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CIELO Y TIERRA - ¿QUIÉN DIJO QUE TODO ESTÁ PERDIDO?

Derechos Humanos

EL GENERAL TIENE QUIEN LO CUIDE

EL GENERAL TIENE QUIEN LO CUIDE

¡ACÁ ESTÁ!

Una imagen que los jueces no quieren mostrar

La Corte Suprema había hecho gestiones para que se garantizara la publicidad del juicio, pero los miembros del tribunal oral sólo dejaron entrar tres minutos a un fotógrafo y no quisieron que el acusado fuera fotografiado.

Por Diego Martínez

Tal como anticipó Página/12 el jueves y pese a las gestiones de la Corte Suprema de Justicia para que cumpla con su acordada que ordena garantizar la “difusión radial y televisiva” de las audiencias, el Tribunal Oral Federal 5 volvió a impedir el trabajo de los reporteros gráficos durante la jornada inicial del juicio al general Jorge Olivera Róvere, imputado por 120 secuestros y cuatro homicidios en 1976. Los jueces Guillermo Gordo, Daniel Obligado y Ricardo Farías sólo permitieron el ingreso de un fotógrafo de la agencia Télam con la condición de que se retirara en tres minutos y sin aclararle que el imputado no estaría en la sala. Pese al esfuerzo del secretario Martín Schwab por obstruir con sus propias manos la lente de la cámara, Leonardo Zavattaro logró en medio de un forcejeo con policías y judiciales trajeados registrar el rostro insípido del represor. En la Corte hay malestar por la reticencia del tribunal a dar publicidad al juicio. El CELS, Justicia Ya!, la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina y el Foro de Periodismo Argentino repudiaron las restricciones y la agresión al fotógrafo.

El miércoles pasado el tribunal confirmó a Página/12 que, tal como lo hizo en la sentencia a los ex jefes de Mansión Seré, volvería a prohibir el ingreso de los reporteros gráficos. La acordada de la Corte es clara. Encomienda al tribunal determinar “la ubicación de cámaras de televisión y de reporteros gráficos” con el fin de “garantizar el mejor registro de imágenes posibles” y requerir a un canal la toma de imágenes para aquellos que no puedan ingresar a la sala “por insuficiencia de espacio”. Ante la noticia de la prohibición y el repudio de Argra, Fopea y los querellantes, la Corte se reunió el lunes con el tribunal, que accedió a autorizar el ingreso de Canal 7 y Télam. El mismo día, Daniel Obligado, presidente del TOF5, le comunicó la autorización concedida al presidente de la agencia pública Martín Granovsky y al gerente de noticias de Canal 7, Raúl Dellatorre. Ambos confirmaron a Página/12 que el juez no mencionó límite de tiempo ni imposibilidad de fotografiar y filmar al imputado.

Ayer a primera hora, mientras Hijos realizaba un “camarazo” en la vereda de Comodoro Py para repudiar la prohibición, el tribunal le comunicó al camarógrafo de Canal 7 que habían resuelto interponer un pequeño obstáculo: no podría ingresar con su cámara, debería usar la del tribunal. Debatieron durante una hora, mientras familiares de desaparecidos aguardaban el comienzo de la audiencia, prevista para la 10.30. Cuando finalmente Gordo & Cía. dijeron acceder al pedido, desempolvaron otra mala nueva: su trabajo duraría tres minutos, ni más ni menos, y no podría filmar a Olivera Róvere. El periodista consideró que no tenía sentido seguir dialogando en esos términos y el canal continuó con su cobertura desde la vereda. Militantes de Hijos le pidieron ayuda al titular de la Secretaría de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, pero no consiguieron comprometerlo para una gestión inmediata.

 

Los amigos

 

–¡No se ve un carajo! –lamentó en voz alta uno de los cuatro amigos de Olivera Róvere, en la bandeja superior de la sala, cuando se percató de que desde allí sólo podría ver las corbatas de Gordo, Obligado y Farías.

–Cuando entre, parémonos para que nos vea. Va a ser importante para él –propuso otro hombre mayor, mientras se deleitaba con las fotos de verano del diario La Razón.

El fotógrafo de Télam ingresó a la sala con la misión de obtener imágenes para distribuir al resto de los medios. Cuando le comunicaron que tenía sólo tres minutos se sorprendió, pero trató de hacer algunas tomas, a la espera del ingreso del represor. Sus Señorías entraron a la sala y ante el asombro de todos se quedaron en silencio, inmutables, durante tres minutos. Recién entonces el diligente Schwab le informó a Zavattaro que a pedido de Norberto Giletta, ex juez de la dictadura y abogado del represor, no podría fotografiar al imputado. El reportero le dijo que era un criterio “absurdo” y comenzó a retroceder.

–Que pase el imputado –dijo Obligado.

Zavattaro escuchó la orden y se dio vuelta para conseguir la imagen del represor. Schwab se abalanzó sobre la cámara, pero no logró impedir que retratara al militar. La intervención de varios policías sobre el periodista derivó en un forcejeo y desató la bronca de los familiares de las víctimas presentes.

–¿Por qué no dejan sacar fotos? ¡Es un represor!

–¿Quién sos vos? –increparon a Schwab, posado cual mariposa sobre la lente.

–Es resolución del tribunal –invocó la obediencia debida el secretario.

–Señores del público: guardar compostura –pidió Obligado, mientras la policía se llevaba a Zavattaro.

De traje gris, anteojos, canoso, considerable cabellera y tranco ágil para sus 82 años, Olivera Róvere apoyó una carpeta negra sobre el escritorio y se sentó entre sus abogados. Obligado ordenó entonces que se leyera el requerimiento de elevación a juicio y el camarógrafo del tribunal, cuyo único movimiento del día fue un paneo del público que ningún canal difundió, enfocó de lleno a la secretaria Fernanda Alberti, que comenzó a leer el detalle de los secuestros y homicidios imputados a Olivera Róvere.

Si desde el lugar reservado al “público” sólo se ve la nuca de los imputados, desde el espacio que ocupa la prensa ni siquiera eso: sólo a los jueces. La prohibición ordenada por Sus Señorías no sólo impidió seguir los gestos del represor ante la descripción de sus crímenes. También impidió a la sociedad poder ver y analizar la nula atención que el juez Guillermo Gordo le prestó a la lectura de la secretaria, obsesionado en controlar cada movimiento de la sala mientras se planchaba la corbata sobre la panza. Sobre los graves riesgos que corren los represores en manos de los voraces familiares de desaparecidos puede dar fe el coronel retirado Bernardo José Menéndez, imputado por 41 privaciones ilegales de la libertad, quien presenció la audiencia sentado entre sobrevivientes de centros clandestinos sin que nadie le dirigiera la palabra y sin que Gordo & Cía. se enteraran.

 


 

 

Molestia suprema

 

“Es difícil hacerles entender a algunos jueces que sus acciones deben difundirse”, se quejaban ayer en la Corte Suprema. El máximo tribunal intentó influir en el Tribunal Oral Federal Nº 5 para que se garantizara la difusión del juicio contra el represor Jorge Olivera Rovere. En el máximo tribunal creen que no pueden –y tampoco desean hacerlo– ordenar a los jueces detalles de la organización de un juicio, pero el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, hizo gestiones para que el TOF 5 se plegara al espíritu de la acordada que firmaron los ministros a fin de año y flexibilizara su postura de impedir que fotógrafos y camarógrafos ingresaran a la sala de audiencia. El lunes, los ministros de la Corte se dieron por satisfechos con la respuesta del juez Daniel Obligado, quien aseguró que una cámara de Canal 7 y un fotógrafo de la agencia Télam iban a poder presenciar el inicio del proceso. El presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, se preocupó ayer por saber cómo había comenzado todo, pero se llevó una decepción.

Fuente: PÁGINA12 - 11/02/2009

ESCLAVITUD DE NIÑOS Y ADULTOS

ESCLAVITUD DE NIÑOS Y ADULTOS

LO QUE LEERÁN A CONTINUACIÓN SUCEDE EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES Y EN EL CONURBANO BONAERENSE.

Crónica y fotos de la esclavitud en la tierra de nadie

“Nos fuímos de capital, porque había demasiados controles” fue lo que dijo ante las cámaras de canal América Joaquin Ticlla , el dueño del taller esclavo ubicado en la Avenida San Martín 938, en el partido del mismo nombre y a pocas cuadras de Nobleza Piccardo y Carrefour. En ese taller, hasta ayer, diez costureros eran sometidos a trabajo esclavo, en agotadoras jornadas de 6 a 22 horas. La mayoría de los costureros había sido traído directamente de Bolivia con promesas engañosas, la minoría había sido reclutada en la esquina de Cobo y Curapaligue. Todos estaban indocumentados.
 
Al mediodía del martes 13, Alfredo Mamani, un costurero de 23 años, llegó a la Alameda con su esposa y su beba de dos meses. Su cara estaba desfigurada: un ojo destrozado, el labio inferior hinchado, el cuello rasguñado, su remera desgarrada y con manchas de sangre y su tabique fracturado (ver foto). Su sangre también había quedado en el taller textil de San Martín, donde trabajaba de sol a sol junto a sus compañeros por una paga miserable que ni siquiera se efectivizaba. El costurero fue reprendido por el encargado, un tal Marcelo, por no hacer la tarea que se le había encomendado minutos antes y lo agredió con el rodillo de la over en el rostro y luego lo golpeó sin miramientos. La insólita agresión era claramente una excusa para agredir y echar al costurero sin pagarle las deudas salariales que venía reclamando desde hace semanas.A fines de diciembre y principios de enero, las expulsiones violentas de los costureros son un clásico en la industria textil clandestina: termina la temporada y fabricantes y talleristas se desembarazan de sus esclavos con cualquier excusa, lanzándolos a la calle.
 
Al poco tiempo llegó la policia llamada por la esposa del costurero que ,por supuesto, nada hizo. Tan sólo llamar a la ambulancia para dejar a Alfredo y su familia en la guardia del Hospital Thompson, donde lo hicieron esperar más de dos horas sin atenderlo.
 
Harto del manoseo, Alfredo fue a la Alameda y allí denunció todo lo que estaba ocurriendo en ese taller ubicado en esa tierra de nadie que es el Partido de General San Martin, donde la policía coimea, los hospitales no atienden y los esclavistas se hacen la américa.
 
Más de una hora llamamos al Ministerio Público Fiscal de San Martín que nos dejó esperando eternamente a la “operadora” que nunca atendió.
 
Alfredo y su esposa querían recuperar desesperadamente sus pertenencias que estaban en el taller y también a su sobrina, H. Q , una adolescente de 17 años que también era sometida a la servidumbre y que había sido directamente traída de Bolivia al taller.
 
Se convocó al primer canal que se hizo eco de la denuncia para invitarlos a ir al taller urgentemente a rescatar a la menor y a las pertenencias de los costureros.
 
A las cuatro y media de la tarde llegaron una docena de costureros de la Alameda y los periodistas de América. El tallerista, Joaquin Ticlla, con mujer y tres hijos, nacido en Oruro y ex policia en su tierra no opuso resistencia al requerimiento de pasar al taller a retirar las pertenencias de Alfredo y a su sobrina H Q. Asi fue que los miembros de la Alameda y del canal América ingresaron al taller. Mientras se recogían las pertenencias, las costureras de la Alameda dialogaban con las otras costureras aterrorizadas que aprovecharon la oportunidad para irse del taller junto con Alfredo, hartas del encierro y la explotación.
 
El taller es una casona derruida, con habitaciones en la entrada tras una persiana azul, con un patio interno y en el fondo el taller. Solamente había dos baños y una habitación precaria en la terraza. Allí trabajan diez costureros para las marcas Ramirson (camperas) y Lidas jean. A los costureros les pagan $ 1,50 por la confección de cada jeans. Pero este miserable precio es virtual, porque todos tienen deudas salariales y apenas recibían migajas de adelanto para subsistir. El taller existe en San Martín hace dos años y es uno de los típicos talleres que se escapó de la Capital ante las denuncias de la Alameda y la oleada de inspecciones. Como ya denunciamos en otras oportunidades, San Martín parece ser una de las zonas liberadas predilectas de los esclavistas.
 
Ante las preguntas del periodista, el tallerista no quizo revelar quienes eran los fabricantes, es decir, los máximos responsables de ese taller esclavo. No podía decirlo porque, según el tallerista, los fabricantes “son mis benefactores. Ellos me ayudan , me dan máquinas. No puedo ir contra quienes me dan de comer” (sic)
 
En este momento, seis de los diez costureros, incluída la menor, están alojados en la Alameda. Alfredo está siendo atendido en un hospital con diagnóstico de triple fractura del tabique nasal y otras contusiones. Mañana por la mañana, la Organización Internacional para las Migraciones los espera temprano en su sede para darles contención, orientación y alojamiento.
 
Mientras tanto, aún esperamos los colchones del gobierno de la Ciudad ( que se lava las manos sistemáticamente ante estos casos) para que los costureros duerman al menos dignamente una noche. También esperamos que alguien nos atienda del Ministerio Público Fiscal de San Martín o de la UFASE del Ministerio Público de la Nación.
 
La Alameda y un canal de televisión fueron a la tierra de nadie a rescatar a los costureros esclavizados. Y ahora esperan en el país de nadie, que alguien se digne a hacer algo por ellos.
 
Cuando termine estas líneas, el intendente de San Martín, el comisario de la zona, los de guardia en el Ministerio Público Fiscal o el Ministerio Público de la Nación, los jóvenes funcionarios de Desarrollo Social de la Ciudad estarán duermiendo plácidamente en sus casas, mientras los costureros esperan en un rincón de la Alameda que se cumpla alguna ley, alguna convención internacional en este bendito país.
 
                                                                 Gustavo Vera, presidente de la cooperativa la Alameda

“El día que La Alameda este seis meses en silencio, es porque ya estamos todos muertos”

Entrevista a Gustavo Vera publicada en el diario Buenos Aires Económico (BAE), el domingo 11 de enero, escrita por Horacio Aranda Gamboa. 

De 44 años, casado y padre de cuatro hijos varones, además de las tareas en La Alameda, ejerce como docente en la escuela Nº 10 de Villa Lugano. Como al pasar, desliza: “Con nuestra tarea estamos demostrando que se puede hacer política sin necesidad de tener puestos o de ser ladri”. 

Vera, docente y militante social de La Alameda  Desde hace más de siete años, La Alameda, organización vecinal y comunitaria de Parque Avellaneda, surgida con los cacerolazos del 2001, se ha hecho conocida por sus reiteradas denuncias contra talleres clandestinos, que en connivencia con grandes marcas de ropa, emplean a trabajadores esclavos, o por poner en evidencia la trata de mujeres en prostíbulos de la Ciudad de Buenos Aires, los que según denuncian, operarían en complicidad con la Policía Federal. A pesar de ello, poco se conoce. Uno de sus pilares, Gustavo Vera, en esta entrevista concedida a Buenos Aires Económico, desgrana los pormenores de esa batalla desigual.

–¿Cuál es la ruta que han seguido para llegar a dar esta pelea tan fuerte contra los talleres clandestinos?

–Entre el 2003 y el 2005 hubo un proceso de consolidación de La Alameda que tuvo que ver con lazos afectivos, en lo social y con la resistencia y con el desarrollo de emprendimientos tales como panadería, textil y otros. También nos dio impulso que Acción Social nos aportara maquinarias. Hasta entonces el único apoyo que teníamos eran las raciones de polenta, fideos y arroz. A partir del 2003 logramos que se legalizara el comedor, ya para entonces habíamos resistido un intento de desalojo, habíamos tenido 14 presos y varios procesados y logramos arrancar la expropiación el 16 de junio del 2004.

— ¿Cómo llegan a las denuncias?

–Con los paisanos bolivianos se generó un marco de confianza que rompió el pacto de silencio que había. Acá venían a comer muchos de ellos y a partir de eso, empezaron a acercar estas problemáticas de la trata, el tráfico, la explotación o las marcas que estaban involucradas. Tanto es así, que está megacausa que se tramita en la justicia federal y donde hay 85 marcas denunciadas y un universo de 600 talleres, comienza con dos talleres que están a dos cuadras de La Alameda.

–¿Dónde está radicada la megacausa contra los talleres y cómo responde la Justicia?

–El juez Norberto Oyarbide trató de sacarse las causas de encima. Sabíamos pues que era muy poco lo que iba a hacer y que iba a tratar de garantizar la impunidad de las marcas, que fue lo que intentó. Él quería mandarla a un juzgado de instrucción correccional y no darle carácter federal, cuando hay una violación a la ley de migraciones, a convenios internacionales sobre trata y tráfico de personas y otros delitos de competencia de la justicia federal. Tras un pedido de juicio político en su contra logramos que la cámara revocara la incompetencia de Oyarbide, y restaurara el fuero federal a la causa, y le advirtió que toda denuncia de talleres clandestinos irían a su juzgado. Desde hace un año la causa esta paralizada. A fines del 2007 logramos que una fiscalía sacara un dictamen pidiendo la indagatoria de los directivos de Soho. Era la primera vez que una fiscalía mencionaba una marca; hasta ese momento hacían como que no tenían que ver a pesar de que ya estaban denunciados.

–¿Cuáles son las evidencias que las involucran?

–Una ley de trabajo a domicilio que establece la solidaridad entre las marcas y los talleres donde mandan a confeccionar sus prendas, las inspecciones en las que se encontraron etiquetas y remitos que les pertenecían, el que los propios talleristas y trabajadores en su declaraciones juradas decían que trabajan para ellas y el que las mismas marcas admitían que mandaban a confeccionar a esos talleres. Tras el dictamen contra Soho, en el verano del 2008 la empresa llega a un acuerdo con el juez en una situación de cohecho. Cuando Oyarbide redacta ese fallo espantoso donde plantea que Soho en realidad no usaba trabajo esclavo sino que los bolivianos se autoexplotaban por pautas ancestrales, lo hace al tiempo que Soho intenta sobornar al sindicato donde se encuadran los trabajadores e intenta hacernos una oferta a nosotros. Y, si esto que decimos no es verdad, ¿por qué el juez no nos hace un juicio por calumnias e injurias?

–Del trabajo con los talleres pasan a denunciar prostíbulos…

–Es imposible meterse con un tema vinculado a la trata de personas sin meterse con todos los demás. Porque por Villazón, por Yacuiba o por la Triple Frontera no pasan solamente costureros que van a los talleres, pasan también mulas, chicas que son engañadas y llevadas para prostituirse, trabajadores que son llevados esclavizados a la horticultura, la agricultura o la construcción.

–¿Por qué van directo a los establecimientos de Monserrat y de Constitución?

–Con los talleres apuntamos a las columnas principales, con investigaciones serias que mostraran la responsabilidad de las grandes marcas. Con los prostíbulos hicimos lo mismo, había un crecimiento geométrico de redes que funcionan con proxenetas, drogas, menores y chicas. Decidimos actuar en Constitución y Monserrat porque son dos de las columnas principales de la red de prostitución que están alrededor del Departamento Central de Policía, lo cual muestra claramente su complicidad y la de algún ministro. Al principio intervino el juzgado de Ballesteros y el de Oyarbide y hubo algunos allanamientos, pero a los 15 días liberaron a todo el mundo, reabrieron los lugares y levantaron las clausuras. Volvimos a hacer la segunda caravana, ahí intervino Ballesteros del mismo modo, a los 15 días volvieron a revertir y así estamos.

–¿Han logrado rescatar alguna de las víctimas de los prostíbulos?

–En Flores rescatamos una y otra en Caballito. En el caso de Once estuvimos a muy poco, y en Constitución a ninguna. Es muy difícil entrar a esos lugares, pero estamos seguros que las propias víctimas se van a ir comunicando y nos van a aportar datos. De hecho, hemos recibido una cantidad de datos anónimos que, sospechamos, vienen del interior de la propia red y también denuncias de que las comisarías 4ª, 16ª y el Departamento Central reciben 800.000 mangos por mes por la protección de estos 35 locales de prostitución, trata y narcotráfico. Datos que parten de la interna de la propia Federal y que tienen mucha veracidad. También logramos que seis o siete de los prostíbulos de Constitución se encuentren en agonía absoluta.

–Ustedes han denunciado también trabajo esclavo en granjas. ¿Cómo llegaron a esas denuncias?

–Gracias a una estrategia comunicacional que ha hecho que La Alameda se convierta en una fiscalía de los bajos fondos. Ahora viene gente a denunciar redes de prostitución de menores, trabajo esclavo en la horticultura, en la agricultura o la zafra.

–¿Cómo se financia todo esto?

–Hasta el 2006 no teníamos nada. A partir de que se instaló el tema en los medios hay mucha gente que dona. La embajada Suiza y gente de Alemania quieren aportar. Ninguno de nosotros vive de esto, yo por ejemplo soy maestro, el resto trabaja en la cooperativa. También contamos con abogados que trabajan ad honórem y que pelean contra bufetes importantes, y les vamos ganando. Pero ya estamos atravesando el límite de lo artesanal y habrá que profesionalizar algunas cosas.

–Con temas tan densos, ¿han recibido algún tipo de amenaza?

–La Alameda ha tenido 14 atentados. En junio los talleristas rompieron el local cuando estábamos haciendo la primera caravana. A principios del 2006 quisieron quemar mi casa. No lo hicieron porque llegó la Justicia a tiempo, pero en la puerta había una veintena de bombas molotov. En lo personal no tengo miedo, pero sí hay compañeros que lo sienten. Nosotros tratamos de inculcarle a la gente que los adversarios no son tan peligrosos como parecen y que frente al escarnio de la opinión pública se les complica. La mayor seguridad que tenemos es que los temas se conviertan en públicos. Lo peor que nos puede pasar ahora es quedarnos callados. El día que La Alameda este seis meses en silencio, es porque ya estamos todos muertos.

 

LA ALAMEDA, TRAS SIETE AÑOS DE VIDA

Los orígenes de La Alameda se remontan a los cacerolazos de diciembre de 2001 cuando un grupo de vecinos “nos empezamos a plantear otra serie de temas barriales”. Gustavo Vera reflexiona que “acá los problemas no eran del corralito sino el hambre, la desocupación y obviamente la falta de trabajo”. Dieron inicio a una olla popular destinada a la gente en situación de calle  y a la que en un principio asistían entre “5 o 6 personas, las que rápidamente se fue incrementando”.

Hoy en La Alameda, además del comedor que alimenta diariamente a 120 personas, ofrecen talleres de apoyo escolar. También funciona allí la Cooperativa 20 de Diciembre, que emplea a unas 30 personas. Además, participa de un Mercado de Economía Solidaria en el barrio de Palermo, una fundación integrada por profesionales que de modo gratuito administran las causas judiciales, y una agrupación gremial integrada por trabajadores blanqueados y otros que aún permanecen en talleres textiles clandestinos. La organización brinda además, cursos sobre trata y tráfico de personas, destinados a costureros y voluntarios. Además han logrado que el Gobierno porteño creara en el barrio de Barracas un polo textil de 1.800 metros cuadrados, donde trabajarán ocho cooperativas con 200 costureros provenientes de talleres clandestinos y que se inaugurará en marzo próximo.

Han hecho más de 600 denuncias y tramitado por el programa nacional Patria Grande más de 4.500 documentos.

FUENTE: La Alameda

“El Gobierno tiene la obligación de dar una respuesta”

desesperación en la quiaca

“El Gobierno tiene la obligación de dar una respuesta”, dice el padre Olmedo al comenzar una huelga de hambre

Lo acompaña Adolfo Pérez Esquivel. Desnutrición y pobreza extrema, la postal de todos los días.

La situación en la Quiaca, dicen sus pobladores, es insostenible. La respuesta de las autoridades -tanto a nivel provincial como a nivel nacional- a las necesidades de sus habitantes, es nula. Por eso, al menos 400 personas, encabezadas por el cura Jesús Olmedo y el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, decidieron comenzar esta mañana una huelga de hambre para denunciar la situación de extrema pobreza y la desnutrición infantil y para pedir por trabajo digno.

“Queremos que el Gobierno se de cuenta de que la situación que atraviesa La Quiaca no es una broma. Ellos tienen obligación de venir y dar una respuesta”, aseveró Olmedo en diálogo con Perfil.com. Para el cura, si bien todavía no han recibido ayuda por parte de la Casa Rosada, el “gran responsable es el gobierno provincial y su gobernador”, Walter Barrionuevo.

Los motivos que empujaron a los jujeños a llevar adelante la huelga de hambre, organizada por la Multisectorial local -una agrupación que reúne a organizaciones sociales y sindicales- aglutinan la falta de respuesta a los constantes pedidos de asistencia social y la necesidad urgente de la intervención de las autoridades.

“La puna y La Quiaca son zonas de una pobreza extrema para muchas familias. Durante todo el año los pobladores han tratado de hablar con el gobierno, pero no hay respuesta. Los planes sociales no alcanzan, no hay viviendas y hay hacinamiento. El gobierno tiene que emplear fuertes medidas sociales”, explicó el sacerdote.

Por medio de la huelga de hambre, que los pobladores van a mantener hasta obtener una “respuesta satisfactoria”, los jujeños luchan por trabajo genuino: un plan de viviendas y la construcción de cooperativas para llevar adelante obras públicas como la construcción de caminos, puentes y escuelas, tan necesarias para la zona. “La gente quiere vivir con dignidad. La gente quiere de una vez por todas que el gobierno se preocupe de forma real, concreta y satisfactoria”.

Años de lucha, años de indiferencia. Si bien ha habido respuestas parciales, como algunos planes sociales, el padre Olmedo asegura que no es suficiente. El compromiso tampoco ha sido, se desprende de su relato, sostenido y completo. “Hay que reconocer que un grupo de asistentes sociales vinieron de parte de Alicia kirchner, pero nos llama la atención que quedo todo en el silencio, porque tenían que venir en diciembre y no vinieron”. “Han despreciado al pueblo, el gobernador de la provincia no ha escuchado sus reclamos e incluso han habido dos represiones”, agregó el cura con indignación.

El apoyo de Pérez Esquivel. El Premio Nobel de la Paz se mostró decidido a "apoyar cualquier tipo de medida de fuerza que se lleve adelante en la puna por la dignidad de los seres humanos que están quedando fuera del sistema".

Al respecto, reclamó al "gobierno de la señora presidenta (Cristina Fernández de Kirchner) que escuche el clamor de los pobres" que habitan la región jujeña, muy cerca de la frontera con Bolivia.

Además de la huelga de hambre, que será por tiempo indefinido -la salud de quienes participarán será responsabilidad del gobierno nacional, aseguraron-, los organizadores anunciaron la instalación de carpas frente al edificio comunal, ubicado en el cruce de las calles Rivadavia y Pellegrini, y en el patio de la parroquia Nuestra Señora del Socorro.

Una lucha con antecedentes. No es la primera vez que se realiza en La Quiaca una medida de lucha encabezada por el padre Olmedo. El sacerdote participó en diferentes acciones de protesta por la situación social de la zona y, entre ellas, simbolizó crucifixiones. Además, tiene a su cargo decenas de comedores comunitarios que alimentan a 4.000 niños de hasta 12 años. "La Quiaca nuevamente se pone de pie para luchar por los derechos de los pobres excluidos a través de una medida extrema", expresó Olmedo a la prensa.

 

Un cura se crucifica protestando contra la pobreza

Un sacerdote jujeño reclama el aumento de los planes sociales y la reincorporación de trabajadores municipales. Lo acompañaron doce personas.
 

Guatemala clama por la paz

Los guatemaltecos, como suele ocurrir cada vez que se produce un cambio de Gobierno, iniciaron el año 2008 con un espíritu optimista, pero lo cerraron con un número de asesinatos que supera las estadísticas de los tiempos más oscuros de la represión militar: 6.292 muertes violentas. En esa cifra se incluyen más de 600 mujeres y 427 niños y adolescentes de uno y otro sexo, según las estadísticas oficiales. "2008 es el año más sangriento y violento de las últimas décadas", resume el arzobispo primado de Guatemala, el cardenal Rodolfo Quezada.

Del boliche al cabaret

Una cooperativa de trabajadores denunció que en un prostíbulo ubicado en la misma manzana de República Cromañón se somete a mujeres a explotación sexual y reducción a la servidumbre. Padres de víctimas de la tragedia apoyan la denuncia. Dicen que el lugar está protegido por la policía.

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LOS ASESINOS FESTEJAN LA IMPUNIDAD

Cuidado... peligro de dinosaurios sueltos

La medida se basa en que estuvieron mucho tiempo presos sin condena. El fiscal apelará la decisión. Los organismos de derechos humanos señalaron que “las distintas instancias de la Justicia han demorado en forma injustificada los procesos”.

La Cámara Nacional de Casación Penal dispuso la liberación de cerca de veinte represores de la última dictadura acusados por delitos de lesa humanidad. Los miembros de la patota de la ESMA Alfredo Astiz y Jorge “El Tigre” Acosta, el ex juez Víctor Brusa y el ex general Ramón Genaro Díaz Bessone son algunos de los beneficiados por el fallo. El tribunal consideró que todos ellos –la mayoría fue arrestada en 2003– estuvieron presos sin condena más tiempo del razonable. “La liberación es posible porque las distintas instancias de la Justicia han demorado en forma injustificada los procesos, dilatando la posibilidad de alcanzar la instancia de los juicios orales y públicos. La libertad de los acusados durante el proceso penal no conlleva impunidad. A treinta años del terrorismo de Estado, impunidad es que, por desidia, indolencia o complicidad, la Justicia argentina aún no los haya condenado”, señalaron Abuelas de Plaza de Mayo, Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, HIJOS, CELS y Fundación Memoria Histórica y Social Argentina. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner repudió la decisión y dijo que era “un día de vergüenza para todos los argentinos”

 

"Cobardes Asesinos"

 

Astiz y Acosta, dos símbolos del horror

 

Fayt culpó al Congreso por la libertad de represores replicando asi las críticas de la Presidente. Dijo que el Congreso "no dictó las leyes para avanzar con los juicios parados"

 

 

Un hombre denunció a su violador 40 años después

A los ocho padeció el abuso de un vecino de Boulogne y vivió casi toda su vida con el tormento. Este año lo vio en un bar y le prometió la cárcel.

Nota completa

AGUA POTABLE, ¿DERECHO HUMANO UNIVERSAL?

AGUA POTABLE, ¿DERECHO HUMANO UNIVERSAL?

Una mujer junta agua de un pozo no protegido, el 26 de noviembre de 2008 en Harare. Las autoridades del país africano registraron hasta la fecha 9.363 casos de cólera, 386 de ellos mortales. Foto:DESMOND KWANDE/AFP