NIK - HUMOR?


ELPAÍS.com/AGENCIAS - Kabul - 15/04/2009
Alrededor de 300 personas, entre mujeres, abogados y defensores de los derechos humanos, han recorrido este miércoles las calles de la capital de Afganistán (Kabul) para protestar contra una ley de inspiración talibán que, entre otras cosas, permite la violación dentro del matrimonio. Una muchedumbre de casi 500 personas se ha enfrentado a los manifestantes y ha proferido gritos contra las mujeres.
El diario The New York Times recoge en su web la siguiente conversación:
- "¡Iros de aquí, putas!", gritan varios hombres. "¡Iros!"
- "Queremos nuestros derechos", contesta una de las mujeres. "Queremos la igualdad".
La ley, aprobada por el Parlamento y sancionada por el presidente Hamid Karzai, pretende regular el derecho de familia de la minoría chií de Afganistán -alrededor de un 15 por ciento de la población- y otorga a los clérigos la autoridad sobre asuntos de la intimidad entre hombres y mujeres. Una de las provisiones ilegaliza que una mujer pueda resistir los acercamientos sexuales de su marido. Dice, literalmente, que "una mujer está obligada a satisfacer los deseos sexuales de su marido". Otra establece que una mujer que quiera trabajar fuera de su casa o estudiar, necesita el permiso de su cónyuge. Y una tercera obliga a las mujeres a "prepararse" o vestirse de una forma especial si su marido se lo pide.
Los manifestantes han repartido octavillas en frente de la Universidad de Kabul que denuncian la ley como un "insulto a la dignidad de las mujeres". "No queremos una ley talibán, queremos una ley democrática y que garantice la dignidad humana", han gritado las manifestantes.
"Da miedo estar aquí pero no puedo quedarme en casa sentada", ha dicho Halima Hosseini, una joven de 27 años que asistía a su primera manifestación. "Personalmente, no puedo permitir que alguien me represente y ponga en una ley artículos contrarios a mis derechos y a los derechos humanos, y que me considere, como una mujer, una persona de segunda clase", ha continuado la joven.
La controvertida ley fue adoptada en marzo pasado, pero aún no ha entrado en vigor. Los aliados occidentales del presidente afgano han puesto el grito en el cielo, entre ellos el presidente estadounidense Barack Obama, que ha calificado la ley de "aborrecible", lo que ha provocado que el Gobierno anuncie una revisión del texto.
Termina otro año con la tragedia de millones de niños acosados por la pobreza y el hambre, con miles de muertos por desnutrición o enfermedades curables. Un genocidio social evitable que entre el 2000 y el 2002 se cobró cerca de 100.000 víctimas -según el INDEC- y que al final de la década habrá dejado otros 100.000 muertos si continúan las políticas neoliberales. El hambre es un crimen evitable y consentido por una cultura de la hipocresía, cuya violencia cotidiana, silenciosa y sistemática mata a millones de compatriotas. En este mismo diario “Tato” Pavlovsky escribía el 22/11/08:”No debe valer más la vida de un desaparecido que la de un niño que muere de hambre, ni de los 27 que mueren por día por causas evitables.(..) La indignación debiera ser la misma.” Pero son más quienes lo toleran, o miran para otro lado, que quienes se rebelan ante estos crímenes aberrantes. A la Argentina le sobran recursos económicos para acabar con esta inmoralidad: ¿cómo puede haber hambre en un país que produce 134 millones de toneladas de alimentos al año y que tiene inmensas reservas itícolas, abandonadas a la depredación de las flotas pesqueras extranjeras?. ¿Con qué argumento se tolera la desnutrición, cuyas secuelas pueden ser irreversibles, existiendo millonarios recursos minerales, se acumula superávit fiscal y cientos de miles de chicos jamás probaron un durazno o una manzana?
En la Quiaca, el obispo Pedro Olmedo continúa denunciando con huelgas de hambre y crucifixiones, una desnutrición que afecta al 50% de la población. Los más desprotegidos son nuestros hermanos aborígenes, con el mayor índice de mortalidad infantil. Están condenados al hambre por el despojo de sus territorios originarios, que les daban el alimento: es el viejo racismo colonial en democracia. En Salta, el gobernador del Frente para la Victoria, Juan Urtubey, permitió arrasar en este año 400.000 hectáreas de bosques nativos y la Legislatura aprobó el desmonte de 5.000.000 de hectáreas más. Acabo de ver personalmente el sistema de explotación aplicado por los terratenientes: cientos de niños indígenas indocumentados son empleados por $ 120 al mes para limpiar árboles volteados. Sin agua ni alimentos, expuestos a las alimañas y a leguas del poblado, duermen en el suelo tapados con un nylon.
Entregar los recursos naturales que permitirían terminar con el hambre y la indigencia, es la otra cara del crimen del hambre. Para el periódico inglés “Minning Journal”, Argentina tiene la sexta reserva de metales del planeta. Dos de sus mayores yacimientos situados en los Andes sanjuaninos y en manos de la Barrick Gold Co., Veladero y Pascua Lama, para la Secretaría de Minería de la Nación (SMN) son “uno de los distritos auríferos más ricos del planeta, con recursos de 40 millones de onzas de oro y 1.000 millones de onzas de plata.” Un tesoro que a u$s 830 la onza de oro y u$s 11 la de plata, es de u$s 44.200 millones, mientras su costo de producción desde la extracción al lingote y a u$s 155 la onza, es de u$s 16.200 millones.
En 20 años de vida útil se llevarán un beneficio de u$s 28.000 millones, u$s 1.400 millones por año.
Las corporaciones mineras no tienen obligación de procesar nada en el país; están exentas de casi todos los impuestos y sólo pagan regalías del 1% al 1,5% porque se les permite deducir los gastos de extracción y flete. Por lo demás, las regalías sólo cuentan para oro, plata y cobre y se llevan gratis un concentrado metalífero de más de sesenta metales, algunos más valiosos que el oro, como molivdeno, renio o cadmio. No hay control público sobre lo que extraen y exportan y liquidan. Pueden guardar en el exterior el 100% de las divisas de sus ventas y aquí no dejan una contaminación que costará fortunas repararla. Vaciamiento y descapitalización colonial que recuerda a Potosí: se trata de una renta que con los hidrocarburos, supera los u$s 20.000 millones anuales y debiera ser destinada a erradicar el hambre y la exclusión social. ¿No debe procesarse a los gobernantes por no cumplir con su deber de cuidar nuestros recursos?
Hay hambre porque no existe la voluntad política de terminar con él. Los gobiernos de la década, lejos de saldar esta deuda, pagaron la deuda externa con el agravante de no haberla investigado. Claudio Lozano demuestra que con u$s 7.000 millones se puede eliminar el hambre infantil y si se invierte el 5% del PBI acabamos con la pobreza. Pero la prioridad de los gobiernos kirchneristas ha sido subsidiar a las corporaciones con u$s 10.000 millones anuales. El doble discurso se vuelve transparente: por un lado los Kirchner hacen política con los Derechos Humanos, unen a la mayoría del país para la estatización de las AFJP y pregonan la distribución de la riqueza; por otro, la Presidenta subsidia con miles de millones de dólares a las petroleras; otorga impunidad a la delincuencia financiera con el blanqueo de capitales y veta la ley de protección de los glaciares.¿Es que el oro extraído con cianuro por la Barrick Gold Co. es más valioso que las principales reservas de agua dulce del país, condenadas a ser destruidas?
Si el hambre es un crimen, hay víctimas y hay responsables, cómplices, mentores intelectuales: son los dirigentes y economistas que ejecutaron los planes neoliberales causantes de la desocupación, la pobreza extrema y el despojo nacional. Recordemos al FMI, al ejército de gerentes de corporaciones y petroleras, banqueros, exportadores y terratenientes, junto a los Menem, Cavallo, Roque Fernández, de la Rúa, Machinea, y tantos otros que hasta hoy sustentan los principales ejes del neoliberalismo, ignorando que su potencial destructivo es tal, que ahora está destruyendo a sus promotores en el corazón del imperio. También es condenable el silencio de aquéllos que saben y callan. ¿Cómo es posible aceptar que magistrados, grandes intelectuales, profesores, filósofos y comunicadores, no denuncien el crimen del hambre y el saqueo de los recursos del país ? Pienso en queridos y talentosos compañeros, como varios compañeros de Carta Abierta, que tantas veces hicieron oir sus voces defendiendo las causas de los derechos humanos y la democracia y hoy callan estos latrocinios. ¿Cuántas marchas del hambre harán falta para aceptar que el hambre es un crimen y que el saqueo de los recursos naturales es causa de nuestro empobrecimiento ?
Es hora de remplazar el silencio por la denuncia, la inacción por la protesta: salir de nuestras casas y pararnos frente a las gobernaciones y parlamentos exigiendo un cambio de rumbo. Aceptémoslo: el hambre es un crimen de lesa humanidad en tiempos de paz . Sus responsables deberán ser juzgados por el tribunal de los pueblos. No pretendemos ser “destituyentes”, pero cada día que pasa mueren decenas de pibes y esas muertes pesan sobre la conciencia.

La Nación - 17/04/2009
Néstor Kirchner está a punto de darle el más grande abrazo del oso, y no del pingüino, a su señora esposa desde que ella asumió la Presidencia. Hace un par de semanas, con una ya clásica incontinencia verbal, el piquetero Emilio Pérsico instaló la génesis de la extorsión electoral en marcha: “Si perdemos le tiramos por la cabeza el gobierno a Julio Cobos”, dijo. Se supone que si, finalmente, el gobernador Daniel Scioli encabeza las listas bonaerenses del Frente para la Victoria como candidato a diputado (o secunda a Kirchner en ellas) habrán analizado qué hacer en caso de que esa boleta resulte derrotada. ¿Le “tirarán” la gobernación a Alberto Balestrini? Porque perder siempre es una posibilidad, en cualquier elección. ¿Qué pasaría en semejante caso? Entraríamos en un peligroso pantano institucional producto de lo que el constitucionalista Gregorio Badeni definió como “farsa institucional”, el propio Cobos como una “aberración” y Eduardo Duhalde como un “disparate total”.
Las malas noticias que le trajeron las encuestas parieron a un Kirchner en estado puro que quiere vaciar de contenido una elección legislativa de medio tiempo que debería ser tranquila y rutinaria. En un segundo transformó la República en una timba de jugador compulsivo. Los reflejos de Kirchner están intactos y son coherentes con su matriz autoritaria y mezquina de concentrar las ganancias y socializar las pérdidas.
Obliga a todos a que pongan el cuerpo, les pide más verticalismo y en ese mismo acto les dice sin decirlo: “Si me hundo, me los llevo puestos a todos”. Si ganan será el triunfo del proyecto del matrimonio Kirchner. Néstor será el padre de la victoria y Cristina, la madre, como si habláramos de Máximo y Florencia. Pero si la polarización extrema los perjudica, habrá sido un fracaso de todos sus actuales aliados.
Pero todavía no hay nada cerrado. Todo está en el laboratorio. Habrá que ver la magnitud de la rebeldía de algunos otrora incondicionales (como el eterno intendente de Tres de Febrero, Hugo Curto) que se niegan a ser candidatos a concejales. Un viejo caudillo peronista bonaerense definía la lealtad como “la decisión de acompañar al líder hasta el cementerio... pero nunca enterrarse con él”.
¿Cuáles son los dilemas de Néstor Kirchner? Si abandona la candidatura y deja a Daniel Scioli a la cabeza de la lista, la intención de voto sube y aumentan las posibilidades de que el Frente sea realmente para la Victoria. Scioli tiene mayor intención de voto, más imagen positiva y muchísima menos imagen negativa. Su apuesta al “optimismo dialoguista hacedor” le ha generado muy pocos rechazos. Daniel, en este aspecto, es casi la contracara de Néstor. Recoge simpatías y respeto hasta de sus posibles rivales electorales. En cambio, Néstor es un coleccionista de enemigos y despierta sentimientos revanchistas. El drama de Néstor es que si Daniel encabeza y gana, se convertirá automáticamente en el nuevo conductor de hecho del PJ, con todos los intendentes atrás bancando su candidatura presidencial. Scioli lo sabe y por eso analiza sin disgusto esta posibilidad.
No se trata solamente de lealtad u obsecuencia hacia Kirchner. Una derrota en la provincia de Buenos Aires (y en el país) dejaría colgado del pincel al gobierno de Cristina y también al provincial. Y eso Scioli también lo sabe.
La otra posibilidad, con Kirchner-Scioli a la cabeza como en 2003, tiene menos intención de voto: Néstor tira para abajo a Daniel y erosiona su buena imagen.
En caso de que las urnas les fueran favorables el 28-J, los Kirchner tendrían más aire para pilotear las fuertes tormentas económico-sociales que se avecinan.
No tan felices Pascuas está por pasar el matrimonio presidencial en El Calafate. Parece que la caja no está en orden.
Están tapados por pilas de encuestas, obsesionados por estas especulaciones del rompecabezas electoral.
Pero las demandas de gran parte de la sociedad van exactamente en sentido contrario y no hay que descartar que esto multiplique el voto castigo hacia todo oficialismo. La muerte de Raúl Alfonsín fue el catalizador que puso otra vez sobre la mesa las preocupaciones sobre la calidad institucional y la inmensa brecha entre el ciudadano común y la dirigencia política. Con su letal mordacidad, la revista Barcelona tituló: “Néstor Kirchner negó que fuera a morirse para mejorar su posición en las encuestas”.
Es que se va instalando, lenta pero inexorablemente, una sensación similar a la que se expresó con esa injusta consigna del “que se vayan todos”. Todos los partidos se igualan hacia abajo a la hora de ser irrespetuosos de las reglas del juego.
Las elecciones se cambian de fecha según la conveniencia del que las convoca. Los candidatos no cumplen sus mandatos y renuncian para ir a nuevas candidaturas o ni siquiera asumen y llegan al “éxtasis sincericida” de avisar de antemano que se someten a las urnas pero que no van a respetar el resultado porque se trata sólo de “candidaturas testimoniales”.
Todos los partidos tienen representantes que cambian de distrito como de camiseta y esas presuntas picardías que no llegan a delito se convierten en cachetadas a una ciudadanía que interpreta que “todo vale” y baja los brazos ante un sistema del que no participa ni valora. La malversación de los contratos electorales es una forma de corromper y degradar la palabra. Es la cultura del engañapichanga.
El vehículo que eligió Kirchner para anunciar esta movida –a través de CQC– habla por sí mismo. Es joda este invento que finge candidaturas como orgasmos.
Es tragicómica la manera en que la desconfianza de los argentinos hacia la democracia crece en forma geométrica. Cada día necesitamos más una restauración, aunque no conservadora sino democrática y republicana.
Una reforma electoral a fondo que prohíba todos esos atajos y truchadas electoraleras. Una forma de instalar la “tolerancia cero” a la violación constante del reglamento. Esta podría ser la piedra angular para un pacto refundador de la democracia que se realice después de los comicios y que permita el ingreso de aire puro, de credibilidad.
Gabriela Michetti y Martín Sabatella, parte de una nueva generación de políticos que se abrieron paso ofreciéndose como superadores de las viejas transas partidocráticas, deberían dar el ejemplo, volver sobre sus pasos y terminar los mandatos para los que fueron elegidos.
Y Felipe Solá tendría que renunciar a una banca conseguida en las listas kirchneristas con las que ahora confronta, para relegitimarse en las listas de la disidencia peronista. Aquellos que cumplan con la palabra empeñada y sean coherentes entre lo que dicen y lo que hacen serán reconocidos por la sociedad, más temprano que tarde. Se trataría de un camino más largo pero más sólido y hacia futuros liderazgos no tóxicos como el de Néstor Kirchner.
El patagónico se cansó de humillar y ningunear a Felipe Solá cuando éste fue gobernador. Intentó ridiculizarlo. Ya decía Perón que “el ridículo es el único lugar de donde no se vuelve” y Lenin, que “el enemigo ridiculizado es un enemigo muerto”. Escribas de Néstor se divertían descalificando a Solá como “Felipe es Felipe”. Ahora que el ex gobernador de Buenos Aires tomó otro rumbo, casi empujado por estas agresiones, para Kirchner “es un desertor que no tiene coraje” y Aníbal Fernández lo vuelve a chicanear como “Felipe II”.
En Córdoba pasó algo parecido, primero con Luis Juez y ahora con Juan Schiaretti. Es asombrosa la habilidad demostrada por Néstor para convertir en muy poco tiempo a un amigo leal de la transversalidad como el ex intendente de Córdoba en un enemigo acérrimo para toda la vida.
Ahora le reprochan al gobernador cordobés que haya elegido al flamante ex defensor del Pueblo, Eduardo Mondino, como candidato a senador. Florencio Randazzo tuvo que dar el paso de comedia: “Si el peronismo pierde, la culpa será de Schiaretti y Mondino”, dijo sin ponerse colorado. “No conozco a ese señor”, dijo recaliente Kirchner sobre Mondino.
El cordobés, al fin, retrucó con humor: “No me sorprende que no me conozca, si no conoce la Constitución”. Todo el mundo sabe en Córdoba que la irracional guerra que Néstor desató contra el campo logró que productores agropecuarios e intendentes que simpatizaban con el Gobierno nacional se hayan pasado a la oposición más cerrada y sientan repugnancia ante cualquier tufillo kirchnerista.
¿Quién será el mariscal de la derrota, entonces? Adivina, adivinador.
Exactamente lo mismo le pasó a Carlos Reutemann en Santa Fe. El senador no tiene un especial rechazo hacia los Kirchner. Pero no le quedó otro remedio que diferenciarse de ellos para conservar sus chances electorales y la alianza con sus pares agrarios.
En Mendoza se repite la historia por la condena al ostracismo al que sometieron al vicepresidente de la Nación.
El radicalismo, el cobismo y el felipismo cuyano se unieron para ganar las elecciones más por el espanto que les produce Kirchner que por el amor que se tienen.
Por eso los Kirchner han cosechado tantas negativas para correr con sus colores en la Ciudad de Buenos Aires.
Progresistas e inteligentes cuadros como Aníbal Ibarra, Daniel Filmus, Jorge Telerman y Rafael Bielsa han preferido no ir o ir mejor solos que mal acompañados. Néstor fue un gran constructor de poder político en su trepada de los dos primeros años. Y después de sacarse de encima la sombra que le hacía Roberto Lavagna, se transformó en un gran destructor de sus logros.
¿Cuál es el método de Kirchner para lograr semejantes milagros? Es una máquina de expulsar gente de su lado, incluso a sus amigos más cercanos. Alberto Fernández y Miguel Bonasso son los mejores ejemplos. A uno, Cristina no le dirige la palabra y al otro, por una suave disidencia política, le clavaron un puñal en la espalda de su historia.
El día que homenajearon a Héctor Cámpora en la Casa de Gobierno ni siquiera invitaron a Bonasso, seguramente quien más lo quería y con quien había trabajado estrechamente.
Así son los Kirchner y por eso han dilapidado tanto capital político. El rencor y la necesidad de someter al otro supera cualquier ideología. Por eso es falso el debate sobre si este gobierno es progresista o no. Este gobierno es kirchnerista.
Y el kirchnerismo es la etapa superior del resentimiento. Ahora es Graciela Ocaña la que está en el potro de tormentos, instancia previa a su salida del Gobierno.
Una de las funcionarias más honestas y progresistas que ha tenido la democracia desde su reinstauración fue abandonada a su suerte en el medio de la explosión del dengue.
Nunca antes el kirchnerismo había “entregado” un ministro o ministra a los senadores como lo hicieron con Ocaña. Antes, todos y todas habían sido “protegidos”. ¿Cuál fue el pecado de Ocaña? No levantar el pie del acelerador en su lucha contra la corrupción, pese a que Hugo Moyano le tiró el camión encima. Fue descarado lo que hicieron las fuentes gremiales esta semana.
Entre sus demandas para cuidar el empleo, metieron un reclamo de bolsillo: que Ocaña no centralice más las compras de medicamentos y que se les devuelvan 2.500 millones de pesos que son de todos los argentinos. Los medios de comunicación que edita Néstor Kirchner le dieron a Ocaña como en bolsa y, de paso, fogonearon la candidatura de Claudio Zin para reemplazarla.
Otra ministra con prestigio profesional como Débora Giorgi también es obligada a dejar jirones de su credibilidad en la defensa de lo indefendible: las cifras de la caída industrial del INDEK, ese Frankenstein cuyo autor intelectual es Néstor Kirchner y cuyo autor material es Guillermo Moreno. Los empresarios de la UIA bebieron de su propia medicina. Tantas veces aplaudieron en la primera fila los anuncios del Gobierno, tanto miraron para otro lado cuando algunos de sus pares eran atacados, tanto militaron en la conveniencia de su billetera más que en la convicción de los valores del capitalismo humanizado que ahora tienen que dar muchas explicaciones para despegarse del dispositivo kirchnerista.
Esta semana no hubo paro agropecuario ni cortes de ruta ni productores a la vera de los caminos. Ni siquiera hubo palabras duras en las declaraciones. La Mesa de Enlace se llamó casi a silencio. Sin embargo, Cristina, en lugar de aprovechar esa posibilidad los provocó dos veces. Primero les dijo, forzando la metáfora del Exodo jujeño, que los chacareros preferían incendiar la Patria con tal de defender su quintita ante el avance de un ejército enemigo. Después los calificó de patrones inescrupulosos que no hacen los aportes jubilatorios. Se nota que está abierta al diálogo y que rechaza los agravios.
Está claro que todo lo que tocó Kirchner lo contaminó de su impronta. Muchos políticos, intelectuales, periodistas, sindicalistas y empresarios, por presión o por goce, dejaron sus huellas y quedaron pegados a la complicidad. Se vienen días turbulentos. Carpetazos de los servicios nac&pop y valijas de Antonini, pero hay un final de época en marcha que está más allá de las elecciones.
Hay un esquema mental blindado con puño de hierro que se termina. La soberbia autoritaria entra en su crepúsculo. Parece atardecer pero, en realidad, amanece.
Que no es poco.
La humanidad está partida entre quienes tienen ciencia y quienes no, dice este discípulo de Houssay.
Por: Carlos Subosky-ESPECIAL PARA CLARIN
Hoy, los países que no desarrollan su ciencia y su tecnología se convierten en "analfabetos científicos", sostiene el fisiólogo argentino Marcelino Cereijido, quien vive en México desde 1976. De visita en Buenos Aires por el VI Campus Euroamericano de Cooperación Cultural -un encuentro que organizó la Secretaría de Cultura de la Nación y se desarrolló en la Universidad Católica- Cereijido se mostró preocupado por el "analfabetismo científico" que aparece cuando este saber permanece "invisible a la sociedad". Cuando habla de analfabetismo científico, ¿se refiere a la falta de saber de las personas o al desarrollo en esta área de los países? La humanidad está partida en un 10 por ciento de países que tienen ciencia y un 90 que no la tienen. Entonces hay un analfabetismo de los que no pudieron desarrollar la ciencia por problemas económicos o sociales. Pero el que más me preocupa es el analfabetismo activo, que es el que causa el que sabe. El Primer Mundo crea, inventa, decide, impone, presta, castiga, define quién es terrorista. El resto de la humanidad produce, se desplaza, se comunica, se cura y se mata, con tecnología, medicina y armas que inventaron los del Primer Mundo. ¿Dónde se nota esta fractura? Los países centrales tienen ciencia porque mantienen universidades, institutos, organismos. Y dado un problema determinado, le confían la solución a la ciencia: a esas universidades. Esta es una diferencia fundamental con los países subdesarrollados, que dado un problema van a pedirles ayuda a los economistas. La ciencia es invisible para el analfabeto científico. Entonces, la cosa es que en los países centrales tienen montado el aparato cognitivo, desde los jardines de infantes hasta los grandes institutos científicos y eso se mantiene más allá del gobernante de turno. En la Argentina eso no sucede. ¿Por qué no sucede? La Argentina en los años 20 del siglo pasado era entre el cuarto y el octavo país en el mundo en alfabetización. Pero a partir del 6 de septiembre de 1930 con el golpe de Félix Uriburu, el nazi-catolicismo castrense empezó a romper el aparato educativo y lo rompió cada vez que hizo falta. Pero en nuestro país el conocimiento era duro de matar y cada vez que le daban una oportunidad florecía. Es así que muchos de nosotros estamos viviendo en el exterior, ganándonos la vida con lo que aprendimos en el país. La Argentina, que no basa su conocimiento y su manera de operar en la ciencia, exporta conocimiento y científicos. ¿Qué papel ocupan los intelectuales argentinos en este analfabetismo científico? Nuestros líderes intelectuales son analfabetos científicos. Cuando quieren estudiar el país, no se olvidan de ningún presidente, de ningún conflicto. Pero analizan sólo aspectos económicos y se olvidan de la ciencia. Yo si fuera intelectual argentino y viviera acá trataría de promover una cultura compatible con la ciencia. Pero hay mucha producción de análisis social en la Argentina. El intelectual argentino, salvo excepciones, cuando habla de cultura habla de historia, de literatura, arte, cine, teatro. Pero lo que caracteriza a la cultura moderna es preguntarse qué pasa con su ciencia y tecnología. Cereijido Básico Buenos Aires, 1933. Científico. Se graduó en la UBA como médico e hizo un posdoctorado en Harvard. Fue discípulo del Premio Nobel argentino Bernardo Houssay. En 1976, tras el golpe militar, se exilió en México, donde vive actualmente. Trabaja en el departamento de fisiología, biofísica y neurociencias del Centro de Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional. Escribió, entre otros "La nuca de Houssay", "La ignorancia debida" y "Y la muerte y sus ventajas". Está por publicarse su último trabajo "La ciencia como calamidad".
Es extremadamente urgente que detengamos, hasta donde sea posible, la fuga de nuestros mejores jóvenes talentos de la ciencia (pero también del humanismo), que se marchan atraídos por las edénicas ofertas de los Estados Unidos. Si no se salva el abismo entre ellos y nosotros en salarios, en oportunidades de hacer carrera, en recursos para la investigación y en descubrimiento cooperativo, estaremos, en efecto, condenados a la esterilidad o a la segunda mano."
Esta sombría advertencia no la formula un latinoamericano, sino un europeo. Es la voz de George Steiner la que así se deja oír. A su juicio, lo mejor del Viejo Mundo agoniza bajo la arremetida incontenible de un doble proceso disolvente. Por un lado, la propia ineptitud europea para superar, más allá de las apariencias, sus divisiones internas, su "locura política", como él la llama. "Los odios étnicos, los nacionalismos chauvinistas, las reivindicaciones regionalistas, la limpieza étnica y el intento de genocidio en los Balcanes no son sino ejemplo reciente de una peste que llega hasta Irlanda del Norte, hasta el País Vasco, hasta las divisiones entre flamencos y valones." Por el otro, "la detergente marea de lo anglonorteamericano", cuyo incontenible avance redunda en la implantación de valores uniformes, homogéneos.
¿Quién ignora hoy que su envergadura gana proyección a expensas de la personalidad colmada de espléndidos matices y fecundas diversidades de la cultura europea?
La incapacidad del Viejo Mundo para superar la contradicción interna entre riqueza espiritual y barbarie política, afirma Steiner, no está asegurada por la flamante Unión Europea. Esa profunda escisión constituye el desvelo fundamental de este célebre pensador francés que, ya cerca de los ochenta años (los cumplirá el próximo día 23) sigue ocupando un lugar determinante en la escena intelectual contemporánea. Nacido en París en 1929, su familia se trasladó a Nueva York en 1940. Allí transcurrió su adolescencia. A Europa regresó para cursar estudios universitarios y convertirse, con los años, en "el más grande francés de Cambridge", como lo caracterizó Pierre Emmanuel Dauzat.
Figura magistral en el campo de las literaturas comparadas, no basta decir de él que se ubica entre los profesores más prestigiosos del mundo académico europeo. Excepcional escritor, su prosa de ideas, dotada de una intensa belleza, ha hecho de él uno de los ensayistas ineludibles de las últimas tres décadas. Se diría que no hay asunto que exceda su interés. Dotado de un infrecuente poder articulador (¿qué otra cosa es la inteligencia?), ha sabido tender puentes entre las regiones aparentemente más dispares del saber. Esta misma visión transversal y abierta a múltiples perspectivas es la que le ha permitido captar, con infrecuente hondura, la crisis que abruma a Europa.
George Steiner está persuadido de que el horror sembrado por dos guerras mundiales, a las que él llama civiles, no le ha bastado a Europa para aprender a reconocer su trágica dualidad. La memoria cabal de lo irreparable se extravía, desde hace tiempo, en un consumismo febril. La adquisición desenfrenada de cosas ha ganado el estatuto de una auténtica liturgia. Pero detrás de ella, impermeable al estruendo en que se intenta ahogarla, palpita una realidad que Steiner no olvida: "Europa occidental y el occidente de Rusia se convirtieron en la casa de la muerte, en el escenario de una brutalidad sin precedente, ya sea la de Auschwitz, ya la del Gulag. Más recientemente, el genocidio y la tortura han vuelto a los Balcanes". Y ello por no hablar de las políticas discriminatorias mediante las cuales se administra la presencia de inmigrantes en cuyo padecimiento los europeos no están dispuestos a reconocerse. "A la luz de estos hechos, la creencia en el final de la idea de Europa y sus moradas es casi una obligación moral. ¿Con qué derecho -se pregunta Steiner- hablaríamos de sobrevivir a nuestra inhumanidad suicida?"
De modo que, a su entender, Europa ha perdido ejemplaridad. La cultura no ha logrado promover el retroceso (y mucho menos, la extinción) de la barbarie. Por el contrario, ellas se entrelazan, complementan y coexisten en una simultaneidad escalofriante.
"Europa es el lugar donde el jardín de Goethe es casi colindante con Buchenwald, donde la casa de Corneille es contigua a la plaza en la que Juana de Arco fue horriblemente ejecutada." Las más altas realizaciones intelectuales son, pues, compatibles con la siembra, no menos europea, de una criminalidad sin mengua. "Para mí, la función humanizante de las ciencias humanas -escribe el pensador- debe ponerse seriamente en duda. [?] Al final de mi vida, ésa es mi pesadilla."
Si hay, para George Steiner, una figura emblemática que prueba la intensidad de esa pesadilla es la de Martín Heidegger. El más grande creador de ideas que en el siglo XX produjo la filosofía occidental fue, al unísono, adherente convicto al nacionalsocialismo y su más alta expresión universitaria. ¿A quién, sino a él, cabe aplicar esta sentencia lapidaria del autor de Antígonas : "La cultura no nos vuelve más humanos. Incluso puede insensibilizarnos ante la miseria humana"?
¿Cómo superar esta dualidad abrumadora? ¿Es ello posible? ¿Dónde puede abrevar Europa para atenuar, al menos, la desesperanza?
Sin duda, mediante un ejercicio ininterrumpido de memoria autocrítica. Pero además, y complementariamente, según Steiner, mediante la incorporación de aquellas enseñanzas de los Estados Unidos cuya validez política y moral no ha sido vulnerada por la crisis financiera que tan justificadamente afectó su reputación mundial: "El fantástico éxito del modelo norteamericano, de su federalismo, que cubre enormes distancias y climas diferentes, pide ser imitado. Nunca más debe sucumbir Europa a guerras intestinas".
Dos rostros de Europa, dos rostros de los Estados Unidos. Occidente, representado elocuentemente por la figura de Jano. Dualismo desgarrador y unidad irreductible de fuerzas antagónicas. Contigüidad entre barbarie y cultura ya señalada por Walter Benjamin y que impone la necesidad de volver a interrogarnos sobre la estructura de la subjetividad humana. Pero ya no sólo éticamente, sino también psicopatológicamente.
Julio Cortázar tenía razón: debemos vivir combatiéndonos. El conflicto entre Eros y Tánatos no puede tener fin en el hombre sin que ese desenlace lo aniquile. Se trata de una lucha que sólo abre perspectivas a la vida moral en la medida misma en que no cesa.
La presunta erradicación definitiva del mal es tan ilusoria como el afincamiento inamovible del bien. Dejarse arrastrar por una u otra ilusión totalizadora implica estar dispuesto a matar y morir por ideales signados por la intolerancia y el odio hacia todo lo que desmienta la pretendida universalidad de nuestras creencias.
El espíritu democrático, en cambio, se nutre en la convicción de un perfeccionamiento constante y, por eso mismo, siempre insuficiente. Convertida en oportunidad de crecimiento, esa insuficiencia abre el camino a la interdependencia solidaria, más atenta a los riesgos que conlleva el siniestro monopolio de la verdad.
El desafío fundamental es, pues, el de una constante vigilia crítica, el apego a la ley que exige hacer del otro alguien que no puede ser desoído sin que, a la vez, nos desoigamos a nosotros mismos. Se trata, en suma, de impedir que la vocación de convivencia termine siendo, en el hombre, un anhelo extirpado.
La infatigable e inspirada labor creadora a la que George Steiner ha consagrado su vida prueba que en él la palabra combativa, lúcida y apasionada ha podido más que el silencio del desaliento, y que, aun a los ochenta años, no está dispuesto a abandonar la lucha.
Es cierto: la cultura no puede ni podrá jamás derrotar a la barbarie de una vez por todas. Pero ello no debe inducirnos a bajar los brazos y obrar como si la barbarie pudiera derrotar a la cultura definitivamente.