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CIELO Y TIERRA - ¿QUIÉN DIJO QUE TODO ESTÁ PERDIDO?

Derechos Humanos

LAS REINAS DE SABA - Refugiados: Sólo Mujeres y Niños

Sólo les pido un poco de humanidad, templanza, caridad y coraje, para leer el siguiente artículo. Pero por favor, léanlo hasta el final.

Claudia Santalla

 

12 AGO 09 | El escandaloso calvario de jóvenes mujeres
Testigo del horror: "Las reinas de Saba"

La escritora Laura Restrepo -invitada por Médicos Sin Fronteras- recorre los campos de refugiados africanos en la República árabe de Yemen. Un testimonio estremecedor y desgarrante.

Por Laura Restrepo 
 
Vienen subiendo, y son miles. Mujeres con sus hijos. Saben que muchas morirán por el camino, o que tendrán que dejar enterrados a sus hijos. Pero la decisión está tomada, y no pararán hasta encontrar un lugar donde la vida les abra por fin la puerta. Cueste lo que cueste, y por encima de quien se interponga. Si te paras aquí, en la costa sur de Yemen, vas a verlas venir: el Cuerno de África entero parece estar subiendo. En pateras, por el desierto a pie, mendigando a través de las antiguas ciudades. Me dice Habiba -somalí, comadrona graduada y querida amiga mía- que cuando escucha la palabra refugiados no piensa en hombres. Cierra los ojos y ve mujeres con niños.

-Habiba -le pregunto-, ¿no serás tú la reina de Saba?

¡¿What?!

Cuando Médicos Sin Fronteras me propone visitar los campos de refugiados africanos en la República árabe de Yemen, lo primero que hago es releer un texto de 1934 en el que André Malraux cuenta cómo abordó un pequeño avión para sobrevolar esa región en busca de una mujer de 3.000 años de edad. Se trataba de la legendaria reina de Saba, soberana del incienso y de la mirra, nacida en algún punto incierto entre Yemen, Etiopía y Somalia. Poco después de su expedición, Malraux le anunciaba al mundo que había avistado desde el aire los vestigios del mítico imperio de Saba. Y sin embargo, a ella, a la Reina, nunca la encontró.

Nos acercarnos en jeep a Adén, en el extremo sur de Yemen. Ubicado sobre el golfo que lleva su mismo nombre, Adén mira hacia las desoladas costas del Cuerno de África, que le quedan a menos de 150 millas náuticas de distancia. Es el primer puerto que existió sobre el planeta. Allí fueron enterrados Caín y Abel, y construida el Arca de Noé, o al menos así está escrito; allí Arthur Rimbaud comerció con café, traficó con armas y renunció a escribir versos. Por las ventanas del jeep sólo vemos arena. Estamos en medio de ese mismo desierto yemení que en la historia antigua se tragó al ejército romano de Aecio Galo. Y de repente, como salida de la nada, aparece la reina de Saba. Es ella, no hay duda. Pero no la legendaria, sino la de carne y hueso. Y no la real, de realeza, sino la real de realidad.

Viene descalza, en medio de un grupo de 15 o 20 caminantes. Flaubert la imaginó vestida en brocado de oro con faralaes de perlas, azabaches y zafiros, pero no es así. Trae la ropa hecha jirones, arena en la boca, la mirada ausente y el cuerpo quemado por el sol y la sal. Se diría que es etíope por el color de su piel, que llaman nilótico en la suposición de que el tono, de un dorado tostado, es el mismo que el de las aguas del Nilo. Le preguntamos hacia dónde va. "A Arabia Saudí", responde. Pero no tiene brújula, ni guía, ni fuerzas, y no sabe que camina justamente en la dirección opuesta.

Como ella, miles de etíopes y somalíes echan a andar desierto adentro a la buena de Dios, o de la mano de Alá, retando a la fatalidad y ahuyentando demonios. Han cruzado el golfo en una de las travesías más arriesgadas e inhumanas que se puedan concebir. Vienen huyendo de la guerra, del hambre y del odio, o como diría Malraux, de las tres caras de la muerte.

Trono de arena. Volvemos a ver a la señora de Saba unas horas más tarde, en la playa, pero esta vez es somalí. Antiguos textos abisinios la llaman Makeda. El Corán la llama Belkis y la presenta "en un trono magnífico". Pero ella asegura llamarse Ayanna, trae un bebé en brazos y está sentada en la arena. Hace parte de los new arrivals, o recién llegados, tras un landing, o desembarco, traídos por los smugglers, o traficantes de personas. Los propios somalíes bautizan su éxodo con estos nombres en inglés; a fin de cuentas, aprendieron el idioma durante los años de dominación británica, una de tantas que han tenido que sobrellevar. También los franceses, los italianos, los rusos y Ronald Reagan saquearon su tierra, la convirtieron en campo de batalla y tras el retiro de las tropas la dejaron sembrada de armas, las mismas que luego fueron desenterradas por los asesinos locales: señores de la guerra, narcos, violadores, tiranos, piratas, clanes enfrentados, milicias vengadoras, smugglers. Hoy, las grandes naciones ni asoman por Somalia; la han dejado librada a la impiedad de su suerte. Nadie puede con ella, ardiente luna silenciosa que a todos espanta. En 1992, cuando ya el exterminio y la hambruna la habían arrasado, el mundo pareció apiadarse y mandó por fin ayuda humanitaria. Con resultados desastrosos: a los siete meses de su arribo, las fuerzas de Naciones Unidas la abandonaban, ametrallando en su huida a población civil desde helicópteros. A todos derrota la indómita Somalia, pero a quien más derrota, castiga y desangra es a sí misma. Me recita Habiba un viejo dicho somalí: "Con mi hermano contra el resto de la familia. Con mi familia contra mi clan. Con mi clan contra los demás clanes. Todos los clanes juntos contra el resto del mundo". Conozco el fenómeno. También yo provengo de un país, Colombia, hundido en un atolladero histórico donde nos devoramos los unos a los otros. No por nada Colombia y Somalia comparten el mismo paralelo sobre el globo terráqueo.

El bebé que Ayanna sostiene en brazos está vivo. Milagrosamente. Pese a estar exhausta y atónita, ella repite una letanía de frases secas, cortas. Dice a quien quiera oírla, o se dice a sí misma, que su niño venía llorando en el barco. Los smugglers le advirtieron que lo tirarían al mar si no lo callaba, pero cómo iba a callarlo, si ni agua tenía para darle. El niño siguió llorando y lo tiraron. Ella se tiró detrás, pudo agarrarlo antes de que se ahogara y nadó con él hasta la costa. Pero en el barco se le quedaron sus otros dos hijos. Luego los encontró, allí en la playa, vivos también. Uno de los refugiados que venían con ella en el barco los había ayudado a alcanzar la orilla.

No todos corren con la misma suerte. Barcos en los que sólo cabrían 30 o 40 personas son atiborrados con 120 o 150, en travesías que suelen durar entre tres y cinco días. Las soportan sin comer ni beber, a rayo de sol, entre orines, heces y vómitos propios y ajenos. A quien se mueva o proteste, los smugglers le descerrajan un correazo por la cabeza, la cara, la espalda, abriéndole la carne con la hebilla metálica del cinturón. Para no ser interceptados por la patrulla costera yemení, los barcos llegan de noche, dan media vuelta antes de alcanzar la orilla para emprender el regreso y en ese momento arrojan al agua su carga humana. En medio de la ciega negrura, algunos se ahogan porque no saben nadar. Otros, porque vienen entumidos tras permanecer tanto tiempo inmóviles y encogidos. Los hay que desaparecen nadando mar adentro, porque en la costa desierta no hay una luz que los guíe. Los etíopes llevan la peor parte. En el barco los hacinan abajo, en la bodega para el pescado, donde no es raro que mueran de asfixia, y una vez en Yemen no se les reconoce status de refugiados políticos, como sí a los somalíes. Por capricho de las convenciones internacionales, los etíopes son considerados simples migrantes económicos, y en cuanto tales pueden ser deportados.

Cuando emprenden el viaje, todos ellos saben del horror que les espera. No sólo lo saben, sino que duran meses juntando los 80 o 100 dólares que les cobran por el pasaje. "En el mar es posible que te mueras", me dice Habiba, "pero si te quedas en Somalia, es seguro que te matan".

Traídos por las aguas. Habiba huyó de Somalia hace siete años, también ella en patera, y hoy trabaja con los equipos de Médicos Sin Fronteras que patrullan la costa yemení a la espera de landings. Socorren a los recién llegados con primeros auxilios, agua, biscuits ricos en proteínas, ropa seca y chanclas de caucho, y les ofrecen transporte hasta un centro médico en la vecina Ahwar, donde podrán permanecer mientras se reponen. Al menos del cuerpo. Del extremo sufrimiento, la desesperanza y la muerte de los suyos, nadie podrá curarlos. Me cuentan que, hace unas semanas, entre los refugiados venía una muchacha muy bella. ¿Acaso no sería ella la reina de Saba? A lo mejor -condesciende Habiba-, pero al llegar a Yemen, los traficantes le impidieron bajarse del barco junto con los demás. Ella gritó, se volvió loca, intentó tirarse al agua, pero la amarraron. Se la llevaron de vuelta para violarla a su antojo.

Hussein, otro de los integrantes de MSF, me habla de la madrugada del pasado 15 de diciembre. "Imposible olvidar esa fecha", dice. "Al llegar a casa me bañé, al otro día me bañé dos veces. Pero por más que me bañe, esa fecha no la olvido. Habíamos salido a patrullar por la costa y hacia las siete de la mañana divisamos siluetas. ¡Landing! Venían como zombis", dice Hussein, "desnudos, con la expresión en blanco. Estaban muy mal, peor que otras veces. No reaccionaban. Al fin uno nos dijo lo que ya sospechábamos, que había volcado la patera en la que venían con otros 130 pasajeros. Atendimos a los vivos, corrimos hacia el mar y a lo largo de la playa fuimos encontrando los cadáveres. Muchos. Conté 57. Entre ellos había niños, adolescentes, mujeres embarazadas. Los cangrejos ya se estaban comiendo sus cuerpos. Los fuimos arrastrando lejos del agua, los tomamos fotos para que después sus familiares pudieran identificarlos, los metimos en bolsas plásticas. Trabajamos hasta que se cerró la oscuridad y no nos permitió seguir haciéndolo. Regresamos a la playa a primera hora del día siguiente y vimos que el mar había traído más cuerpos".

Los tres pisos de tu culpa. Jameelah lleva más de ocho años en el campo de Kharaz y sigue tan enferma como el día en que desembarcó. Las dolencias ya no están en su cuerpo, pero las carga en el alma. Se vino dejando atrás a su madre y a sus cinco hermanos. Trajo consigo a su único hijo, que murió durante la travesía de un golpe que le asestaron en la cabeza. A partir de entonces, tan pronto logra dormirse, Jameelah cae en una pesadilla que la martiriza. Sueña que un yenil, o demonio, la arrastra hacia una construcción de tres pisos donde la somete a juicio. En el primer piso, la condena por la muerte del hijo. En el segundo piso, la condena por abandonar a la madre y los hermanos. En el último piso también la condena, pero al despertar, ella no logra recordar por qué motivo era juzgada esa tercera vez. Jorge, uno de los psicólogos de MSF, le da un cuaderno y le pide "Jameelah, escribe tu sueño". Ella lo hace. Jorge lee y le dice: "Ahora vamos a preparar tu defensa. La próxima vez vas a explicarle al yenil que viniste a Yemen para trabajar y enviarle dinero a tu madre, que no la abandonaste, ni tampoco a tus hermanos, y que a tu hijo no lo mataste tú, lo mataron los smugglers. Dile a ese yenil que no haces nada contra tu familia, al contrario, has intentado darle mejor vida, aunque la posibilidad no esté en tus manos". El sueño de Jameelah se ha seguido repitiendo, pero ahora el yenil la absuelve en el primero y el segundo piso. Sin embargo en el tercero la condena, y ella sigue sin saber de qué la acusa. "La culpabilidad de las víctimas es un pozo sin fondo", me dice Jorge, el psicólogo.

SALOMÓN ¿USABA GUANTES?

Está escrito que Makeda salió de Saba y cruzó el desierto en busca de Salomón, de quien le habían dicho que era un rey sabio. Las sabias están más bien aquí, pienso al visitar el consultorio médico en el campo de refugiados del ACNUR en Kharaz, en pleno desierto, a tres horas por carretera de Adén. Los médicos son dos muchachas yemeníes, la doctora Jazmin y la doctora Leila. Según la usanza en el país, ambas van tapadas con abaya y toca negras de la cabeza a los pies, salvo una mínima ranura por la cual pueden verte, y tú a ellas puedes verles los ojos. Jazmin debe de pertenecer a un clan más tradicionalista que Leila, porque lleva puesto, además, un par de guantes negros que no se quita en público. "No siempre es fácil atender a las refugiadas", me dice. "Si sólo lidiaras con enfermedades, vaya y pase, pero tienes que enfrentarte a algo casi incurable, los prejuicios atávicos".

Yo miro sus guantes, miro el denso velo que le oculta la cara, y no puedo creer lo que estoy escuchando. Afortunadamente, ella, sin darse por aludida, me sigue explicando. Me dice que en el campo hay una somalí destrozada por un dilema. Vivía en Mogadiscio cuando una tarde, al regresar a su casa, fue violada por los seis o siete integrantes de una milicia etíope. No sólo la violaron una y otra vez, sino que la hirieron con cuchillo, le rompieron un brazo de un culatazo y la abandonaron cuando la creyeron muerta. Es lo habitual allí: ultrajar a las mujeres de otro clan es una de las formas que asume la venganza. Alguien la encontró en coma, se las arregló para hacerla ver por un médico, y ella sobrevivió. Pero se convirtió en motivo de shame, vergüenza, para su familia somalí, por haber sido violada por etíopes. Luego se dio cuenta de que había quedado embarazada, y huyó de Somalia por temor a que sus propias gentes mataran a la criatura al nacer. Dejó en casa a sus cuatro hijos, logró cruzar el golfo y se presentó en el campo de Kharaz, pidiendo asilo. Allí, las doctoras Jazmin y Leila le atendieron el parto. El niño, que nació bien, tenía la piel oscura de los etíopes, así que con sólo verlo, cualquier somalí reconocería en él la sangre ajena. Desde Mogadiscio, la abuela le rogaba a la mujer que abandonara en Yemen al niño etíope y que volviera a casa a hacerse cargo de los otros cuatro, que estaban pasando hambre. Ella sabía bien que con el bebé no podría regresar. ¿Qué hacer? Estaba enferma de confusión, de angustia, de soledad. Los dos médicos tomaron el problema en sus manos. Le ayudaron a conseguir trabajo para que pudiese enviarles dinero a los hijos que dejó en Somalia, mientras permanece en Yemen con el más pequeño. Y le asignaron una madre sustituta que cuida al pequeño de tanto en tanto, mientras ella visita a los otros en Moga. Ni el propio Salomón hubiera salido con una solución tan salomónica.

La casa de las mendigas. En el calor lento de las seis de la tarde se fermenta un olor denso y ahumado a cardamomo y canela, a basura, orines e incienso. Estamos ahora en el laberinto de pasadizos de la barriada de Al Bassateen, en las goteras de Adén, donde sólo viven somalíes y half-castes, o yemeníes con sangre somalí. Desde hace un rato alguien me sigue, tirándome de la manga. Es una mujer con un recién nacido en brazos. Es una alyawm, una limosnera. "Vete a casa", le dice Habiba, "tu niño está demasiado pequeño, ¿cuánto tiene de nacido?". "Cuatro días", responde la mujer, "lo parí aquí mismo, en la calle". Nos lleva a donde vive, la casa de las mendigas. Doce o trece mujeres comparten un pequeño patio de tierra y a medio techar. Algunas se ven descarnadas y enfermas, y una de ellas no se mueve ya: espera acurrucada en un rincón, con la boca abierta y los ojos atónitos, a que le llegue la muerte. Syrad, la más enérgica y saludable, nos ofrece té. "En Al Bassateen, mendigar es el único oficio para una viuda", dice. Si le pides limosna a un hombre yemení, se siente en la obligación de dártela. Es musulmán, la religión se lo ordena. Pero si es muy negociante, te pueden decir: "Toma estas monedas, tómalas; pero si me la chupas, te doy el triple".

Le pregunto a otra de ellas qué espera de la vida, y responde que nada. "Recién llegada de Somalia tenía sueños", dice, "porque pensaba que aquí la vida podía ser mejor. Ahora sé que no es mucho mejor. Bueno, sí, tengo un sueño, uno pequeño, el sueño de cada día: que alguien me dé una limosna".

Caminamos luego hasta el famoso Bloque Tres, el sector de las dhillos, o prostitutas. Nos permiten entrar a una de las casas. En realidad es un patio casi igual al de las mendigas, pero en éste las mujeres son más jóvenes y han pegado en los muros afiches de Bollywood. Se envuelven el cuerpo en coloridas futas, llevan los brazos pintados de gena, anillos en los dedos de las manos y los pies, ajorcas en los tobillos y brazaletes en las muñecas. Nos ofrece el té un muchacho depilado y maquillado que parece ser de inferior rango porque las mujeres le dan órdenes. Colocan en torno al patio colchonetas de espuma de caucho, traen pequeños cojines para que Habiba y yo estemos más cómodas y rocían el ambiente con desodorante floral en spray. Ahora sí -escribo en mi libreta-, me encuentro entre las auténticas reinas de Saba, con todo, y almohadones, perfumes y joyas.

Al principio ni mencionan su oficio, pero poco a poco aflojan y van contando las ventajas y los sinsabores de la vida que llevan. "Por aquí es costumbre que te paguen con comida", dicen. "Te invitan a cenar y sales de ahí con el estómago lleno y las manos vacías. Otros te enciman el khat. Algunos clientes sólo piden que les dejes pasar la noche contigo. Se acuestan a tu lado y no hacen nada, salvo mascar khat. Están consumidos por el khat, que a la larga los deja impotentes. No les importa, lo siguen mascando, y nosotras también. Conseguimos suficiente khat para estar alegres, y suficiente comida para mantenernos vivas. Pero rara vez podemos juntar dinero para mandar a Somalia. Una opción mejor es trabajar en hoteles. Los taxistas te llevan hasta los hoteles a cambio de una mamada, y al regreso, igual. Como por aquí es raro ver un billete, los trabajos se pagan en especie. En el hotel limpias los cuartos, tiendes las camas, trapeas los pasillos y estás ahí para cumplir la voluntad del huésped. Cada tanto, el dueño nos lleva a un hospital a que nos revisen la sangre. Cuando caen huéspedes de Arabia Saudí, traen dinero en los bolsillos, y nosotras podemos mandar algo a casa para nuestros hijos".

De repente se enciende la algarabía en el Bloque Tres. Se ha armado la trifulca y de todas las puertas salen mujeres dando gritos. Un cliente quiso volarse sin pagar, la damnificada dio la voz de alarma y ahora corren tras él. Lo alcanzan y le propinan una paliza. Aparentemente, sólo le cae encima una lluvia de puños, pero en realidad le causan heridas con los brazaletes de metal que llevan en las muñecas.

Un televisor y una cama. Es posible que Saná sea la ciudad más bella del planeta. Como sacada de Las mil y una noches, dicen las guías de turismo, y lo compruebas tan pronto atraviesas la vieja muralla por Bab al Yemen y te cae encima todo el prodigio del medioevo oriental. Afuera de la muralla, sin embargo, es otro el cantar: una modernidad destartalada, sucia e inconexa, con Internet lento y tráfico energúmeno. El último rincón de este adefesio urbanístico es la barriada popular de Safía, donde en una habitación sin muebles me esperan 15 mujeres, largas y esbeltas, a punta de hambre. Son algunas de las somalíes que sobreviven en la capital limpiando casas durante el día, y hacinándose de noche con sus hijos en habitaciones como ésta. Van cubiertas como las yemeníes, pero a medida que conversamos, se quitan la ropa negra y debajo aparecen las coloridas telas africanas. Iprah lleva un brazo enyesado; fue atropellada por un coche en las calles de Saná y no logró que la atendieran en ningún hospital hasta una semana después, cuando encontró a familiares que aceptaron pagar su cuenta. Yurop tiene la frente y una oreja quemadas. Hace un par de años intentó quitarse la vida por el medio tradicional de suicidio femenino en su tierra, que consiste en rociarse con combustible y prender un fósforo. Se lo impidieron unas vecinas, sofocando el fuego con mantas de lana.

Está escrito que cuando la reina de Saba se iba acercando a lomo de elefante, bajo su parasol rojo con campanitas de plata y respirando por la boca porque le oprimía el pecho un corsé de pedrería, era tal el esplendor que irradiaba, que la multitud, deslumbrada, se postraba en tierra a su paso. No les pasa otro tanto a las reinas de Safía, acostumbradas a soportar un sonoro "vete al infierno" cuando preguntan si necesitan quien haga la limpieza. "Desconfían de nosotras. Nos acusan de groseras y ladronas, y abusan. El otro día me quejé ante una señora: ’Vigila a tu marido’, le dije, ’quiere violarme’. Me respondió: ’Y qué problema te haces, dale lo que quiere, ¿acaso no te pagamos en esta casa?".

Las 15 mujeres están agotadas. Son ya las nueve pasadas de la noche, hace poco regresaron de sus rondas por la ciudad y acaban de alimentar a sus hijos con las sobras de comida que pudieron recoger. ¿Con qué sueñan, muchachas? Les pregunto antes de despedirme, y a coro me responden: "Con una cama y un televisor". Y cómo no, comento, después de semejante jornada cualquiera quisiera echarse en una cama y poner la mente en blanco frente a una pantalla. "No, no es eso". Yurop me explica: "La cama es para encadenar a los niños, ¿entiendes? No nos queda otro remedio. Tenemos que dejarlos solos durante todo el día, y si salen a la calle, cualquier cosa puede sucederles. La única solución es dejarlos amarrados a las patas de una cama. Cuando regresamos a la noche están hechos un desastre, lo primero que hacemos es lavarlos. Están orinados, cagados, lloran a gritos, se han peleado entre ellos, no han comido nada. El televisor es para que se entretengan mientras nos esperan".

La humanidad sólo cuenta con unas cuantas líneas escritas que dan testimonio de la existencia de la reina de Saba: alguna referencia en la Biblia, poco más en el Corán, menciones en textos apócrifos, manuscritos perdidos en alguna biblioteca, un reportaje de André Malraux. Y unas ciertas cartas. También en Safía me entregan una docena de estas cartas. Le sucede a cualquier extranjero que se asome por Kharaz, por Ahwar, por Al Bazateen: sale con los bolsillos llenos de cartas que las refugiadas escriben en inglés y llevan a todos lados en bolsitas plásticas. Están copiadas a mano y van dirigidas a todos, a ninguno, a quien quiera escuchar. Pueden ser escuetas biografías de una o dos páginas, o anuncios de se busca: un hijo perdido en medio de la guerra, un esposo que emigró y no da señales de vida. Puede ser el nombre de una medicina que no logran conseguir para un hermano que se queda ciego, o para una abuela que sufre de los nervios. Puede ser también la denuncia de una violación en tal barrio, de una matanza en tal pueblo. Las más breves son apenas un nombre y una ubicación, me llamo tal, me encuentro en tal lugar. Cada una de estas cartas es un llamado imperceptible, un improbable acto de fe, como el "aquí estuvo fulano" que un desaparecido raya con la uña en el muro de una celda.

EL PAIS SEMANAL - 09-08-2009

LEER LA REACCIÓN DE JOSÉ SARAMAGO AL PRESENTE ARTÍCULO DE LAURA RESTREPO

 

Avellaneda blues

El Negrito era un negrito de apenas 14 años. Simpático, entrador y un militante aguerrido que jamás tuvo un arma en la mano. El negrito estaba orgulloso de su viejo que era afiliado al Partido Comunista, delegado de una fábrica textil de la zona norte y se llamaba igual que él: Floreal Avellaneda. Aquel horroroso 15 de abril de 1976, a la una y media de la madrugada, ocho autos llenos de asesinos con uniforme se metieron en la humilde casa de la familia Avellaneda. Entraron a sangre y fuego. Ametrallaron la puerta y robaron todo lo que pudieron. El viejo Floreal había conseguido escaparse y los tenebrosos pasajeros de los Ford Falcon sin chapa, encapuchados, se llevaron al negrito y a Iris, su mama. En la comisaría de Villa Martelli los torturaron con ferocidad y alevosía. Iris sufría cada vez que la picana eléctrica se clavaba en su vagina mojada y gritaba con desesperación. Pero su mayor sufrimiento era escuchar los gritos de su hijo, el negrito Avellaneda que decía: “Mami, deciles que no sabemos a donde se fue Papa”. Lo cuento y me corre un frío terrible por la espalda. Me estremezco porque ese chico valiente de 14 años fue sometido al empalamiento. No quiero apelar a un golpe bajo. Pero creo que el salvajismo inhumano debe conocerse en toda su dimensión para que Nunca Más sea posible. El empalamiento es uno de los mecanismos de tortura más atroces y consiste en atravesar a la persona con una madera filosa entre la boca y el ano. Un asesinato de nazis cavernícolas. Eso hicieron con el negrito de 14 años. Así asesinaron a un pibe de barrio indefenso. Su madre fue trasladada a la cárcel de Olmos y el cuerpo del negrito apareció flotando junto a otros 7 cadáveres en el río de la Plata frente a las cosas de Uruguay. Lo reconocieron porque tenía tatuado un corazón con las letras F y A adentro. No hay palabras para calificar semejante alevosía.
Treinta y tres años después, la justicia de la democracia hizo justicia. Santiago Omar Riveros, comandante de Institutos Militares de Campo de Mayo fue condenado anoche a prisión perpetua. Va a pasar el resto de sus días encerrado. Ese es el lugar en donde un terrorista de estado debe estar: en la cárcel. Nadie sabe donde están los restos del Negrito. Porque su cuerpo fue robado de un cementerio en 1979. Semejante ensañamiento degrada la condición humana. No podían soportar ni siquiera el cadáver destrozado de Floreal Avellaneda. Nombre de tango perfumado y apellido de ciudad proletaria. Tristeza y lamento de blues para el Negrito Avellaneda que ojalá descanse en paz escuchando el desgarro de Manal como un rezo y una letanía: Vía muerta, calle con asfalto siempre destrozado. Luz que muere, la fábrica parece un duende de hormigón. Y la grúa su lágrima de carga inclina sobre el rock.

 

Graciela y Hebe

Hace muchos años que conozco a Graciela Fernández Meijide y a Hebe Bonafini. Allá lejos y hace tiempo, mas de 25 años, integré desde el último escalón de importancia la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos donde Graciela se hizo dirigente nacional. Fui a muchas marchas de la Madres en la Plaza de Mayo y entrevisté no menos de 10 veces a Hebe. Por mi trabajo de columnista fui opinando de distintos sucesos que me hicieron cada vez mas crítico de Hebe y cada vez mas elogioso de Graciela. Hago un esfuerzo monumental para respetar a esas dos madres que perdieron a sus hijos. Es un dolor y un horror intransferible que no se si yo sería capaz de asumir sin caer en la locura o en la venganza por mano propia. Por lo tanto no me olvido que ambas fueron muy importantes en la lucha a favor de los derechos humanos. Pero también aprendí que el desgarro de las víctimas tampoco otorga impunidad para tomar cualquier postura y evitar la mirada crítica de la sociedad y del periodismo. Con todo respeto porque ninguna tomó el camino del ojo por ojo ni de la violencia contra los asesinos y torturadores de sus hijos veo que Graciela y Hebe representan dos caminos absolutamente distintos en la Argentina de hoy. Graciela en su momento se asoció políticamente con Carlos Auyero, un demócrata-cristiano íntegro de transparencia a toda prueba y gran capacidad intelectual. Hebe tiene como hombre de confianza a Sergio Schocklender, alguien que si bien ya pagó sus culpas ante la ley fue condenado por el asesinato de sus padres. La diferencia es abismal. Y se ve reflejada en cada postura. Graciela siempre apuesta al consenso, a debatir con honestidad intelectual y la cabeza abierta y es difícil que se le escape alguna agresión verbal. Hebe es la contracara. Sus discursos son agresivos y autoritarios. Eso la fue aislando cada vez más. Porque no solamente es insultante con los victimarios de sus hijos cosas que sería mas o menos comprensible. También ha descalificado por un tema electoral a gente muy luchadora por los derechos humanos como Pino Solanas o Martín Sabatella. En los últimos días, ya lo comentamos, Hebe trató de rata a Graciela y eso me dolió en el alma. ¿Cuál es el límite? El motivo fue que Graciela había propuesto una idea audaz y polémica como la de bajarle la pena a los represores a cambio de información fehaciente sobre los desaparecidos y sobre los nietos que las abuelas buscan sin descanso y sobre el número exacto de desaparecidos durante el terrorismo de estado. Ese fue su pecado. Abrir un debate sano, necesario y desde el lugar de la víctima para buscar la verdad y la justicia como siempre han dicho los organismos de derechos humanos. Verdad y justicia que deben ser para todos y no solo para algunos. Los derechos humanos tan manoseados pueden recuperarse como el terreno fértil en donde sembrar nuevos tiempos. El Pepe Mujica, candidato a presidente de Uruguay y ex Tupamaro en su sencillez y profundidad dijo que los argentinos nos tenemos que querer mas. Y tiene razón. No hablo de una actitud de hippismo infantil donde no hay conflictos. Hablo de respetar al otro y sus ideas. Hablo de no considerar enemigo al que piensa distinto. Hablo de ser intolerantes solamente con los corruptos y los golpistas. Con ellos nada, pero con el resto de los argentinos todo es posible.

Alfredo Leuco

Fuente: www.alfredoleuco.com.ar

Nace el Guantanamo Justice Centre

Sami El Haj funda el Guantanamo Justice Centre
por Silvia Cattori

El 29 de julio de 2009 tuvimos el privilegio de reunirnos en Ginebra con Sami El Haj, el periodista y camarógrafo de Al Jazzera que pasó más de 6 años encarcelado en la base naval estadounidense de Guantánamo, territorio cubano ocupado por Estados Unidos en contra de la voluntad de las autoridades y del pueblo de Cuba. Durante su estancia en Ginebra, Sami El Haj anunció la creación de la organización humanitaria «Centro Guantánamo por la Justicia», (Guantánamo Justice Centre), que él mismo preside y que tendrá su sede en Londres, conforme a su anuncio, el 30 de julio, en conferencia de prensa convocada en esta capital. La nueva ONG tendrá como secretario general al ex detenido británico Moazzam Begg y tendra representaciones en Ginebra y París.

¿Por qué esta nueva ONG?

El «Centro Guantánamo por la Justicia» se plantea como objetivo la liberación de todos los prisioneros aún detenidos allí, así como el reconocimiento de la inocencia de esas personas y de los abusos a los que fueron sometidas por la administración de los Estados Unidos. Tiene también como objetivo la obtención de reparaciones por los daños financieros y morales que sufrieron los ex detenidos y que se proporcione ayuda sicológica a esas personas.

Esta ONG se prepara, al mismo tiempo, para emprender junto a un grupo de ex detenidos de Guantánamo una «acción legal conjunta» (joint legal action) contra el ex presidente George W. Bush y varios miembros de su administración por haber propiciado las detenciones ilegales y las torturas sufridas en Guantánamo.

Sobre ese tema, Sami El Haj  [1] precisa: «El objetivo de nuestra organización es abrir una acción de la justicia contra la administración Bush. Estamos recogiendo información, esencialmente testimonios médicos, de todo el que esté en posesión de ese tipo de datos. Eso lleva tiempo.»

Sami El Haj señala, sin embargo, la necesidad inmediata de ayuda material y de apoyo moral que enfrentan todas esas víctimas, actualmente abandonadas como casos sin solución, después que creyeron en enero en las promesas de Obama y pensaron que su situación iba a mejorar: «Obama había prometido la supresión de las cortes militares, pero luego se echó para atrás diciendo que las cortes militares iban a mantenerse con algunos cambios. [Obama] había prometido que se harían públicas las fotos de las brutalidades cometidas con los prisioneros de las dos guerras que se están desarrollando, en Irak y en Afganistán, pero se retractó diciendo que eso perjudicaría la imagen de los Estados Unidos. [Obama] había dicho que iba a juzgar a los autores de crímenes de guerra, pero en eso también se echó para atrás.

Y nosotros tenemos hoy la prueba de que nunca han cesado las torturas en Guantánamo (lanzar [a los prisioneros] contra las paredes, privarlos del sueño y del alimento, [aplicación del] waterboarding y de otras técnicas llamadas «de interrogatorio fuerte», NdA.).

Obama no ha cumplido sus promesas. Nosotros esperamos que cumpla, por lo menos, la de cerrar Guantánamo. Creemos que lo hará. Pero la cuestión no reside solamente en el cierre. El problema más difícil es el que tenemos ante nosotros.

Cuando Obama llegó al poder, había en Guantánamo cerca de 256 prisioneros. En este momento, más de 6 meses después de su promesa de cerrar esa prisión en el plazo de un año, hay todavía [en Guantánamo] 229 detenidos. O sea, en 6 meses sólo han sido liberados 27 detenidos. Nos espanta que el número de detenidos liberados sea tan pequeño. ¿Liberará la administración estadounidense a los 229 detenidos que se encuentran aún en Guantánamo? Lo dudo porque tenemos información confiable –de gente que vive allí– según la cual Estados Unidos está construyendo un campo de prisioneros en Bagram, en Afganistán, y ese campo estaría destinado al internamiento de los prisioneros provenientes de Guantánamo.

Eso indica que el problema no será resuelto con el simple cierre de Guantánamo. Estará resuelto únicamente cuando los detenidos liberados hayan recobrado enteramente su libertad. Es en esa dirección, para ayudar a esos detenidos, que trabajará nuestra organización –denominada «Centro Guantánamo por la Justicia».

La administración Obama afirma que: “nadie coopera con nosotros, nadie nos ayuda a cerrar Guantánamo”. Yo no creo que esa afirmación corresponda a los hechos. Dicho esto, la liberación de los prisioneros implica que éstos puedan obtener ayuda cuando salgan. Por ejemplo, muchos de los 229 detenidos que aún se encuentran en Guantánamo son yemenitas y Yemen no ha tramitado hasta ahora con Estados Unidos la recepción de sus ciudadanos. Para los cerca de 500 detenidos ya liberados, los sufrimientos están lejos de haber terminado con el regreso a sus países. Al haber sido catalogados como “terroristas”, están teniendo problemas de inserción, se les ha dejado sin atención a pesar de tratarse de personas traumatizadas que necesitan apoyo sicológico.

Las razones anteriormente mencionadas son lo que nos ha llevado a crear esta organización humanitaria, para recordarle al mundo que los prisioneros de Guantánamo son inocentes y que hay que ayudarlos, que Guantánamo fue un error de Estados Unidos y que es ése país quien debe resolver ese grave problema.»

Fuente: Voltairenet

“UN GENOCIDIO SÓLO ES POSIBLE CUANDO CADA PERSONA DE UNA SOCIEDAD SE SOMETE”

Entrevista a Inés Weinberg, jueza de la Corte Penal de Naciones Unidas

Violación masiva sacude a comunidad menonita

Violación masiva sacude a comunidad menonita

La colonia menonita de Manitoba, en el este de Bolivia, no volverá a ser lo que era hasta que la tragedia que ha sacudido a la comunidad se borre de la memoria de sus habitantes: en los dos últimos años al menos un centenar de mujeres y niñas han sido violadas por jóvenes de la localidad

Manitoba (Bolivia) Miércoles 01 de julio de 2009
05:29 La colonia menonita de Manitoba, en el este de Bolivia, no volverá a ser lo que era hasta que la tragedia que ha sacudido a la comunidad se borre de la memoria de sus habitantes: en los dos últimos años al menos un centenar de mujeres y niñas han sido violadas por jóvenes de la localidad.

La tranquilidad y la confianza mutua que caracterizan a los menonitas se convirtió en miedo y confusión hace una semana cuando se confirmaron las sospechas sobre una violación sexual masiva en esta comunidad cristiana de cerca de 2 mil habitantes.

Los menonitas son religiosos conservadores que rechazan cualquier tipo de indicio de modernidad en su vida, viajan en carretas impulsadas por caballos, sin ruedas de goma, generan la energía que usan con métodos sostenibles y tienen prohibido tener una carretera asfaltada cerca de su comunidad.

Manitoba está situada a unos 152 kilómetros al noreste de la ciudad boliviana de Santa Cruz, en el oriente de Bolivia.

El pasado 24 de junio, siete hombres, la mayoría jóvenes, fueron detenidos de forma preventiva acusados de la presunta violación de sus propias vecinas, a las que dormían con una sustancia química que introducían por las puertas y ventanas de sus casas.

Otro menonita, de 41 años, también fue detenido acusado de "complicidad" por proveer presuntamente al resto de acusados de somníferos, que vendía por 50 dólares, e incluso pastillas Viagra y medicamentos para poner en celo a los animales.

En el último tiempo, muchas niñas amanecían desnudas y notaban hechos extraños, pero no se atrevían a contárselo a sus padres, mientras que algunas mujeres atribuían los sucesos a "un acto del diablo", por lo que pasaron dos años sin denunciar las violaciones.

"Es un hecho muy doloroso que avergüenza mucho a la comunidad", aseguró a Efe Peter Kenelsen, que ha exigido "justicia" y espera "el apoyo del gobierno" para sancionar a los responsables de las violaciones cometidas en su familia.

"Hay miedo y la gente está reforzando la seguridad en sus casas", declaró Johan Klassen, otro vecino que reconoce que en su casa también entraron los presuntos violadores, "malditos o guarros" como les llaman en Manitoba.

"No respetaron ni a los ministros -los líderes religiosos de la comunidad-, también violaron a sus hijas", asegura Jonh Boldt mientras muestra las fracturas en las ventanas de su casa que causaron los presuntos violadores cuando entraron para intentar agredir sexualmente a su mujer y a sus dos hijas de 13 y 15 años.

Los acusados "no respetaron a nadie", subrayó el fiscal encargado del caso, Freddy Pérez, en declaraciones a Efe, al señalar que existen casos en que los detenidos violaron a sus propias hermanas, a una disminuida psíquica, a muchas niñas y adolescentes e incluso a ancianas.

Margaretta, una joven de 16 años que se sometió a un examen médico forense junto a su hermana de 14, relató que en una ocasión oyó ruidos extraños en su habitación cuando sus padres estaban en un velorio en otra localidad y se percató de la presencia de un hombre debajo de su cama que salió corriendo.

La menor cuenta decidida ese suceso en un "alemán bajo", el único idioma que hablan la mayoría de las mujeres menonitas de esta localidad boliviana, sin saber si ha sido violada, pues aún no tiene los resultados de las pruebas médicas, y probablemente sin conocer las consecuencias que tendrá en su comunidad.

Para muchas de las niñas y jóvenes que han sido víctimas de la violación será una mancha imborrable en su vida porque las menonitas deben llegar vírgenes al matrimonio y, según relatan en la comunidad, los chicos no querrán casarse con las afectadas.

José Antonio Ramos, el psicólogo que atiende a las menores, reconoció que además del daño moral por haber sido agredidas sexualmente, las niñas sufrirán por las "connotaciones que el suceso tiene por la religión y las costumbres conservadoras de la comunidad".

Johan Klassen, un menonita que regenta un pequeño comercio en Manitoba, ofreció el pasado lunes su casa para las pruebas médicas y los análisis psicológicos que determinarán cuántas mujeres y niñas fueron violadas.

A su patio llegaron desde primera hora de la mañana carruajes tirados por caballos, llenos de mujeres, entre ellas muchas niñas y adolescentes, que fueron a hacerse las pruebas con sus tradicionales vestidos largos floreados, sus sombreros de paja con lazo y sus pañuelos, blancos para las solteras y negros para las casadas.

Inicialmente se ha establecido que las víctimas son cerca de cien, pero "podrían ser muchas más, hasta 300", aseguró una fuente de la Fiscalía que extenderá sus investigaciones a otras comunidades menonitas vecinas como California, El Cerro y Milán, donde hay una población de unas 4 mil personas.

De hecho, en la colonia menonita de Riva Palacios, 45 kilómetros al sur de Santa Cruz, otro hombre fue detenido acusado de violar a 24 mujeres de su comunidad con la misma técnica usada en Manitoba, por lo que la Fiscalía considera que los hechos están relacionados.

Fuente: Diario El Universal- Mexico.

EL CAMINO CORRECTO - ¡BRAVO INTI Y LA ALAMEDA!

Del trabajo esclavo a la cooperativa

La planta, gestionada por el INTI e impulsada por la Fundación La Alameda, fue construida por la Corporación Buenos Aires Sur. Parte de la maquinaria fue incautada por la Justicia en talleres clandestinos. Hay lugar para nueve cooperativas.

Por Eduardo Videla

Desde hoy, en la ciudad de Buenos Aires hay una alternativa sustentable al trabajo esclavo. Se trata de un polo textil denominado Centro Demostrativo de Indumentaria, una planta preparada para la instalación de cooperativas de trabajadores costureros, donde se pretende promover un estilo de trabajo diferente al de los talleres clandestinos, donde el régimen laboral no tiene límites de horarios ni respeta condiciones de seguridad. El proyecto fue diseñado por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), que administra la planta comprada y acondicionada por la Corporación Buenos Aires Sur, e impulsado por la Fundación La Alameda. En el lugar ya trabajan tres cooperativas y parte de las máquinas instaladas proviene de uno de los talleres allanados y clausurados por la Justicia. La planta se inaugura hoy, en coincidencia con el Día Internacional de los Derechos de los Trabajadores Migrantes: la mayoría de los operarios del sector son inmigrantes de países limítrofes.

“Mi esperanza es poder ganar un salario en un trabajo digno y no estar enfrente a una máquina catorce horas por día, en un lugar donde la gente duerme en el mismo taller”, dijo a Página/12 Carlos Apala, uno de los trabajadores del taller de Deán Funes al 1700, clausurado hace un año por la Justicia. Carlos es operador de una de las máquinas tejedoras automáticas, las mismas que manejó durante más de diez años en ese taller.

La planta está ubicada en un viejo galpón reciclado, que fue taller y lavadero de una compañía de ómnibus, en la calle Melgar, una cortada del barrio de Barracas ubicada a la altura de Río Cuarto y Perdriel. Tiene 1800 metros cuadrados y está dividida en nueve unidades, de 80 metros cuadrados cada una, capaces de albergar a otras tantas cooperativas, integradas por un máximo de 15 trabajadores cada una. Es decir que el lugar está en condiciones de recibir en total a unos 135 operarios.

Por ahora hay sólo tres cooperativas en condiciones de arrancar, con un total de treinta trabajadores. “Al principio se habían anotado más de cien costureros, pero se demoró tanto la construcción que muchos se desalentaron”, dijo Gustavo Vera, presidente de la Fundación La Alameda. “Confiamos en que vuelvan ahora, con la inauguración”, agregó.

La construcción del CDI fue el resultado de un largo proceso, que comenzó con el incendio del taller clandestino de la calle Luis Viale, en marzo de 2006, donde murieron seis personas. Los distintos procedimientos que se realizaron a partir de entonces arrojaban como resultado la clausura de los talleres clandestinos pero también la pérdida de las fuentes de trabajo para los costureros”. Para resolver esa situación, La Alameda impulsó ante el gobierno porteño –durante la gestión de Jorge Telerman– la creación de una planta que pueda recibir a los trabajadores víctimas del trabajo esclavo. Fue el Ministerio de Desarrollo Económico –a cargo, entonces, de Enrique Rodríguez– el que compró el galpón, inició las obras y firmó el traspaso de la gestión del predio, al INTI, en noviembre de 2007, poco antes de la asunción de Mauricio Macri en el gobierno porteño. La finalización de la obra y la habilitación demandaron más de un año y medio.

“Queremos demostrarles a las empresas de indumentaria que es posible trabajar respetando los derechos laborales y que eso, a la larga, va a tener menos costos para ellos”, dijo a Página/12 Hernán Zunini, del programa de Extensión del INTI, a cargo de la supervisión del proyecto. “Primero, porque toda la línea de producción está en un mismo lugar: ellos acostumbran a hacer el corte en un lado, la costura en un taller y la terminación en otro. De esta manera se ahorran en costo de logística. Pero además la marca gana en prestigio, porque puede certificar que sus prendas son confeccionadas sin el uso de trabajo esclavo”, agrega Zunini.

El recorrido de Página/12 por la planta, antes de la inauguración, comienza por una playa de descarga, separada de la calle por una cortina metálica y que comunica, hacia el interior, con la primera unidad productiva: el taller de corte, donde están instaladas unas amplias mesas equipadas a la espera de ser ocupadas por una cooperativa. Le sigue, en el box contiguo, la segunda unidad, ya ocupada por los costureros de la Cooperativa de Trabajo Cildañez Limitada, que están confeccionando muestras de pantalones y camperas de jean, para damas, caballeros y niños. La cooperativa reúne a costureros con 10 y hasta 15 años de experiencia, incluso a uno de origen senegalés.

En otras unidades están la cooperativa P-Maco, que confecciona remeras, chombas y joggins de tejido de punto; la tejeduría de punto con las máquinas secuestradas en el taller de Deán Funes; un taller de terminación (colocación de botones y ojales) y una sala de planchado.

Las unidades están separadas por un pasillo, en el que están bien visibles los matafuegos y las mangueras contra incendios. El agua proviene de un enorme tanque ubicado en el fondo del local. Tanto el acceso como los sanitarios están preparados para personas con movilidad reducida. Hay una cocina que está a disposición de los trabajadores, pero todavía falta la instalación de la calefacción que pueda mitigar el frío de estos días. El INTI ha designado al ingeniero textil Omar Torres para asesorar a las cooperativas en materia de técnicas de producción y de comercialización. “Las cooperativas pueden trabajar para afuera, con pedidos realizados por empresas o bien desarrollar sus propios productos: ya tenemos nuestra propia marca, Mind”, explicó Torres a Página/12. “Ya hay una empresa que ha hecho pedidos y otras que están interesadas”, comentó, aunque sin dar nombres ni marcas. El diseñador del INTI Adrián Kulzycki, por su parte, hace su aporte en desarrollo de indumentaria y moldería.

Además de las máquinas incautadas, el equipamiento fue aportado por el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Los trabajadores cumplen a rajatabla un horario de 8 horas, de 9 a 17, y sus ingresos no se pagan como salarios sino como dividendos, como corresponde a las cooperativas. “La presencia del INTI apunta además a garantizar que no se reproduzcan ahí los sistemas de explotación que se dan afuera. Cumple la función de árbitro ante posibles conflictos”, sostuvo Vera, de La Alameda.

El acto de inauguración se llevará a cabo hoy a las 14 en Melgar 46, con la presencia del titular del INTI, Enrique Martínez, y de la Corporación Buenos Aires Sur, Humberto Schiavone; también habrá un respaldo de organizaciones religiosas que sostuvieron el proyecto cuando parecía que estaba a punto de caerse: la Pastoral para las Migraciones, de la Arquidiócesis de Buenos Aires, la Fundación Judaica y un representante de la Iglesia Luterana.

Fuente: Página 12 - 01/07/2009

América Latina: alto riesgo social

 TRIBUNA: BERNARDO KLIKSBERG

América Latina: alto riesgo social

La región llega a esta crisis con fortalezas macroeconómicas pero con marcados déficit sociales. Las prioridades deben estar claras: hay que garantizar el trabajo, la educación, la sanidad y la dignidad del pueblo

BERNARDO KLIKSBERG 24/06/2009

 

 

América Latina creció un 4,8% en 2005, un 5,6% en 2006, un 5,7% en 2007, y un 4,6% en 2008. A consecuencia de una crisis que no generó, sino de la que es una víctima más, sus economías decrecerán en 2009 un 0,3% según CEPAL o un 0,6% de acuerdo al Banco Mundial. Será una caída muy fuerte. Se está produciendo por diversas vías. En cinco de sus mayores economías las exportaciones cayeron un tercio entre agosto y diciembre de 2008. Los flujos de inversiones pueden caer a menos de la mitad en este año. El turismo está siendo afectado.

 

Uno de cada cuatro jóvenes está fuera del mercado laboral y del sistema educativo

Están bajando las remesas migratorias. Son del 18% al 24% del Producto Bruto de Honduras, Guyana, Haití, Jamaica y El Salvador, y del 6,6% al 12,1% del de Nicaragua, Guatemala, República Dominicana, Bolivia y Ecuador. Se redujeron en el último año un 8% en Guatemala, y un 11% en México, Por ejemplo, las remesas desde España fueron en 2008 un 7,1% menores al año anterior.

Pueden aumentar las ya muy altas tasas de violencia doméstica, que van del 10% al 38%

La región ha llegado a esta crisis con fortalezas macroeconómicas pero con marcados déficits sociales. Más de un tercio de su población es pobre y la desigualdad es la peor de todos los continentes. La combinación de la crisis con estas vulnerabilidades puede ser explosiva si no se adoptan las políticas más adecuadas.

Entre los posibles efectos sociales de la crisis se hallan:

1. Aumentará la desocupación. La tasa de desempleo urbano puede crecer según la OIT, que ha ido aumentando sus proyecciones negativas desde el 7,5% al 8,4% y luego al 8,8%. Serían entre 2,3 millones y 3,2 millones de nuevos desocupados, que elevarían el total a 18,2 millones o 19,1 millones.

2. Los más afectados serán los jóvenes.En nueve países analizados la tasa de desempleo juvenil más que duplica la tasa de desocupación total. Aun en una de las economías más prósperas como la de Chile, el 20,2% de los jóvenes está desocupado. En Colombia los desempleados jóvenes son 978.000, el 50% del total nacional. En Perú, son el 22%. Uno de cada cuatro jóvenes latinoamericanos está fuera del mercado laboral... y del sistema educativo.

La crisis puede agravar aún mucho más la situación de los jóvenes. Eso ya está sucediendo en Estados Unidos. Un estudio del Center for Labor Market del pasado mayo concluye: "Cuanto más joven, más será expulsado del mercado de trabajo". En la medida en que se reducen los puestos de trabajo disponibles están quedando fuera los jóvenes, los pobres y los de menos educación. También se está produciendo el fenómeno de que los jóvenes graduados con título universitario están ingresando en trabajos que no requieren más calificación que uno secundario, desplazando así a sus pares menos educados.

3. Las mujeres pueden ser más discriminadas laboralmente. Ya previamente a la crisis, en 2006, la tasa de desocupación femenina era un 56% superior a la masculina, y sus ingresos un 72% de los de los hombres. Pero en esta crisis esas brechas se están agudizando. Entre otras actúan las estructuras machistas que siguen viendo al hombre como el sostén real del hogar y desvalorizan el rol laboral logrado con tanto esfuerzo por la mujer.

Las mujeres verán también aumentadas sus responsabilidades familiares por las dificultades económicas. En un mercado laboral mucho más tenso y disputado se hará aún más difícil la situación de las mujeres solas jefas de hogar, que son un pilar de la familia en la región. Como media, un 33% de los hogares están dirigidas por ellas. En el caso de Nicaragua es un 40%, en México un 26%. La CEPAL estimó que sin la barrera de protección que significan las trabajadoras al frente de hogares, la pobreza sería un 10% mayor en América Latina.

También puede producirse como ha sucedido en crisis recientes en diversos países de la región un aumento de las ya muy altas tasas de violencia doméstica, que van del 10% al 38% según el país. El estrés socioeconómico agudo que implica la crisis para muchas familias puede ser un disparador de estas conductas aberrantes que recién empiezan a ser denunciadas y sancionadas como corresponde.

4. Elevación del número de trabajadores pobres. La OT proyecta que en un escenario pasivo, si no hay respuestas públicas de envergadura, el número de trabajadores con empleo pero cuyos sueldos serán menores que el umbral de la pobreza puede subir en cinco millones en 2009.

5. Crecimiento de la vulnerabilidad en salud y protección social. La cobertura social de la región es limitada. Casi cuatro de cada 10 ocupados urbanos carecen de protección en salud y seguridad social. El crecimiento del trabajo informal por la crisis aumentará la población vulnerable.

Por otro lado, a pesar de progresos, la región tiene indicadores comprometidos en mortalidad infantil (multiplica por 10 la de los países nórdicos) y mortalidad materna (multiplica por 15 la de Canadá). Pueden potenciarse por el aumento de la pobreza en sus diversas expresiones.

6. Los riesgos en deserción escolar. América Latina tiene 110 millones de personas que no terminaron la primaria, y sólo uno de cada dos jóvenes termina la secundaria. En la crisis puede aumentar significativamente el trabajo infantil que lleva al abandono de la escuela en los primeros niveles. Hay 18 millones de niños menores de 14 años que trabajan. También el ingreso temprano al mercado de trabajo de los jóvenes de menores recursos puede llevar a acortar sus años de estudio, en un mundo en donde es fundamental para las personas aumentar su capital educativo.

7. El fortalecimiento de las "trampas de la pobreza". El Banco Mundial estima que habrá seis millones nuevos de pobres en América Latina en este año. Muchos de ellos estarán encerrados en "trampas" que sólo políticas públicas agresivas pueden romper.

El círculo perverso que se produce es conocido. Siendo niños de hogares pobres, deberán trabajar, abandonarán la escuela, sólo podrán acceder a empleos marginales, carecerán de protección social y reproducirán la pobreza. Un alto porcentaje de los niños nacidos en hogares donde sus padres no terminaron la primaria tampoco la finalizan. En México, en 2008, mostrando como funcionan estas "trampas", el 83% de los ocupados con primaria incompleta no tenían seguridad social, frente al 45% en la población global.

La región tiene a pesar de sus avances macroeconómicos un fuerte talón de Aquiles social. Sus desigualdades agudas inciden en los altos niveles de pobreza. Lo ilustra el siguiente dato: a pesar de producir alimentos que podrían abastecer varias veces a su población, el 16% de los niños está desnutrido. De 2005 a 2007, aun siendo época de bonanza económica, al subir el precio de los alimentos el total de personas desnutridas creció fuertemente, en seis millones llegando a los 51 millones. En América Latina el tema no es la producción, sino el acceso a los alimentos.

La crisis requerirá prestar máxima atención a lo social. Las ideas de ajuste ortodoxo practicadas en décadas anteriores pueden ser fatales, acentuar todas las tendencias referidas y generar altísimos niveles de conflictividad.

Entre otras áreas, hará falta mucha política contracíclica: invertir fuertemente en obra pública, potenciar el mercado interno, proteger a la pequeña y mediana empresa, extender el crédito, blindar las inversiones en educación y salud, encarar especialmente el desempleo joven y las discriminaciones de género, ampliar la cobertura social...

¿Cómo financiarlo? Hay mucho terreno a explorar, desde los elevados niveles de evasión fiscal, pasando por la posibilidad de rehacer el anacrónico pacto fiscal actual, hasta el gasto militar, que creció un 30,54% en los últimos 10 años.

Se necesitará, asimismo, junto a política pública de calidad, responsabilidad social a escala de la empresa privada, movilizar el voluntariado y aumentar sustancialmente los niveles de concertación social.

Una ciudadanía cada vez más activa exige que, a diferencia de los ochenta y los noventa, esta vez las prioridades deben estar claras. En primer lugar, debe quedar garantizado el derecho al trabajo y la dignidad de las grandes mayorías de la población que están en serio riesgo.

Bernardo Kliksberg, economista y asesor de Gobiernos y organizaciones internacionales, es coautor junto al premio Nobel Amartya Sen del libro Primero la gente (Deusto, 2008).

Publicado el pasado 24 de junio en el diario El País de España 

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