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CIELO Y TIERRA - ¿QUIÉN DIJO QUE TODO ESTÁ PERDIDO?

¡Lacerantes reflexiones!

 por Herbert Mujica Rojas

¿Somos, como dice un escritor crítico, “un país de estúpidos, venales, tarados y sub-sirvientes que ha podido sobrevir 180 años”? No le falta razón, hasta diría que parece prudente al calificar el comportamiento social promedio en nuestra historia. De gobernantes a gobernados, son pocas las excepciones, un trauma colectivo nos hace aceptar cualquier cosa y los contrabandos parecieran constituir parte del ADN espiritual peruano. Por ejemplo, se hacen leyes, que a las 48 horas deben ser cambiadas, no sólo porque están mal hechas sino porque ¡algunos sectores las deniegan o repudian!

Para otra voz experimentada, Perú es un país ocupado por grupitos o lacras minúsculas que han transmitido, de tatarabuelos a tataranietos, las pizcas de gobierno, que les dejaron gozar episódicamente las oligarquías genuinas usufructuarias reales del poder, es decir, las grandes empresas y sus vasallos nativos.

Los miedos de comunicación, en su inmensa mayoría, están capturados por cenáculos que se lanzan incienso entre ellos para fabricar íconos opinantes o “analistas, estrategas, internacionalistas, expertos” y demás “istas” que vierten lugares simples y hasta palurdos. Pero sus fotos aparecen embutiendo el cerebro de la gente común y corriente que no tiene otra opción que el ramillete de idioteces que hablan, casi siempre, estos pánfilos.

En Perú el presidente de la república firma cualquier cosa. O ¿qué otra cosa fue la resolución que le hizo rubricar el viceministro de Relaciones Exteriores, Gonzalo Gutiérrez Reinel, sobre el proceso de ascensos, que terminó en un chasco anulado por inconstitucional, semanas atrás? El tal Gutiérrez no ha sido expectorado, no fue echado del servicio porque es el delfín del portapliegos en La Haya, Allan Wagner, gran titiritero de Torre Tagle y donde su operador principal es el canciller Joselo García Belaunde, su compadre.

Y hablando de aberraciones, en Defensa se ha nombrado provisionalmente como viceministro a Renzo Chiri, miembro de número de la rabanería caviar chilenófila y pro-yanqui. Este señor pertenece al grupo que llegó con Wagner a Defensa y se ha distinguido por elucubrar ridiculez tras ridiculez. En algún momento sugirió que las fuerzas del orden pidieran permiso para disparar. Y bajo el onanismo de cultura de paz, constituyen estos genuinos infiltrados quintacolumnas enterándose de los temas discretos de la Defensa Nacional. Como ocurriera con el traidorzuelo Fabián Novak Talavera, ¿se ha auditado qué se llevan o qué transmiten o comunican estas personas? El ministro del ramo, está claramente maniatado, no impone nada, es un buen burócrata simpático, reilón y pícaro, pero un eficiente ineficiente. Hasta hace pocas horas, tenía en su haber, las condecoraciones inmerecidas otorgadas al traidorzuelo. Ahora, acaba de incrementar su rosario de torpezas, colocando, aunque sea provisionalmente, a un individuo cuya ambición pasa por destrozar todo elemento militar y que proviene de la mercenaria capta-dólares Comisión Andina de Juristas que vive acopiando dólares y endiosando a su dueño, Niño Diego García Sayán. ¡Ah, y también colocando a sus amigotes en puestos claves: Beatriz Merino en la DP y Wagner en la comisión de La Haya. Por si las moscas, ambos son socios de Niño Diego.

En Perú el dicho “si del mundo quieres gozar, ver, oír y callar” adquiere ribetes de realidad mayestática cuanto que oprobiosa. Todos saben qué hace cada quien, pero miran, oyen y silencian porque no es políticamente conveniente señalar a los delincuentes que han hecho de la política vil negociado culpable. Los prontuarios son notables, pero he allí que esos son los premiados, los que declaran ante la prensa y los que trafican con sus “talentos” ante el mejor postor. Las organizaciones de nuevos gángsteres son cuevas o madrigueras de decenas de farsantes que viven alabándose entre sí y evitando que otros les muevan sus fragilísimas famas.

¿Vale la pena seguir luchando por el cambio, por la gran revolución peruana? O dejar que ¿los pitonisos que cada quince minutos ven el derrumbe de los gobiernos y la huida de los presidentes, temas que rara vez ocurren, sigan teniendo predominancia y sean los hombres-lumbrera de este país de confundidas gentes? Una simple pregunta: ¿por causa de qué los agoreros profesionales nunca ganan elecciones? ¿no será que el pueblo no los siente sus representantes y por eso no le otorga respaldo?

Los caminos alternativos van haciendo huella honda y posible por fácil el acceso y porque esa democracia sí permite, en tiempo real, conocer qué ocurre y qué piensa cada quien. Hay loquitos que escriben y escriben. Siempre hay lectores y críticos. Por lo menos allí, en Internet, sí es posible decir lo que se le viene a uno en gana. ¿Acaso los diarios, las radios o la televisión admiten lo que no les conviene? ¡Bah!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

Fuente: Voltairenet y hcmujica.blogspot.com

Otro periodismo tambien es posible

Del libro “Entre el deseo y la realidad” del Observatorio de Medios-UTPBA

Por Pascual Serrano

Son numerosas las ocasiones en que cuando participo en conferencias o tertulias sobre comunicación alternativa donde asisten profesionales jóvenes me preguntan sobre cómo afrontar la aparenta incompatibilidad entre servir a un modelo periodístico alternativo al de las grandes empresas y desenvolverse en un panorama dominante por estas empresas.

El modelo económico vigente en el neoliberalismo arroja a los profesionales de la comunicación a un futuro laboral que suele ser en gabinetes de comunicación al servicio de imágenes corporativas y empresariales, o bien a medios de comunicación con instrucciones precisas de servir diligentemente a accionistas y anunciantes. Medios donde no existe participación colectiva en la toma de decisiones, donde los contenidos están condicionados a presiones de lobbys empresariales, anunciantes que no permiten contenidos críticos hacia sus firmas y con agendas informativas pautadas por resultados de rentabilidad económica a costa de empobrecer la investigación periodística o el trabajo riguroso.

Yo soy consciente de que los estudiantes aspiran a licenciarse en periodismo, trabajar de periodistas y vivir de ello. A esos profesionales yo les quiero siempre recordar que tenemos una obligación moral, la obligación moral de informar al mundo sobre tantas y tantas luchas de hombres y mujeres que combaten por su supervivencia y su dignidad. Ellos no organizan lujosas ruedas de prensa, ni invitan a cenar a los periodistas, ni ofrecen bonitos y esplendorosos dosiers de prensa en papel couché. Los jefes de las empresas que contratan a los jóvenes periodistas no tienen ningún interés por llevar a la sociedad la verdad, ellos son dueños o asalariados al servicio de un proyecto económico. No van a denunciar las masacres del gobierno kuwaití si peligra la publicidad de las petroleras; ni van a informar de los despidos de una cadena de supermercados en plena campaña de Navidad; ni de las condiciones laborales de los trabajadores de un conglomerado bancario, si es una de las empresas accionistas de ese medio o se va a necesitar su financiación.

A esos profesionales nunca hemos de cansarnos de explicarles que, cuando estén atravesando la impoluta moqueta de un ministerio acudiendo a una rueda de prensa de un ministro de trabajo, se acuerden de los inmigrantes sin papeles que viven en la clandestinidad, o de quienes trabajan doce horas al día en condiciones laborales precarias. También ellos tienen muchos asuntos laborales para informar en rueda de prensa. Que cuando les llegue un dossier con brillantes gráficos de barras y quesos de una petrolera que opera en América Latina, piensen en esos indígenas que han expulsado de sus tierras para extraer el petróleo, ellos también podrían facilitar muchos datos para un buen dosier de prensa.

Esas gentes también tienen derecho a ser oídas, su voz también debe ser llevada a nuestras páginas, nuestras ondas o nuestras imágenes. Además, es un derecho de los ciudadanos del mundo escucharles. Es el derecho ciudadano a informar y a ser informado.

En las universidades y en los grandes eventos de comunicación se habla mucho de imparcialidad, independencia y objetividad del periodismo. La información es una guerra, una guerra entre modelos sociales. Entre apologetas de un mundo desigual, injusto, mandando por depravados y auténticos terroristas que imponen a sangre y fuego un modelo económico que condena a muerte a miles de personas en todo el mundo y los que apostamos por estar al servicio de los grupos, movimientos, intelectuales y luchadores que todos los días se juegan la vida por defender otro modelo de mundo posible. Los primeros informan de los oscar del cine, las ruedas de prensa de los grandes conglomerados empresariales o las declaraciones de representantes de instituciones financieras internacionales del mundo rico. Frente a ello, muchos periodistas hemos decidido informar de los crímenes que cometen los paramilitares en América Latina, de cómo son perseguidas las minorías étnicas ahora en el Kosovo otanizado, de las cifras de pobreza de EE.UU. que todos ocultan, de cómo están conspirando para provocar un golpe de estado en Venezuela o de cómo se levantan los indígenas en Bolivia o en Ecuador. Me temo que esta visión del periodismo es otra de las tantas cosas que no se enseñaba en la universidad. Como dice Howard Zinn, no se puede ser neutral viajando en un tren en marcha que circula una velocidad enloquecida y que no dispone de frenos.

Ellos hablan de neutralidad periodística con periodistas empotrados entre las filas del ejército estadounidense en Iraq, de pluralidad informativa cuando sus redactores no salen de la sala de prensa de la Casa Blanca y nunca han visitado un suburbio de Washington o Nueva York, de imparcialidad mientras siguen estigmatizando en sus informaciones a los gobiernos que cometen el delito de recuperar sus recursos naturales para el pueblo; de objetividad pero sus páginas y espacios informativos están reservados para el oropel, el lujo y el glamour de famosos y grandes fortunas. Ellos silencian cientos de miles de hombres y mujeres que han recuperado la vista gracias al trabajo de gobiernos dignos, ignoran las campañas que han logrado que millones de personas aprendan a leer y a escribir, ocultan las movilizaciones de pueblos que exigen tierra y libertad y les llaman terroristas.

No, no se trata de convertir el periodismo en panfleto, pero sí de decir bien alta la verdad y la voz de los sin voz, condenados al ostracismo por un modelo comunicacional miserable al servicio del mercado. A todos los periodistas les digo que esta es una profesión noble y vocacional que ha sido convertida en miserable por los dueños de las empresas que nos obligan a trabajar al dictado de sus intereses. Debemos recuperar la dignidad y servir a la comunidad, a la justicia social, a la soberanía de los pueblos y a las libertades. No será periodismo si no se hace así, como no es medicina curar sólo a quienes tienen dinero para pagarla. Llevar esa causa y esos principios a los medios empotrados en el mercado es tarea difícil, no lo voy a negar. Por eso es imprescindible que todo periodista ponga al servicio de esos ideales sus conocimientos y su trabajo si quiere que la decencia sea emblema e insignia de su vida y su profesión. Los movimientos sociales, los sindicatos, las organizaciones comunitarias, los precarios medios alternativos están necesitados de profesionales comprometidos con otro modelo de periodismo, humanista, social, que apueste por otro orden social más justo. Ni siquiera hablo de militancia, hablo de decencia. La decencia es lo que diferencia al biólogo que trabaja para una multinacional de transgénicos o para una organización ecologista, al abogado que defiende los intereses de una multinacional o los de los trabajadores que exigen un sueldo justo, el militar que dispara contra el pueblo refugiándose en órdenes de superiores o el que combate al lado de la gente. Ninguno de ellos puede ser neutral, ni imparcial, ni objetivo.

Maldigo al poeta que no toma partido, dijo Gabriel Celaya. Yo maldigo al periodista que no toma partido por los pobres, los sin voz, los indígenas, los trabajadores, los humillados, los olvidados, los que sufren, los que resisten, los que luchan (ANC-UTPBA).

El imperio de la lengua (*)

Cultura, política y negocios 

Por Marina Garber 

Desde hace algunos años y por diversos motivos, la lengua española –a la que convendría, según la opinión de muchos, seguir denominando castellana– es noticia. Su enorme riqueza, su valor económico, sus 400 millones de hablantes, su incesante crecimiento y su venturoso futuro son temas de frecuentes artículos periodísticos, y también de congresos que convocan a personalidades del mundo cultural y político –congresos financiados, invariablemente, por grandes empresas de capital español–, mientras nuevos eslóganes, logotipos y avisos publicitarios la promocionan como si se tratara de un producto más del mercado. 

En los medios de comunicación, en ministerios, empresas y universidades de uno y otro –pero sobre todo del otro– lado del Atlántico, se repite que el español está en expansión, que es la lengua del futuro, que se impone en Internet, que conquista día a día nuevos territorios. Claro que –esta vez– lo hace sin violencia. Basta con hojear las páginas de cualquier diario de España o América latina para comprobar que la lengua es el epicentro de un fenómeno a cuya trascendencia, sin dudas, han contribuido el Estado español y sus agencias lingüísticas: la Real Academia Española y el Instituto Cervantes, con la ayuda de los medios de comunicación. “Estamos viviendo –señalaba un editorial de El país de Madrid en marzo de 2007– un momento de plenitud en las previsiones sobre la pujanza del español; las estadísticas conceden a este idioma el mayor crecimiento entre los globales, que podría tener una difusión equiparable a la del inglés hacia mediados del siglo actual”.

La mayoría de los discursos políticos y periodísticos que se ocupan del tema suelen describir a la lengua como un fenómeno natural que se expande y reproduce por sus propios medios, en función de sus leyes internas. O que crece, en cambio, gracias a la elección, libre y democrática, de los hablantes. Esta última perspectiva fue expresada con claridad por el rey Juan Carlos cuando, en marzo de 2001, le entregó el premio Cervantes al escritor Francisco Umbral, con un discurso que despertó tanta polémica como su célebre “Por qué no te callas”: “Nunca fue la nuestra –aseguró el rey–, lengua de imposición, sino de encuentro; a nadie se le obligó nunca a hablar en castellano: fueron los pueblos más diversos quienes hicieron suyo, por voluntad libérrima, el idioma de Cervantes”.

Las de vascos, gallegos y catalanes, a quienes el franquismo intentó “castellanizar” compulsivamente, prohibiendo la enseñanza de sus lenguas nacionales y relegándolas a los espacios domésticos, fueron las voces que más airadamente se alzaron contra las palabras de Juan Carlos. No hay dudas de que, a lo largo de la historia, tanto en España como en el continente americano, el avance del español se produjo a costa de otras lenguas y gracias a formas, más o menos explícitas, de violencia. Esta circunstancia fue remarcada hasta por reconocidos intelectuales de derecha, como el escritor peruano-español Mario Vargas Llosa, quien aseguró, a raíz del discurso del rey, que las lenguas “han sido siempre el corolario de las colonizaciones, invasiones, conquistas, guerras”, que dejaron “un reguero de tragedias y traumas”. De hecho, no es necesario más que un poco de sentido común para advertir que la desaparición de las incontables lenguas que se hablaban en América “fue consecuencia de la acción de los conquistadores, de la evangelización forzosa o del etnocidio desembozado”, como señala la lingüista Leila Albarracín, de la Asociación de Investigadores en Lengua Quechua.

La expansión actual del español, está, sin dudas, lejos de la violencia conquistadora de otros siglos, pero también de las imágenes algo ingenuas según las cuales este crecimiento obedecería a la fuerza del “espíritu” o del “genio” de la lengua, o sería pura obra del azar. Detrás, o antes, del tan promocionado boom del español, hay muy precisas estrategias de política cultural emprendidas por España, país que ha convertido a la lengua en una cuestión de Estado. La creación del Instituto Cervantes en 1991 y la multiplicación de sus sedes (ya suman 68) en todo el mundo, los Congresos Internacionales de la Lengua (Zacatecas, México, 1997; Valladolid, España, 2001; Rosario, Argentina, 2004 y Medellín, Colombia, 2007) son algunos de los hitos de las políticas de promoción del idioma.

Tanto la Real Academia Española como el Instituto Cervantes han recibido gran impulso en los últimos años, y en alianza con empresas y medios de comunicación, han conformado un verdadero holding lingüístico. “La RAE declara tener como misión principal la preservación de la unidad del idioma, y el Instituto Cervantes, su promoción internacional como lengua extranjera –señala el lingüista gallego José del Valle, catedrático de lingüística hispánica en la Universidad de Nueva York–. Sin embargo, detrás de estos obvios objetivos hay proyectos más ambiciosos. La renovación de la RAE y la creación del Cervantes coincidieron con la expansión de empresas de capital predominantemente español, muchas de las cuales escogieron América latina como destino. En un contexto de expansión comercial como el que se iniciaba a fines de los 80, los sucesivos gobiernos españoles, socialistas y populares, en colaboración con el empresariado y con importantes sectores del mundo de la cultura, movilizaron una serie de agencias para que le ofrecieran cobertura cultural al proyecto de expansión económica: es decir, para que produjeran una visión del español al servicio de un proyecto: la comunidad panhispánica como hermandad-mercado y el español como producto comercial en torno al cual se debe organizar y controlar una industria”.

Mientras crecían la participación de España en los principales foros de la política internacional (la Otan, la Unión Europea) y el poder económico de sus multinacionales, empresas como el BBVA, el Banco Santander, Telefónica y, más tarde, Repsol empezaron a interesarse por cuestiones vinculadas con la lengua. Es que, en términos de rentabilidad, la existencia de un idioma común era percibida como una ventaja por parte de los ejecutivos de las empresas inversoras.

Se calcula que el castellano representa para España más del 15% del Producto Nacional Bruto. Gran parte de su potencial está vinculado al mercado de su enseñanza como lengua extranjera, sobre todo en países como Brasil y Estados Unidos. Se estima que los estudiantes de español ya son 14 millones en todo el mundo y también la Argentina ha empezado a participar, en los últimos años, de en este mercado floreciente. Está claro, sin embargo, que la porción más grande de la torta se la lleva España. “Las políticas lingüísticas respecto del español –señala Elvira Narvaja de Arnoux, directora del Instituto de Lingüística de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA– no son encaradas por los países hispanoamericanos, sino por España, que lo hace, obviamente, en función de sus intereses nacionales y los de la integración de la que forma parte”.

Un incidente ocurrido hace poco más de un año en Brasil, donde en función de los acuerdos del Mercosur, que Argentina no respeta, la enseñanza del español es obligatoria en las escuelas primarias, sirve para ilustrar el modo algo prepotente en que España lleva a cabo sus políticas lingüísticas (prepotencia que triunfa, además, gracias a la indiferencia de nuestro país en la materia). A fines de 2006, profesores y estudiantes de la Universidad de San Pablo se movilizaron contra un proyecto del Banco Santander y el Instituto Cervantes para formar 45.000 profesores de español mediante un curso de 600 horas a través de Internet, al que consideraban “un golpe a la educación nacional” y a las universidades que vienen formando docentes desde hace más de cincuenta años, en carreras que requieren al menos 2.800 horas. Para la argentina Maite Celada, investigadora de la Universidad de San Pablo, “tratar a la lengua española como un ’tesoro’ y tratar a Brasil y a sus 170 millones de habitantes como un mercado promisorio a consolidar es algo que nos pega fuerte a muchos latinoamericanos”. En este contexto se inscribe también la preocupación que viene manifestando desde hace años el Instituto Cervantes por establecer un sistema unificado de certificación del español como lengua extranjera –a la manera del First Certificate o el TOEFL para el inglés–, que finalmente fue aprobado en marzo de 2007 en Medellín.

En la Argentina y otros países hispanoamericanos se están oyendo cada vez más voces críticas hacia la pretensión española de hegemonizar el mercado de la enseñanza del idioma. Se advierte, además, el peligro de que un sistema internacional de certificación termine imponiendo un modelo ajeno, que atente contra la diversidad del castellano americano y contra la supervivencia de las lenguas vernáculas. El español, asegura Leonor Acuña, investigadora del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano de la UBA, “no es solamente un recurso económico y no tiene por qué ser la lengua que triunfe sobre todas las demás: indígenas, de inmigración, extranjeras, cooficiales, minoritarias, ágrafas. No necesita ser defendida de nadie y no tiene por qué ser promocionada”.

Cuestión de imagen

Como los candidatos presidenciales, las modelos o las marcas de cigarrillos, las lenguas pueden cambiar de imagen gracias a operaciones de publicidad y prensa. La expansión mundial de español ha sido acompañada, según el especialista del Valle, por nuevas ideologías lingüísticas. “Desde el gobierno de Madrid y desde las instituciones investidas de poder lingüístico se iba sintiendo la necesidad de proyectar una imagen del español –de su relación con la propia España, con los países hispánicos y con el resto del mundo– que complementara los esfuerzos de construcción nacional y los planes de modernización, crecimiento económico y ampliación de la presencia política y económica del país en el mercado global”. La nueva imagen del español prescinde de cualquier connotación nacionalista y aspira, en cambio, a presentarlo como una lengua global, moderna y democrática, que acoge formas locales, gracias a los aportes realizados por las Academias Nacionales de todos los países hispanohablantes, y se expande gracias a la libre elección de los hablantes. Una lengua, en palabras de Gregorio Salvador, vicedirector de la RAE, “sólida, hablada por cuanta más gente mejor”. Se la presenta “como lengua global en el contexto, por un lado, de su promoción como producto de mercado y, por otro, de la pugna simbólica que sostiene con el catalán, el euskera y el gallego”, agrega del Valle.

Mayúsculas y minúsculas

El académico Gregorio Salvador encarna una de las posiciones más extremas de esta concepción universalista, que desprecia tanto las lenguas que él denomina “minúsculas” (entre las que se cuentan las lenguas vernáculas americanas) como los planteos que vinculan el idioma con la identidad de un pueblo o una nación. Así lo expresó él mismo cuando en el III Congreso de la Lengua de Rosario respondió a una intervención del poeta Ernesto Cardenal en defensa de las lenguas en peligro de extinción. Salvador aseguró que es cierto que muchas de esas lenguas “minúsculas” se van extinguiendo, pero “no hay que lamentarse, porque eso quiere decir que sus posibles hablantes, los que las han ido abandonando, se han integrado en una lengua de intercambio, en una lengua más extensa y más poblada que les ha permitido ensanchar su mundo y sus perspectivas de futuro”. Unos meses después, en el diario ABC, el vicedirector de la Real Academia reafirmaba su postura: “Una lengua desaparece cuando muere la última persona que la hablaba y lo único triste de ese suceso es la muerte de esa persona. En América y en África quedan bastantes de esas lenguas minúsculas y todo esfuerzo por mantenerlas no es más que una aberración reaccionaria. Esas pobres gentes tuvieron que padecer, históricamente, a conquistadores, encomenderos, exploradores y colonos. Y, por si no hubieran tenido bastante, hay quien pretende mantenerlas, desvalidas, en su exigua prisión lingüística, ajenas e ignorantes del mundo que con nosotros habitan, con todo lo bueno o lo malo que este les pueda ofrecer, para regalo acaso de obstinados antropólogos, entretenimiento de gramáticos imaginativos y orgullosa satisfacción de políticos desnortados y pusilánimes”.

La argentina Leila Albarracín, autora de numerosos trabajos sobre las lenguas vernáculas de la Argentina y América y sobre las distintas formas de discriminación de la que son objeto los 300 mil ciudadanos de nuestro país que tienen como lengua materna el quichua, podría, a pesar de ser lingüista, integrar el equipo de los “obstinados antropólogos” que denuesta Salvador. “A nivel internacional –señala Albarracín– la protección de los derechos lingüísticos de las minorías ha adquirido las características de una problemática de tanta importancia como la conservación del medio ambiente. Esta preocupación contrasta con la marcada indiferencia en la Argentina por esta temática. Así como el inglés ejerce una suerte de imperialismo lingüístico, consecuencia de la globalización, que amenaza a otras lenguas, hacia el interior de nuestro país es la imposición del español como lengua nacional lo que amenaza a nuestras lenguas vernáculas”.

En 1996, representantes de ONGs de todo el mundo, con el apoyo de la Unesco, suscribieron en Barcelona la Declaración Universal de los Derechos Lingüísticos, con la finalidad de “propiciar un marco de organización política de la diversidad lingüística basado en el respeto, la convivencia y el beneficio recíprocos”. “Todas las lenguas son la expresión de una identidad colectiva –se asegura en la declaración– y de una manera distinta de percibir y de describir la realidad, por tanto tienen que poder gozar de las condiciones necesarias para su desarrollo en todas las funciones”.

Un punto de partida y unos propósitos similares son los que dieron origen, en nuestro país, al Congreso de LaS LenguaS, cuya primera edición se desarrolló en Rosario, en forma paralela al Congreso oficial de la Real Academia Española. “Sin dinero, lejos del poder del Estado pero muy cerca del de la gente”, aseguran los organizadores, entre quienes se encuentra el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, el Congreso de LaS LenguaS pretende “dar cuenta de la pluralidad y rescatar las voces y reclamos de los pueblos y las culturas minorizadas. Porque creemos que un auténtico diálogo intercultural y multilingüe no se genera subordinando el discurso propio a la voz hegemónica pretendemos interpelar el discurso oficial para ser protagonista reales de nuestras vidas”.

No es ninguna novedad que las lenguas son, además de vehículos de comunicación, objetos de lucha e instrumentos de poder. Los “obstinados antropólogos” y los “gramáticos imaginativos” de los que el vicedirector de la Real Academia preferería prescindir, pero sobre todo los hablantes, los hablantes de lenguas grandes o pequeñas, perseguidas, ignoradas, relegadas u olvidadas, lo saben, y quizás por eso siguen hablando, empeñados en que, al menos en esta materia, la única ley que rija no sea la del más fuerte (ANC-UTPBA).

(*) Nota publicada por la revista Acción 996, segunda quincena de febrero 2008

Fuente: Voltairenet

Comunicacion para el cambio social

Del libro “Entre el deseo y la realidad” del Observatorio de Medios-UTPBA

Por Vanina Chiavetta

La discusión y el análisis del papel que tienen los periodistas en la sociedad son temáticas no siempre debidamente atendidas, a pesar de su relevancia. Esta escasa reflexión suele obstaculizar el enriquecimiento de los contenidos en los medios y puede, aun sin intención, dejar traslucir disvalores sociales.

Actualmente son muchos los que comparten la convicción de que el periodismo juega un papel clave en la sociedad moderna y es una herramienta privilegiada por los ciudadanos para conectarse con su país y el resto del mundo. Sin duda, los medios de comunicación tienen la capacidad de impulsar procesos sociales relevantes e instalar visiones sobre diferentes problemáticas en la opinión pública. Por ello, el ejercicio de la libre expresión del pensamiento debe guardar estrecha relación con las necesidades y objetivos de la sociedad, si se quiere evitar que unos pocos grupos vinculados con los centros de decisión económica y política administren la comunicación en su beneficio.

La verdadera fortaleza del periodismo es dar a la gente la confianza y la convicción para apropiarse tanto del proceso como de los contenidos de la comunicación dentro de sus comunidades.

Como siempre que puede y debe haber una forma mejor de hacer periodismo, nos pusimos en la tarea de encontrarla. Le pedimos a muchas personas de gran talento, que se unieran a nuestra pesquisa bajo una premisa simple: es posible encontrar formas efectivas de usar la disciplina de la comunicación para contribuir a acelerar el ritmo del desarrollo. Sabemos que cuando la comunicación se convierte en un elemento integral del proceso de desarrollo y se la ejecuta inteligentemente, el proceso de desarrollo es más sostenible. Y también creemos que una intensa labor proselitista es necesaria para contribuir a que la comunicación sea aceptada como el factor integral que es, dentro del proceso de desarrollo.

La comunicación para el cambio social es una forma particular de hacer comunicación y una de las pocas aproximaciones que puede ser sostenible. Esta sostenibilidad se debe, en gran medida, a que los individuos y comunidades afectadas se han apropiado tanto del mensaje como del medio, del contenido y del proceso.

Free Way FM es un producto surgido en la era menemista, que irrumpe en la radio intentando construir un espacio contrahegemónico de información. Las noticias difundidas no son seleccionadas de acuerdo a las pautas establecidas por la agenda mediática.

Desde el primer día, y a lo largo de estos casi 10 años de trabajo comunitario, nos Comprometimos con una nueva agenda para la comunicación: con una comunicación que otorga poder (empodera, “empowers”) a la comunidad, que va de “muchos-a-muchos” (horizontal vs. de arriba-abajo), que le da voz a los hasta entonces no escuchados y que hace énfasis en contenidos y propiedad locales. Las acciones a seguir, sobre las que nos pusimos de acuerdo después de largas deliberaciones, incluyen el compromiso de convencer a otros del valor de esta aproximación (ampliar el debate), publicar artículos sobre la eficacia de este enfoque y continuar estudiando sus perspectivas en un escenario regional.

La información en la sociedad no se reduce a permitirle a la gente saber lo que debería hacer o pensar. La información es poder: le permite a los individuos y comunidades darle sentido a sus vidas y forma a sus aspiraciones. Es decir, tomar el control de sus propias vidas.

En muchas regiones del mundo la gente tiene muy poco acceso a información proveniente de fuera de su comunidad, información que le permitiría encontrar ese “sentido”. Pero en nuestras sociedades, a pesar de las múltiples posibilidades de acceso a la información, sectores de la población, históricamente marginados y excluidos, continúan “sin voz” e “invisibles”, porque quienes controlan los canales de información se niegan a compartir equitativamente el acceso a ella. Los principios de la comunicación para el cambio social están enfocados hacia el uso de una comunicación directa, de “muchos-hacia-muchos”, originada en las mismas comunidades afectadas.

Comunicación significa la posibilidad de construir opinión pública y conciencia crítica, en la medida de que se haga desde un lugar que respete los intereses populares. Se puede construir desde dos lugares: desde los medios del sistema como predominio de la cultura que domina o desde los medios que buscan, desde la construcción de lo alternativo, producir gestiones a través de una información calificada y un pensamiento crítico. Estos segundos somos los menos, pero aun siendo los menos estamos generando una calidad de experiencia inédita en la comunicación argentina.

Finalmente, mucha de la disconformidad que los periodistas manifiestan con respecto al medio en el que trabajan puede ser canalizada de forma más productiva si se realizan propuestas estimulantes. La sociedad debe exigirnos que los informemos para tomar decisiones políticas, es decir, que les devolvamos el derecho a ser “ciudadanos de alta intensidad”.

Para ello, la información no debe olvidarse del contexto en el cual se producen las noticias, es decir, de la historia de los sucesos.

La sociedad no nos necesita tal cual somos, sí nos necesitan de otra manera. Nosotros, los periodistas, necesitamos ser distintos para poder conservar la autoridad de la palabra, para darle un sustento, para no vaciarla de todo su sentido.

El análisis sobre el papel de los medios se entronca con los instrumentos disponibles para preservar el mundo de valores y dotar a las nuevas generaciones de capacidad crítica. Alimentar la responsabilidad ciudadana, la maduración de las personalidades, la integración de la comunidad, el ámbito personal de libertad, de expresión y de acceso a la información son todos objetivos propios de los medios de comunicación responsables (ANC-UTPBA).

Pensando en voz alta

Del libro “Entre el deseo y la realidad” del Observatorio de Medios-UTPBA
(Por Guillermo Blanco).-
Mirar al otro lado de la pantalla o al que escucha o al que lee como lo que es: el único depositario del resultado de nuestro trabajo, hecho con sublime respeto. Jugar al límite de nuestras posibilidades para tratar de informar de la mejor manera posible. Vencer a cada instante la infecciosa enfermedad que implica el ego, el narcisismo, la veleidad, es decir, la epidemia mediática que suele alcanzar a los más inmunizados.

Tener humildad al informar, no usar el oficio para ningún otro fin que no esté orientado a informar con veracidad.

En qué rincón del arcón habrán quedado estas máximas del oficio para aquellos que se dejaron arrastrar por el atajo para llegar a una estación de la que no se regresa jamás.

“Pero qué hacer hermano debajo de la lluvia, como un desopilante inspector de cornisas...”. Esta y otras preguntas afines ya se formulaba ese genio de la palabra y el compromiso que fue Armando Tejada Gómez, allá por los ’70. Se veía venir como una tromba, un aluvión de plaga que con el tiempo fue devorándolo todo. El tejido social se fue desmembrando y en lo que respecta al periodismo, de arriba hacia abajo y viceversa, se fue construyendo un poder perverso y aquellos que quisieron seguir manteniendo sus ideales y la defensa a ultranza del oficio, quedaron excluidos del sistema. Como en tantas otras actividades.

Así llegamos a este presente ingrato, en el que se agrede a la gente indefensa con ofertas de bajo nivel intelectual y moral.

Moral en el sentido de respeto.

Moral en el sentido de responsabilidad.

Moral en el sentido de reivindicación de valores que vienen desde el fondo de la condición humana. Y que hoy no abundan por las calles embarradas del oficio.

Uno no deja de ser un apocalíptico optimista, pero cuesta digerir las decisiones empresariales que en la televisión condicionan todo al raiting, y por qué no a aquellos que ponen su mirada para sumar puntos y vencer a otros que están en lo mismo. Sin darse cuenta que, a la larga, esa manera de vivir servirá de referencia para lo que no hay que hacer. Porque ya ni con Maradona se gana el partido, ante un bodrio universal sin el menor sustento racional como la competencia vencedora según cuenta la historia oficial.

“Pero qué hacer hermano debajo de la lluvia, donde la Coca Cola se mata de la risa”, seguía preguntándose Armando y aún hoy no le encontramos la vuelta, aunque si bien no sabemos qué hacer, al menos nos negamos a transitar el camino de quienes manejan todo.

Hay algunos remedios para la gripe viral, como, por ejemplo, prestar atención a cada posibilidad de noticia que llega en épocas pre electorales, donde se mezcla tanto la carne podrida con la sana, y donde tanto carnicero traiciona al oficio por unos gramos de prebendas que lo acercan al banco pero lo alejan de la gente y de los sueños que alguna vez pudo tener.

Pero ahí, aunque suene contradictorio, es donde aparece el optimismo. Es cuando uno mira a tanto anónimo que sigue informando con vocación, dejando la vida tras un teclado, con sueldo resbaladizo, aunque con dignidad cada vez más firme. Con inestabilidad laboral, pero el cuero curtido como para hacerle frente a una realidad complicada. Y tratando de aprender de la historia para seguir dando la lucha después de haber tomado la posta de los que ya no están (ANC-UTPBA).

Guatemala: apertura de archivos militares, una mirada al pasado

por Carmen Esquivel Sarría

Una década después de finalizada la guerra en Guatemala, la decisión del gobierno de desclasificar los archivos del ejército abre hoy la posibilidad de arrojar luz sobre el pasado y castigar a los responsables del genocidio.

El anuncio lo hizo el presidente Álvaro Colom en un acto en el Patio de la Paz, del Palacio Nacional de la Cultura, en ocasión del Día Nacional de la Dignidad de las Víctimas del Conflicto Armado Interno.

"Queremos la verdad y la justicia", dijo Colom, tras admitir que en Guatemala no será posible la reconciliación, si no se reconoce la responsabilidad del Estado en las masacres, que afectaron sobre todo a la población indígena.

La noticia acaparó los titulares de los principales medios de prensa y fue saludada por los familiares de las víctimas, organizaciones humanitarias y la comunidad internacional.

"En esos documentos podrían encontrarse quiénes ordenaron asesinatos y avanzar en los juicios contra el ex dictador Efraín Ríos Montt y otros responsables de violaciones humanitarias", dijo a Prensa Latina el analista Miguel Ángel Albizures.

Durante el conflicto armado (1960-1996) se registraron en este país 630 matanzas, principalmente de indígenas, 200 mil muertos, 45 mil desaparecidos, más de 50 mil viudas y huérfanos y unas 400 aldeas arrasadas.

Un informe de la Comisión de Esclarecimiento Histórico responsabilizó al ejército y los aparatos de seguridad con más del 90 por ciento de esos delitos de lesa humanidad.

Aunque la orden de abrir los archivos deberá ser acatada porque el presidente de la República es el comandante del ejército, la decisión no fue bien acogida por algunos ex miembros de la institución.

"Allí no van a encontrar que se haya ordenado o diseñado una operación en el período del conflicto armado para ir a matar a gente inocente. Eso no va estar en ningún archivo", dijo el general en retiro y ex candidato presidencial Otto Pérez Molina.

Mientras, Ríos Montt, reclamado por un tribunal español por delitos de lesa humanidad, restó importancia a esos registros y aseguró que sólo contienen información administrativa.

Sin embargo, abogados del ex dictador se opusieron el año pasado a la desclasificación de expedientes sobre operaciones como el Plan Sofía, donde se le vincula con las matanzas en el noroccidente del país.

Cualquiera que sea el contenido de los archivos, organizaciones de familiares de detenidos desaparecidos consideran un derecho el hacer público esos documentos.

En ellos podrían verse detalles de algunas de las pesquisas ordenadas por las fuerzas de seguridad contra dirigentes políticos y sociales, opinó Ricardo Zepeda, del Centro Internacional de Investigaciones en Derechos Humanos.

Los documentos también arrojarían luz sobre el paradero de los desaparecidos, entre ellos miles de niños, para que las familias puedan identificar sus restos, darle la debida sepultura y concluir el proceso de duelo.

El presidente de Guatemala ordenó a la Comisión Presidencial para la Paz encargarse de todo el trabajo de desclasificación de los archivos y su posible entrega a la Procuraduría de Derechos Humanos.

Aunque la labor es harto difícil la comisión ya tiene un plan operativo aprobado y en los próximos días comenzará el proceso de ubicación de los documentos, diseminados por diferentes instalaciones militares de todo el país.

Fuente: Voltairenet

Torquemada al ataque

Por Cristina de la Torre

Se veía venir. los inquisidores de la derecha quieren reducir la pluralidad política del país a una contienda moral entre buenos y malos. A la diestra del Padre, los elegidos antifarc, la patria toda; a la siniestra, los condenados, un lunar de prosélitos camuflados de la subversión que afean el paisaje. Su escenario, una sociedad apolítica, incontaminada, sin divisiones entre izquierda y derecha, sin conflicto. La Colombia idílica que marcha en pos de una inteligencia sobrenatural hacia la tierra prometida. Otra vez el oro y la escoria de la Violencia contra el ateísmo, la masonería y el liberalismo, hoy en clave de guerra santa contra el demonio del terrorismo. La espada y la cruz remozadas a la Bush, y en el verbo incendiario de los Leopardos.

La pretensión no es gratuita ni es nueva. Germina en un país de partidos moribundos o en embrión, que denigra de la política. Y no le falta razón. Venimos de 30 años de gobiernos compartidos por colectividades sin ideas, sin oposición, marchitadas por la corrupción, parte de las cuales terminó arrastrada por el narcotráfico y el crimen. En la otra orilla, una izquierda democrática se sacude como puede la coyunda del conservadurismo que triunfó en su hora sobre la tendencia de la historia y ahogó en sangre el viraje liberal que se intentó en los años 30. Y la coyunda de la guerrilla, que se creyó dueña única del cambio.

Fuente: Movice

No nos conmueve lo mismo el crimen de una persona conocida que el cometido contra campesinos anónimos.

Por Héctor Abad Faciolince 

Fecha: 03/01/2008 -1348

No es normal un país donde uno se levanta y se acuesta cada día con los ojos encharcados. Las imágenes, las entrevistas, las tragedias cotidianas, hacen que uno viva aquí con un nudo en la garganta. Que Íngrid Betancourt, una política íntegra, se esté muriendo en la selva, es un símbolo de la maldad de las Farc y de la tragedia del secuestro. Que Silvia Duzán, una periodista íntegra, haya sido acribillada por los paramilitares, es también un símbolo de la maldad de las AUC y del salvajismo de sus masacres. Contra la barbarie del secuestro marchamos hace menos de un mes. Hay que marchar también contra los paramilitares.

Los crímenes de los paramilitares, a veces con la complicidad de funcionarios del Estado y no pocas veces con la ayuda de miembros de la Fuerza Pública, merecen el mismo repudio. Por eso, aunque no salgamos ni la décima parte de las personas que salieron hace un mes, los que salgamos también a esta segunda marcha lo haremos con la frente muy alta. En uno y otro caso salimos a repudiar crímenes inaceptables. Antes, contra las Farc; esta semana, contra los paramilitares. Los que repudian a las Farc y no a los paramilitares, son indignos; como son indignos quienes repudian a los paramilitares y no a las Farc. Hay que repudiar estas dos formas simétricas de salvajismo.

Pero no es fácil sacar adelante este mensaje, por varios motivos. Uno, por ejemplo, es la propaganda negra de algunos personajes nefastos. Dos ex comunistas arrepentidos y un falangista vergonzante conforman la triple alianza contra la marcha del 6 de marzo: José Obdulio Gaviria, Plinio Mendoza y Fernando Londoño. El primero de ellos dice que han conformado un sindicato de periodismo uribista. Desde las mismas páginas los tres repiten ecos de un mismo artículo que parece dictado por la misma garganta. El argumento que machacan es grotesco y mentiroso: que la marcha del 6 de marzo es a favor de las Farc. Como no se atreven a mencionar el verdadero objetivo de la marcha (contra los crímenes de los paramilitares), dicen que es a favor de las Farc, un grupo armado que todos repudiamos. Lo que temen es que los colombianos condenemos también al paramilitarismo, porque ellos saben que aliados de las AUC han sido (y es cosa juzgada) parapolíticos, paraoficiales del Ejército y parafuncionarios de este y de anteriores gobiernos.

Fuente: Movice

DDHH-COLOMBIA: Flores contra el absurdo
Por Helda Martínez, enviada especial

FLANDES, Colombia, 4 mar (IPS) - "Fue un homenaje a los compañeros indígenas, afrocolombianos, campesinos, y a todos los que han sido muertos en esta guerra absurda", dijo a IPS el indígena colombiano Manuel Bautista en el acto inaugural de una marcha que concluirá este jueves en Bogotá.

Se trata del "Homenaje nacional a las víctimas del paramilitarismo, la parapolítica y los crímenes de Estado".

Miles de flores de todos los colores fueron lanzadas al río Magdalena --que atraviesa el país desde el Macizo Colombiano, en el sur, hasta el mar Caribe, en el extremo norte-- por víctimas de la guerra interna que llegaron desde los occidentales Chocó y Cauca, para juntarse con las provenientes de regiones centrales, como Tolima, Huila y Cundinamarca.

Flandes, población de pescadores tolimenses, fue el sitio de encuentro. Y el puente que la une con Girardot, ciudad cundinamarquesa, fue el escenario del homenaje de unas 700 víctimas.

Según cifras de la organización no gubernamental Justicia y Paz, "en Colombia han sido desplazadas y 'desterritorializadas' (despojadas de sus tierras) cerca de cuatro millones de personas, desaparecido al menos 15.000, enterradas en 3.000 fosas comunes, o sus cadáveres han sido arrojados a los ríos".

"Fue conmovedor. Una muestra de generosidad, de compromiso por parte de comunidades indígenas que han sido desdeñadas por el resto de la sociedad. De mujeres negras, también discriminadas, que llegaron desde Chocó con el dolor de tantos desaparecidos", dijo a IPS Iván Cepeda, coordinador del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado.

Es "una muestra más del sentido de la marcha que clama por la paz, en cambio de la guerra", continuó Cepeda.

Una paz que los marchantes buscan, pero que no vislumbran. "Vinimos a sabiendas de lo que se vive en nuestras comunidades, al empezar ya la segunda fase del Plan Colombia (contrainsurgente y antidrogas) que, sabemos, trae desplazamientos, desalojos, bombardeos, desaparición y muerte", dijo el indígena Bautista.

Colombia lleva más de 40 años de guerra. A las guerrillas izquierdistas alzadas en armas contra el Estado en los años 60 se oponen desde la década de 1980 milicias paramilitares de ultraderecha que actúan junto con la fuerza pública.

"Debemos todos reconocer el dolor de las veredas (caseríos rurales), de las regiones apartadas. Porque los colombianos estamos siempre orientados al gozo y renunciamos a ver la verdad, y más aun, a expresar la indignación compartida", dijo a IPS el ex alcalde de Bogotá, Antanas Mockus, quien siguió a pie a los indígenas con sus bastones de mando en el calor de 40 grados del mediodía de este martes.

"Pero estas movilizaciones deben producir una convicción, un impulso que nos conduzca a la resolución del Nunca Más", agregó Mockus, y a evitar los "atajos o resultados a corto plazo", tan comunes en nuestra historia, antigua y reciente, añadió.

En opinión del filósofo, son atajos la decisión de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) de montar un campamento en territorio de Ecuador con el parapeto de la frontera, o que "el gobierno bombardee ese campamento, en vez de consultar al presidente ecuatoriano y de algún modo conseguir su autorización, (pues) prefiere el éxito".

El secuestro y el paramilitarismo también son atajos, añadió.

"En vez de construir un Estado de Derecho con una fuerza pública respetuosa de los derechos humanos, se tomó por el atajo del paramilitarismo, que produjo resultados con consecuencias no deseables", agregó.

Según las Naciones Unidas, 80 por ciento de los crímenes del conflicto han sido cometidos por los paramilitares, algunos de los cuales se acogieron a una polémica desmovilización pactada con el gobierno de Álvaro Uribe.

"Hoy, y mediante las movilizaciones, tenemos que aprender la paciencia del camino largo que es el de los resultados sólidos", continuó Mockus.

Más sobrevivientes se unieron a la marcha en las poblaciones por las que pasaba: Melgar, Boquerón y Silvania, donde descansarán hasta este miércoles para continuar viaje a Bogotá.

También se sumará el "caminante por la paz", el profesor Gustavo Moncayo, quien clama por la liberación de su hijo, el cabo Pablo Emilio Moncayo, capturado por las FARC en Patascoy, sur del país, en diciembre de 1997.

Este miércoles por la noche los caminantes llegarán al municipio de Soacha, en el sudoccidente de Bogotá, el sitio donde 19 años atrás fue asesinado el candidato presidencial del Partido Liberal, Luis Carlos Galán. Allí la marcha será recibida por su hijo, el senador liberal y opositor Juan Manuel Galán.

En ese punto se sumarán cientos de otras víctimas y sobrevivientes. Al menos 200 de ellos leyeron el domingo sus testimonios en una jornada de vigilia que se prolongó hasta la medianoche en la central Plaza de Bolívar, en Bogotá.

Los relatos podían asentarse en un libro abierto, al que una mujer desdentada y de vestimenta raída dijo que no se acercaba "porque las hojas no alcanzarían para escribir mi drama".

Este jueves acudirán a esa plaza gentes de todos los puntos cardinales de Colombia. Similares concentraciones se harán en ciudades de todo el país e incluso del exterior.

"Allí exigiremos de nuevo la verdad, la justicia, la paz, con tierra para los campesinos y democracia para todos en Colombia", dijo Cepeda.

El último informe de Justicia y Paz señala que "entre 1982 y 2005 fueron asesinados más de 1.700 indígenas, 2.550 sindicalistas y cerca de 5.000 miembros de la Unión Patriótica (partido político desaparecido por una campaña de exterminio). Los paramilitares perpetraron más de 3.500 masacres y robaron más de seis millones de hectáreas de tierra"

Fuente: IPS