumarse los académicos, se enriquecerá el organismo. Los medios tienen que ser los primeros aliados contra la discriminación". Y aclaró que el Observatorio "no es sobre los contenidos en los medios y trabaja con el Código de Etica de Fopea (Foro de Periodismo Argentino)".

Consultada sobre la posibilidad de que la función del Observatorio pudiera incluir un futuro control sobre todos los medios, se abstuvo de opinar: "Creo que contribuyo poco si opino a título personal. Y como presidenta del Inadi digo que el Observatorio no se ocupa ni del funcionamiento ni de la política de los medios", explicó.

Pese a que en su momento Lubertino intentó públicamente morigerar los exabruptos y la violencia del dirigente piquetero Luis D´Elía, ayer dijo que "todos los hechos de violencia física y verbal son repudiables. En las últimas semanas nos vimos rompiendo frenos inhibitorios. Apareció con brutalidad algo que está de manera imperceptible en la vida cotidiana de muchos argentinos, como son los enfrentamientos verbales altamente discriminatorios".

Lubertino se mantuvo aferrada al Observatorio, cuya "puesta en valor se da a partir de que se descubre su existencia. En caso de duda, estamos en favor de la libertad de expresión. Y cuando vemos una discriminación flagrante, llamamos a los medios o las agencias de publicidad y dialogamos. La mayoría de las veces, se corrigen los mensajes. Otras veces no". Ataques a Clarín

  • Un fuerte debate se suscitó anoche en el programa A dos voces , de la señal TN, cuando el dirigente Luis D´Elía atacó con dureza al Grupo Clarín. Luego de debatir con el diputado Fernando Iglesias (Coalición Cívica), acusó a Clarín de ejercer "monopolio y dictadura mediática". Ante la mirada de los periodistas Gustavo Sylvestre y Marcelo Bonelli, que le replicaron sus ataques. D Elía criticó la fusión de Cablevisión y Multicanal y otras inversiones del grupo. Por la tarde, en un acto de la presidenta Cristina Kirchner en Bernal, militantes kirchneristas mostraron carteles con las leyendas " Clarín miente" y " TN Todo Negativo".
10/04/2008 11:00 Autor: cieloytierra. Enlace permanente. Tema: Observatorio de Medios No hay comentarios. Comentar.

10/03/2008

Otro periodismo tambien es posible

Del libro “Entre el deseo y la realidad” del Observatorio de Medios-UTPBA

Por Pascual Serrano

Son numerosas las ocasiones en que cuando participo en conferencias o tertulias sobre comunicación alternativa donde asisten profesionales jóvenes me preguntan sobre cómo afrontar la aparenta incompatibilidad entre servir a un modelo periodístico alternativo al de las grandes empresas y desenvolverse en un panorama dominante por estas empresas.

El modelo económico vigente en el neoliberalismo arroja a los profesionales de la comunicación a un futuro laboral que suele ser en gabinetes de comunicación al servicio de imágenes corporativas y empresariales, o bien a medios de comunicación con instrucciones precisas de servir diligentemente a accionistas y anunciantes. Medios donde no existe participación colectiva en la toma de decisiones, donde los contenidos están condicionados a presiones de lobbys empresariales, anunciantes que no permiten contenidos críticos hacia sus firmas y con agendas informativas pautadas por resultados de rentabilidad económica a costa de empobrecer la investigación periodística o el trabajo riguroso.

Yo soy consciente de que los estudiantes aspiran a licenciarse en periodismo, trabajar de periodistas y vivir de ello. A esos profesionales yo les quiero siempre recordar que tenemos una obligación moral, la obligación moral de informar al mundo sobre tantas y tantas luchas de hombres y mujeres que combaten por su supervivencia y su dignidad. Ellos no organizan lujosas ruedas de prensa, ni invitan a cenar a los periodistas, ni ofrecen bonitos y esplendorosos dosiers de prensa en papel couché. Los jefes de las empresas que contratan a los jóvenes periodistas no tienen ningún interés por llevar a la sociedad la verdad, ellos son dueños o asalariados al servicio de un proyecto económico. No van a denunciar las masacres del gobierno kuwaití si peligra la publicidad de las petroleras; ni van a informar de los despidos de una cadena de supermercados en plena campaña de Navidad; ni de las condiciones laborales de los trabajadores de un conglomerado bancario, si es una de las empresas accionistas de ese medio o se va a necesitar su financiación.

A esos profesionales nunca hemos de cansarnos de explicarles que, cuando estén atravesando la impoluta moqueta de un ministerio acudiendo a una rueda de prensa de un ministro de trabajo, se acuerden de los inmigrantes sin papeles que viven en la clandestinidad, o de quienes trabajan doce horas al día en condiciones laborales precarias. También ellos tienen muchos asuntos laborales para informar en rueda de prensa. Que cuando les llegue un dossier con brillantes gráficos de barras y quesos de una petrolera que opera en América Latina, piensen en esos indígenas que han expulsado de sus tierras para extraer el petróleo, ellos también podrían facilitar muchos datos para un buen dosier de prensa.

Esas gentes también tienen derecho a ser oídas, su voz también debe ser llevada a nuestras páginas, nuestras ondas o nuestras imágenes. Además, es un derecho de los ciudadanos del mundo escucharles. Es el derecho ciudadano a informar y a ser informado.

En las universidades y en los grandes eventos de comunicación se habla mucho de imparcialidad, independencia y objetividad del periodismo. La información es una guerra, una guerra entre modelos sociales. Entre apologetas de un mundo desigual, injusto, mandando por depravados y auténticos terroristas que imponen a sangre y fuego un modelo económico que condena a muerte a miles de personas en todo el mundo y los que apostamos por estar al servicio de los grupos, movimientos, intelectuales y luchadores que todos los días se juegan la vida por defender otro modelo de mundo posible. Los primeros informan de los oscar del cine, las ruedas de prensa de los grandes conglomerados empresariales o las declaraciones de representantes de instituciones financieras internacionales del mundo rico. Frente a ello, muchos periodistas hemos decidido informar de los crímenes que cometen los paramilitares en América Latina, de cómo son perseguidas las minorías étnicas ahora en el Kosovo otanizado, de las cifras de pobreza de EE.UU. que todos ocultan, de cómo están conspirando para provocar un golpe de estado en Venezuela o de cómo se levantan los indígenas en Bolivia o en Ecuador. Me temo que esta visión del periodismo es otra de las tantas cosas que no se enseñaba en la universidad. Como dice Howard Zinn, no se puede ser neutral viajando en un tren en marcha que circula una velocidad enloquecida y que no dispone de frenos.

Ellos hablan de neutralidad periodística con periodistas empotrados entre las filas del ejército estadounidense en Iraq, de pluralidad informativa cuando sus redactores no salen de la sala de prensa de la Casa Blanca y nunca han visitado un suburbio de Washington o Nueva York, de imparcialidad mientras siguen estigmatizando en sus informaciones a los gobiernos que cometen el delito de recuperar sus recursos naturales para el pueblo; de objetividad pero sus páginas y espacios informativos están reservados para el oropel, el lujo y el glamour de famosos y grandes fortunas. Ellos silencian cientos de miles de hombres y mujeres que han recuperado la vista gracias al trabajo de gobiernos dignos, ignoran las campañas que han logrado que millones de personas aprendan a leer y a escribir, ocultan las movilizaciones de pueblos que exigen tierra y libertad y les llaman terroristas.

No, no se trata de convertir el periodismo en panfleto, pero sí de decir bien alta la verdad y la voz de los sin voz, condenados al ostracismo por un modelo comunicacional miserable al servicio del mercado. A todos los periodistas les digo que esta es una profesión noble y vocacional que ha sido convertida en miserable por los dueños de las empresas que nos obligan a trabajar al dictado de sus intereses. Debemos recuperar la dignidad y servir a la comunidad, a la justicia social, a la soberanía de los pueblos y a las libertades. No será periodismo si no se hace así, como no es medicina curar sólo a quienes tienen dinero para pagarla. Llevar esa causa y esos principios a los medios empotrados en el mercado es tarea difícil, no lo voy a negar. Por eso es imprescindible que todo periodista ponga al servicio de esos ideales sus conocimientos y su trabajo si quiere que la decencia sea emblema e insignia de su vida y su profesión. Los movimientos sociales, los sindicatos, las organizaciones comunitarias, los precarios medios alternativos están necesitados de profesionales comprometidos con otro modelo de periodismo, humanista, social, que apueste por otro orden social más justo. Ni siquiera hablo de militancia, hablo de decencia. La decencia es lo que diferencia al biólogo que trabaja para una multinacional de transgénicos o para una organización ecologista, al abogado que defiende los intereses de una multinacional o los de los trabajadores que exigen un sueldo justo, el militar que dispara contra el pueblo refugiándose en órdenes de superiores o el que combate al lado de la gente. Ninguno de ellos puede ser neutral, ni imparcial, ni objetivo.

Maldigo al poeta que no toma partido, dijo Gabriel Celaya. Yo maldigo al periodista que no toma partido por los pobres, los sin voz, los indígenas, los trabajadores, los humillados, los olvidados, los que sufren, los que resisten, los que luchan (ANC-UTPBA).

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10/03/2008 18:14 Autor: cieloytierra. Enlace permanente. Tema: Observatorio de Medios No hay comentarios. Comentar.

Comunicacion para el cambio social

Del libro “Entre el deseo y la realidad” del Observatorio de Medios-UTPBA

Por Vanina Chiavetta

La discusión y el análisis del papel que tienen los periodistas en la sociedad son temáticas no siempre debidamente atendidas, a pesar de su relevancia. Esta escasa reflexión suele obstaculizar el enriquecimiento de los contenidos en los medios y puede, aun sin intención, dejar traslucir disvalores sociales.

Actualmente son muchos los que comparten la convicción de que el periodismo juega un papel clave en la sociedad moderna y es una herramienta privilegiada por los ciudadanos para conectarse con su país y el resto del mundo. Sin duda, los medios de comunicación tienen la capacidad de impulsar procesos sociales relevantes e instalar visiones sobre diferentes problemáticas en la opinión pública. Por ello, el ejercicio de la libre expresión del pensamiento debe guardar estrecha relación con las necesidades y objetivos de la sociedad, si se quiere evitar que unos pocos grupos vinculados con los centros de decisión económica y política administren la comunicación en su beneficio.

La verdadera fortaleza del periodismo es dar a la gente la confianza y la convicción para apropiarse tanto del proceso como de los contenidos de la comunicación dentro de sus comunidades.

Como siempre que puede y debe haber una forma mejor de hacer periodismo, nos pusimos en la tarea de encontrarla. Le pedimos a muchas personas de gran talento, que se unieran a nuestra pesquisa bajo una premisa simple: es posible encontrar formas efectivas de usar la disciplina de la comunicación para contribuir a acelerar el ritmo del desarrollo. Sabemos que cuando la comunicación se convierte en un elemento integral del proceso de desarrollo y se la ejecuta inteligentemente, el proceso de desarrollo es más sostenible. Y también creemos que una intensa labor proselitista es necesaria para contribuir a que la comunicación sea aceptada como el factor integral que es, dentro del proceso de desarrollo.

La comunicación para el cambio social es una forma particular de hacer comunicación y una de las pocas aproximaciones que puede ser sostenible. Esta sostenibilidad se debe, en gran medida, a que los individuos y comunidades afectadas se han apropiado tanto del mensaje como del medio, del contenido y del proceso.

Free Way FM es un producto surgido en la era menemista, que irrumpe en la radio intentando construir un espacio contrahegemónico de información. Las noticias difundidas no son seleccionadas de acuerdo a las pautas establecidas por la agenda mediática.

Desde el primer día, y a lo largo de estos casi 10 años de trabajo comunitario, nos Comprometimos con una nueva agenda para la comunicación: con una comunicación que otorga poder (empodera, “empowers”) a la comunidad, que va de “muchos-a-muchos” (horizontal vs. de arriba-abajo), que le da voz a los hasta entonces no escuchados y que hace énfasis en contenidos y propiedad locales. Las acciones a seguir, sobre las que nos pusimos de acuerdo después de largas deliberaciones, incluyen el compromiso de convencer a otros del valor de esta aproximación (ampliar el debate), publicar artículos sobre la eficacia de este enfoque y continuar estudiando sus perspectivas en un escenario regional.

La información en la sociedad no se reduce a permitirle a la gente saber lo que debería hacer o pensar. La información es poder: le permite a los individuos y comunidades darle sentido a sus vidas y forma a sus aspiraciones. Es decir, tomar el control de sus propias vidas.

En muchas regiones del mundo la gente tiene muy poco acceso a información proveniente de fuera de su comunidad, información que le permitiría encontrar ese “sentido”. Pero en nuestras sociedades, a pesar de las múltiples posibilidades de acceso a la información, sectores de la población, históricamente marginados y excluidos, continúan “sin voz” e “invisibles”, porque quienes controlan los canales de información se niegan a compartir equitativamente el acceso a ella. Los principios de la comunicación para el cambio social están enfocados hacia el uso de una comunicación directa, de “muchos-hacia-muchos”, originada en las mismas comunidades afectadas.

Comunicación significa la posibilidad de construir opinión pública y conciencia crítica, en la medida de que se haga desde un lugar que respete los intereses populares. Se puede construir desde dos lugares: desde los medios del sistema como predominio de la cultura que domina o desde los medios que buscan, desde la construcción de lo alternativo, producir gestiones a través de una información calificada y un pensamiento crítico. Estos segundos somos los menos, pero aun siendo los menos estamos generando una calidad de experiencia inédita en la comunicación argentina.

Finalmente, mucha de la disconformidad que los periodistas manifiestan con respecto al medio en el que trabajan puede ser canalizada de forma más productiva si se realizan propuestas estimulantes. La sociedad debe exigirnos que los informemos para tomar decisiones políticas, es decir, que les devolvamos el derecho a ser “ciudadanos de alta intensidad”.

Para ello, la información no debe olvidarse del contexto en el cual se producen las noticias, es decir, de la historia de los sucesos.

La sociedad no nos necesita tal cual somos, sí nos necesitan de otra manera. Nosotros, los periodistas, necesitamos ser distintos para poder conservar la autoridad de la palabra, para darle un sustento, para no vaciarla de todo su sentido.

El análisis sobre el papel de los medios se entronca con los instrumentos disponibles para preservar el mundo de valores y dotar a las nuevas generaciones de capacidad crítica. Alimentar la responsabilidad ciudadana, la maduración de las personalidades, la integración de la comunidad, el ámbito personal de libertad, de expresión y de acceso a la información son todos objetivos propios de los medios de comunicación responsables (ANC-UTPBA).

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10/03/2008 17:57 Autor: cieloytierra. Enlace permanente. Tema: Observatorio de Medios No hay comentarios. Comentar.

Pensando en voz alta

Del libro “Entre el deseo y la realidad” del Observatorio de Medios-UTPBA
(Por Guillermo Blanco).-
Mirar al otro lado de la pantalla o al que escucha o al que lee como lo que es: el único depositario del resultado de nuestro trabajo, hecho con sublime respeto. Jugar al límite de nuestras posibilidades para tratar de informar de la mejor manera posible. Vencer a cada instante la infecciosa enfermedad que implica el ego, el narcisismo, la veleidad, es decir, la epidemia mediática que suele alcanzar a los más inmunizados.

Tener humildad al informar, no usar el oficio para ningún otro fin que no esté orientado a informar con veracidad.

En qué rincón del arcón habrán quedado estas máximas del oficio para aquellos que se dejaron arrastrar por el atajo para llegar a una estación de la que no se regresa jamás.

“Pero qué hacer hermano debajo de la lluvia, como un desopilante inspector de cornisas...”. Esta y otras preguntas afines ya se formulaba ese genio de la palabra y el compromiso que fue Armando Tejada Gómez, allá por los ’70. Se veía venir como una tromba, un aluvión de plaga que con el tiempo fue devorándolo todo. El tejido social se fue desmembrando y en lo que respecta al periodismo, de arriba hacia abajo y viceversa, se fue construyendo un poder perverso y aquellos que quisieron seguir manteniendo sus ideales y la defensa a ultranza del oficio, quedaron excluidos del sistema. Como en tantas otras actividades.

Así llegamos a este presente ingrato, en el que se agrede a la gente indefensa con ofertas de bajo nivel intelectual y moral.

Moral en el sentido de respeto.

Moral en el sentido de responsabilidad.

Moral en el sentido de reivindicación de valores que vienen desde el fondo de la condición humana. Y que hoy no abundan por las calles embarradas del oficio.

Uno no deja de ser un apocalíptico optimista, pero cuesta digerir las decisiones empresariales que en la televisión condicionan todo al raiting, y por qué no a aquellos que ponen su mirada para sumar puntos y vencer a otros que están en lo mismo. Sin darse cuenta que, a la larga, esa manera de vivir servirá de referencia para lo que no hay que hacer. Porque ya ni con Maradona se gana el partido, ante un bodrio universal sin el menor sustento racional como la competencia vencedora según cuenta la historia oficial.

“Pero qué hacer hermano debajo de la lluvia, donde la Coca Cola se mata de la risa”, seguía preguntándose Armando y aún hoy no le encontramos la vuelta, aunque si bien no sabemos qué hacer, al menos nos negamos a transitar el camino de quienes manejan todo.

Hay algunos remedios para la gripe viral, como, por ejemplo, prestar atención a cada posibilidad de noticia que llega en épocas pre electorales, donde se mezcla tanto la carne podrida con la sana, y donde tanto carnicero traiciona al oficio por unos gramos de prebendas que lo acercan al banco pero lo alejan de la gente y de los sueños que alguna vez pudo tener.

Pero ahí, aunque suene contradictorio, es donde aparece el optimismo. Es cuando uno mira a tanto anónimo que sigue informando con vocación, dejando la vida tras un teclado, con sueldo resbaladizo, aunque con dignidad cada vez más firme. Con inestabilidad laboral, pero el cuero curtido como para hacerle frente a una realidad complicada. Y tratando de aprender de la historia para seguir dando la lucha después de haber tomado la posta de los que ya no están (ANC-UTPBA).

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10/03/2008 17:44 Autor: cieloytierra. Enlace permanente. Tema: Observatorio de Medios No hay comentarios. Comentar.


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