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CIELO Y TIERRA - ¿QUIÉN DIJO QUE TODO ESTÁ PERDIDO?

Observatorio de Medios

Mensaje opositor en favor de la libertad de prensa

http://www.parlamentario.com/noticia-14193.html

Preocupa a la SIP la intención de vigilar a los medios

Creación del Observatorio. La titular del Inadi relativizó su función 

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) expresó su preocupación por "el anuncio del gobierno argentino de crear un organismo estatal para vigilar a los medios de comunicación", al rechazar la constitución de un Observatorio de Medios, anunciado por la presidenta Cristina Kirchner,

En tanto, la titular del Instituto Nacional contra la Discriminación y la Xenofobia (Inadi) e integrante del organismo, María José Lubertino, intentó relativizar las atribuciones del observatorio al señalar que "no monitorea contenidos y sus informes no tienen carácter punitivo".

En su declaración, la SIP cita la decisión de Cristina Kirchner de convocar a las universidades estatales para "reflotar la creación de un Observatorio de Medios, cuyo objetivo serviría para que se garantice un relato mediático que brinde cabida a todas las opiniones". Respecto de este tema, en la página 20, LA NACION publica el editorial "La obsesión de controlar a la prensa".

"Siempre nos ponemos en alerta cada vez que vemos la intervención de un gobierno en asuntos que pueden socavar la libertad de prensa", dijo el presidente de la SIP, Earl Maucker, editor del diario Sun-Sentinel del Sur , de Florida. Agregó que la prensa argentina "da muestras de una riqueza plural de opiniones, por lo que no entendemos por qué el Gobierno desea intervenir en cuestiones que sólo le competen a la sociedad civil".

El organismo que agrupa a editores del continente reiteró que "el gobierno argentino debería respaldar otros mecanismos en favor de la libertad de prensa, sobre los que la SIP viene reclamando en la Argentina".

La SIP señaló en su comunicado que, durante la gestión de Néstor Kirchner, solicitó "en varias oportunidades, y a través de dos misiones enviadas a la Argentina, que cesara una postura oficial de discriminación informativa y en el otorgamiento de publicidad oficial y dádivas como métodos de premio y castigo para medios y periodistas".

La visión del Inadi

En diálogo con LA NACION, Lubertino dijo que el organismo que ella integra se limita observar si la radio y la TV cometen actos de discriminación.

¿Se vigilará a los medios?, preguntó LA NACION a la funcionaria. Y respondió: "De ninguna manera. No es el objetivo del Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión. Al sumarse los académicos, se enriquecerá el organismo. Los medios tienen que ser los primeros aliados contra la discriminación". Y aclaró que el Observatorio "no es sobre los contenidos en los medios y trabaja con el Código de Etica de Fopea (Foro de Periodismo Argentino)".

Consultada sobre la posibilidad de que la función del Observatorio pudiera incluir un futuro control sobre todos los medios, se abstuvo de opinar: "Creo que contribuyo poco si opino a título personal. Y como presidenta del Inadi digo que el Observatorio no se ocupa ni del funcionamiento ni de la política de los medios", explicó.

Pese a que en su momento Lubertino intentó públicamente morigerar los exabruptos y la violencia del dirigente piquetero Luis D´Elía, ayer dijo que "todos los hechos de violencia física y verbal son repudiables. En las últimas semanas nos vimos rompiendo frenos inhibitorios. Apareció con brutalidad algo que está de manera imperceptible en la vida cotidiana de muchos argentinos, como son los enfrentamientos verbales altamente discriminatorios".

Lubertino se mantuvo aferrada al Observatorio, cuya "puesta en valor se da a partir de que se descubre su existencia. En caso de duda, estamos en favor de la libertad de expresión. Y cuando vemos una discriminación flagrante, llamamos a los medios o las agencias de publicidad y dialogamos. La mayoría de las veces, se corrigen los mensajes. Otras veces no". Ataques a Clarín

  • Un fuerte debate se suscitó anoche en el programa A dos voces , de la señal TN, cuando el dirigente Luis D´Elía atacó con dureza al Grupo Clarín. Luego de debatir con el diputado Fernando Iglesias (Coalición Cívica), acusó a Clarín de ejercer "monopolio y dictadura mediática". Ante la mirada de los periodistas Gustavo Sylvestre y Marcelo Bonelli, que le replicaron sus ataques. D Elía criticó la fusión de Cablevisión y Multicanal y otras inversiones del grupo. Por la tarde, en un acto de la presidenta Cristina Kirchner en Bernal, militantes kirchneristas mostraron carteles con las leyendas " Clarín miente" y " TN Todo Negativo".

Otro periodismo tambien es posible

Del libro “Entre el deseo y la realidad” del Observatorio de Medios-UTPBA

Por Pascual Serrano

Son numerosas las ocasiones en que cuando participo en conferencias o tertulias sobre comunicación alternativa donde asisten profesionales jóvenes me preguntan sobre cómo afrontar la aparenta incompatibilidad entre servir a un modelo periodístico alternativo al de las grandes empresas y desenvolverse en un panorama dominante por estas empresas.

El modelo económico vigente en el neoliberalismo arroja a los profesionales de la comunicación a un futuro laboral que suele ser en gabinetes de comunicación al servicio de imágenes corporativas y empresariales, o bien a medios de comunicación con instrucciones precisas de servir diligentemente a accionistas y anunciantes. Medios donde no existe participación colectiva en la toma de decisiones, donde los contenidos están condicionados a presiones de lobbys empresariales, anunciantes que no permiten contenidos críticos hacia sus firmas y con agendas informativas pautadas por resultados de rentabilidad económica a costa de empobrecer la investigación periodística o el trabajo riguroso.

Yo soy consciente de que los estudiantes aspiran a licenciarse en periodismo, trabajar de periodistas y vivir de ello. A esos profesionales yo les quiero siempre recordar que tenemos una obligación moral, la obligación moral de informar al mundo sobre tantas y tantas luchas de hombres y mujeres que combaten por su supervivencia y su dignidad. Ellos no organizan lujosas ruedas de prensa, ni invitan a cenar a los periodistas, ni ofrecen bonitos y esplendorosos dosiers de prensa en papel couché. Los jefes de las empresas que contratan a los jóvenes periodistas no tienen ningún interés por llevar a la sociedad la verdad, ellos son dueños o asalariados al servicio de un proyecto económico. No van a denunciar las masacres del gobierno kuwaití si peligra la publicidad de las petroleras; ni van a informar de los despidos de una cadena de supermercados en plena campaña de Navidad; ni de las condiciones laborales de los trabajadores de un conglomerado bancario, si es una de las empresas accionistas de ese medio o se va a necesitar su financiación.

A esos profesionales nunca hemos de cansarnos de explicarles que, cuando estén atravesando la impoluta moqueta de un ministerio acudiendo a una rueda de prensa de un ministro de trabajo, se acuerden de los inmigrantes sin papeles que viven en la clandestinidad, o de quienes trabajan doce horas al día en condiciones laborales precarias. También ellos tienen muchos asuntos laborales para informar en rueda de prensa. Que cuando les llegue un dossier con brillantes gráficos de barras y quesos de una petrolera que opera en América Latina, piensen en esos indígenas que han expulsado de sus tierras para extraer el petróleo, ellos también podrían facilitar muchos datos para un buen dosier de prensa.

Esas gentes también tienen derecho a ser oídas, su voz también debe ser llevada a nuestras páginas, nuestras ondas o nuestras imágenes. Además, es un derecho de los ciudadanos del mundo escucharles. Es el derecho ciudadano a informar y a ser informado.

En las universidades y en los grandes eventos de comunicación se habla mucho de imparcialidad, independencia y objetividad del periodismo. La información es una guerra, una guerra entre modelos sociales. Entre apologetas de un mundo desigual, injusto, mandando por depravados y auténticos terroristas que imponen a sangre y fuego un modelo económico que condena a muerte a miles de personas en todo el mundo y los que apostamos por estar al servicio de los grupos, movimientos, intelectuales y luchadores que todos los días se juegan la vida por defender otro modelo de mundo posible. Los primeros informan de los oscar del cine, las ruedas de prensa de los grandes conglomerados empresariales o las declaraciones de representantes de instituciones financieras internacionales del mundo rico. Frente a ello, muchos periodistas hemos decidido informar de los crímenes que cometen los paramilitares en América Latina, de cómo son perseguidas las minorías étnicas ahora en el Kosovo otanizado, de las cifras de pobreza de EE.UU. que todos ocultan, de cómo están conspirando para provocar un golpe de estado en Venezuela o de cómo se levantan los indígenas en Bolivia o en Ecuador. Me temo que esta visión del periodismo es otra de las tantas cosas que no se enseñaba en la universidad. Como dice Howard Zinn, no se puede ser neutral viajando en un tren en marcha que circula una velocidad enloquecida y que no dispone de frenos.

Ellos hablan de neutralidad periodística con periodistas empotrados entre las filas del ejército estadounidense en Iraq, de pluralidad informativa cuando sus redactores no salen de la sala de prensa de la Casa Blanca y nunca han visitado un suburbio de Washington o Nueva York, de imparcialidad mientras siguen estigmatizando en sus informaciones a los gobiernos que cometen el delito de recuperar sus recursos naturales para el pueblo; de objetividad pero sus páginas y espacios informativos están reservados para el oropel, el lujo y el glamour de famosos y grandes fortunas. Ellos silencian cientos de miles de hombres y mujeres que han recuperado la vista gracias al trabajo de gobiernos dignos, ignoran las campañas que han logrado que millones de personas aprendan a leer y a escribir, ocultan las movilizaciones de pueblos que exigen tierra y libertad y les llaman terroristas.

No, no se trata de convertir el periodismo en panfleto, pero sí de decir bien alta la verdad y la voz de los sin voz, condenados al ostracismo por un modelo comunicacional miserable al servicio del mercado. A todos los periodistas les digo que esta es una profesión noble y vocacional que ha sido convertida en miserable por los dueños de las empresas que nos obligan a trabajar al dictado de sus intereses. Debemos recuperar la dignidad y servir a la comunidad, a la justicia social, a la soberanía de los pueblos y a las libertades. No será periodismo si no se hace así, como no es medicina curar sólo a quienes tienen dinero para pagarla. Llevar esa causa y esos principios a los medios empotrados en el mercado es tarea difícil, no lo voy a negar. Por eso es imprescindible que todo periodista ponga al servicio de esos ideales sus conocimientos y su trabajo si quiere que la decencia sea emblema e insignia de su vida y su profesión. Los movimientos sociales, los sindicatos, las organizaciones comunitarias, los precarios medios alternativos están necesitados de profesionales comprometidos con otro modelo de periodismo, humanista, social, que apueste por otro orden social más justo. Ni siquiera hablo de militancia, hablo de decencia. La decencia es lo que diferencia al biólogo que trabaja para una multinacional de transgénicos o para una organización ecologista, al abogado que defiende los intereses de una multinacional o los de los trabajadores que exigen un sueldo justo, el militar que dispara contra el pueblo refugiándose en órdenes de superiores o el que combate al lado de la gente. Ninguno de ellos puede ser neutral, ni imparcial, ni objetivo.

Maldigo al poeta que no toma partido, dijo Gabriel Celaya. Yo maldigo al periodista que no toma partido por los pobres, los sin voz, los indígenas, los trabajadores, los humillados, los olvidados, los que sufren, los que resisten, los que luchan (ANC-UTPBA).

Comunicacion para el cambio social

Del libro “Entre el deseo y la realidad” del Observatorio de Medios-UTPBA

Por Vanina Chiavetta

La discusión y el análisis del papel que tienen los periodistas en la sociedad son temáticas no siempre debidamente atendidas, a pesar de su relevancia. Esta escasa reflexión suele obstaculizar el enriquecimiento de los contenidos en los medios y puede, aun sin intención, dejar traslucir disvalores sociales.

Actualmente son muchos los que comparten la convicción de que el periodismo juega un papel clave en la sociedad moderna y es una herramienta privilegiada por los ciudadanos para conectarse con su país y el resto del mundo. Sin duda, los medios de comunicación tienen la capacidad de impulsar procesos sociales relevantes e instalar visiones sobre diferentes problemáticas en la opinión pública. Por ello, el ejercicio de la libre expresión del pensamiento debe guardar estrecha relación con las necesidades y objetivos de la sociedad, si se quiere evitar que unos pocos grupos vinculados con los centros de decisión económica y política administren la comunicación en su beneficio.

La verdadera fortaleza del periodismo es dar a la gente la confianza y la convicción para apropiarse tanto del proceso como de los contenidos de la comunicación dentro de sus comunidades.

Como siempre que puede y debe haber una forma mejor de hacer periodismo, nos pusimos en la tarea de encontrarla. Le pedimos a muchas personas de gran talento, que se unieran a nuestra pesquisa bajo una premisa simple: es posible encontrar formas efectivas de usar la disciplina de la comunicación para contribuir a acelerar el ritmo del desarrollo. Sabemos que cuando la comunicación se convierte en un elemento integral del proceso de desarrollo y se la ejecuta inteligentemente, el proceso de desarrollo es más sostenible. Y también creemos que una intensa labor proselitista es necesaria para contribuir a que la comunicación sea aceptada como el factor integral que es, dentro del proceso de desarrollo.

La comunicación para el cambio social es una forma particular de hacer comunicación y una de las pocas aproximaciones que puede ser sostenible. Esta sostenibilidad se debe, en gran medida, a que los individuos y comunidades afectadas se han apropiado tanto del mensaje como del medio, del contenido y del proceso.

Free Way FM es un producto surgido en la era menemista, que irrumpe en la radio intentando construir un espacio contrahegemónico de información. Las noticias difundidas no son seleccionadas de acuerdo a las pautas establecidas por la agenda mediática.

Desde el primer día, y a lo largo de estos casi 10 años de trabajo comunitario, nos Comprometimos con una nueva agenda para la comunicación: con una comunicación que otorga poder (empodera, “empowers”) a la comunidad, que va de “muchos-a-muchos” (horizontal vs. de arriba-abajo), que le da voz a los hasta entonces no escuchados y que hace énfasis en contenidos y propiedad locales. Las acciones a seguir, sobre las que nos pusimos de acuerdo después de largas deliberaciones, incluyen el compromiso de convencer a otros del valor de esta aproximación (ampliar el debate), publicar artículos sobre la eficacia de este enfoque y continuar estudiando sus perspectivas en un escenario regional.

La información en la sociedad no se reduce a permitirle a la gente saber lo que debería hacer o pensar. La información es poder: le permite a los individuos y comunidades darle sentido a sus vidas y forma a sus aspiraciones. Es decir, tomar el control de sus propias vidas.

En muchas regiones del mundo la gente tiene muy poco acceso a información proveniente de fuera de su comunidad, información que le permitiría encontrar ese “sentido”. Pero en nuestras sociedades, a pesar de las múltiples posibilidades de acceso a la información, sectores de la población, históricamente marginados y excluidos, continúan “sin voz” e “invisibles”, porque quienes controlan los canales de información se niegan a compartir equitativamente el acceso a ella. Los principios de la comunicación para el cambio social están enfocados hacia el uso de una comunicación directa, de “muchos-hacia-muchos”, originada en las mismas comunidades afectadas.

Comunicación significa la posibilidad de construir opinión pública y conciencia crítica, en la medida de que se haga desde un lugar que respete los intereses populares. Se puede construir desde dos lugares: desde los medios del sistema como predominio de la cultura que domina o desde los medios que buscan, desde la construcción de lo alternativo, producir gestiones a través de una información calificada y un pensamiento crítico. Estos segundos somos los menos, pero aun siendo los menos estamos generando una calidad de experiencia inédita en la comunicación argentina.

Finalmente, mucha de la disconformidad que los periodistas manifiestan con respecto al medio en el que trabajan puede ser canalizada de forma más productiva si se realizan propuestas estimulantes. La sociedad debe exigirnos que los informemos para tomar decisiones políticas, es decir, que les devolvamos el derecho a ser “ciudadanos de alta intensidad”.

Para ello, la información no debe olvidarse del contexto en el cual se producen las noticias, es decir, de la historia de los sucesos.

La sociedad no nos necesita tal cual somos, sí nos necesitan de otra manera. Nosotros, los periodistas, necesitamos ser distintos para poder conservar la autoridad de la palabra, para darle un sustento, para no vaciarla de todo su sentido.

El análisis sobre el papel de los medios se entronca con los instrumentos disponibles para preservar el mundo de valores y dotar a las nuevas generaciones de capacidad crítica. Alimentar la responsabilidad ciudadana, la maduración de las personalidades, la integración de la comunidad, el ámbito personal de libertad, de expresión y de acceso a la información son todos objetivos propios de los medios de comunicación responsables (ANC-UTPBA).

Pensando en voz alta

Del libro “Entre el deseo y la realidad” del Observatorio de Medios-UTPBA
(Por Guillermo Blanco).-
Mirar al otro lado de la pantalla o al que escucha o al que lee como lo que es: el único depositario del resultado de nuestro trabajo, hecho con sublime respeto. Jugar al límite de nuestras posibilidades para tratar de informar de la mejor manera posible. Vencer a cada instante la infecciosa enfermedad que implica el ego, el narcisismo, la veleidad, es decir, la epidemia mediática que suele alcanzar a los más inmunizados.

Tener humildad al informar, no usar el oficio para ningún otro fin que no esté orientado a informar con veracidad.

En qué rincón del arcón habrán quedado estas máximas del oficio para aquellos que se dejaron arrastrar por el atajo para llegar a una estación de la que no se regresa jamás.

“Pero qué hacer hermano debajo de la lluvia, como un desopilante inspector de cornisas...”. Esta y otras preguntas afines ya se formulaba ese genio de la palabra y el compromiso que fue Armando Tejada Gómez, allá por los ’70. Se veía venir como una tromba, un aluvión de plaga que con el tiempo fue devorándolo todo. El tejido social se fue desmembrando y en lo que respecta al periodismo, de arriba hacia abajo y viceversa, se fue construyendo un poder perverso y aquellos que quisieron seguir manteniendo sus ideales y la defensa a ultranza del oficio, quedaron excluidos del sistema. Como en tantas otras actividades.

Así llegamos a este presente ingrato, en el que se agrede a la gente indefensa con ofertas de bajo nivel intelectual y moral.

Moral en el sentido de respeto.

Moral en el sentido de responsabilidad.

Moral en el sentido de reivindicación de valores que vienen desde el fondo de la condición humana. Y que hoy no abundan por las calles embarradas del oficio.

Uno no deja de ser un apocalíptico optimista, pero cuesta digerir las decisiones empresariales que en la televisión condicionan todo al raiting, y por qué no a aquellos que ponen su mirada para sumar puntos y vencer a otros que están en lo mismo. Sin darse cuenta que, a la larga, esa manera de vivir servirá de referencia para lo que no hay que hacer. Porque ya ni con Maradona se gana el partido, ante un bodrio universal sin el menor sustento racional como la competencia vencedora según cuenta la historia oficial.

“Pero qué hacer hermano debajo de la lluvia, donde la Coca Cola se mata de la risa”, seguía preguntándose Armando y aún hoy no le encontramos la vuelta, aunque si bien no sabemos qué hacer, al menos nos negamos a transitar el camino de quienes manejan todo.

Hay algunos remedios para la gripe viral, como, por ejemplo, prestar atención a cada posibilidad de noticia que llega en épocas pre electorales, donde se mezcla tanto la carne podrida con la sana, y donde tanto carnicero traiciona al oficio por unos gramos de prebendas que lo acercan al banco pero lo alejan de la gente y de los sueños que alguna vez pudo tener.

Pero ahí, aunque suene contradictorio, es donde aparece el optimismo. Es cuando uno mira a tanto anónimo que sigue informando con vocación, dejando la vida tras un teclado, con sueldo resbaladizo, aunque con dignidad cada vez más firme. Con inestabilidad laboral, pero el cuero curtido como para hacerle frente a una realidad complicada. Y tratando de aprender de la historia para seguir dando la lucha después de haber tomado la posta de los que ya no están (ANC-UTPBA).