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CIELO Y TIERRA - ¿QUIÉN DIJO QUE TODO ESTÁ PERDIDO?

Derechos Humanos

Los indios de Raposa do Sol ganan la guerra

El Supremo brasileño ordena la salida inmediata de los arroceros que invadieron parte de la reserva indígena

JUAN ARIAS - Río de Janeiro - 19/03/2009

Tras años de luchas contra los arroceros que invadieron parte de la reserva indígena Raposa do Sol, en el Estado brasileño de Roraima, de 1,7 millones de hectáreas, donde viven 20.000 indios, éstos han ganado este jueves la batalla final. El Supremo Tribunal Federal dio su voto definitivo a favor de los indígenas. Ahora todos los no indios que desde hace años estaban incrustados en la reserva tendrán que abandonarla. El tribunal ha decidido también que la retirada sea inmediata.

El voto fue casi por unanimidad: votaron a favor diez de los 11 jueces del tribunal. Votó en contra sólo el magistrado Marco Aurelio Mello, que leyó un alegato de 120 páginas durante seis horas. La decisión del Supremo, que ya a finales del año pasado había votado mayoritariamente a favor de mantener la reserva para los indígenas, había sido aplazada hasta ahora por petición del magistrado Mello, que quería seguir reflexionando sobre el tema.

En 2005, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva había decidido la entrega de la reserva a los indígenas y la salida de los arroceros, pero las autoridades del Estado de Roraima, favorables a los arroceros, acudieron al Supremo considerando el decreto presidencial anticonstitucional. El Supremo decidió este jueves definitivamente la cuestión.

Ahora los arroceros y todos los no indios que están en la reserva tendrán que abandonarla definitivamente. El Supremo aún tendrá que dilucidar algunas cuestiones levantadas incluso por los magistrados que votaron a favor de los indígenas. Por ejemplo, cómo indemnizar a todos aquellos que tendrán que dejar sus actividades en la reserva, o qué hacer con los blancos que, por ejemplo, están casados con indígenas y tienen hijos con ellas. O bien cuáles serán los plazos para la retirada de los no indios o quiénes serán los encargados de llevar a cabo la salida de los no indios del lugar.

La importancia de la sentencia del Supremo a favor de los indios de Roraima radica en el hecho de que decenas de otras reservas esperan también una decisión definitiva desde hace años y que ahora podrá ser agilizada con dicha sentencia, que sin duda creará jurisprudencia.

Los indios favorables a la presencia de los blancos en la reserva, los más ricos, asistieron durante todo el día a las discusiones en directo de los magistrados del Supremo a través de la televisión. Los indígenas contrarios a la presencia de los arroceros, sin televisión ni radio, llamaban a los líderes comunitarios presentes en Boa Vista, capital de Roraima, por un teléfono público. Cerca de mil indígenas comenzaron los festejos con cantos y danzas antes aún de saber el resultado definitivo pero que se anunciaba favorable a ellos enarbolando pancartas en las que agradecían a los magistrados su decisión.

Fuente: El País

"Asesinadas en Ciudad Juárez"

Peter Gabriel intercede por Ciudad Juárez

Peter Gabriel ha recibido las firmas de unas mil personas para pedir al presidente mexicano Felipe Calderón que actúe contra los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez. El cantante pretende entregar una carta a Calderón el próximo 27, día de su primer concierto en México, en la que pide a las autoridades que actúen contra las desapariciones y muertes de mujeres en esa ciudad. En 2007, Gael García Bernal y Diego Luna participaron en una cena de recaudación de fondos para dotar de recursos a la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, otra agrupación civil, y a la ONG de Gabriel.

REUTERS - 2009-03-18

Delitos, Drogas, Abusos y Explotación en

"Los abusos sexuales son sólo la punta del témpano"

Un ex Legionario de Cristo y sacerdote confió a lanacion.com cómo es por dentro la polémica orden católica fundada por Marcial Maciel, que podría ser intervenida por el Vaticano y que ya pisó la Argentina

Noticias de Exterior: anterior | siguiente
Martes 17 de marzo de 2009

Por Francisco Jueguen
De la Redacción de lanacion.com
fjueguen@lanacion.com.ar

La Fe puede ser, a veces, el vehículo de la corrupción, el abuso de poder y el dinero. Esos diferentes puntos cardinales confluyen, según el ex sacerdote Paul Lennon, en la polémica orden católica de los Legionarios de Cristo fundada en 1941 en México por el carismático padre Marcial Maciel, fallecido hace cerca de un año.

"Los abusos sexuales son sólo la punta del témpano", denunció en una entrevista exclusiva a lanacion.com el ex legionario, irlandés pero criado en México, que decidió alejarse de la orden tras 23 años de participación activa. Cuatro años después dejó el sacerdocio y comenzó a apoyar a las víctimas en ReGain (Religious Groups Awareness Internacional Network) donde trabaja como terapeuta de salud mental.

Los Legionarios de Cristo, una de las congregaciones más conservadoras de la Iglesia Católica, volvieron a la escena mundial la semana pasada cuando se conoció que el Vaticano podría nombrar un Visitador Apostólico para salvar a la orden de una posible disolución tras más de 40 años de denuncias de abusos sexuales.

"Los millonarios de Cristo", como se los suele caracterizar, suman cientos de instituciones con un presupuesto cercano a los US$ 650 millones. Cerca de 400.000 adherentes alrededor del mundo forman el Regnum Christi, su brazo laico. Incluso en la Argentina, donde llegaron de la mano de cardenal Antonio Quarracino en 1994, son los dueños de los colegios Oakhill y Betania.

Lennon estimó que la pedofília, "que ha dañado fuertemente la imagen y la realidad de la Iglesia", es sólo una parte de los crímenes de una orden que califica como "manipuladora" y a la que los rumores la asocian actualmente con el lavado de dinero. Sobre su experiencia señaló: "Tuve que reformar casi totalmente mi relación con Dios, con Cristo y con la Iglesia".

- Más allá de los rumores, ¿Existen documentos que certifiquen abusos a menores y la pedofilia en la orden de los Legionarios de Cristo? ¿Puede contar algún caso concreto?

- Existen abusos dentro de la orden, sobre todo de legionarios sobre otros legionarios o sobre estudiantes. Es difícil saber de denuncias porque estas muchas veces no son públicas. En cuanto a los delitos de [el padre Marcial] Maciel se estimó, durante la investigación que realizó el Vaticano en 2005, que entre 25 y 100 ex seminaristas presentaron quejas en su contra. Estos abusos se cometieron entre 1940-60 en España y Roma, y las víctimas eran mexicanos y españoles. En mis memorias añado el testimonio de un compañero mío irlandés, Michael Caheny, que atestigua haber sido abusado por Maciel en los ´60. Usó con él su método de siempre: lo llamaba a su habitación donde le encontraban en cama y en pijamas, habitualmente quejándose de un dolor de estomago. Le pedía un masaje y luego le bajaba la mano poco a poco. En muchos casos Maciel inició a los seminaristas en la experiencia sexual, por lo que ellos quedaban muy confundidos acerca de lo que pasó y de su propia sexualidad. Hoy tenemos diez casos concretos, pero esto no significa nada: la mayoría de las víctimas de abuso sexual nunca avisan. Además, Maciel fue experto en callar a sus acusadores, sea por vía legal o por amenazas y sobornos. En general es dificilísimo recabar datos de lo que pasa dentro de la Legión debido al silencio absoluto que se guarda y el control de toda información que entra o sale. Se controlan cartas, emails y teléfonos.

- Usted fue un Legionario de Cristo, ¿por qué decidió ingresar en la orden y por qué se fue? ¿Cuáles son las principales características que definen o caracterizan esta orden?

- Yo tenía 17 años cuando fui reclutado por un legionario, un seminarista mexicano que se presentaba como sacerdote. Mi generación era muy religiosa, idealista, generosa e ingenua- y se me hacía muy atractivo hacerme misionero para America latina. Después de un tiempo me di cuenta que la Legión se dedicaba a los líderes, y más tarde, noté que se trataba de líderes ricos, en su mayoría. La Legión me iba cambiando las reglas poco a poco, casi sin que yo me diera cuenta. Sólo después de muchos años entendí que era verticalista y conservadora. Yo nunca trabajé con el Regnum Christi, pues tal concepto no se introdujo hasta después de mi ingreso. Aunque eso no importa, porque la Legión es un camaleón que va cambiando según el ambiente en el que se mueve. Lo que pasa es que el sector de católicos ricos y conservadores ha sido un terreno muy fértil para su sistema de reclutamiento y recaudación de fondos acercando influencia y poder.

"Además, Maciel fue experto en callar a sus acusadores, sea por vía legal o por amenazas y sobornos".

- ¿Fue usted víctima de algún delito sexual dentro de la orden de los Legionarios de Cristo? ¿Pudo denunciarla ante la Justicia?

- No fui víctima de abuso sexual en la Legión y nunca experimenté nada de eso durante mis 23 años en la Legión. Pero conociendo personalmente a Maciel y sus mañas, se notaban sus preferencias por ciertos hermanos bien parecidos. Después de escuchar sus testimonios opté a favor de los acusadores. Los resultados de la investigación vaticana del 2005-6 me dieron la razón.

- La posible intervención de los Legionarios de Cristo por parte del Vaticano, ¿cree usted que es una defensa de esta orden que impide su desaparición por los escándalos sexuales que se denuncian permanentemente o significa que, por primera vez, el Vaticano ha decidido tomar cartas en el asunto? ¿Por qué esta orden funcionó siempre al amparo del Vaticano?

- La crítica que hago de la Legión de Cristo no se basa tanto en los abusos sexuales sino en algo mucho más amplio y profundo: la naturaleza controlante y manipuladora de la organización -estilo secta- que ejerce sobre "propios y extraños". La intervención de la que se habla actualmente se haría para que la Legión asuma responsabilidad por los crímenes del Padre Maciel: abuso sexual, uso de grandes cantidades de dinero para su placer personal, drogadicción, encubrimiento de sus delitos por parte del liderazgo, control de los miembros por medio del lavado de cerebro. La Legión está tan bien agarrada, por lo que no creo que desaparezca. Saben controlar el daño y cerrar filas. Es incapaz de reformarse por sus propios medios debido a la corrupción de sus líderes y sistemas internos. Para cambiar necesita una intervención desde fuera. El Padre Maciel fue un genio de relaciones humanas y supo desde muy temprano infiltrarse en la Curia Romana donde buscó apoyo desde los años 1950. Con la ayuda de éstos pudo sobrevivir a una primera intervención Vaticana 1956-9. Sus secuaces piensan que la Legión puede sobrevivir otra vez, capear otra tormenta. Maciel logró el apoyo y la protección de Pío XII, no tanto de Pablo VI. Engatusó a Juan Pablo II y se aprovechó de la foto oportunidad para hacer creer que era amigo personal de este Papa. Juan pablo II cometió el error de elogiar la obra de Maciel y al mismo padre como "ejemplo eficaz para la juventud".

- Se habla de los Legionarios como "los millonarios de Cristo", ¿cuál es la base de su financiamiento? ¿Por qué sumó tantos adeptos a los largo y ancho del mundo?

- En los ´50, la Legión se aprovechó de un vacío que dejaron los jesuitas en México. Estos, con su Instituto Patria, habían sido los educadores de la oligarquía mexicana hasta entonces. Al abandonar los jesuitas su colegio, Maciel fundó la primera escuela primaria y secundaria, el Instituto Cumbres, en la zona más residencial del México de entonces, Lomas de Chapultepec. Logró ganarse a muchas familias muy ricas, algunas de las cuales las cultivó y convirtió en los primeros grandes bienhechores de la Legión. Hay versiones, en estos últimos años, de que Maciel y la Legión se aliaron con el lavado de dinero. Esto a mí no me consta. Sé que los Legionarios tienen el mismo carisma de su fundador: son guapos, tienen facilidad de palabra, y saben vender bien su mercancía. Siempre hay algunos católicos ricos que creen que los Legionarios son lo máximo, de moda entre la gente bien. Además, la Legión nunca cuestiona a los ricos acerca de cómo acumularon sus riquezas. Les dan la sensación de que ellos pueden "salvar el mundo" si ingresan en las filas del Regnum.

"La intervención de la que se habla actualmente se haría para que la Legión asuma responsabilidad por los crímenes del Padre Maciel: abuso sexual, uso de grandes cantidades de dinero para su placer personal, drogadicción, encubrimiento de sus delitos por parte del liderazgo, control de los miembros por medio del lavado de cerebro."

- ¿Cuál es su opinión sobre Marcial Maciel como religioso y cómo persona? The New York Times informó que Maciel tenía una hija de 22 años nacida de una larga relación con una amante y que ésta vivía en España. ¿Qué opina de esto?

- Maciel fue un gran empresario y el más grande recaudador de fondos católico del siglo XX. Desafortunadamente, era pura fachada. Carecía de cualquier escrúpulo de tipo moral, creyendo que el fin, el establecimiento del Reino de Cristo tal y como lo entendía él, justificaba todos los medios. Se ha revelado últimamente que además se daba la gran vida. Pero los Legionarios y los miembros del Regnum Christi sólo veían la superficie y no se daban cuenta de lo que llevaba dentro. Los abusos sexuales son sólo la punta del témpano, son los que atraen la atención del público y escandalizan a los católicos sencillos. En lo personal, yo quizá poseía un olfato para el mal, y llegué a intuir el lado oscuro de Maciel. No lo sé. Aunque yo me esforzaba, él era el supuesto santo fundador y yo un cofundador de la Legión, nunca congeniamos. Mi mente era demasiado "racionalista" y "cuestionante" (sic) para el líder que vivía de la admiración y adoración de sus seguidores. Fui testigo personal y cercano del narcisismo y mezquindad del Padre Maciel. Me pareció que era incapaz de sentimientos humanos y verdadero afecto. Nunca lo creí un santo. Que tuviera una hija me parece menos grave que andar pervirtiendo a sus seminaristas o teniendo sexo con jóvenes indiscriminadamente. El tenía que estar siempre en control y en una posición de superioridad y de poder, una posición de explotación.

- Pese a alejarse de los Legionarios y dejar el sacerdocio, ¿Sigue siendo un hombre de fe?, ¿Cuál es su opinión sobre el Vaticano y sobre la Iglesia?

- Al salir de la Legión en 1984 comencé a recuperarme mental y espiritualmente. Me quedé otros cuatro años en el sacerdocio diocesano donde la pasé mejor que en la Legión. Pero luego abandoné el ministerio y los honores sacerdotales. Me convertí en un simple seglar. Busqué la salud mental y emocional. Tuve que reformar casi totalmente mi relación con Dios, con Cristo y con la Iglesia. Mi vida espiritual y religiosa se ha vuelto más sencilla, y profunda. Me he hecho más escéptico, quizá para protegerme contra las desilusiones y engaños. Critico mesuradamente al Vaticano y a la Iglesia. Pero siempre he sabido distinguir entre lo que comúnmente se llama, "La Iglesia" -que no es más que una parte de la Iglesia, la jerarquía- y la Iglesia verdadera, esa comunidad de todos los creyentes a la que pertenecemos todos por medio del bautismo. No critico demasiado al Papa porque creo que los católicos exigimos demasiado de él. El Vaticano no es más que el gobierno y la burocracia de la Iglesia, lleno de defectos y de pecados, como el resto del mundo.

"Maciel logró el apoyo y la protección de Pío XII, no tanto de Pablo VI. Engatusó a Juan Pablo II y se aprovechó de la ?foto oportunidad? para hacer creer que era amigo personal de este Papa."

- ¿Cómo han impactado, según su opinión, los casos de pedofilia en la imagen y la tarea de la Iglesia?

- La pedofilia ha dañado fuertemente la imagen y la realidad de la Iglesia, pues es un pecado, o crimen, gravísimo. Es lo contrario de la misión y naturaleza de la Iglesia de Cristo. Todo esto se aumenta al doble, en mi opinión, porque muchos católicos no centran su vida en Cristo sino en sus sacerdotes y obispos, atribuyéndoles una santidad y superioridad que en realidad no poseen, y exigiéndoles por tanto una moralidad por encima del común de los católicos. Pero no se puede negar que la pedofília del clero es una "abominación", pues los sacerdotes y obispos pedófilos se han aprovechado de la confianza y fe ciega de los niños y sus familias para abusar de ellos de forma devastadora. A la Legión, como a la Iglesia, este fenómeno le resta influencia, estatura moral, vocaciones, dinero, y participación de los fieles en sus actividades.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1109439

Un Nuevo Día Internacional para pensar

El próximo 8 de Marzo es el día internacional de la mujer. Un día hecho para que nos enteremos nuevamente de lo que ya sabemos ...

''Si llegamos tarde, las mujeres mueren''
Por Silvina Molina | 4.12.2008

Fue contundente la frase de Eleonor Faur, representante del Fondo de población de las Naciones Unidas en Argentina (UNFPA), durante un acto sobre el Día Internacional por la No Violencia hacia las Mujeres, en el marco de los 16 días de activismo propuestos por la ONU en todo el mundo. Las cifras no oficiales indican que cada tres días una mujer es asesinada por un varón en nuestro país.

 

''Tengo la vida suspendida'', decía Inés en un valiente testimonio que brindó en enero de 2007 a Artemisa Noticias*. Es una mujer fuerte, sobreviviente de violencia, de todas las violencias, que más de diez años después de haber denunciado a su ex pareja por golpeador y abusador de sus dos hijos, todavía hoy sigue peleando para que la Justicia deje de tener en suspenso su vida. El agresor no descansa.

El relato de Inés en este portal interesó a Andrea Castro, Adriana Aranda, Romina Maciel y Gisela Nicosia, estudiantes de comunicación de la Universidad de La Matanza. ''La historia de Inés me llegó tanto y me dio tanta bronca, que lo imprimí y se lo llevé a mis compañeras, y decidimos hacer un documental para el taller de televisión'', cuenta Gisela.

En el corto aparece también el testimonio de Susana, otra sobreviviente de la violencia machista que tiene seis hijos y vive en una villa. ''Quisimos mostrar –explica Gisela- que la violencia no distingue clases sociales, y que el dinero y el nivel educativo no alcanzan para que las mujeres puedan protegerse''.

''En cada obra resurjo como ser humano íntegro, ya que sólo quien sufre o sufrió violencia sabe que es una situación que denigra el alma'', se emociona Josefina Dao, que padeció durante treinta años la violencia física y psicológica de un varón. Logró escapar –literalmente- y ahora se dedica a la pintura: ''No estamos acostumbradas a hablar en imágenes, sin embargo ellas tienen códigos que nos permiten  dar a conocer nuestras reflexiones'', comparte.

En su emprendimiento http://arteyviolenciadegenero.blogspot.com/ mucha gente participa como una manera de exorcizar a los demonios; en http://umbrales-arte.blogspot.com/ están las imágenes de la antesala de la violencia, y en http://recintos-arte.blogspot..com/ ''el escenario mismo de la violencia''.
 
Inés, Susana, Josefina. Tres nombres para ponerle identidad al padecimiento de miles de mujeres que sufren violencia por el hecho de ser mujeres. Violencia que en nuestro país –según estimaciones de Artemisa Noticias y de Amnistía Internacional en base a un monitoreo de medios de comunicación- superará los 100 asesinatos a manos de sus parejas o ex parejas en 2008. Es decir, cada tres días una mujer es asesinada por un varón en Argentina.

16 días de activismo

En un acto realizado en la sede de Cancillería el lunes 1 de diciembre, se recordó el Día Internacional por la No Violencia hacia las Mujeres –que se conmemora el 25 de noviembre-, mientras transitamos los 16 días de activismo propuestos por la Organización de Naciones Unidas (ONU) en todo el mundo.

Estuvieron presentes Eleonor Faur, representante de UNFPA en Argentina; el ministro de Trabajo, Carlos Tomada; la anfitriona, Magdalena Faillace, representante para temas de la Mujer en el Ámbito Internacional; la vicepresidenta de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Elena Highton de Nolasco, entre otr@s.

Durante la jornada, Faillace dio a conocer el libro ''Mujer-Contra las violencias por los derechos humanos'' (que recoge aportes de Faur; de Ana Falú de UNIFEM; de la senadora María Cristina Perceval;  de Eva Giberti, coordinadora del Programa Las víctimas contra las violencias, y de Susana Sanz, abogada y antropóloga especialista en género), y la publicación ''Hacia una perspectiva de género ante situaciones de emergencia y desastres'' elaborada por Carlos Villalba y Sandra Dosch de Cascos Blancos.

Accesos

Elena Highton de Nolasco, impulsora de la Oficina de Violencia Doméstica dependiente de la Suprema Corte, confirmó que se atendieron 1075 casos en los dos meses que lleva funcionando el organismo. También anticipó que este jueves 4 de diciembre se reunirán los y las miembr@s de todas las Cortes del país, para evaluar qué están haciendo en relación a la temática, y qué caminos van a seguir para efectivizar el acceso a justicia de las mujeres.

Por su parte, Faur destacó la media sanción que recibió en el Senado una nueva ley de violencia que contempla las distintas formas en que se presentan las agresiones a mujeres, aunque recordó que ''es necesario tener mejores bases informativas sobre el tema, para generar políticas públicas y para evaluar los planes que están en marcha''.

Faur ponderó el Decálogo para el tratamiento periodístico de la violencia contra las mujeres elaborado por PAR (Periodistas de Argentina en Red- Por una Comunicación no sexista)**, como un aporte y compromiso del periodismo para visibilizar la situación de las victimas y sobrevivientes.

Unid@s contra las violencias

Ese fue el llamado del Secretario General de la ONU Ban Ki-moon, invitando a los varones a comprometerse en el tema, recordó Ana Falú: ''El compromiso ya tiene 5 millones de firmas, incluso la de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner''.

''La violencia no es un tema sólo de mujeres; es un tema de toda la sociedad, y necesitamos de los varones democráticos que deben colaborar para que se entienda que cada vez que una mujer es violentada, se está perdiendo un recurso para el desarrollo y se están violando los derechos humanos'', dijo.

La Campaña de 16 días de activismo contra la violencia hacia las mujeres culmina el 10 de diciembre, con la celebración del 60° aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Este año está dedicada a reclamar por el avance de los derechos de las mujeres.

 

VIDAS DESTROZADAS - Los invitamos a ver el informe de MSF - Médicos Sin Fronteras.

Algo parecido a la apología del delito

EXPERTOS ANALIZAN EL INSOLITO BROTE SOCIAL EN RECLAMO DE LA PENA DE MUERTE

Una ministra de la Corte opina que “están pidiendo que se viole la Constitución”. Un semiólogo habla de “intención política”; una abogada dice que se busca “generar consensos represivos” y un criminólogo dice que es parte de un “telón de miedos”.

Por Emilio Ruchansky
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La muerte imparable

PABLO ORDAZ 01/03/2009

Patrullamos con la policía federal por uno de los lugares más peligrosos del mundo: Ciudad Juárez, en la frontera de México con EE UU. Un pozo irrespirable donde cada día se registran de media cinco muertes violentas. Es la podredumbre del narcotráfico.

Hasta hace 20 minutos tenía 14 años y se llamaba Raúl. Estaba parado en la esquina de su casa, charlando con dos amigos. Un coche apareció muy lentamente por el final de la calle llena de gente. Cuando estuvo a su altura, dos hombres -ni jóvenes ni viejos, ni guapos ni feos, nunca nadie ve nada en Ciudad Juárez- se bajaron y apuntaron sus armas sobre él. Un tiro, dos, tres...

Ahora ya no tiene 14 años ni se llama Raúl. Sólo es el último muerto de esta ciudad maldita donde el único negocio que florece es el de las funerarias. Un tiro, dos, tres... Así hasta 25. Los perros ladrando. El padre de Raúl escuchando los disparos, bajando a la calle, descubriendo justo lo que el presentimiento le iba diciendo al oído. Su hijo de 14 años, estudiante de secundaria, desplomado entre la acera y un Ford Thunderbolt de color crema. Con la cabeza destrozada a balazos.

Los perros no han dejado de ladrar ni la gente ha abandonado la calle. Jóvenes muchachos de la edad del difunto siguen charlando y comiendo helados mientras los agentes van poniendo un triángulo amarillo por cada casquillo encontrado. Veinticinco triángulos amarillos. Ninguno a más de dos metros de distancia de donde está el cadáver. Un fusilamiento perfecto. Ni la vieja chapa del Ford color crema ni las paredes de la calle Calexico han resultado dañadas. Raúl quiso huir, pero le dieron caza. Con la misma precisión que a sus dos amigos, que yacen al final de la calle, también rodeados por la curiosidad y los triángulos amarillos.

Un hombre joven fuma dentro del cordón policial. Es el padre de Raúl. Ni siquiera llora. Sólo fuma, un cigarro tras otro. Le cuenta al reportero sus últimos 20 minutos. Que escuchó los disparos. Que bajó atropelladamente temiéndose lo peor. Que se encontró a su hijo así:

"Como ningún padre querría ver nunca a su hijo. Hágase cargo. Tenía 14 años, estudiaba secundaria...".

El parte, frío, escueto, que un funcionario municipal redactará horas después sobre la "triple ejecución" hablará de un joven "que en vida respondía al nombre de Raúl Alberto Rubio Ochoa". Tiene razón. Los muertos no tienen nombre. No desde luego en Ciudad Juárez, donde este sábado de febrero escogido al azar serán ocho los jóvenes asesinados por las oscuras mafias de la droga. Ocho. No son demasiados; tres días después morirán 21. Ni demasiado jóvenes; una semana más tarde caerán seis niños bajo los disparos de tipos que siempre tienen tiempo de huir. Ocho muertos son sólo ocho líneas en cualquier periódico mexicano. Sólo si el muerto respondía en vida a un nombre famoso -un general condecorado o el jefe de un cartel principal- o si las causas de su muerte resultaron extraordinarias -lo cocinaron después de asesinarlo o lo ejecutaron tras construir un túnel para pasar droga...-, sólo entonces puede optar el difunto al raro honor de un titular en la portada de un periódico nacional. Un país donde el narcotráfico se lleva por delante a más de 6.000 personas al año -más de 16 cada día- no tiene más remedio que ir apilando tanto sufrimiento en la fosa común de las medias columnas, un pequeño trozo de papel escondido en una página par de un periódico de provincias. O hace eso -sin indagar por qué mataron a Raúl, casi un niño, sin investigar por qué su padre bajó las escaleras con el presentimiento envenenándole el aliento- o se arriesga a perder la sonrisa para siempre.

Al primer muerto del sábado lo mataron entre Marte y Saturno, una esquina a medio asfaltar de la colonia Satélite.

La llamada se produjo a las 9.45. Una ambulancia de la Cruz Roja corrió al lugar. Luego, los policías municipales. Luego, los estatales. Luego, los federales. Luego, el Ejército. Aseguraron la calle. Un agente en cada esquina. Con sus rifles Ak-47, sus AR-5, sus revólveres en la mano, sus chalecos antibalas, sus pasamontañas, su tensión que se huele... Su miedo.

- Pero si ya ha pasado todo.

- No siempre. A veces vuelven a por el cadáver.

- ¿Quiénes?

- Unas veces, sus amigos. Otras, sus rivales.

- ¿Para qué?

- Quién sabe. Unas veces, para rematarlos. Otras, los montan en las camionetas y se los llevan. Nunca aparecen. Es muy extraño.

El policía municipal que habla parece nervioso. Es un tipo bajito, mal uniformado. La canana que lleva alrededor del cinturón está medio vacía. Un cartucho sí, uno no. Todavía hoy muchos policías tienen que pagar de su bolsillo la munición que gastan. Y si por la mañana no llegan pronto al reparto de los escasos chalecos antibalas, deben salir a patrullar a cuerpo gentil, un blanco perfecto. El policía municipal va de un lado para otro. Apunta en una pequeña libreta los nombres de todos los que, policías o no, rebasan por un motivo u otro el cordón de seguridad. No llega a cruzar palabra con los agentes de otros cuerpos. Es una constante de Ciudad Juárez. Nadie se fía de nadie. Menos aquí, un lugar tristemente célebre por las decenas de mujeres que fueron asesinadas sin que aún hoy se conozcan los motivos ni los culpables. Hay además datos muy claros de que el narcotráfico tiene voluntades compradas entre los policías, entre los jueces, entre los políticos, entre los periodistas. Las miradas dicen: sabemos a quién pertenece tu uniforme, pero no a quién perteneces tú. No es nada personal. Sólo cuestión de supervivencia. La noche anterior, cuando el reportero llega al aeropuerto de Ciudad Juárez, dos agentes federales lo esperan a pie de avión. Han recibido la orden de escoltarlo durante el fin de semana, integrarlo en una de las patrullas de fuerzas especiales que recorren día y noche la ciudad en busca de sicarios. Pero cuando va a abandonar el aeropuerto, dos soldados le piden que abra la maleta y la mochila en la que transporta el ordenador portátil. Uno de los federales trata de aliviar el trámite y se dirige al militar:

- No se preocupe, oficial, viene con nosotros.

- Claro que sí. Pero tiene que abrir el equipaje.

- Pero

- Tiene que abrir el equipaje.

Nada personal. Sólo eso: nadie se fía de nadie. ¿O no es por los aeropuertos de México, y bajo la supervisión de agentes de la ley, por donde toneladas de droga y sustancias químicas ilegales entran en el país? La escena se repite dos o tres veces durante el fin de semana. Cada vez que el patrullero pasa por un puesto de control militar, los soldados lo paran y lo revisan como si se tratara de un vehículo particular. O tal vez más.

- ¿Adónde se dirigen?

- Vamos a instalar un control de carros robados a dos kilómetros de aquí.

- Correcto. Bájense y abran la cajuela.

El policía abre el maletero. El soldado mete la cabeza, casi olfatea el interior. Ni hay tensión ni deja de haberla. Los soldados no sonríen. Los federales tampoco. Es una guerra extraña la que vive México. Las bajas se cuentan por decenas, todos los días, como en cualquier guerra. Pero aquí no hay dos bandos. Hay muchos, y andan disfrazados.

- Está bien. Pueden continuar.

Unos metros más allá, el federal que hoy conduce el patrullero - un joven simpático que cita a los clásicos- le explicará al reportero por qué, aunque íntimamente les fastidie, obedecen a pie juntillas las instrucciones de los militares. Aparca el vehículo en el arcén, junto a la valla que delimita un depósito de vehículos. Parece uno de los muchos cementerios de automóviles destinados a chatarra que afean la ya de por sí poco agraciada Ciudad Juárez. Pero no. Es distinto. Aquí vienen a parar los carros incautados al narcotráfico o sujetos, como parte de la prueba, a algún proceso judicial. Los hay nuevos y viejos. Lujosos -allá al final se ve una Hummer en aparente buen estado- y simples utilitarios. El agente señala un todoterreno, varado no muy lejos de la carretera. Tiene, como muchos otros, la chapa agujereada por los tiros gruesos de los rifles de asalto. Pero es distinto. Es un vehículo oficial, un patrullero de la policía municipal. No le queda un trozo de chapa sano.

- ¿Una emboscada de los narcos?

- No. Los militares tenían instalado un control. Les dieron el alto. Los policías no quisieron parar. Los militares abrieron fuego. Los mataron a los dos.

Nada personal.

La una de la madrugada. Hotel Chulavista. Está cortado por el mismo patrón que los moteles americanos de carretera. Una recepción, un comedor y una serie de habitaciones alrededor de un aparcamiento. Ni bonito ni feo. Vulgar. Discreto. Hasta no hace mucho, un buen negocio. "Los que más nos visitaban", explica el camarero, "eran puros gringos. Parejas que cruzaban desde El Paso, aparcaban el carro en la puerta de la habitación y sólo salían un rato a cenar algo o a emborracharse a buen precio. Ya casi no viene ninguno. Les da miedo". Ciudad Juárez y también Tijuana, en la costa del Pacífico, constituían las míticas fronteras donde la fiesta sin tregua -el alcohol, el juego, los clubes de alterne- atraía cada fin de semana a cientos de turistas norteamericanos. Nunca fueron ciudades exquisitas ni bendecidas por el Vaticano, pero sí razonablemente seguras. De eso dependía el negocio. Ahora, muchos de los restaurantes ya han cerrado, los prostíbulos sólo atraen a clientes locales y desesperados, y la única ruleta que gira día y noche es a vida o muerte. El hotel Chulavista estaba prácticamente desahuciado. Pero entonces llegaron los federales.

Las fuerzas especiales. Muchachos jóvenes -casi ninguna mujer- procedentes en su mayoría de las filas del Ejército. Sus sueldos son bajos, pero para poder lucir ese uniforme azul han tenido que pasar exhaustivos exámenes de confianza, incluida la prueba del polígrafo. Según ha llegado a admitir Felipe Calderón, el presidente de México, más de la mitad de la policía mexicana "no es recomendable". Hay casos, como el de Tijuana, donde se detectó que nueve de cada 10 policías locales habían sido comprados por el narcotráfico. Incluso entre los 11.000 federales recién contratados, la mitad resultó ser de moral distraída. Se supone que estos que ocupan el hotel Chulavista de Ciudad Juárez pertenecen a lo mejor de cada casa, pero, por si acaso, sus jefes nunca le dicen por dónde patrullarán cada noche o a qué tipo de malandro van a intentar detener. Van y vienen de sus habitaciones al comedor uniformados al completo, chaleco antibalas incluido, y con el rifle AR-15 en bandolera. Sus mandos les dan el tiempo justo para comer algo y dormir un rato. El resto de la jornada lo emplean en recorrer la ciudad de cabo a rabo. Sus vehículos son camionetas pick-up de doble cabina. Ellos ocupan la parte de atrás, siempre de pie, con el dedo en el gatillo de sus armas y el pasamontañas hasta la nariz. Vigilando, siempre vigilando.

- ¡Nos vamos! Esta noche nos acompañará un periodista español. Si hay suerte y detienen a algún delincuente, no me lo golpeen demasiado... Háganme ese favorzote, muchachos.

El oficial subraya la broma guiñando el ojo detrás del pasamontañas. Los muchachos se ríen. Será el único momento de relajación en cinco horas. Las camionetas de los federales se sumergen en la noche de Ciudad Juárez, cruzan a todo trapo avenidas casi vacías y se adentran por colonias polvorientas, sin pavimentación, donde sólo los perros con sus ladridos parecen reconocerlos. Al fondo se distinguen las luces de El Paso, al otro de lado de la frontera. El Paso es una de las ciudades más seguras de Estados Unidos. Ciudad Juárez, la más violenta de México. En El Paso, como en toda la frontera, se venden armas de grueso calibre sin ningún impedimento. Aquí se mata con ellas. Los policías se adentran en una de las colonias más peligrosas. Se sienten observados, por eso circulan sin luces, guiados por un agente local con un mapa y una linterna. El oficial comenta en voz muy baja:

- Esta noche vamos a hacer dos o tres cateos. Hemos recibido varios pitazos [chivatazos] sobre gente que podría estar vendiendo droga y armas.

Llegan al primer objetivo. Empieza un baile muy bien ensayado que se repite en cada registro. Los agentes saltan de las cuatro camionetas. Unos corren hacia las esquinas para asegurar el trabajo de sus compañeros y prevenir emboscadas. Los oficiales que van a penetrar en la casa -una especie de cortijo desvencijado- desenfundan sus armas cortas y quitan el seguro. Cada uno de ellos va escoltado por dos o tres compañeros con rifles de precisión. El puntito rojo de la mira se pasea por una pared que supo de mejores tiempos. Un perro encadenado parece enloquecer. Sale un hombre a la puerta de la casa. Descalzo. Despeinado. La camisa por fuera del pantalón.

- ¡Alto! ¡Federales!

El registro no dura más de 10 minutos. No parece que el dueño de la casa sea un narcotraficante. Parece más bien un nómada incómodo al que algún vecino quiere perder de vista denunciándolo a la policía. Hay niños por todos lados. Niños mal vestidos, niños canijos y sucios que juegan con juguetes rotos y que observan a los policías con serenidad, como si ya los hubieran visto más veces, como si formaran parte del juego al que están predestinados a jugar. "Negativo. No hay nada, ¡vámonos!". La acción se repite dos veces más. Dos cateos. Dos negativos. Ha sido una noche tranquila que ha terminado en empate. No han detenido a nadie, pero tampoco se ha reportado ninguna baja.

Vuelta a la base. Mañana será otro día.

Dos horas después suena el teléfono de la habitación. "Han encontrado a tres muchachos ejecutados en la puerta de una discoteca. ¡Nos vamos!". La misma historia del día anterior. La ambulancia. La policía local. La policía estatal. La policía federal. El Ejército. Y esperándolos a todos, sin inmutarse, la muerte.

Tres jóvenes. Boca arriba. Cada uno con su ración de plomo. Se parecen al joven ultimado en la colonia Satélite. Detallistas de la droga, camellos, narcomenudistas. Como mucho, aprendices de sicario. Clase de tropa. Carne de cañón. El perfil de las bajas del narcotráfico en México es el de jóvenes captados por los distintos carteles de la droga que luchan entre sí para afianzar su predominio en las plazas. No sólo han muerto en la frontera con Estados Unidos. También en la que separa un antes y un después de la historia de la droga en México. Lo que había hasta ahora está muy claro. Basta comprarse un CD de los Tigres del Norte o de los Tucanes de Tijuana para conocer las historias cotidianas del negocio o las leyendas de los grandes narcotraficantes como Amado Carrillo Fuentes, jefe hasta su muerte del cartel de Juárez. Le llamaban El Señor de los Cielos. De él se dice que tenía una docena de Boeing 727 con los que introducía cocaína en Estados Unidos. La épica de la frontera. Las reglas. El respeto. La complicidad de los gobernantes. Tú hasta aquí y yo hasta allí. Y como último recurso, la muerte. La muerte como herramienta de trabajo, de poder, de advertencia.

Todo eso se acabó hace algo más de un año. La versión oficial es que tantos años de complacencia con el crimen organizado habían llegado a horadar los cimientos de la República y amenazaban con privatizar el país en su beneficio. "Los señores de la droga ya estaban tocando las puertas de Los Pinos [la sede de la presidencia de la República]", dice a media voz uno de los hombres más poderosos de México. "O los combatíamos o les entregábamos el país. Ya eran dueños de algunos cuerpos enteros de policía que trabajaban para ellos y no para los ciudadanos". El caso es que el presidente, Felipe Calderón, tocó zafarrancho de combate. Hace de eso un año, dos meses y 7.000 muertos.

La furgoneta blanca del depósito de cadáveres llega al lugar de la triple ejecución. Se coloca junto a la ambulancia de la Cruz Roja. "El día que más miedo pasé", comenta una enfermera del servicio de urgencias, "fue hace sólo unos meses. Recibimos el aviso de que había un joven malherido tirado en la calle. Acababa de ser víctima de un ataque armado. Fuimos hacia allá y llegamos cuando todavía respiraba. No había tiempo que perder. Lo metimos en la ambulancia y salimos corriendo hacia el hospital. A medio camino se nos cruzaron dos furgonetas con los cristales oscuros. Bajaron tres o cuatro encapuchados, nos apuntaron en la cabeza al chófer y a mí y nos dijeron que nos estuviésemos quietos. Fueron a la parte de atrás, sacaron al herido y le dieron el tiro de gracia en medio de la calle. Mira, te lo estoy contando y aún se me eriza la piel. Antes de irse aún tuvieron tiempo de amenazarnos. Nos dijeron que, por nuestro bien, la próxima vez no tuviésemos tanto interés en llegar tan rápido...". Los dos grandes hospitales de la ciudad también han sido escenario de irrupciones violentas de sicarios que buscaban rematar un trabajo mal terminado. En una ocasión, y en previsión de que eso sucediera, el juez colocó a dos policías custodiando la puerta de urgencias. Por si llegaban los sicarios.

Llegaron. Mataron a los dos policías. Entraron en el hospital. Remataron al herido. Y se marcharon.

El jefe de la policía científica se dirige a los muchachos de la furgoneta blanca:

- Ya os los podéis llevar.

Los curiosos le echan un último vistazo. Certifican que los asesinados no son del barrio. De igual forma, unas horas antes, los vecinos de la colonia Satélite juraron que el primer muerto del sábado -chándal azul celeste, manos atadas a la espalda con una cuerda amarilla- jamás había sido visto por allí. Hay un testigo que dice haber observado cómo arrojaban al muchacho del chándal desde un vehículo, todavía vivo, y lo remataban en el suelo.

- ¿Y cómo era el carro?

- No me acuerdo, jefe.

- ¿Grande o pequeño?

- Normal.

- Y a éste -dice el policía señalando al muerto- ¿lo habías visto antes por aquí?

- Nunca. No es de aquí.

El procurador general de la República, Eduardo Medina Mora, maneja un dato estremecedor:

- Al 40% de los que mueren no los reclama nadie.

Fosas comunes. Esquinas de papel en los diarios. Y la batalla que no cesa. Todos los días, el Gobierno de México distribuye una serie de comunicados -partes de guerra- que dan cuenta de la incautación de armas, de la intervención de droga, de la detención de sicarios. Pero al día siguiente, invariablemente, los noticieros hacen recuento de las bajas, y raro es el día que no superan las dos cifras. Diez en Ciudad Juárez. Cinco en Tijuana. Dos en Culiacán. Total: 17. Hay ciudades marcadas por la tragedia diaria. Suelen ser las sedes fronterizas de los antiguos carteles de la droga, hoy atomizados por las guerras entre sí y por el embate del Estado, pero también se producen bajas muy cerca del mar Caribe, a pocos metros de las palmeras y los hoteles de lujo. El goteo es continuo y, aun así, nunca faltan nuevos soldados dispuestos a morir.

La caravana de federales regresa al hotel Chulavista. Un semáforo en rojo. De pronto, como surgido de la nada, un joven se acerca corriendo. Dos federales lo apuntan con sus armas. El muchacho parece muy nervioso. Discute con los policías del primer vehículo, que finalmente acceden a que suba con ellos. La caravana aborta el regreso a la base y se dirige ahora, a toda prisa, a una colonia cercana. Al parecer, el muchacho ha sido víctima de un robo. Unos jóvenes le han quitado su vehículo a punta de pistola. Pero mientras regresaba a su casa, a pie y asustado, ha creído ver a uno de los asaltantes meterse en una casita de una planta, como casi todas las de Ciudad Juárez. Los federales llegan al lugar indicado. Se bajan de las camionetas y rodean el inmueble. Mientras tres agentes, acompañados del denunciante, entran en la casa, otros aseguran la zona y revuelven en la basura. La operación es rápida. Los que han entrado en la casa salen con el sospechoso agarrado del cuello. La víctima lo ha reconocido. Los policías que se quedaron en la puerta también tienen su botín. Acaban de encontrar las matrículas del vehículo sustraído. El interrogatorio se hace en caliente. La madre del muchacho sale a la puerta y le pide al oficial, con una sonrisa en la boca:

"No sea malito, jefe, no me lo golpeen".

El muchacho delata a un cómplice, y éste a otro, y el tercero habla de un tal? El vehículo es por fin recuperado. Casi al alba. Los policías se muestran exultantes, aunque el paisaje de fondo no es muy alentador. Chavales que manejan pistolas, roban coches, merodean por las calles sin asfalto en busca de su próxima víctima. El 40% de los muchachos de Ciudad Juárez ni estudia ni trabaja. Una buena parte sólo espera su turno de matar o morir. Su sueño es un carro del año, un buen revólver con las cachas de oro. Muchos mueren así, con el sueño de que un cantante famoso de narcocorridos le dedique una letra bien chingona a cada uno de ellos.

La patrulla regresa al hotel. Ya se divisa el alba cuando la voz del comandante da un nuevo parte:

"Se acaba de recibir un aviso. Han encontrado el cuerpo calcinado de un hombre encima de un contenedor de basuras. Diríjanse a la calle...".

El octavo muerto de este fin de semana tampoco tendrá nombre.

© Diario EL PAÍS S.L.

 

KOSIUKO SIGUE PRODUCIENDO CON TRABAJO ESCLAVO

KOSIUKO SIGUE PRODUCIENDO CON TRABAJO ESCLAVO (2-03-09)

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Una empresa enredada en su telaraña

Un sacerdote católico y un rabino son testigos de la denuncia que la Defensoría del Pueblo porteña presentará hoy contra los fabricantes de la marca Kosiuko. Se trata de una pareja de trabajadores bolivianos que fueron explotados y despedidos.

Por Eduardo Videla
 
Una marcha de escrache a Kosiuko se realizará a las 19, frente al local de Callao y Santa Fe.

Por Eduardo Videla

Por primera vez, un sacerdote católico y un rabino prestaron testimonio en forma conjunta en una causa en la que se denuncia a una empresa de indumentaria que habría utilizado en su línea de producción mano de obra en condiciones de semiesclavitud. La empresa involucrada es Kowsef SA, fabricante de prendas con la marca Kosiuko, cuyos directivos –de acuerdo con los testimonios– habrían quedado enredados en su propia telaraña: intentaron promover un monitoreo externo de su actividad para descartar cualquier posibilidad de trabajo en condiciones de servidumbre, con la auditoría de organizaciones sociales, y terminaron negando el derecho a una indemnización a dos trabajadores bolivianos, inmigrantes ilegales despedidos en uno de los talleres subcontratados que trabajan para esa marca. La denuncia que presentará hoy la defensora del Pueblo porteño, Alicia Pierini, ante la Justicia federal incluye el testimonio del cura Mario Videla, miembro de la Comisión Pastoral de Migraciones del Episcopado, y el rabino Damián Karo, de la Fundación Judaica, responsable del Templo de la calle Paso, en el barrio de Once, quienes participaron del frustrado intento de monitoreo de la empresa. Hoy a las 19, miembros de las organizaciones denunciantes se movilizarán ante uno de los locales de la marca, en Santa Fe y Callao, para respaldar la denuncia.

La marca Kosiuko ya había sido denunciada en 2006 por la Fundación La Alameda, que nuclea a costureros y denunciantes de situaciones de explotación ilegal de inmigrantes. En esa causa es querellante el gobierno porteño, por la presunta infracción de “obstrucción de inspección”.

A principios de septiembre del año pasado –dos años después de aquella denuncia–, el responsable de la firma Kowsef SA, Federico Bonomi, intentó un acercamiento con los denunciantes: lo hizo a través de Sergio Tosunian, quien se presentó como directivo de la asociación civil Interrupción, y promovió un encuentro con dirigentes y representantes legales de La Alameda.

Ante la propuesta, el presidente de la cooperativa La Alameda, Gustavo Vera, puso como condición la participación de un sacerdote católico y un rabino, como garantes de cualquier acuerdo al que se pudiera arribar. De esa manera se llegó a la primera reunión, el 30 de septiembre de 2008.

De ese encuentro participaron, además de Bonomi, de Kosiuko, Vera, de La Alameda y Tosunian, de Interrupción, el sacerdote Mario Videla, director de Migraciones del Arzobispado porteño, y Gabriel Seisdedos, representante de la Fundación Judaica, que dirige el rabino Sergio Bergman. La reunión se hizo en la parroquia Nuestra Señora Madre de los Inmigrantes, ubicada en la calle Necochea al 300, en el barrio de La Boca. Para no ser menos, el empresario Bonomi también concurrió acompañado de un cura de su confianza, Ramón Abeijón Umpiérrez.

En esa ocasión Tosunian manifestó que estaba interesado en “encontrar un mecanismo de certificación de que no había trabajo esclavo en la producción de prendas”, según declaró el sacerdote Mario Videla. Fue así que en esa primera charla los participantes comenzaron a discutir mecanismos para llevar a cabo el diagnóstico del trabajo en los talleres de la empresa y la posterior certificación, a cargo de especialistas en asuntos laborales. Con ese objetivo estaba presente en la reunión el abogado Fernando Gelfo, que fue funcionario de la Dirección de Protección del Trabajo porteño durante la gestión de Jorge Telerman y ahora integra la Fundación La Alameda.

La segunda reunión se hizo en octubre, en la sinagoga ubicada en Paso y Corrientes, donde se sumó a la mesa el responsable del templo, el rabino Damián Karo. En esas reuniones, según las declaraciones testimoniales, Bonomi manifestó que la empresa tenía setenta talleres, donde –aseguró– no había trabajo esclavo. Invitó a todos a visitar esos talleres, aunque no llegó a proporcionar las direcciones de los mismos. Y aseguró que si durante esas visitas “se encontrara trabajo no digno en alguno de ellos, no lo toleraría y desafectaría los talleres inmediatamente”, recordó el rabino Karo.

Las reuniones continuaron y en enero, sin que hubieran empezado las visitas a los talleres de Kosiuko, se presentó en La Alameda una pareja de trabajadores de nacionalidad boliviana. Denunciaron que habían sido traídos bajo promesa de buena fe pero terminaron trabajando bajo un régimen de servidumbre en un taller ubicado en el barrio de Flores, que trabaja para la firma Kosiuko. Oscar Mamani y Concepción Pajarita Marca, los dos costureros, relataron que habían trabajado durante un año en el taller ubicado en Crisóstomo Alvarez al 3900, donde cumplían un horario de 7 a 22 y dormían o descansaban el resto de las horas en un cuartito que ellos mismos construyeron en ese lugar. Dijeron haber cobrado entre 600 y 900 pesos mensuales, que sólo podían salir de allí después del sábado al mediodía y el domingo, y denunciaron que los echaron sin pagarles ninguna indemnización. La pareja quería volver a Bolivia, donde quedaron sus hijos, y no tenía medios para regresar.

Al conocer la situación, los integrantes de la mesa de diálogo convocaron a una nueva reunión. Fue el 9 de enero, en la parroquia de los Inmigrantes. Esta vez no concurrió Bonomi sino, en su representación, Marcelo Gallardo, gerente general de Kowsef SA. También estaban los dos trabajadores bolivianos, que volvieron a relatar su situación. Allí relataron que el taller donde trabajaban recibía las prendas a confeccionar de otro taller, y que las confecciones terminadas eran retiradas por la encargada de ese lugar, a quien conocían como Andrea, con un apellido oriental.

Según coinciden los participantes, Gallardo aseguró que el taller no trabajaba para su firma. Y cuando Concepción Pajarita le mostró una de las etiquetas con la marca Kosiuko que ellos colocaban en las prendas que fabricaban, el representante de la empresa sugirió que podrían ser falsificadas. Entonces, delante de todos los presentes, la mujer le pidió a Gallardo que mostrara la etiqueta de la remera que llevaba puesta, de la misma marca. Así todos pudieron ver que eran iguales y que la única diferencia era un número que identificaba el taller donde se confeccionaba. Las etiquetas de Mamani y Pajarita pertenecían al taller número 14. También mostraron moldes para la confección, los mismos que distribuye la empresa entre sus talleres.

“Entonces, Gallardo se comunicó por handy con gente de la empresa, y le confirmaron que el taller 14 está a cargo de una tal Andrea, cuyo apellido es Miyawawa”, relató a Página/12 Gabriel Seisdedos, de la Fundación Judaica, uno de los presentes en la reunión.

“Ese taller, registrado por la empresa, tercerizaba su producción en otros, no registrados”, explicó Vera, de La Alameda. La Ley de Trabajo a Domicilio, de todas formas, haría responsable a la empresa principal por las irregularidades cometidas.

Ante las evidencias, la empresa aceptó indemnizar a la pareja. Gallardo propuso una suma de 20 mil pesos, que fue rechazada por los abogados que asesoran a La Alameda: estimaban que correspondían, para los dos trabajadores, unos 71.000 pesos. “Finalmente, en una reunión posterior, donde no vino el señor Gallardo, Tosunian, de la Asociación Interrupción, manifiesta que la empresa está dispuesta a pagar 51.000 pesos”, relató Seisdedos.

El pago nunca se hizo efectivo y entonces se inició un cruce de telegramas que dio por finalizadas, en forma automática, tanto las negociaciones por el caso de la pareja de costureros como por la certificación de los talleres de Kosiuko. Ante el conflicto, la asociación Interrupción informó que Tosunian ya no pertenecía a su directorio aunque realizaba consultorías para la entidad.

Pero las cosas no quedaron ahí. La fundación La Alameda llevó la denuncia a la Defensoría del Pueblo porteña, que citó a declarar a Mario Videla, a Damián Karo y a Gabriel Seisdedos. También incorporaron un video tomado por una cámara oculta por los trabajadores despedidos, cuando fueron a buscar sus pertenencias, donde quedarían en evidencia las condiciones del lugar donde trabajaban. A partir de esas declaraciones, los abogados de la Defensoría presentarán hoy una denuncia penal por el delito de reducción a la servidumbre, y por infracción a las leyes de Migraciones y de Trabajo a Domicilio. La denuncia podría unificarse con la causa iniciada en 2006, que tramita en el juzgado federal a cargo de Julián Ercolini.

En tanto, Concepción y Oscar, los inmigrantes involucrados en el caso, están albergados provisoriamente por la Organización Internacional para las Migraciones.

DENUNCIA POR ESCLAVITUD

ESCLAVITUD EN LA GRANJA

La Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (Uatre) negó ayer que un dirigente de ese gremio haya actuado como intermediario de una empresa avícola para sobornar a un trabajador que la había denunciado. El sindicato salió al cruce, dos días después, de la denuncia publicada el lunes por este diario, donde se divulga la grabación de una conversación entre el gremialista y el trabajador, que había denunciado a sus patrones por “reducción a la servidumbre”.

José Luis Cáceres, dirigente de la filial Pilar de Uatre, reconoció haber conversado con Oscar Taboada, el denunciante, pero sólo por cuestiones laborales. “Fue un trámite legal, no hubo nada espurio”, detalló al referirse a la grabación, donde le ofrece 40 mil pesos de parte de la empresa Nuestra Huella SA al peón boliviano para que retire la denuncia.

Off the record, un dirigente del gremio esgrimió un argumento insólito: la publicación de la nota sería “una operación de Página/12 y del Gobierno para perjudicar a la Uatre porque (Gerónimo) Venegas no apoyó a Kirchner durante el conflicto con el campo”.

Venegas no estuvo en la conferencia de prensa, encabezada por el secretario de Organización del sindicato, Oscar Ayala, que defendió a Cáceres: “Conocemos su honestidad”. El dirigente acusado admitió que conoce a Taboada y que fue hasta la granja La Mimosa III, donde este peón vive junto a su mujer y sus siete hijos, sólo para “gestionar una indemnización”.

Lo cierto es que los 40 mil pesos que ofreció en esa conversación constituyen sólo lo que podrían deberle a él por haber trabajado de sol a sol, de lunes a lunes, durante dos años en los que no tuvo vacaciones. La misma suma le deben a su esposa. Además, como se publicó en este diario, el trato incluía retirar la demanda, que excedía lo laboral. En esa granja y en otras se explotaba a niños y las familias vivían en pésimas condiciones sanitarias.

La Uatre distribuyó un comunicado en el que afirma que denunció la situación de explotación en Nuestra Huella y participó de las inspecciones realizadas por la Subsecretaría de Trabajo bonaerense en abril del año pasado, en una de sus plantas. Cuando uno de los periodistas presentes preguntó por el video registrado en agosto por la Cooperativa La Alameda, donde se ven chicos trabajando en la recolección de huevos, Cáceres respondió que no estaba al tanto del tema. Durante la conferencia de prensa, advirtió un camarógrafo de Canal 7, todos los periodistas fueron fotografiados y filmados por personal de la Uatre.

“La Uatre siempre amparó a todos los trabajadores del lugar, y especialmente al propio Taboada –explica el comunicado–. Fue él mismo (Taboada) quien llamó a José Luis Cáceres, iniciando las conversaciones telefónicas, para que lo ayudara a desvincularse de la empresa.” “A raíz de ello, fue que Cáceres se comunicó con los titulares de la empresa, gestionando la posibilidad de obtener el pago de una indemnización legal”, intenta aclarar.

Sin embargo, en la cinta a la que tuvo acceso este diario –y que está en poder de la Justicia–, el dirigente propone encuentros “secretos” y pide al peón que no hable con sus abogados sobre el tema. “Vas a esperar 10 años y no te van a dar un peso”, le asegura Cáceres a Taboada, respecto del juicio en trámite.

Extorsión en la granja

El gremialista le habría ofrecido dinero al trabajador que denunció la explotación de niños y trabajo insalubre en una granja. El aporte lo hacía la empresa y era para que retire la denuncia judicial.

Por Emilio Ruchansky

Oscar Taboada está virtualmente atrapado en su casa y si lograra escaparse no tendría a donde ir. “Me acaban de despedir”, explica a Página/12, “pero mi mujer todavía sigue trabajando y acabamos de tener una bebé. No puedo irme porque por un amparo judicial tengo que seguir viviendo en esta granja. Mis abogados me piden que espere, yo no sé qué hacer”. El año pasado Taboada se animó a denunciar dos veces la explotación que sufrían él, los suyos y otras familias que trabajan de sol a sol en las granjas avícolas Nuestra Huella SA, en la localidad de Exaltación de la Cruz. Las condiciones laborales mejoraron después de su reclamo pero él y su familia quedaron marcados. Ahora asegura que antes del despido la presidenta de la empresa intentó sobornarlo a través de un dirigente del sindicato de peones rurales (Uatre), que le habló en nombre de “los intereses del trabajador”. Le ofrecieron dinero para que retire su denuncia. El grabó la conversación y presentó, junto con la prueba, una denuncia por extorsión ante la Justicia federal.

Taboada es oriundo de Potosí y tiene siete hijos. Asesorado por sus abogados, grabó ocho conversaciones telefónicas que tuvo con un hombre que se presentó como José Luis. Acercó las cintas a la Justicia y ahora espera que se hagan los peritajes del audio. Lo hizo con el apoyo de la Cooperativa La Alameda, una organización que trabaja en la denuncia de casos de trabajo esclavo. El mismo equipo lo asistió en agosto último, cuando filmó las instalaciones de la granja y registró cómo una decena de niños de 2 a 13 años, eran obligados a trabajar en condiciones sanitarias peligrosas, un caso que publicó en ese momento Página/12.

Taboada denunció a los directores y accionistas de Nuestra Huella por “reducción a la servidumbre”, “trabajo infantil” y “fraude al fisco”; también pidió investigar la muerte de dos compañeras, una posiblemente intoxicada por agroquímicos y pesticidas, la otra por ausencia de atención médica durante el embarazo.

Su primera denuncia, en abril de 2008, derivó en un allanamiento y una multa de más de 600 mil pesos ordenada por la Subsecretaría de Trabajo bonaerense, que la empresa nunca pagó. Después del escándalo, Taboada conservó su trabajo gracias a una orden judicial pero “le hicieron la vida imposible”, según denunció Gustavo Vera, titular de La Alameda, a Página/12.

Finalmente, según relata el trabajador, la empresa quiso comprar su silencio. Según denunció, lo llamó un sindicalista del gremio que nuclea a los trabajadores rurales para ofrecerle dinero a cambio de modificar su declaración. En su presentación identificó al hombre como José Luis Cáceres, un dirigente de la Uatre local, cercano al titular de la filial Pilar, Jorge Herrera.

El sindicato, desde el principio, no había respaldado la denuncia del trabajador contra la empresa. El propio Herrera había asegurado en su momento que la escena de la cámara oculta donde se ven a los niños levantando los huevos en corrales diseñados para su altura “fue armada por los denunciantes con fines espurios”. Para Herrera y los suyos, “todos los trabajadores relevados están encuadrados dentro de la Seguridad Social”. Hasta se lamentó del “daño irreparable” que se había cometido contra los dueños de Nuestra Huella al difamarlos. Y tras la primera inspección llegó a contradecir al subsecretario de Trabajo bonaerense, Oscar Cuartagno, quien había constatado las “condiciones de explotación y la falta de seguridad e higiene” en las granjas inspeccionadas.

Según relató Taboada, la oferta del soborno se produjo en octubre, dos meses después de aquella cámara oculta. Cáceres apareció por La Mimosa III con una oferta de dinero de parte de la dueña de la empresa, María Luz Suaces. Debía retirar la denuncia. El hombre consultó con sus abogados.

“Y los abogados decidieron arriesgarse a grabar las charlas, estábamos seguros que iban a subestimarlo, que pensaban que Taboada no los iba a volver a denunciar”, admitió Vera, de La Alameda. En esas grabaciones, que presentó a la Justicia –y a las que accedió Página/12– Taboada le pide a José Luis que agilice la negociación porque Eli, su mujer, está por dar a luz y no quieren vivir más allí. “Quedate tranquilo que yo estoy para defenderte a vos”, responde el supuesto sindicalista. Los siguientes fragmentos pertenecen a los 8 llamados que se registraron entre ambos, entre octubre y noviembre del año pasado:

Taboada: –Eli necesita la credencial de la obra social. Hace un año que no le llega la credencial. Va a tener un nene estos días.

José Luis: –No te preocupes que, tengas la credencial o no, te van a atender igual.

T: –Y sobre lo que me charlaste lo anterior... Marilú (María Luz Suaces, la presidenta de la empresa), que quería arreglar, que quería reunirse conmigo. ¿Sigue en pie la oferta que me hiciste vos de parte de Marilú?

JL: –Sí, yo te hago todo lo posible Oscar, vos quedate tranquilo. Yo te dije bien clarito, hermano: si hay una guita que hay que llevar que te la lleves vos, viste.

T: –¿Cuánto es?

JL: –No tengo idea. Vos poné algún número y yo hablo con la dueña y agarramos y hacemos las cosas como corresponde.

- - -

Taboada: –Voy a renunciar, irme, no quiero que mi bebé nazca allá. Encima sabés las moscas que hay allá ahora. Es imposible. Yo quería de una vez solucionar eso.

José Luis: –¿Cuánto pretendés vos Oscar?

T: –Y, unos 40 mil más o menos. Con Eli más. 50 mil. Y yo los abogados los dejo, yo no quiero saber más nada.

JL: –Ta, dejame que yo hable con la empresa y en un rato yo te llamo. Oscar, confío en vos y espero que esta conversación que tenemos los dos no sea divulgada.

T: –Si hay que firmar, lo hago. Llamame a este número que sale en tu celular. Me hice unos análisis y salieron positivos sobre los agroquímicos, de eso yo no quiero saber nada. ¿Eso también va a incluir?

JL: –Dejame que yo hable con esta chica y vemos qué podemos hacer. ¿Dónde estás ahora?

T: –En Pilar, me voy para mi casa, para la granja.

JL: –Bueno, mirá. Cuanto mucho hacemos una reunión media secreta y vos te venís para acá, para el sindicato, y vemos como arreglar esto. Yo te vuelvo a repetir, si hay más guita en el medio yo quiero que te la llevés vos, hermano. Porque yo sé bien que vos de toda la plata que tengas que cobrar (del juicio), bien o mal, vos vas a agarrar menos de la mitad.

- - -

JL: –¿Oscar?

T: –Sí, ¿quién habla?

JL: –José Luis. Che, querés que vayamos a la empresa, que los cite ahí.

T: –Si vos querés, vamos. Yo no tengo problemas, confío en vos.

JL: –Mira, quedate tranquilo. Es como te dije el otro día, yo estoy a favor del trabajador. Ya te dije, si hay un mango de por medio, quiero que te lo llevés vos. Seguramente la empresa te va a pedir, en primer lugar, que le saqués el poder a tu abogado, eso es fácil. Firmas otro poder con otro abogado. Si te llama tu abogado vos no le digas que vamos a la empresa.

T: –No, claro. Ellos me dicen “espera, espera” y yo no quiero más esperar.

JL: –Noo, vas a esperar 10 años y no te van a dar un peso. Dejame con la empresa y te vuelvo a llamar. ¿Confío en vos Oscar?

T: –Sí.

JL: –Yo confío en vos, vos confiá en mí, que yo te voy a pagar, hermano.

- - -

José Luis: –Vos tendrías que hacer otro poder para que te represente un abogado del sindicato. ¿No tenés problemas con eso?

Taboada: –No, yo me quiero ir. Ellos no hacen nada. Yo quiero irme de la granja.

JL: –Bueno, dejame que yo hable con un contacto mío y arreglamos las cosas como corresponde (inaudible). Te van a pagar todo junto.

T: –¿Cuánto es más o menos, te dijo la empresa entonces?

JL: –No me dijeron la cifra. Vos me dijiste 30 mil pesos.

T: –No. Yo te dije 40 mil, 50 mil pesos.

JL: –Eso se negocia Oscar. Vos quedate tranquilo que yo estoy para defenderte a vos.

T: –¿Y vos vas a cobrar algo de eso?

JL: –Nada, yo no me quedo ni con diez centavos.

T: –Y su abogado, el de su sindicato, ¿va a cobrarme algo? Un porcentaje.

JL: –No señor, no creo.

José Luis Cáceres sería el mismo que, en abril del año pasado, participó de una inspección realizada tras la primera denuncia hecha por Taboada y su mujer. Recorrió las instalaciones compartiendo la indignación del jefe de la misión diplomática boliviana, Sixto Valdez Cueto y el fiscal de Zárate-Campana Juan José Maraggi. Después exigiría, entre otras cosas, que “en el día” el Ministerio de Trabajo “blanquee” a los “trabajadores en negro”.

Finalmente, la empresa decidió cesantear a Taboada hace poco más de un mes. El motivo, según contó Rodolfo García, uno de sus abogados, era el supuesto “ausentismo reiterado” del trabajador. “Pero en verdad estaba enfermo y no le dieron los días para ir al médico”, precisó el abogado. “Quiero que me paguen las horas extra, las vacaciones que nunca tuve, todo. Y lo mismo a mi mujer”, pide y sigue: “Igual nadie me devuelve la vida. La vida del bebé que perdió mi mujer mientras trabajaba acá”.

Trabajaban niños desde los 5 años

“Uno solito no puede recoger los huevos. Por eso tienen que trabajar las esposas y los niños”, explicaba uno de los trabajadores a los inspectores que en abril de 2008 recorrieron una de las granjas de Nuestra Huella S.A. en Exaltación de la Cruz, provincia de Buenos Aires. El hombre se refería al sistema de pago, que dependía de que cada día recolecten unos 14 mil huevos y hagan tratamiento al excremento de las gallinas. La denuncia quedó radicada ante la jueza de Garantías Nº 2 de San Isidro, Graciela Sione.

El fiscal Juan José Maraggi encabezó aquel allanamiento, en el que descubrió a 30 personas, entre ellas 20 niños, “en situación de servidumbre y bajo condiciones insalubres” en la granja Mimosa III. La proveedora de huevos, informó el fiscal, “electrificaba el perímetro por la noche” para que nadie saliera ni entrara. En cada galpón trabajaba “de 7 a 21 todo un grupo familiar, incluso niños de cinco a diez años” y cada familia cobraba 800 pesos. Por entonces, el fiscal enumeró delitos como “reducción a la servidumbre”, “privación ilegal de la libertad” e “irregularidades al respecto de la documentación de los empleados”.

El 10 de agosto, cuando se celebraba el Día del Niño, Página/12 acompañó a los integrantes de La Alameda a recorrer “La Fernández”, otra de las granjas de Nuestra Huella. Allí se detectó la presencia de niños trabajando. Se presentó una nueva denuncia pero el fiscal Maraggi se declaró incompetente y envió el expediente al juzgado federal de Zárate-Campana.

Fuente Página 12 - Enero 2009